domingo, 30 de enero de 2011

Novela Niley 24 - Cautiva en su cama!!!!


Una tienda atrajo la atención de Miley. Nick vio cómo miraba un vestido color melocotón en el escaparate.
-Entremos para ver las cosas más de cerca -dijo él.
Miley negó con la cabeza. No era una tienda para turistas, sería todo muy caro.
-No -dijo ella-, es precioso pero...
Nick la agarró de la mano y la arrastró hasta la tienda. Una sonriente mujer estaba en pie delante de ellos.
-Buenos días.
-Buenos días, señora. Queremos comprar un vestido, el del escaparate -dijo él.
-¡No! -Miley dedicó a la señora una breve sonrisa, después se volvió a Nick-. No quiero comprar el vestido -susurró-. Es demasiado caro.
-Quiero comprarlo -dijo él con suavidad.
-No puedo dejarte.
-Ajá -dijo-. ¡Discriminación! -su expresión era sería, pero había risa en sus ojos-. Un helado sí, pero no un vestido.
-Nick -Miley trató de no sonreír-. Eso es una estupidez.
-Primero discrimina y después me insulta -se volvió hacia la dependienta-. ¿Qué se supone que tiene que hacer un hombre con una mujer como ésta, señora? A menos... -miró a Miley-. A menos que no te guste el vestido.
-Claro que me gusta. Es precioso, pero...
-Crees que no es de tu talla. En realidad parece un poco pequeño.
-No es demasiado pequeño.
-¿Seguro?
-Sinceramente, Nick...
-Sinceramente, Miley -dijo cortés-. Voy a comprar el vestido -la agarró de la cintura, la señora sonrió-. Quiero verte con él... y después quiero quitártelo. Desabrochar todos esos diminutos botones...
Los ojos de Nick se oscurecieron del mismo modo que cuando hacían el amor. La besó, y después sus miradas se encontraron. Mía, pensó, mía para siempre. Estaba profunda, apasionadamente enamorado.


Miley se Cambió en el probador. El vestido era bonito. Nunca había tenido nada así. Su vista se dirigía a los pequeños botones que lo recorrían de arriba abajo y se imaginaba a Nick desabrochándolos uno a uno.
Llamaron a la puerta. Unas manos masculinas entraron lo justo para mostrar unas sandalias, un bolso dorado y una mantilla negra demasiado fina como para ser real. La emoción que llenó a Miley era igual: demasiado, frágil para ser real. Inclinó la cabeza hacia la puerta, y dijo:
-Nick, de verdad, no puedo...
-Vamos a cenar en un restaurante que la señora asegura precisa de toda esta elegancia -se podía sentir la sonrisa en su voz-. ¿Cómo vamos a decepcionarla?


La señora tenía razón. El restaurante era perfecto. Era pequeño y con velas. Un grupo de músicos tocaban suavemente. Su mesa, en un rincón, ofrecía una vista como la de un cóndor. Además, la única visión que Nick quería era la de Miley. Había acertado con el vestido. Parecía hecho para ella. Su piel, sus ojos, su pelo cayendo sobre los hombros, parecía todo hecho de oro. Pidió para los dos carne, ensalada y una botella de vino chileno. Miley decía que todo estaba maravilloso, y él la creía, pero no podía saborear nada. Ella llenaba sus sentidos. La amaba. ¿Y qué demonios iba a hacer? ¿Puede un hombre decir a una mujer que la quiere cuando guarda un secreto que no quiere compartir con él? Porque la verdad era que las tripas le decían que lo que Miley había dicho de dejar a Hamilton era mentira. ¿Por qué no le dejaba conocer la verdad? Lo mataba que no confiara lo bastante en él... ¿pero quién era él para juzgarla? También él tenía sus secretos. Le había contado que había sido soldado. De acuerdo, lo había sido, pero había mucho más. Había sido espía. Había sido agente de una agencia del gobierno sin rostro y, aunque hubiera sido por su país, había hecho cosas... ¿Cómo se sentiría ella si supiera que tenía un pasado que aún lo perseguía? ¿Si sabía que había sido incapaz de salvar a Selena o de vengar su muerte? Demasiadas preguntas. Muy pocas respuestas. Pero sólo una importaba: ¿cuando le dijera a Miley que la amaba, le diría ella que también lo amaba? Se inclinó sobre la mesa en busca de su mano. Se lo diría en ese momento.
-¿Miley?
-¿Sí?
Sus miradas se encontraron. Nunca la había visto tan feliz. Se enorgullecía de su coraje, pero en ese momento tenía la boca seca.
-Miley -dijo, y echó para atrás la silla-. Nena, ¿bailas conmigo?
La tomó entre sus brazos. Cerró los ojos y la abrazó más fuerte. Acarició su pelo con los labios.


