sábado, 25 de diciembre de 2010

Novela Niley 12 - Cautiva en su cama!!!!



Algo iba mal. Nadie le había dicho la verdad. Te acostumbras a eso cuando te mueves en las cloacas, pero ya no estaba en ese mundo. El coronel le había pedido que encontrara a su prometida. Bastante sencillo, al menos eso le había parecido. Pero la chica insistía en que no era su prometida, y el coronel estaba más preocupado de dónde estaba la chica que de lo que hubiera podido pasarle. Luego estaba Miley. ¿Cómo  se había metido en el tráfico de drogas? ¿Por qué había huido? Si la respuesta hubiera sido la cocaína, la habría encontrado.
Y, finalmente, la pregunta del millón: ¿cómo, después de todo eso, podía pensar en meterse en la Cama con Miley Cyrus?
Nick detuvo el vehículo frente a la puerta del garaje. Quitó las llaves del contacto, buscó la de la puerta y salió del coche.
-Final de trayecto -dijo-. Todo el mundo fuera.
Miley ni siquiera parpadeó. Se quedó quieta con las manos en el regazo y la mirada perdida. ¿Iba a ser cada paso una batalla?
Nick dio la vuelta al todoterreno y abrió la puerta de ella.
-El trato es éste: sales del coche y caminas o te saco de un tirón y de llevo a cuestas. Dado que estoy cansado, tengo hambre y me estoy meando, no voy a ser especialmente delicado, pero bueno, la decisión es tuya.
Casi se echó a reír al ver la mirada que ella le dedicó, pero no era estúpida. Se soltó el cinturón de seguridad y se bajó del coche. Nick le ayudó.
-No querrás hacerte daño, ¿verdad? -dijo con una sonrisa forzada.
-Gracias por tu preocupación.
Sus palabras fueron como cuchillas, pero era lo que esperaba de ella. Tenía que Cambiar eso. Se dedicaría a idear cómo hacerlo, pensó, y se acercó más a ella y la besó.
No era la clase de beso que un hombre le da a una mujer que le derrite el corazón, era de la clase que un hombre da a una mujer que quiere dominar. Fue un beso salvaje.
Miley reaccionó, como él preveía, con miedo. Se retorció entre sus brazos, lo golpeó con los puños, pero sólo consiguió que la lucha hiciera que sus pechos y caderas se apretaran aún más contra su cuerpo. De algún modo, Miley se las arregló para liberar su boca el tiempo suficiente para respirar y llamarle algo que raramente había oído en labios de una mujer.
El insulto estaba aún en los labios cuando volvió a fundir su boca con la de ella. Cuando terminó el beso, sólo pudo agarrar su rostro con las dos manos, levantarla hacia él, mirarla a los ojos y buscar en ellos lo que quería, su desesperación y rendición. Pero lo que vio en ellos fueron las lágrimas de una mujer asustada. Bien, pensó salvajemente. Así la quería. Asustada. Sin esperanza. Lista para decirle todo lo que quería saber...
Y entonces, dejó de pensar y volvió a besarla. Suavemente, con dulzura...
En un instante, todo Cambió. Miley empezó a temblar, pero de un modo que él entendía. Se agarró a los hombros y se levantó hacia él abriendo los labios ante la ligera presión de los de él. Hizo aquel sonido que casi logró que se le doblaran las rodillas la otra vez, y le dejó entrar en el suave terciopelo de su boca.
Estaba perdido. Perdido en el calor, en su dulzura. En la sensación de que estaban solos en el planeta, de que no importaba nada más.
Nick separó la boca de la de ella. ¿Qué estaba haciendo?
La agarró de los hombros. La apartó de él. Respiraban como si hubieran corrido un kilómetro.
-Sigue ofreciendo, nena -dijo con voz grave-, y antes o después, acabaré aceptando -se quedó pálida, y la agarró de la barbilla hasta que lo miró a los ojos-. Estás jugando con fuego, pequeña. Si te quemas, no me eches la culpa.


