sábado, 18 de diciembre de 2010

Novela Niley 04 - Cautiva en su cama!!!!

-No estoy orgulloso por mi debilidad con Miley -dijo con tranquilidad-, pero la amo, y quiero recuperarla.
La cocinera confirmó que Miley casi se había disuelto en el aire. No había habido ruido de pelea, ni sillas tiradas, nada.
-¿Algo más?
-Sí -dijo ella después de un par de segundos-, la señorita no había tocado su almuerzo, lo único que faltaba en la bandeja era una botella de agua.
Nick encontró aquello interesante. ¿Podía una mujer que había sido secuestrada sin pelear haber tenido la oportunidad de llevarse una botella de agua?
-¿Había alguien más trabajando en la villa ese día?
-No, señor -dijo la cocinera con énfasis. Después de una pausa dijo que el chico de la piscina había estado, pero cuando la señorita había desaparecido, estaba en la casa de al lado.
Nick localizó al muchacho. Tardó un poco, pero al final recordó que había visto pasar un taxi, a lo mejor en dirección a la casa de Hamilton.
Fue hasta la ciudad, se detuvo en el hotel, consiguió una lista de empresas de taxis y tuvo suerte al tercer intento: por diez dólares, el telefonista recordó que había mandado un taxi a la dirección de Hamilton el día que Miley desapareció. Por quince consiguió el paquete completo: hablar con el conductor que reconoció la foto de Miley. La había llevado a alquilar un coche.
El chico de los coches de alquiler también la recordaba. Miley había preguntado por algunas direcciones de Bogotá. El chico había intentado convencerla de que no hiciera el viaje. Era muy largo, quince o dieciséis horas. Y peligroso, sobre todo para una gringa, pero Miley había insistido, y el chico le había señalado la ruta en un mapa. La más corta, había insistido ella. Al menos la señorita había sido lo bastante lista como para estar de acuerdo en eso.
Media hora más tarde, Nick salía de la ciudad, pero no por la carretera que se suponía que había tomado Miley. Ya estaba seguro de que había huido. La cuestión era ¿por qué? Sólo había dos razones lógicas. La primera era que huía del cártel porque la droga que llevaba no había llegado a su destino. La segunda era que huía con un alijo de cocaína. Eso tampoco gustaría al cártel.
Sólo había una forma lógica de actuar: una mujer que huye tanto de su novio como de un atajo de asesinos se habría subido a un avión. Una mujer con un alijo de coca robada trataría de eliminar las pistas perdiéndose en las montañas. Y sobre la ruta que había tomado... Él siempre que había huido había dejado pistas falsas. A lo mejor decir que iba a seguir la ruta más corta había sido una pequeña indiscreción de Miley..., pero era lo que él hubiera hecho en su lugar. Así que decidió seguir su intuición y tomar el camino más largo a Bogotá.
La carretera era difícil, pero no había tráfico, así que mantuvo una buena velocidad. Llevaba un termo de café y algunos bocadillos. Cuando empezaba a oscurecer, se detuvo y se los comió. Estaba cansado, no podía recordar la última vez que había dormido bien y había comido de verdad, pero Miley le sacaba mucha ventaja y tenía que reducirla.
Se detuvo en cada pueblo, en las gasolineras y hostales, preguntando por ella, describiendo su coche y enseñando la foto. Nadie la había visto. Un par de horas antes de que amaneciera, salió por un pista lateral, aparcó bajo unos árboles, se aseguró de que las ventanillas y las puertas estuvieran bien cerradas, subió el aire acondicionado y se durmió con la nueve milímetros al alcance.
Cuando salió el sol, estaba en la carretera de nuevo, conduciendo despacio por las calles de una nueva localidad... Vio el coche alquilado por Miley, aparcado fuera de un hotel que había visto días mejores.

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