-¿Feliz? -preguntó son suavidad.
Miley asintió con la cabeza. Tenía miedo de hablar y de que se le escaparan las lágrimas. ¿Cómo podía haberse convertido su horrible huida de Cartagena en semejante felicidad? Había preguntas que no tenían respuesta, pero ¿qué más daba? Todo lo que importaba era aquello. Estar entre lo brazos de Nick. Saber que lo amaba. Saber que confiaba en él. Porque era así. No importaba lo que había creído al principio que era, confiaba en el. Era el momento de decirle la verdad. Contarle todo de principio a fin: que trabajaba para algo sin rostro llamado la Agencia y para la que no volvería a trabajar nunca; que había sido enviada a Cartagena como asistente personal de Hamilton para descubrir que estaba trabajando para el cártel de Rosario; que Liam se había ido volviendo suspicaz; que la había acusado de espiarlo, que ella lo había negado y él había decidido recurrir a lo que llamaba «su seguro»: hacer que pareciera que ella había tratado de introducir coca en Estados Unidos.
-Haz cualquier tontería, y te entregaré a las autoridades locales -había dicho con una sonrisa cínica-. Imagínate lo que debe de ser pasar unos años en una prisión colombiana.
Y había dejado igual de claro que parte del precio que tenía que pagar por permanecer fuera de la cárcel, era calentarle la Cama. Ahí había sido cuando había decidido escapar. Había encontrado la lista de los contactos de Liam con el cártel y las cantidades que le habían pagado ocultas en su ordenador. Descargó los datos en un minidisco y huyó. Si hubiera conseguido llegar a Bogotá, a la embajada... Pero Nick la interceptó. Y aunque lo había enviado Liam, había llegado a confiar en él.
-Nick -dijo sin aliento. Las parejas a su alrededor seguían bailando, pero Miley se detuvo-. Tengo que hablar contigo.
Vio inmediatamente que él había entendido. Que no se trataba de comentar la calidad del vino o de la comida. Quería hablar de lo que los había unido... y al mismo tiempo los mantenía separados. Volvieron a su mesa, se echó la mantilla por encima de los hombros y recogió el bolso mientras él dejaba un puñado de billetes en la mesa. Salieron a la oscuridad de la noche.


Fueron en silencio en el coche. Cuando llegaron a la casa, Nick se bajó del Escalarle y ayudó a salir a Miley. La luna colgaba encima del bosque, convertía en marfil el Camino entre los árboles, el que llevaba al claro con la cascada y el estanque de zafiro. Al lugar que sólo les pertenecía a ellos. Todo estaba en silencio. Expectante. Incluso las criaturas que cazaban en esas horas de oscuridad estaban quietos. Cuando llegaron al claro, Nick se volvió hacia ella.
-Miley -dijo con suavidad.
No, pensó ella, todavía no, y le cubrió la boca con la mano.
-Has dicho que querías verme con este vestido -susurró-. Ya es hora de que me veas sin él.
La llamó por su nombre, la trajo hacia él y la besó, suavemente al principio, después cada vez con más urgencia. Ella lo besó del mismo modo, como si ambos temieran que la noche se les escapara. Despacio, uno a uno, desabrochó los botones del vestido. Cuando cayó a sus pies, Nick sintió que se le detenía el corazón. Miley sonrió.
-Era un secreto -murmuró-, entre la señora y yo.
El sujetador era de encaje transparente del mismo color que el vestido. Lo mismo que el tanga. Con aquella luz, parecía un regalo de los dioses. Nick la besó en la boca. A lo largo del cuello. En el nacimiento de los pechos mientras desabrochaba el sujetador. Después en los pezones, con los dientes y la lengua. Miley le quitó la chaqueta gris de los hombros. Desabrochó los botones de la Camisa. Era precioso, todo músculos y piel bronceada. Lo besó en los labios, los hombros, el pecho. Acarició los bíceps y el tenso vientre. Él la agarró de las muñecas.
-Miley -dijo con fuerza-. Lo eres todo para mí. Quiero que lo sepas. No importa lo que pase. Se puso de puntillas y lo besó. Después deslizó la mano por debajo de la cintura y agarró su sexo duro y caliente. El tiempo de hablar se había agotado. Nick se quitó el resto de la ropa, y deslizó el tanga de seda de ella por las piernas. Después la tumbó en la hierba y la penetró.
-Nick -susurró, levantándose para él. Moviéndose con él. Uniéndose a él en cada empujón hasta que volvió a gritar, hasta que la cara de él se contorsionó y su cabeza se cayó hacia atrás y llegó a un caliente e interminable clímax que llenó sus entrañas. Que llenó su corazón.