Miley siguió a su secuestrador al interior de la casa tan obediente como un perro atado. No tenía otra opción. Evidentemente no era tan buena seduciendo a un hombre como ella creía. Un beso y él se había dado cuenta de lo que pretendía... Porque... porque la verdad era que había pasado de resistirse a él a desearlo en un instante. Su reacción no era la planeada. Simplemente había sucedido. Su boca había resultado ser tan suave, su sabor tan delicioso. Limpio y masculino y... y, de acuerdo, si era sincera, incluso cuando la había besado a la fuerza, incluso cuando se resistía... Incluso en esos momentos, lo deseaba. Sentía su cuerpo ardiendo con una mezcla de necesidad y calor en el vientre y en los pechos que nunca había experimentado antes. Había deseado que la tomara en brazos, la metiera en la casa, la apoyara contra una pared y la poseyera hasta hacerla sollozar su nombre...
-¿... café?
Parpadeó confusa. Sólo se había enterado del final de lo que le había preguntado. ¿Tenía que contestar? Se humedeció los labios, y dijo:
-No te... no te he oído.
-He dicho que hay una cocina al final del pasillo. ¿Sabes preparar café o tu utilidad empieza y termina en la Cama?
Era la segunda vez en pocas horas que quería saltar sobre él y arañarle la cara, golpearlo con el puño, pero sabía que eso no contribuiría a mejorar las cosas. Era demasiado grande y fuerte.
Además, estaba agradecida por lo que acababa de decir. Era la prueba de que sus fantasías sexuales con semejante hijo de perra eran una locura completa.
-Me tomaría una taza de café. Dime dónde está la cocina y prepararé algo. Además, puede que tengas suerte y quede algo para ti.
Nick torció el gesto..
-Al final de ese pasillo. A la derecha. El café está en la nevera, el azúcar en el armario al lado de un par de botes de leche.
-Muy bien. Ah, sólo una cosa más -dijo con una dulce sonrisa-. ¿Dónde guardas el raticida? No me gustaría hacerte esperar mientras lo busco.
-Sigue así -dijo con suavidad-, a ver cuánto puedes tensar la cuerda antes de que se rompa.
-Estoy segura de que seré capaz de darme cuenta antes de que ocurra. El humo saliendo de tus circuitos será la prueba.
Parecía un buen Camino, y decidió seguir por él, un estremecimiento en un punto entre los hombros le hizo pensar que Nick iría tras ella, pero no lo hizo. Incluso creyó que le oía reírse, pero tenía que ser un error.
Encontró la cocina con facilidad. Una sala enorme y brillante llena de acero inoxidable y toda clase de aparatos. El café estaba donde había dicho, lo mismo que el azúcar y la leche.
¿De quién sería esa casa?, se preguntó mientras contemplaba cómo goteaba el café del filtro. Se acercó a una puerta de cristal que daba a una gran terraza rodeada de arbustos llenos de flores.
Un lugar tan hermoso no podía pertenecer a un hombre que era un asesino. Porque eso era Nick Jonas. La había llevado allí para que estuvieran solos. Así podría hacerle cualquier cosa que se le ocurriera para sacarle la verdad. Miley se estremeció.
¿Qué estaba haciendo preparando café? La había dejado sola. Todo lo que se interponía entre ella y la libertad era una puerta de cristales...
-Ni lo pienses.
Se dio la vuelta. Estaba justo detrás de ella. ¿Cómo podía ser tan silencioso un hombre de su tamaño?
-Las puertas y ventanas están controladas por un circuito de seguridad. Toca una y se cerrarán todas, además saltarán tantas alarmas que no tendrás ni la más remota posibilidad de escapar -dibujó una sonrisa rápida y cortante-. En otras palabras, estás atrapada.
Atrapada. La palabra era amenazadora, pero no pensaba dejarle saber el miedo que sentía. Se alejó de él y fue a por la cafetera.
-Estoy impresionada -dijo como si realmente todo aquello no le afectara-. Un sistema de seguridad puntero, todo este terreno... ¿De quién es esto?
-Mío.
La sorpresa debió de notársele en la cara.
-¿Quieres ver la escritura? Es mío, nena.
-No me llame así. ¿Por qué estamos aquí?
-Te lo he dicho. Por la paz y...
-¡Maldita sea! -dijo Miley-. ¡Deja de jugar conmigo! Sea lo que sea lo que me vayas a hacer, hazlo de una vez.
La máscara que se había puesto, acababa de caérsele. Nick pudo escuchar el miedo en su voz y verlo en sus ojos. Pensaba que iba a hacerle daño aunque estuviera limpia.
Durante un minuto de locura, estuvo a punto de acercarse a ella abrazarla y decirle que no importaba lo que hubiera hecho, que no iba a hacerle daño. Que no dejaría que nadie le hiciera daño... Pero la locura se pasó. Estaba traficando con droga. Era la mujer de otro.

Novela Niley 11 - Cautiva en su cama!!!!

