sábado, 25 de diciembre de 2010

Novela Niley 10 - Cautiva en su cama!!!!

-¿No quieres que te lleve de vuelta? Muy bien, entonces dime dónde está la droga.
-¿La qué?
-Venga, nena. La coca. Dime dónde la escondes y te dejaré ir. Lo que suceda entre el coronel y tú es tu problema. La droga es el mío.
-¡No tengo droga! Es una locura. Has registrado mi habitación, mi coche -el carmesí tiño sus mejillas-. Incluso me has registrado a mí. Si llevara coca, la habrías encontrado.
Tenía razón, pensó.
-Entonces, ¿por qué huyes?
-Ya te lo he dicho. Liam no me hubiera dejado poner fin a nuestra relación.
-Muy bien -dijo Nick con frialdad-. ¿Qué va a hacer? ¿Encerrarte en tu habitación y tirar la llave? -Miley apartó la mirada, pero la agarró de la barbilla y la obligó a mirarlo-. Tenías agarrado el viejo Liam por las pelotas. Habitaciones separadas, nada de sexo... -hizo una pausa-. Tengo razón, ¿verdad? Nada de sexo.
-Yo.. yo...
-Responde a la pregunta, maldita sea. ¿Dormías con él?
El mundo, el tiempo, parecieron detenerse. La miró a los ojos y esperó, esperó...
-Claro que dormía con él -dijo ella-. Era mi prometido, ¿por qué no iba a hacerlo?
-Sí -dijo Nick, aclarándose la voz-. Sí -repitió-. Te imagino diciendo al pobre desgraciado hasta dónde podría llegar.
-¿Insultar a una mujer te hace sentir bien?
Tenía que dar crédito a lo que decía. Estaba muerta de miedo, pero estaba decidido a averiguarlo todo.
-Quiero saber por qué huiste.
-Ya te he dicho que Liam no...
-Y una mierda -cortó sin rodeos-. Huiste porque habías conseguido algo que no era tuyo.
-Yo no me he llevado nada -dijo, pero estaba mintiendo.
Nick lo notó por la súbita contracción de sus pupilas y, en ese momento, se dio cuenta de que lo habían arrastrado a un juego en el que la única regla era sobrevivir.
La desató y la metió en el coche de un empujón. Se sentó al volante y arrancó. Se deshizo del vehículo a unos doscientos metros del hostal.
-¿Qué haces? -preguntó Miley mientras la metía a empujones en el todoterreno-. ¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí?
-Un par de minutos de silencio, para empezar.
-¡No! Responde a mi pregunta. Dime quién eres y lo que quieres.
De forma involuntaria sus ojos fueron de su rostro a sus pechos. Miley se ruborizó, y Nick se dio cuenta de que se estaba acordando de lo que había pasado en el hostal. Diablos, él también.
-Apréndete esto -dijo fríamente-: yo hago las preguntas, tú respondes.
-Tengo derecho a saber tu...
Miley gritó cuando la agarró por los hombros.
-No tienes derechos, nena. Lo único que necesitas saber es que voy a averiguar por qué huiste y lo que has robado. Dónde ibas...
Sonó el teléfono móvil de Nick. El sonido le sorprendió. Sus hermanos sabían que estaba en el extranjero, así que no le hubieran llamado de no ser absolutamente necesario, y muy poca gente más tenía su número.
Soltó a Miley. Se recostó en el asiento, sacó el móvil del bolsillo y lo abrió.
-¿Sí?
-Señor Jonas.
Era el coronel. Nick recordó que le había dado su número.
-¿Sí?
-Espero que esté haciendo progresos en la búsqueda de mi prometida.
Una palabra a Hamilton y aquello habría terminado. Ni siquiera tendría que volver a Cartagena. El coronel no tendría ningún problema en mandar a alguien allí a por la chica.
-Señor Jonas, ¿no tiene cobertura? Le he preguntado si había algún avance.
-Le he oído, coronel.
-Bueno, ¿lo hay? ¿Ha encontrado a Miley? Nick miró a la mujer.
-No -dijo tranquilamente-, no.
Cerró el teléfono, lo volvió a guardar en el bolsillo y arrancó el Escalarle. Después, en lo que a lo mejor era el acto más ilógico de su vida, se inclinó sobre ella y le dio un largo beso. Momentos después, el hostal y el pueblo quedaron atrás, ocultos entre una nube de polvo y hojas.

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