Un largo tiempo después, entre los brazos de Nick, Miley suspiró.
-Tenías razón -dijo con suavidad-. Me siento segura aquí. Me gustaría no irme nunca.
Era la primera vez que uno de los dos admitías que aquellos días se los habían robado al tiempo.
-Este claro nos pertenece, nena. Donde quiera que estés, pase lo que pase, cierra los ojos y volverás aquí.
¿Sería verdad? Miley tenía la sensación de que no volvería a ver ese claro del bosque. Sintió un escalofrío a pesar de que la noche era cálida y Nick la tenía entre sus brazos.
-¿Qué pasa, nena?
-Nada -dijo rápidamente-. Sólo que... he sentido frío, eso es todo.
-Vamos, encenderemos fuego en la chimenea, tenemos brandy...
-Y hablaremos.
-Sí.
-Porque... porque tengo que contarte la verdad, Nick, la verdad sobre Liam y yo.
-En cuanto lleguemos a casa.
Se vistieron. Nick le pasó el brazo por los hombros y Kevinaron juntos a la luz de la luna.
Tenía que decirle la verdad, había dicho, sobre Hamilton y ella.
¿Por qué sonaba aquello tan inquietante?

MILEY tropezó al subir los escalones de la terraza. Nick la sujetó.
-¿Estás bien?
-Sí, se me ha enganchado el tacón, eso es todo -sonrió-. Creo que no estoy acostumbrada a los tacones altos.
Ella rió, y pensó: «Aquí estás por última vez, riendo por una tontería al lado del hombre que amas»
-Voy a quitarme los tacones, ¿vas encendiendo el fuego?
-¿Estás segura?
-Afirmativo -le acarició en la cara y sintió la aspereza de la barba después de todo el día. Recordó cómo le gustaba esa sensación en los pechos-. Nick..
-¿Sí?
«Te amo», pero de pronto le dio miedo pronunciar esas palabras.
-¿Qué pasa cariño? -requirió él.
-Nada -dijo deprisa-. Enciende el fuego y sirve un poco de brandy. Iré en un minuto.
La besó. Después abrió las puertas y entró en la casa. Sabía lo que estaría haciendo en ese momento: introduciría el código que desactivaba la alarma, se quitaría la chaqueta y se dirigiría hacia la chimenea...


-Hola, Miley.
Una mano le cubrió la boca, ahogando el grito en su garganta. « Liam. Era Liam. Estaba aquí, aquí», pensó.



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                        NILEY FOREVER
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ey chicas!!! como estan...
ahhhh
esta semana a sido super... jeje demi salio de rehabilitacion...
los capis de las noves que leo han estado geniales...
nick, joe and kevin estan cada vez mas buenos (baba) jijiji....
feliz feliz feliz.....
ahhhh chicas las quiero gracias por los comentarios...
son las mejores...
capi dedicado a aracelly....
:-)
espero que esta semana les vaya super...
hoy es el cumple de mi mejor amigo...
de edersito.... ahwww lo amo el es una personita super especial.. le deseo lo mejor del mundo...
bueno chicas jejeje 
iop aqui contandole mis cosas jejeje
toy loquita ahh....
jeje
las quiero cuidense...
iap me voy a dormir... jejeje
mi madre me va a masacrar si no apago mi compu y me duermo... es que mañana teng trabaj y clases jeje....
besos para todas 
cuidense y recen pa que haya niley otra vez...
chaup!!!!!!!!!!!!



viernes, 28 de enero de 2011

Novela Niley 23 - Cautiva en su cama!!!!