AQUEL hombre la trataba como si estuviera loco. Pero bueno, ¿por qué no? ¿No eran todos los asesinos unos locos? Y eso era él, un asesino. «Encontrarla» era un eufemismo.
Miley lo miró de soslayo. Había conocido asesinos antes. Hombres que aparecían en la casa de Hamilton por la noche. Ninguno había dicho: «Hola, estoy en nómina del cártel como pistolero», pero ella sabía que lo eran.
La mayor parte de ellos tenía el aspecto de que quitar una vida les preocupaba tanto como matar una mosca.
Su raptor no era así. Tenía buena presencia. De hecho era guapísimo y al tiempo completamente masculino. Recordaba a la estatua de David que había visto en un viaje a Florencia el último año en la universidad...
0 a un enorme gato. Eso era exactamente lo que era. Un poderoso depredador. No había perdido el tiempo en demostrárselo a ella. El modo en que le había tratado... haciéndola permanecer desnuda ante él. Mirándola vestirse. Tocándola. Sus manos.
Una descarga eléctrica le recorrió el cuerpo. Tocarla tan íntimamente. Acariciarle los pezones. Pretender que estaba cacheándola y acariciarle los pechos. Tocarla entre los muslos.
Se estremeció.
Había odiado todo aquello. Lo había odiado a él... Se había odiado por responder. Por haber deseado gemir tanto como llorar. Por haber deseado cerrar los ojos, recostarse, sentir su fuerte cuerpo aguantando su peso, perderse entre sus brazos, buscar su boca...
Miley apartó aquellos pensamientos y miró por la ventanilla.
Sabía por qué le había pasado todo eso. Era todo a causa del poder. Dominación. Porque había dejado claro quién mandaba. Incluso sabía... cerró los ojos y volvió a abrirlos.. Sabía por qué había tenido esa loca reacción cuando la había tocado.
En situaciones de alta tensión, como aquélla, el miedo habría la puerta a sentimientos más oscuros. Una especie de vínculo entre secuestrador y cautiva.
Aquello podía beneficiarle a él al convertirla en su cómplice. 0 podía beneficiarle a ella.
A no ser que hubiera interpretado mal las señales, se sentía atraído por ella. Tragó con dificultad. La falsa modestia era una estupidez. Estaba más que atraído. La deseaba.
A lo mejor sexo y violencia ocupaban el mismo lugar en su cabeza. Saberlo, entenderlo, podía darle poder sobre él. Podía utilizar su deseo. Manejarlo, incluso seducirlo si era necesario.
Y seguramente sería lo que tendría que hacer, porque si la llevaba a Cartagena...
Si lo hacía, estaría muerta. Hamilton la querría muerta. Lo que había sospechado sobre él, la hacía peligrosa. Lo que había descubierto y se había llevado antes de irse, hacía que tuviera que eliminarla. Al menos, con ese hombre podía tener alguna posibilidad.
Miley se aclaró la garganta y miró a Nick.
-Te equivocas, ¿sabes?
La miró.
-¿De verdad?
Miley asintió con la cabeza.
-Sabes mi nombre. Me gustaría saber el tuyo.
-¿Quieres decir que he sido maleducado? -dijo en tono jocoso y luego, para sorpresa de ella, asintió-. ¿Por qué no? Me llamo Nick, Nick Jonas.
-¿Y trabajas para...?
-No trabajo para nadie.
-Eres un contratista privado.
Algo en el tono con que hizo esa afirmación, hizo a Nick ponerse en guardia. Era una extraña elección de términos.
-Estás intentando decir que estoy aquí por hacerle un favor a tu novio.
-No es mi novio.
-Disculpa. Tu prometido.
Iba a decirle que se equivocaba, pero ¿para qué molestarse? Iba a pensar lo que quisiera.
-Pensaba que eras colombiano; hablas español como un nativo.
-No pierdas el tiempo tratando de halagarme.
-Era sólo un comentario.
Esperó, pero él siguió en silencio. Pasó un rato y volvió a intentarlo.
-¿Eres estadounidense?
-La última vez que lo comprobé, Dallas seguía en Estados Unidos.
-¿Cómo conociste a Liam?
-A través de un conocido común.
Su decisión de permanecer fría y tranquila se evaporó.
-Maldita sea, ¿no puedes decir nada que tenga sentido?
Nick la miró.
-El cielo está azul -dijo en tono amable-. No hay ni una nube.
¡Sería idiota!
-Al menos dime adónde me llevas.
-Ya te lo he dicho. A un lugar tranquilo donde podamos hablar.
¿Una cueva? ¿Una cabaña en las montañas? ¿Un lugar donde nadie pudiera oírle gritar?
Respiró hondo, y dijo:
-Si me dejas ir... -tragó con dificultad-. Si me dejas, nadie tiene por qué saberlo.
-Yo lo sabría. Y tu novio también.
-Ya te he dicho que no es mi novio.
-Pues díselo a él.
-Además, él no lo sabría. Yo seguro que no se lo diría. Ni tú tampoco.
-¿Y qué me darías si te dejara escapar?
El corazón de Miley empezó a latir a toda velocidad.
-¿Qué querrías?
-No sé, nena -su voz se tornó grave-. Eres tú quien tiene que hacer la oferta.
No podía ofrecerse a él. Aunque, ¿no era eso lo que ella misma había pensado?
No. No podía hacerlo. Miley respiró hondo. Aunque... acostarse con él podría ser increíblemente excitante. El no le haría daño. No en la Cama. Por muy loco que estuviera, no lo haría. Qué le haría, cómo le haría sentir, podía ser peligroso, pero por la forma en que se le estaba espesando la sangre, estuvo segura de que sería placentero.
Y él llevaría la iniciativa. Desde que lo había visto se había dado cuenta de cómo mantenía el control. ¿Cómo sería hacerle perder ese control? ¿Hacer que se olvidara de sí mismo entre sus brazos?
-Bueno, estoy esperando.
Miley se pasó la punta de la lengua por los labios repentinamente secos.
-Podría... podría pagarte.
Nick sonrió.
-¿Cuánto?
-¿Cuánto quieres?
-Oh, no lo sé. Déjame pensar. ¿Qué tal mil millones de dólares?
Rió mientras el rubor teñía las mejillas de Miley.
-Te crees que esto es divertido.
-No puedes comprarme, Miley. No pierdas el tiempo intentándolo.
No era estúpido. No podía olvidarlo, lo mismo que tenía que recordar que él era una masa de músculos mientras que ella era una agente entrenada. Una agente medio entrenada, pensó, y ahogó una risa histérica.
-Podrías decirle a Liam que escapé.
-¿De mí?
Le dedicó una mirada de incredulidad. ¡La típica arrogancia de los hombres!
-Sí -dijo Miley-. De ti.
-Nadie lo creería.
Una colina se alzaba delante de ellos asomando entre árboles que parecían llevar allí cientos de años. Nick giró con el Escalarle, y un valle se abrió ante ellos. Árboles enormes. Exuberantes helechos. Un retazo de azul zafiro. Y una casa. Grande. Irregular. Una casa que parecía toda de cristal.
-¿Es aquí? ¿El sitio del que me hablabas?
No hubo respuesta. Sintió un nudo en la garganta.
-¿Es?
-Estate sentada y relájate.
-Pero... ¿dónde estamos?
-Donde nadie pueda molestamos -dijo en un tono plano.


La carretera del valle no había Cambiado. Estrecha. Sinuosa. Un impresionante barranco a un lado y una pared verde al otro. Nick había quedado enamorado de ese lugar desde la primera vez que lo vio, hacía tantos años. Había pasado allí un largo fin de semana, cortesía de algún pez gordo del Ministerio de Defensa que se lo debía.
-Mi esposa es colombiana. Heredó el sitio de su tío -había dicho el tipo-, pero voy a deshacerme de él. Maldita sea, está en el medio de ningún sitio.
Eso era lo que le había gustado a Nick. Un virtual enemigo podía encontrarte en cualquier sitio, pero allí era diez veces más difícil.
Además, estaba la belleza primitiva del bosque, el sonido del río y el idílico estanque oculto en un claro que parecía no haber sido pisado jamás por un ser humano.
Una vez en casa y viendo la Agencia como un mal recuerdo, con dinero procedente de su nuevo negocio, había llamado al tipo y le había preguntado si seguía interesado en vender. Lo estaba, y habían llegado a un acuerdo.
En aquella época cualquier precio le hubiera parecido bien, seguía despertándose en medio de la noche con las imágenes del cuerpo de Selena. Había pensado que comprar aquella casa sería una forma de conjurar sus demonios. Nunca había llegado a saber si era cierto. Volver a Colombia se volvió tan absurdo como volver a una pesadilla. Sin embargo, en ese momento, el valle parecía el único sitio seguro.

