sábado, 25 de diciembre de 2010

Novela Niley 09 - Cautiva en su cama!!!!

Nick sonrió. Sacó la pistola de la funda que llevaba detrás y vio cómo se le abrían los ojos cuando se la enseñaba.
-Esto me da todos los derechos. Así que date la vuelta y apoya las manos en la pared.
-Eres un cerdo -dijo con la voz llena de desprecio.
-Ahora sí me has roto el corazón -dijo, y la puso de cara a la pared.
Pasó las manos por encima de ella deprisa, de modo experto, revisando el vientre, las piernas hasta los tobillos y después subiendo por la parte interior de los muslos.
Dudó un momento. Después metió la mano entre las piernas y la palpó. Miley hizo un ruido de desagrado. Nick se imaginó qué haría para transformarlo en uno de deseo. Todo lo que tenía que hacer era mover la mano. Acariciarla. Lo odiaba, sí, pero el recuerdo del beso le decía que ella respondería a lo que le hiciera. Sería mil veces más fácil de manejar si le hacía el amor.
Nick cerró los ojos. Una de las razones por las que había dejado la Agencia había sido porque sabía que estaba perdiendo la capacidad para separar lo que estaba bien de lo que estaba mal. ¿Podía en veinticuatro horas volver a ser el hombre que fue? No. Imposible. Lo que estaba haciendo estaba bien. Miley Cyrus traficaba con droga. Cualquier cosa que tuviera que hacer para detenerla, lo haría.
Dio un paso atrás.
-Muy bien -dijo bruscamente-. Date la vuelta.
Se dio la vuelta y lo miró con unos ojos duros y fríos como el ámbar. Bien. Desde ese momento en adelante, se comportaría. Todo lo que tenía que hacer era decidir qué hacía con ella.
Hamilton sólo le había encargado averiguar qué le había pasado. Bueno, ya lo había averiguado. Había huido. En teoría podía dejar que siguiera huyendo. Pero no si llevaba un alijo de cocaína pura. Había dedicado mucho tiempo a combatir el narcotráfico como para permitirlo. Selena había muerto por ello. Dejar que se fuera no era una opción si estaba metida en líos de droga.
Si encontrara el alijo... bueno, eso abriría otras posibilidades. Podía arrojarlo al retrete y dejar que se fuera. No era policía. Ni siquiera era ya un espía. No tenía obligación de entregarla a la justicia.
Si estaba huyendo del cártel... ¿qué pasaba entonces? Tirar la droga y dejarla marchar... la gente del cártel la encontraría, pero ése no era problema suyo. Era un problema de Hamilton. De la mujer de Hamilton. ¿Por qué pensar en eso le provocaba un nudo en el estómago?
Nick frunció el ceño. Lo primero era lo primero. Si llevaba coca, tenía que encontrarla. Después decidiría qué hacer.
-¿Has hecho el equipaje?
Cerró la maleta de un golpe.
-Sí.
-Escucha con atención porque no quiero ningún error. Voy a abrir la puerta. Vamos a bajar las escaleras juntos, con mi brazo alrededor de ti. Vamos a parecer los amantes más felices del mundo.
-¿Adónde vamos?
-A donde yo diga -hizo una pausa-. ¿Estás segura de que no olvidas nada?
-Segura -asintió.
-Porque si lo has olvidado, considéralo perdido.
-Te he dicho que no se me olvida nada.
Bien. La droga no estaba en la habitación. Nadie, no importa el miedo que tenga, abandona un buen alijo. La agarró de la muñeca. Trató de soltarse, pero él le pasó el brazo por los hombros.
-Amantes, ¿recuerdas? Romeo y Julieta.
-Romeo murió -dijo con una sonrisa forzada.
La respuesta hubiera sido decirle que Julieta también, pero no dijo nada.
Una mano en la cintura de ella y la otra cerca de la pistola mientras bajaban las escaleras y salían a la calle. Había un café al otro lado.
-Desayunemos -dijo él.
Lo miró como si estuviera loco. A lo mejor lo estaba, ba, pero si no comía algo pronto, se desmayaría.
La cafetería olía a aceite quemado de freidora, pero un café, un huevo frito y unas salchichas tampoco podían estar tan malos. Sí, podían. Después de un par de bocados, apartó el plato. Miley sólo había pedido café, y había sido lo más inteligente.