LOS días y las noches se sucedían. No había relojes ni calendarios. Nadie del mundo exterior que los observara. Ninguna regla que obedecer. Los amantes reían y charlaban; disfrutaban de la comida que Sally preparaba, bebían los vinos que había en la bodega. Nadaban en la piscina olímpica que había tras la casa y disfrutaban del spa del patio. Daban largos paseos por el bosque y conducían por las estrechas carreteras que recorrían las montañas. Jugaban al Monopoly y al Scrabble y veían películas de miedo realmente malas en la tele por satélite. Eso era lo que hacían cuando no estaban haciendo el amor.
-¿Te gusta esto? -diría Nick, inclinándose sobre los pechos de Miley-. ¿Esto? -susurraría, separándole los muslos-. ¿Y esto? -preguntaría con voz ronca, deslizándose dentro de ella.
Sus suspiros, sus gemidos, el movimiento de sus músculos cerrándose alrededor de él, le decían todo lo que necesitaba saber. Todo excepto la auténtica razón por la que había huido de Cartagena. Ya la conocía. Era guapa y femenina. Pero era fuerte en todo lo importante. No se la podía imaginar huyendo de Hamilton. Lo hubiera mirado a los ojos y le hubiera dicho a ese canalla lo que pensaba de él, pero huir... Cuanto más conocía a Miley, menos se parecía a lo que había creído que era. Había desistido de pedirle que le contara la verdad. Le dolía que no lo hiciera, pero suponía que ella tendría buenas razones para no hacerlo. Cuando estuviera preparada, se la diría, compartiría la verdad con él. Mientras tanto, estaban inmersos en un viaje por los sentidos. Miley, desinhibida en sus respuestas sexuales, había sido, al principio, reservada a la hora de explorar el cuerpo de Nick.
-Dime lo que te produce placer -había susurrado, y él le había dicho que era ella lo que le producía placer. Era cierto. Sólo verla peinarse o entrar en el baño era suficiente para que tuviera una erección.
-Dímelo -había insistido.
-Tócame y descúbrelo -había respondido finalmente con una sonrisa.
Y lo había hecho. Una noche, en la terraza, con sólo la luz de la luna, se desnudó para él. Miley no se dejó ayudar, tampoco tocar. Lo hizo ella sola, muy despacio. Para cuando la ropa estaba en el suelo, Nick estaba medio loco. Empezó a quitarse la Camisa, y ella lo detuvo.
-Es mi trabajo -dijo ella con suavidad.
Le quitó la Camisa. Los vaqueros. No llevaba ropa interior, y cuando su sexo quedó libre, entre las manos de ella, tuvo que apretar los dientes para no terminar en ese mismo momento.
-¿Esto es para mí? -ronroneó ella.
Y lo llevó hasta el límite. Lo acarició. Lo saboreó. Bajó sobre su hinchado miembro mientras lo miraba a la cara. Lo montó, con la cabeza echada para atrás, con los ojos cerrados, en éxtasis. Dejó que creyera que era ella quien tenía el control hasta que, con un grito primitivo, la colocó debajo, le puso los brazos por encima de la cabeza y la llevó hasta el final una y otra vez, hasta que lloró pidiendo piedad.
-Por favor -susurraba-. Nick, por favor...
Le soltó las muñecas. La besó. Después se subió sobre ella de nuevo y consiguió que volviera a gritar su nombre en la noche. Cayó sobre ella. Sabía que era demasiado grande, demasiado pesado, pero no podía moverse, no quería. Miley tampoco quería que se moviera.
-No te muevas -susurró ella.
La besó en la boca, en el cuello, después se tumbó a su lado y la abrazó hasta que se quedó dormida. Nick miró la luna. Aquellos días y noches lo habían Cambiado. Años antes una mujer con la que hubiera tenido una aventura se habría enfadado con él por su actitud. Era, hubiera dicho ella, un lobo solitario. Y era cierto. Menos con sus hermanos, siempre había preferido estar solo. Pero se encontraba feliz con Miley. ¿Qué significaba eso? Nick meditó, pero desistió de buscar la palabra.
 