Novela Niley 10 - Cautiva en su cama!!!!

-¿No quieres que te lleve de vuelta? Muy bien, entonces dime dónde está la droga.
-¿La qué?
-Venga, nena. La coca. Dime dónde la escondes y te dejaré ir. Lo que suceda entre el coronel y tú es tu problema. La droga es el mío.
-¡No tengo droga! Es una locura. Has registrado mi habitación, mi coche -el carmesí tiño sus mejillas-. Incluso me has registrado a mí. Si llevara coca, la habrías encontrado.
Tenía razón, pensó.
-Entonces, ¿por qué huyes?
-Ya te lo he dicho. Liam no me hubiera dejado poner fin a nuestra relación.
-Muy bien -dijo Nick con frialdad-. ¿Qué va a hacer? ¿Encerrarte en tu habitación y tirar la llave? -Miley apartó la mirada, pero la agarró de la barbilla y la obligó a mirarlo-. Tenías agarrado el viejo Liam por las pelotas. Habitaciones separadas, nada de sexo... -hizo una pausa-. Tengo razón, ¿verdad? Nada de sexo.
-Yo.. yo...
-Responde a la pregunta, maldita sea. ¿Dormías con él?
El mundo, el tiempo, parecieron detenerse. La miró a los ojos y esperó, esperó...
-Claro que dormía con él -dijo ella-. Era mi prometido, ¿por qué no iba a hacerlo?
-Sí -dijo Nick, aclarándose la voz-. Sí -repitió-. Te imagino diciendo al pobre desgraciado hasta dónde podría llegar.
-¿Insultar a una mujer te hace sentir bien?
Tenía que dar crédito a lo que decía. Estaba muerta de miedo, pero estaba decidido a averiguarlo todo.
-Quiero saber por qué huiste.
-Ya te he dicho que Liam no...
-Y una mierda -cortó sin rodeos-. Huiste porque habías conseguido algo que no era tuyo.
-Yo no me he llevado nada -dijo, pero estaba mintiendo.
Nick lo notó por la súbita contracción de sus pupilas y, en ese momento, se dio cuenta de que lo habían arrastrado a un juego en el que la única regla era sobrevivir.
La desató y la metió en el coche de un empujón. Se sentó al volante y arrancó. Se deshizo del vehículo a unos doscientos metros del hostal.
-¿Qué haces? -preguntó Miley mientras la metía a empujones en el todoterreno-. ¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí?
-Un par de minutos de silencio, para empezar.
-¡No! Responde a mi pregunta. Dime quién eres y lo que quieres.
De forma involuntaria sus ojos fueron de su rostro a sus pechos. Miley se ruborizó, y Nick se dio cuenta de que se estaba acordando de lo que había pasado en el hostal. Diablos, él también.
-Apréndete esto -dijo fríamente-: yo hago las preguntas, tú respondes.
-Tengo derecho a saber tu...
Miley gritó cuando la agarró por los hombros.
-No tienes derechos, nena. Lo único que necesitas saber es que voy a averiguar por qué huiste y lo que has robado. Dónde ibas...
Sonó el teléfono móvil de Nick. El sonido le sorprendió. Sus hermanos sabían que estaba en el extranjero, así que no le hubieran llamado de no ser absolutamente necesario, y muy poca gente más tenía su número.
Soltó a Miley. Se recostó en el asiento, sacó el móvil del bolsillo y lo abrió.
-¿Sí?
-Señor Jonas.
Era el coronel. Nick recordó que le había dado su número.
-¿Sí?
-Espero que esté haciendo progresos en la búsqueda de mi prometida.
Una palabra a Hamilton y aquello habría terminado. Ni siquiera tendría que volver a Cartagena. El coronel no tendría ningún problema en mandar a alguien allí a por la chica.
-Señor Jonas, ¿no tiene cobertura? Le he preguntado si había algún avance.
-Le he oído, coronel.
-Bueno, ¿lo hay? ¿Ha encontrado a Miley? Nick miró a la mujer.
-No -dijo tranquilamente-, no.
Cerró el teléfono, lo volvió a guardar en el bolsillo y arrancó el Escalarle. Después, en lo que a lo mejor era el acto más ilógico de su vida, se inclinó sobre ella y le dio un largo beso. Momentos después, el hostal y el pueblo quedaron atrás, ocultos entre una nube de polvo y hojas.

Novela Niley 09 - Cautiva en su cama!!!!