Después de la segunda taza, Nick se inclinó sobre la mesa.
-¿Has recuperado el juicio?
-¿Sobre qué?
-Sobre que aparezca lo que robaste.
-Te he dicho que no sé de qué me hablas.
-No seas estúpida -dijo, cortante-. Piensa en lo que pasará si no eres sincera conmigo.
Se puso pálida, pero no respondió. Nick sacó algo de dinero del bolsillo, lo dejó en la mesa y se puso de pie.
-Vámonos -murmuró.
La agarró del brazo y la llevó a su coche.
-Ábrelo -le ordenó.
-Sea lo que sea lo que buscas.., no lo tengo. Da lo mismo lo que me hagas.
-Abre el maldito coche.
Sacó las llaves del bolso, abrió la puerta y la empujó dentro.
-Siéntate -ordenó Nick.
Cuando obedeció, le quitó las llaves, se sentó al volante y quemó las ruedas al salir del aparcamiento. Veinte minutos después, encontró la clase de sitio que buscaba: un desvío que llevaba a través de un bosquecillo hasta un lago. Había botellas de cerveza vacías por todas partes, pero parecía como si allí no hubiera habido nadie en mucho tiempo.
-Sal del coche.
No se movió. La sacó del coche y se quitó el cinturón. Se le llenaron los ojos de lágrimas. Empezó a temblar. Nick esperó que le suplicara, pero no lo hizo. Tenía valor, eso había que reconocérselo. Le pasó el cinturón por las muñecas y la arrastró hasta un árbol.
-Piensa lo que estás haciendo -dijo ella-. Matándome no resolverás nada.
La miró, sorprendido. Iba en serio. ¿Quién se pensaba que era él? ¿Alguien del cártel a pesar de que le había dicho que lo enviaba Hamilton?
Podría decirle la verdad. Decirle que no tenía nada que ver con el cártel y que no iba a matarla... pero si eso era lo que ella creía, le dejaría creerlo. Su temor la haría dócil.
-Haré lo que tenga que hacer -dijo Nick con frialdad.
Después, sólo porque su mirada le recordó la vida que una vez había llevado, se acercó a ella y le dio un beso en la boca. Una boca suave que temblaba de miedo y estaba húmeda por las lágrimas. Un destello de deseo lo recorrió. Nick maldijo de nuevo, dio un paso atrás y aseguró el cinturón al árbol.
-Pórtate bien -dijo, cortante-. Si lo haces, saldrás mejor de todo esto. Una vez más, la última: ¿dónde está?
No respondió. Nick sacudió la cabeza, fue hacia el coche y empezó a registrarlo sistemáticamente. Lo primero, los lugares más lógicos: guantera, salpicadero, maletero.
Nada. El relleno de los asientos fue lo siguiente. Los rajó con su navaja. Después la rueda de repuesto. Sacó todo fuera del maletero.
Nada todavía. Había más sitios donde esconder droga. Dentro de los paneles de las puertas. Compartimentos secretos en el suelo, pero era un coche de alquiler. No tendría compartimentos secretos, y ella no había tenido tiempo para desmontar las puertas.
Nick apoyó las manos en las caderas y dedicó una larga mirada el revuelto vehículo. Volvió a meter todo en el maletero. Después se acercó a Miley. Tenía que atemorizarla, pero ¿cómo?
Con la cárcel. Una cárcel colombiana. Las que había visto eran peores que perreras. ¿Lo sabría ella? Sí, seguro que sí.
-De acuerdo -dijo con tono decidido-, ya está. He hecho lo que he podido. No me dejas otra elección. Te llevaré de vuelta.
-¿De vuelta? -se puso pálida-. ¿Con Hamilton?
No era la respuesta que esperaba, pero lo que vio en sus ojos le animó a seguir por ahí.
-Claro. Es quien me contrató para encontrarte.
-No -dijo en voz baja-. Por favor. No lo hagas -levantó la cabeza y lo miró a los ojos-. No sé quién eres -susurró-, ni lo que piensas que he hecho, pero te lo ruego, no me lleves de vuelta con él.
Parecía aterrorizada. Nick se dijo que eso no importaba, seguro que era una gran actriz, sólo había que ver cómo había engañado a su amante.

1 comentario:

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..