Otro largo y perfecto día. Fueron hasta una pequeña ciudad en Los Andes donde sólo con cruzar la calle estaban en Brasil. Nick compró a Miley una muñeca hecha con maíz. Ella a él, un fetiche que colgaba de una tira de cuero.
Era, según dijo el vendedor, un trozo de hueso del más valiente de los animales: el águila.
-Un águila para un hombre que lleva un águila -dijo Miley suavemente mientras le colgaba del cuello el amuleto.
Para alegría de Miley, Nick se ruborizó.
-¿De verdad te creías que no había visto el tatuaje? Es precioso, como tú.
Nick se ruborizó aún más.
-Vas a pagar por esto -dijo, lo que hizo aumentar la alegría de ella.
-Eso espero -y echó a andar de nuevo-. ¿Te hiciste el tatuaje en el ejército?
-¿En el...? -tensó la mandíbula-. ¿Quieres decir cuando era soldado? No. Antes. Fue una cosa de críos. Tengo dos hermanos.
-¿Mayores?
-Sí. Nos llevamos un año y siempre hemos estado muy unidos. Bueno, la cuestión es que los tres hicimos una estupidez la noche antes de que Kev, el mayor, se fuera a la universidad.
-Os disteis cuenta de que os ibais a separar, seguramente por primera vez, y eso os afectó -acarició el hombro-. Me parece bonito.
-La verdad es que estábamos borrachos. En ese momento nos pareció un recuerdo, algo que podríamos compartir. Así que fuimos a un sitio que conocía Kev y discutimos sobre qué tatuarnos: una calavera con unos huesos cruzados o un águila.
-Me alegro de que eligierais un águila.
-Sí, yo también. De todos modos fue una chiquillada.
-Una bonita chiquillada -dijo, abrazándolo.
-¿Crees? -dijo, encantado con la sonrisa que veía en su rostro.
-Seguro. Soy hija única. Hubiera dado cualquier cosa por tener hermanos o hermanas -lo miró-. Además... el águila es muy sexy.
-Tú eres la sexy -dijo Nick, y la besó en medio de la calle para que todo el mundo lo viera.
 holap chicas.....
muchas gracias a todos me alegra saber que le guste el blog....
saludos a new y a anita....
jejeje capitulo dedicado a sara....
chicas las quiero muchop aunq no las conosca me alegra saber que en mundo hay chicas como ustedes.... 
gracias a todas por sus buenos y lindos deseos para el bebe de mi amigo....

chicas rocio me pidio un favor asi que aqui les dejo el link blog para que lo visiten...
http://rocio-i-mimishow.blogspot.com/ 

ohmmmm super contenta porque demi ya termino su tratamiento...  
team niley
team jemi
team jashley
team nick
team joe
team kevin
team miley
team demi
team selena
<3
las quiero!!!!!!!!
feliz fin de semana a todos.................

miércoles, 26 de enero de 2011

Novela Niley 22 - Cautiva en su cama!!!!


-¿Hay algo entre Hamilton y tú?
-Ya he respondido a eso antes.
-Él cree que sí.
-No soy responsable de lo que él crea. ¿No te has acostado con él?
Miley levantó la barbilla.
-Si lo hubiera hecho, no sería de tu incumbencia.
-Ya lo creo que sí -dijo, cerrando la mano sobre el hombro.
-No. Tú y yo hemos pasado una noche juntos. Eso no te concede el derecho de preguntarme con quién me he acostado.
Nick la miró fijamente. Los ojos de Miley ardían desafiantes. Estaba indignada y tenía derecho a estarlo. Tenía razón, su pasado no era asunto suyo... Pero lo mataría saber que había estado con un hombre como el coronel.
-Tienes razón -dijo en tono áspero y atrayéndola hacia él-. Tu pasado no me interesa. Pero desde ahora, como mires a otro hombre....
Bajó la boca hasta la de ella. Miley se echó para atrás un instante, pero de inmediato se puso de puntillas y lo abrazó por el cuello.
La levantó en sus brazos y la llevó hasta un diván que había en una esquina de la terraza, se desnudaron y se enterró dentro de ella.