Nick sonrió. Sacó la pistola de la funda que llevaba detrás y vio cómo se le abrían los ojos cuando se la enseñaba.
-Esto me da todos los derechos. Así que date la vuelta y apoya las manos en la pared.
-Eres un cerdo -dijo con la voz llena de desprecio.
-Ahora sí me has roto el corazón -dijo, y la puso de cara a la pared.
Pasó las manos por encima de ella deprisa, de modo experto, revisando el vientre, las piernas hasta los tobillos y después subiendo por la parte interior de los muslos.
Dudó un momento. Después metió la mano entre las piernas y la palpó. Miley hizo un ruido de desagrado. Nick se imaginó qué haría para transformarlo en uno de deseo. Todo lo que tenía que hacer era mover la mano. Acariciarla. Lo odiaba, sí, pero el recuerdo del beso le decía que ella respondería a lo que le hiciera. Sería mil veces más fácil de manejar si le hacía el amor.
Nick cerró los ojos. Una de las razones por las que había dejado la Agencia había sido porque sabía que estaba perdiendo la capacidad para separar lo que estaba bien de lo que estaba mal. ¿Podía en veinticuatro horas volver a ser el hombre que fue? No. Imposible. Lo que estaba haciendo estaba bien. Miley Cyrus traficaba con droga. Cualquier cosa que tuviera que hacer para detenerla, lo haría.
Dio un paso atrás.
-Muy bien -dijo bruscamente-. Date la vuelta.
Se dio la vuelta y lo miró con unos ojos duros y fríos como el ámbar. Bien. Desde ese momento en adelante, se comportaría. Todo lo que tenía que hacer era decidir qué hacía con ella.
Hamilton sólo le había encargado averiguar qué le había pasado. Bueno, ya lo había averiguado. Había huido. En teoría podía dejar que siguiera huyendo. Pero no si llevaba un alijo de cocaína pura. Había dedicado mucho tiempo a combatir el narcotráfico como para permitirlo. Selena había muerto por ello. Dejar que se fuera no era una opción si estaba metida en líos de droga.
Si encontrara el alijo... bueno, eso abriría otras posibilidades. Podía arrojarlo al retrete y dejar que se fuera. No era policía. Ni siquiera era ya un espía. No tenía obligación de entregarla a la justicia.
Si estaba huyendo del cártel... ¿qué pasaba entonces? Tirar la droga y dejarla marchar... la gente del cártel la encontraría, pero ése no era problema suyo. Era un problema de Hamilton. De la mujer de Hamilton. ¿Por qué pensar en eso le provocaba un nudo en el estómago?
Nick frunció el ceño. Lo primero era lo primero. Si llevaba coca, tenía que encontrarla. Después decidiría qué hacer.
-¿Has hecho el equipaje?
Cerró la maleta de un golpe.
-Sí.
-Escucha con atención porque no quiero ningún error. Voy a abrir la puerta. Vamos a bajar las escaleras juntos, con mi brazo alrededor de ti. Vamos a parecer los amantes más felices del mundo.
-¿Adónde vamos?
-A donde yo diga -hizo una pausa-. ¿Estás segura de que no olvidas nada?
-Segura -asintió.
-Porque si lo has olvidado, considéralo perdido.
-Te he dicho que no se me olvida nada.
Bien. La droga no estaba en la habitación. Nadie, no importa el miedo que tenga, abandona un buen alijo. La agarró de la muñeca. Trató de soltarse, pero él le pasó el brazo por los hombros.
-Amantes, ¿recuerdas? Romeo y Julieta.
-Romeo murió -dijo con una sonrisa forzada.
La respuesta hubiera sido decirle que Julieta también, pero no dijo nada.
Una mano en la cintura de ella y la otra cerca de la pistola mientras bajaban las escaleras y salían a la calle. Había un café al otro lado.
-Desayunemos -dijo él.
Lo miró como si estuviera loco. A lo mejor lo estaba, ba, pero si no comía algo pronto, se desmayaría.
La cafetería olía a aceite quemado de freidora, pero un café, un huevo frito y unas salchichas tampoco podían estar tan malos. Sí, podían. Después de un par de bocados, apartó el plato. Miley sólo había pedido café, y había sido lo más inteligente.
Después de la segunda taza, Nick se inclinó sobre la mesa.
-¿Has recuperado el juicio?
-¿Sobre qué?
-Sobre que aparezca lo que robaste.
-Te he dicho que no sé de qué me hablas.
-No seas estúpida -dijo, cortante-. Piensa en lo que pasará si no eres sincera conmigo.
Se puso pálida, pero no respondió. Nick sacó algo de dinero del bolsillo, lo dejó en la mesa y se puso de pie.
-Vámonos -murmuró.
La agarró del brazo y la llevó a su coche.
-Ábrelo -le ordenó.
-Sea lo que sea lo que buscas.., no lo tengo. Da lo mismo lo que me hagas.
-Abre el maldito coche.
Sacó las llaves del bolso, abrió la puerta y la empujó dentro.
-Siéntate -ordenó Nick.
Cuando obedeció, le quitó las llaves, se sentó al volante y quemó las ruedas al salir del aparcamiento. Veinte minutos después, encontró la clase de sitio que buscaba: un desvío que llevaba a través de un bosquecillo hasta un lago. Había botellas de cerveza vacías por todas partes, pero parecía como si allí no hubiera habido nadie en mucho tiempo.
-Sal del coche.
No se movió. La sacó del coche y se quitó el cinturón. Se le llenaron los ojos de lágrimas. Empezó a temblar. Nick esperó que le suplicara, pero no lo hizo. Tenía valor, eso había que reconocérselo. Le pasó el cinturón por las muñecas y la arrastró hasta un árbol.
-Piensa lo que estás haciendo -dijo ella-. Matándome no resolverás nada.
La miró, sorprendido. Iba en serio. ¿Quién se pensaba que era él? ¿Alguien del cártel a pesar de que le había dicho que lo enviaba Hamilton?
Podría decirle la verdad. Decirle que no tenía nada que ver con el cártel y que no iba a matarla... pero si eso era lo que ella creía, le dejaría creerlo. Su temor la haría dócil.
-Haré lo que tenga que hacer -dijo Nick con frialdad.
Después, sólo porque su mirada le recordó la vida que una vez había llevado, se acercó a ella y le dio un beso en la boca. Una boca suave que temblaba de miedo y estaba húmeda por las lágrimas. Un destello de deseo lo recorrió. Nick maldijo de nuevo, dio un paso atrás y aseguró el cinturón al árbol.
-Pórtate bien -dijo, cortante-. Si lo haces, saldrás mejor de todo esto. Una vez más, la última: ¿dónde está?
No respondió. Nick sacudió la cabeza, fue hacia el coche y empezó a registrarlo sistemáticamente. Lo primero, los lugares más lógicos: guantera, salpicadero, maletero.
Nada. El relleno de los asientos fue lo siguiente. Los rajó con su navaja. Después la rueda de repuesto. Sacó todo fuera del maletero.
Nada todavía. Había más sitios donde esconder droga. Dentro de los paneles de las puertas. Compartimentos secretos en el suelo, pero era un coche de alquiler. No tendría compartimentos secretos, y ella no había tenido tiempo para desmontar las puertas.
Nick apoyó las manos en las caderas y dedicó una larga mirada el revuelto vehículo. Volvió a meter todo en el maletero. Después se acercó a Miley. Tenía que atemorizarla, pero ¿cómo?
Con la cárcel. Una cárcel colombiana. Las que había visto eran peores que perreras. ¿Lo sabría ella? Sí, seguro que sí.
-De acuerdo -dijo con tono decidido-, ya está. He hecho lo que he podido. No me dejas otra elección. Te llevaré de vuelta.
-¿De vuelta? -se puso pálida-. ¿Con Hamilton?
No era la respuesta que esperaba, pero lo que vio en sus ojos le animó a seguir por ahí.
-Claro. Es quien me contrató para encontrarte.
-No -dijo en voz baja-. Por favor. No lo hagas -levantó la cabeza y lo miró a los ojos-. No sé quién eres -susurró-, ni lo que piensas que he hecho, pero te lo ruego, no me lleves de vuelta con él.
Parecía aterrorizada. Nick se dijo que eso no importaba, seguro que era una gran actriz, sólo había que ver cómo había engañado a su amante.