En el abrasador calor del medio día, bajaban por un estrecho camino que serpenteaba al lado de una hilera de robles blancos. Nick llevaba una mochila sobre los hombros, y Miley una botella de agua colgando de una correa. No quería decirle a ella dónde iban, sólo que era un lugar especial y que era bonito. Cuando salieron de entre los árboles a un pequeño claro, Miley dio un grito ahogado de sorpresa.
-Oh -susurró-. Oh, Nick... Tenías razón. Es maravilloso.
-Sí -aclaró la voz-. Me imaginé que te gustaría.
Miley miró a su alrededor, al anillo que formaban los árboles alrededor de la hierba, a la espumosa cascada que se precipitaba desde una colina a un estanque de color zafiro.
-Es como... como el Jardín del Edén.
-Es tranquilo -dijo él con suavidad- e inmaculado. La clase de sitio donde te sientes a salvo del resto del mundo.
Lo miró, sabiendo instintivamente que le había dejado tener una visión de él que había mantenido oculta al resto del mundo. Él pareció darse cuenta porque dibujó rápidamente una sonrisa avergonzada, arrojó al suelo la mochila y se quitó la Camiseta.
-De acuerdo -dijo bruscamente-, el último en llegar friega esta noche los platos de la cena.
-¿Te vas a meter en el agua?
-Claro -dijo, riendo al ver el gesto de sorpresa en sus ojos.
-Pero... ¿qué pasa con las serpientes?
Nick se quitó las sandalias.
-¿Qué pasa con qué?
-Nick...
-Todavía no he visto ninguna anaconda.
Miley se quedó pálida.
-¿Anaconda?
-Sí. Ya sabes. Puede medir siete metros, tener treinta centímetros de grosor... Nena, me estoy riendo de ti. Nada de anacondas, nada de pirañas, nada de cocodrilos. Estamos en las montañas. El Amazonas está muy lejos.
-No he traído bañador.
Nick se rió, se desabrochó el pantalón corto. Miley miró a su amante. Era espectacular. Era guapo, un pedazo de pura masculinidad. Esos hombros. Ese pecho. Ese largo e impresionante cuerpo...
-No juegas limpio.
-¿Qué? -preguntó ella, apartando la vista.
-Me estás mirando -dijo con voz ronca-, y no me estás dando a mí la misma oportunidad.
-Claro... Yo...
-Exactamente. Estoy en cueros. Tú llevas ropa -Nick redujo la distancia entre los dos-. Deja que te ayude a desnudarte, nena.
-Puedo yo sola.
-Yo puedo hacerlo mejor.
Tenía razón. Oh, sí, él podía hacerlo mucho mejor. La sensación de sus manos en los brazos mientras le quitaba el top de algodón por encima de la cabeza. El roce de sus nudillos en el vientre mientras le desabrochaba los pantalones cortos. El susurro de su boca en la garganta mientras se inclinaba sobre ella, buscaba en la espalda y le desabrochaba el sujetador.
-Eres tan hermosa -levantó la vista hacia él-. Tan hermosa -dijo, besándola en la boca.
Le devolvió el beso, enterrando los dedos en el sedoso cabello de la base del cuello, sintiendo los pechos desnudos contra la piel de su pecho. Habían hecho el amor una y otra vez, pero estaba lista para él otra vez, los pezones erectos, deseando sus caricias, el lugar secreto entre sus muslos, húmedo y caliente. Y él siempre estaba listo para ella. La fuerza de su erección contra el vientre era la prueba, lo mismo que la forma en que sus manos recorrían su cuerpo.
Despacio se acercó más a él. Movió las caderas de modo que lo rozaran y disfrutó con el modo en que se quedó sin respiración. Tomó la cara de ella con las dos manos y la besó con fiereza.
-Bruja -dijo con un susurro ronco.
Saber que la deseaba tanto era electrizante. No tenía mucha experiencia, pero no era tonta. Sabía que Nick podría tener cualquier mujer que quisiera.... pero la quería a ella.
-¿Es eso lo que soy?
-Sabes que lo eres.
Pasó los brazos por encima del cuello de él. Levantó una pierna y rodeó su cintura. Nick gimió de deseo.
-Quédate así, voy a apoyarte en un árbol y poseerte aquí mismo.
Sus palabras, su tono, la emocionaron.
-Hazlo -dijo ella con la voz entrecortada por la excitación.
Todo en él Cambió. Se le oscureció la mirada, se afinó la boca. Por un momento Miley temió al hombre que se había convertido en su amante... El hombre que había creído que iba a matarla.
-¿Nick? -dijo, temblorosa.
La agarró de los hombros. La levantó hasta ponerla de puntillas. Le metió la lengua en la boca mientras la apoyaba contra un enorme árbol en el límite del claro.
-Nick -dijo de nuevo-, espera...
Demasiado tarde. Su grito se ahogó por el sonido de la cascada. El primer empujón le hizo ponerse de puntillas, el segundo la llevó hasta un maravilloso clímax. Pero seguía moviéndose, bombeando en la profundidad de sus entrañas mientras ella se agarraba con fuerza a su cuello, lo rodeaba con las piernas mientras él la agarraba de las nalgas y la llevaba volando al paraíso junto a él, tan fuerte, tan rápido, que sólo podía gemir de placer mientras llegaba al orgasmo una y otra vez.
El rostro de Nick se contorsionó; un grito ronco surgió de su garganta y explotó dentro de ella. Siguieron unidos el uno al otro un largo rato, los cuerpos brillantes por el sudor, los pulmones buscando aire.
-Nena -dijo con suavidad-, cariño, lo siento.
-No -dijo, negando con la cabeza.
-¿Te he hecho daño? No quería, yo sólo...
-No me has hecho daño. Ha sido... ha...
-Maravilloso.
-Sí.
Tomó el rostro de ella entre las manos, la miró a los ojos y la besó.
-Nunca... no sabía...
-No -dijo él sencillamente-. Yo tampoco.
La mantuvo a su lado hasta que sus corazones recuperaron el ritmo normal. Luego la miró, Tenía el rostro resplandeciente. Sintió como si unas alas se le movieran dentro del pecho, y dijo:
-Miley, Miley, yo... yo...
-¿Qué? -preguntó ella, y esperó.
El bosque pareció esperar también, parecía como si todas las criaturas que vivían allí se hubieran detenido a esperar con ella.
-Me alegro de haberte encontrado.
Alzó la vista hacia él.
-Me alegro de que me encontraras -dijo ella con suavidad.
Nick sintió que se le hinchaba el corazón. La besó una y otra vez y, a lo mejor porque había algo más que decir pero no estaba preparado para decirlo, la envolvió con sus brazos y dibujó una sonrisa malévola.
-Hora de bañarse -dijo él.
-No, Nick, seguro que está fría.
-¿Lista o no? -dijo, y corrió y se lanzó con ella al agua.
-Nick -susurró, y lo besó.
Su boca era un cálido contraste con el frío del agua. Sentía su cuerpo fuerte al lado de ella...
Y finalmente reconoció que no tenía sentido mentirse a sí misma: en algún momento entre el día anterior y esa mañana, se había enamorado de Nick Jonas.
 holap chicas!!!!!
awwww jejeje ame este capi....
ahhhhh jejeje me encanta cuando nick le dice nena a miley.... 
jejeje el capi va dedicado a la chica que hace este blog New - Vida de Famoso é um Problema jejeje.... espero que en algun moment me diga su nombre jejeje
se que estan medio hot los capis jejeje pero ya veran que se va a poner super la nove jejeje... mas niley y sobre todo mucho drama.... ahhhh jejeje
les cuento que mi amiwis arturito y su esposa tuvieron su primer bebe y su segundo nombre es joseph..... ahhhh jejeje otro joe en este mundo jijiji que lindo....
bueno chicas les envio un beso
cuidense mucho las amo...
gracias por los comentarios...
ahhhhh
chaupp.....