Novela Niley 08 Cautiva en su cama!!!!

EL albornoz cayó hasta el final de la espalda y ahí se detuvo.
Incluso desde esa perspectiva, Nick podía ver que era muy bonita. Su piel era oro pálido, el pelo una cascada de chocolate con toques castaños a causa de la luz que entraba por la ventana.
Podría haber sido una pintura de Monet o de Renoir: Mujer vistiéndose. Un lienzo que admirarían miles de personas en cualquier gran museo.
Tenía una pequeña marca de nacimiento en un hombro, y otra, cinco o seis centímetros más abajo. Le gustaría apoyar la boca en la primera y recorrer con besos el camino hasta la segunda.
Recorrer con besos su espalda hasta la delicada hendidura de su base. ¿Qué sabor encontraría si llegaba con su lengua hasta allí?
¿Qué haría ella si se acercara en ese momento, la agarrara de los hombros y la besaba en el cuello? ¿Se recostaría en él? ¿Cerraría los ojos mientras le quitaba del todo el albornoz, descubría sus nalgas y se apretaba contra ella para que pudiera notar la potencia de su erección?
¡Diablos! No era un mirón. Desnudar a una mujer era un placer para un hombre. Lo mismo que mirarla a la cara mientras se desnudaba. Aquello era un trabajo. No tenía otra opción que mirarla...
Nick respiró hondo. ¿A quién quería engañar? Mirarla lo estaba encendiendo. ¿Cuánto hacía que no estaba con una mujer? Demasiado, era evidente...
Miley buscó algo en la cama. El movimiento hizo que su cuerpo se arqueara, apuntándolo con las nalgas. Ah, ¡se iba a volver loco! Pero tenía que mirarla. No había hecho un registro exhaustivo y podía tener un arma escondida. Bien, había encontrado lo que estaba buscando.
Se enderezó y se puso las bragas, utilizando el albornoz como pantalla.
Lista.
«No tan lista», murmuró una voz interior. Daba igual lo que hiciera, al final tendría que quitarse el albornoz. Cruzó los brazos. Volvió a mirarla.
Era evidente que estaba disfrutando, mirándola. Era una mujer nacida para excitar a un hombre. Podía cerrar los ojos y ver su rostro de aspecto inocente, sus pechos redondos, la suave piel que bajaba hasta la exquisita espiral de oscuros rizos que había vislumbrado antes.
Casi sintió pena por Hamilton. ¿Quién podía resistirse a semejante hechicera?
Ella se había quedado completamente en silencio. Cada centímetro de su cuerpo estaba en tensión. Era el momento de la verdad. Tenía que dejar caer del todo el albornoz para poder terminar de vestirse.
-Al menos podrías darte la vuelta -dijo ella.
-No -dijo fríamente.
Murmuró algo que Nick no pudo oír. Nick reprimió una risita; tenía que reconocer que tenía agallas. Pasaron un par de segundos y dejó caer el albornoz. Se le secó la boca. Se había puesto una de esas bragas de algodón blanco.
Las mujeres que conocía usaban seda y encajes. A él eso le gustaba. El tacto suave del tejido. La transparencia del encaje. Le gustaba el negro y el escarlata, colores que contrastaban con la delicadeza de la piel.
El algodón era para las camisetas y los pantalones y... ¿cómo podía estar tan sexy con esas bragas de algodón? ¿Sería su sencillez, la certeza de que lo que ocultaban eran lo más dulces secretos de su cuerpo?
¿Qué pasaría si se acercara por detrás, le mordiera suavemente en el hombro y deslizara la mano dentro de aquel algodón, envolviera con los palmas la suave piel de las nalgas mientras los dedos buscaban los delicados pétalos que envolvían su feminidad?
Maldición, si seguía así acabaría teniendo un problema.
Buscó algo más en la cama. Un sujetador. Se lo puso y lo abrochó. Bien. Podía volver a respirar. Después se pondría la camiseta... En lugar de eso se llevó las manos a las copas y, aunque no podía ver lo que hacía, se lo podía imaginar. Estaba haciendo eso que hacen las mujeres. Colocarse los pechos dentro del sujetador. Tocar la suave piel que él anhelaba acariciar, degustar... Se puso de pie de un brinco.
-Deprisa -dijo con frialdad-. Recoge el resto de tu equipaje, y pronto.
Se puso unos pantalones blancos de algodón, una Camiseta gris claro, unos zapatos y se dio la vuelta completamente vestida. Tubo que apretar los dientes para no ir hacia ella y tumbarla en la Cama. Era la situación, tenía que ser eso. Peligro, riesgos, lo desconocido... Añade una mujer de buen ver y acabarás bien caliente.
Algo de color había vuelto a la cara de Miley. La prefería asustada, sería más fácil de manejar y más rápido averiguar lo que quería saber.
-Ven aquí.
-Pero has dicho... -dijo, señalando la maleta.
-Sé lo que he dicho. Ven.
Fue hacia él despacio, mirándolo a los ojos. ¡Vaya ojos enormes, del color del café, aunque había algunas trazas de verde y oro en el iris!
-Apoya las palmas de las manos en la pared y abre las piernas.
-¿Qué?
-¿Tienes algún problema de audición? Apoya las manos y abre las piernas.
La boca empezó a temblarle. Nick estuvo a punto de decirle que lo olvidara: la había visto desnuda, sabía de sobra que no llevaba una pistola...
Pero aquello no era por las armas, era por mantener el control.
-Venga -conminó.
Se dio la vuelta. Apoyó las manos en la pared. Dio un paso atrás... y, claro, separó las piernas.
Nick se acercó. Le agarró los pechos. Se aseguró de tocarla de un modo impersonal, pero ella saltó como si la hubiera rozado con un hierro al rojo.
-Estate quieta.
-¡No! -se volvió hacia él-. No puedes hacer esto. No tienes derecho.
-Te equivocas, nena, tengo todo el derecho.
-¡Y una mierda!



feliz navidad!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

hola chicas.....
espero que hayan tenido una feliz navidad......
jejeje
de corazon espero que diosito las llene de bendiciones a cada una de mis lectoras y a su familia por igual....
ohmm seria super que regrese niley....
jejejeje
chicas les voy a dejar otra maraton de 5 capitulos......
espero que le guste los capis....

sábado, 18 de diciembre de 2010

Novela Niley 07 - Cautiva en su cama!!!!


En cuanto estuvieran solos en cualquier sitio... Venga, no tenemos todo el día.
-Me vestiré, pero espera fuera.
-Buen intento, nena, pero no funciona -dijo con una sonrisa.
Miley sintió que se estaba ruborizando.
-No pienso vestirme contigo aquí.
-Sí -su voz estaba recuperando el tono duro-. Lo vas a hacer.
Fue hacia ella. Miley se echó para atrás, pero se encontró con la pared. Mientras él la miraba a los ojos las manos masculinas fueron hacia el cinturón del albornoz. Ella le dio una bofetada. El la agarró de las muñecas y le levantó los brazos por encima de la cabeza con una mano mientras con la otra deshacía el nudo.
Iba a gritar. Nick lo sabía. Esa mujer era como un gato salvaje.
-Haz un solo ruido -rugió él- y te arrepentirás.
-Suéltame. ¡Suelta! Maldito...
La hizo callar con lo único que podía: la boca.
Gritó contra sus labios mientras trataba de escabullirse. Nick se acercó más, sujetó más fuerte la muñeca y endureció el beso.
Estaba histérica, gritando dentro de su boca. Estaba aterrorizada, y era lo normal: había engañado a Hamilton, robado droga y huido hasta aquellas montañas infectadas de bandidos.
Era la clase de mujer acostumbrada a hacer lo que le daba la gana, sin moralidad. Una mujer que utilizaba su aspecto para lograr sus objetivos. ¿Por qué tenía el sabor del cielo?
La realidad se hizo borrosa. Agarró su rostro con una mano y cambió el ángulo del beso, y cuando abrió la boca para gritar, deslizó la lengua dentro.
Ella gimió, se resistió. Y entonces... entonces hizo un sonido casi imperceptible. El sonido que emite una mujer cuando se entrega a un hombre. Nick soltó las muñecas y enterró sus dedos entre el pelo. Le alzó la cabeza de modo que pudiera profundizar el beso.
Miley volvió a la acción. Lo golpeó con el puño y levantó la rodilla, buscando su punto más débil, y lo hubiera encontrado si él no hubiera reaccionado tan deprisa. La agarró de las manos, la apoyó en la pared y se apoyó en ella.
Se miraron un largo minuto. Ambos respiraban con dificultad. Entonces, despacio, sujetando aún las manos, Nick dio un paso atrás.
El albornoz se había abierto durante el forcejeo. Nick bajó los ojos para ver la parte descubierta. Unos pechos levantados con pezones rosa pálido. Un tenso ombligo. Un delicado contorno de oscuros y sedosos rizos.
Intentó por todos los medios que su expresión no mostrase nada, aunque debería estar ciega para no darse cuenta de que se había puesto duro como una piedra y que su erección luchaba para liberarse de la cremallera.
Pensó en poseerla. Allí mismo. Contra la pared. No importaba que ella tratara de negarlo; estaba sintiendo el mismo deseo. Lo había notado en el beso, escuchado en sus gemidos. Aún lo podía ver en sus ojos llenos de pasión. En los tensos pezones.
Todo lo que tenía que hacer era desabrocharse los pantalones, agarrarla de las nalgas y levantarla. Si protestaba sería sólo unos segundos, sólo hasta que estuviera dentro de ella, hasta que empujara, hasta que ella diera un agudo grito y llegara al... ¿Estaba perdiendo la cabeza?
Era un trabajo. Un trabajo que no había querido. Estaba traficando con droga o la había robado. Había pasado media vida combatiendo a gente como ella. Además, era la mujer de otro. Ella podía decir lo que quisiera sobre Hamilton, pero eso no Kevbiaba el hecho de que pertenecía a ese hombre. Al diablo con los gemidos. Una mujer podía fingirlos. Sería así seguramente como habría hecho con Hamilton.
Los ojos de Nick se oscurecieron de disgusto. Por sí mismo y por la mujer desnuda que tenía delante.
-¿Así era como mantenías al pobre Liam ignorante de lo que hacías? -dijo con frialdad-. ¿Haciéndole saber que esto es lo que podría tener algún día?
-No sé qué...
Miley se quedó sin respiración. Una mano estaba en su pecho, y las yemas de los dedos acariciaban el pezón. Le habían acariciado los pechos antes, pero nunca se había sentido... sentido... El terror inundaba sus sentidos. Terror y algo más, algo infinitamente más oscuro.
-No me lo explico. Cómo un tipo tan inteligente puede portarse como un bobo -Nick sonrió-. Después vi la casa. La distribución de las habitaciones. Y pensé que era un idiota dejándote dormir sola -inclinó la cabeza y olió el suave aroma a flores de su pelo-. Ahora empieza a tener sentido. Le has manejado como una hembra maneja a un garañón, dándole pistas de lo que podría tener si se portaba bien.
-¡Estás loco! Nunca...
Se interrumpió cuando le agarró el pecho. La palma era áspera; cuando el pulgar acarició el pezón, se echó para atrás... Y sintió una oleada de calor líquido en la parte baja del vientre.
El frío, pensó, era el frío, tenía que ser eso, eso y el miedo.
-La cuestión es que Liam no sabía cómo manejarte -una sonrisa se dibujó en la boca de su captor-. Pero yo sí.
De pronto, Nick dio un paso atrás. Miley se balanceó y agarró los extremos del cinturón del albornoz e intentó atarlos.
-Vístete. Rápido, o lo haré yo.
Mirarlo a los ojos era como mirar un glaciar. Nada de sentimientos, sólo fuerza.
Nick fue hasta una silla y se sentó. Cruzó los brazos y cruzó las piernas. Se fijó, como si tuviera importancia, en que llevaba botas al estilo del Oeste.
Miley esperó. Lo mismo hizo él. Finalmente, se dio la vuelta y empezó a dejar caer el albornoz.


Noevla Niley 06 - Cautiva en su cama!!!!



-Miley, hacerse la tonta no ayuda. Te he hecho una pregunta. ¿Dónde está?
-No me estoy haciendo la tonta. No entiendo la pregunta -con cuidado, intentando no hacer nada que le hiciera acercarse a ella, se incorporó ligeramente.
-Será todo más fácil si me lo cuentas.
¿Más fácil? Casi se echó a reír. Una vez que supiera lo que quería, dejaría de ser útil.
-Te lo he dicho -dijo ella con cuidado-. No sé de qué estás hablando.
Fue hacia ella. ¡Era enorme! Y ella estaba allí, tirada en el suelo. Tenía que considerar sus posibilidades. Ser pasiva era una cosa; sumisa, otra. Despacio, con lo ojos fijos en él, se levantó.
-Tengo que vestirme.
La recorrió con la mirada, deteniéndose en la protuberancia de los pechos. Decidió mostrarse un poco más asertiva.
-¿No me has oído? Quiero vestirme, tengo frío.
-Estamos en Colombia, prácticamente en el Ecuador. Nunca hace frío.
-Acabo de ducharme. El agua estaba fría y las toallas húmedas, y yo...
-Húmedas -dijo.
Su voz había Cambiado. Era más grave. Contuvo la respiración. Mencionar la ducha no había sido una buena idea. Era evidente por su tono y por la forma en que la miraba. Miley bajó la vista y vio la marca de sus pezones a través del albornoz. Sintió miedo. Tenía que cambiar de estrategia, personalizar al enemigo. Su entrenamiento había sido corto, pero había aprendido algunas cosas.
-No me... no me has dicho cómo te llamas.
-¿Importa?
-Sí, importa.
Era mejor olvidar la sumisión, la pasividad. Miley se echó el pelo hacia atrás.
-Irrumpes en mi habitación, revuelves mis cosas, me acusas de... de cualquiera sabe qué...
-Y tú -dijo con suavidad- ni siquiera preguntas por qué. Interesante, ¿no crees?
Ya podía verlo con claridad. Era flaco. Sus hombros, embutidos en una camiseta de algodón, eran anchos; su vientre, liso; sus caderas, estrechas; y sus piernas, metidas en unos vaqueros, largas. Tenía un cuerpo de anuncio de coche caro.
Lo miró a la cara. Era difícil no reaccionar. Había esperado un monstruo y se encontró con una belleza masculina. Espeso pelo negro. Profundos ojos verdes. Una nariz elegante, una boca cincelada y un mentón ligeramente dividido.
Contuvo una carcajada histérica. Nada de asesinos feos, ella se merecía un hombre que pudiera romper corazones tan bien como cuellos. Tenía que pensar en algo, y rápido.
-Tienes a Hamilton realmente embobado.
-¿A quién?
-¿Qué te he dicho, nena? No te hagas la tonta. Acabaré enfadándome -dibujó una ligera sonrisa-. A mí no me engañas. Sé cómo eres. Te escapaste con algo para hacer más fácil el viaje.
Le dio un salto el corazón. Había sido muy cuidadosa al copiar la lista y al dejar el original donde estaba. A lo mejor no lo sabía y simplemente estaba pescando.
-Te equivocas -dijo con una voz tan tranquila que ella misma se sorprendió-. No me he llevado nada. Huí de Liam porque... porque él... no me hubiera dejado romper.
-Ah, de pronto supiste los años que tiene Liam.
-¿Esperas que lo admita todo? Irrumpes en mi habitación, me atacas...
-Miley, Miley, ¿qué voy a hacer contigo? Mientes. Si te hubieras querido librar de tu novio, ya estarías en los Estados Unidos. Habrías tomado el primer avión a casa.
Piensa, se dijo, frenética. Piensa.
-Habría hecho vigilar los aeropuertos.
-Es un coronel, no es Dios.
-Trata de decírselo a él.
-Para ser sincero, Miley, no me importa lo más mínimo lo que sientas por ese hombre. Quiero lo que has robado. ¿Vas a decirme dónde está?
-¿Dónde está qué? -dijo con calma.
-Bien. Lo haremos por las malas. Vístete. Y deprisa. Quiero acabar con esto -ella no quería.