lunes, 24 de enero de 2011

Novela Niley 21 - Cautiva en su cama!!!!


A la pálida luz que precede al amanecer, un suave canto de pájaros sonó en el bosque. Miley se despertó entre los brazos de Nick, agarrada a él. Sus manos envolvían sus pechos. Y la caliente y brillante hinchazón de su erección asomaba en la unión de sus muslos. Miley empezó a moverse dentro de su abrazo, pero no podía. En lugar de eso, Nick se metió dentro de ella con una penetración profunda y poderosa. Nada de preliminares. No hacían falta. Ella estaba lista y deseosa de ser poseída. Miley dejó caer la cabeza mientras él empezaba a moverse, cada vez más deprisa, y cuando ella gritó y voló, fue con ella y juntos llegaron al cielo.
Tiempo después, Miley se dio la vuelta entre los brazos de é¡ y lo miró con los ojos como carbones ardientes.
-Nick -dijo en un susurro.
Apoyó la mano en la mejilla de él, Nick agarró la mano y se la llevó a los labios para besarla. Ella volvió a quedarse dormida.


Debía de haberse quedado dormido también, porque de lo siguiente que fue consciente fue de que el sol estaba prácticamente en el cenit. Miley seguía entre sus brazos. Un mechón de su oscuro pelo se había enganchado en la comisura de sus labios y se lo apartó con la punta de un dedo, después besó el lugar donde antes estaba el pelo. Se sentía tan bien abrazándola. Estando con ella en aquella casa que había esperado amar y sin embargo había odiado. Tonterías. Una casa era sólo una casa. Si se van a tener pesadillas no importa dónde se duerma. Los sueños vendrán igual hasta que los eches de la cabeza. Que Miley estuviera allí con él había hecho que se sintiera diferente con respecto a la casa, incluso con Colombia. El problema era que seguía sintiendo lo mismo con respecto a sí mismo.
Selena. El nombre le venía a la cabeza como siempre. No había sido capaz de salvarla.
¿Sería capaz de salvar a Miley? Huía de algo, pero no podría protegerla hasta que supiera de qué. No era una ladrona. No traficaba con droga. Se hubiera apostado la vida por las dos cosas. Entonces, ¿por qué huía? ¿Por qué arriesgarse con un cártel? Si no había nada entre ella y Hamilton, por qué quería éste que volviera. ¿Por qué le había mentido Hamilton?
Nick respiró hondo. Faltaban piezas del rompecabezas. Lo único cierto era que haría cualquier cosa para proteger a la mujer que tenía entre sus brazos. Necesitaba su protección. Lo necesitada a él.
Y él... él... No. Diablos, no. No la necesitaba. Le gustaba más que nunca le había gustado una mujer, pero ¿necesitarla? Nunca había necesitado a nadie. Nunca lo necesitaría.
Frunció el ceño. Con cuidado sacó el brazo de debajo de los hombros de ella. Echó una última mirada a su rostro y después se levantó, se puso unos pantalones cortos y salió de la habitación.


Miley estaba soñando. Iba por un largo y oscuro corredor con Nick.
-¿Adónde vamos? -decía ella, pero él estaba mudo.
Había un hombre de pie al final del corredor. No podía ver su rostro, pero sabía quién era.
-Por favor -decía a Nick-, no me hagas ir con él.
Nick seguía caminando con ella agarrada de la mano...
El corazón le golpeaba en el pecho. Miley dio un salto en la Cama. La luz del sol entraba por la ventana, iluminando los pétalos perfectos de una orquídea salvaje que había en la almohada a su lado. Los últimos vestigios de la pesadilla se esfumaron. Sonriendo, agarró la orquídea y se la llevó a los labios.
La de la noche era la única realidad que importaba. A no ser que... también eso fuese un sueño. Pero no lo era. Sabía que en cuanto se duchara y se vistiera, seguiría el delicioso aroma del café recién hecho y, en la cocina, encontraría a Nick.
Estaba de pie con la espalda apoyada en la puerta de la terraza y las manos en los bolsillos traseros de los vaqueros cortos. El corazón de Miley se volvió del revés. Ese hermoso hombre, ese increíblemente fuerte hombre, era su amante.
Nick se dio la vuelta y la miró. Sus ojos eran indescifrables, su mandíbula estaba en tensión. Por un momento, volvió la incertidumbre. Había dormido con él, explorado su cuerpo como él había hecho con el suyo, y seguía sin saber nada de él, ni de por qué Liam lo había elegido para buscarla.
-Buenos días -dijo él con suavidad, y sus ojos Cambiaron totalmente, lo mismo que su expresión.
Corrió a precipitarse en su abrazo.
-Lo siento, he dormido mucho -dijo ella, sonriendo.
-Mmm -sus brazos se tensaron alrededor de ella-. Menos mal que te has levantado, me muero de hambre.
-Deberías haber desayunado sin esperarme.
-No estoy hablando del desayuno -dijo con suavidad, y le dio un beso rápido y con sabor a café.
La llevó hasta la terraza. Ella, el día anterior, prácticamente no la había visto. Vio que discurría a lo largo de la casa. Un pequeño murete de piedra señalaba su perímetro. El aire olía a las flores que en tiestos de terracota se hallaban por todas partes.
-Esto es maravilloso -dijo Miley.
-He pensado que desayunemos aquí fuera -dijo, besándola en la mano.
-Sí. Es perfecto.
Desayunaron en una mesa de cristal protegida del sol por una sombrilla. Sally se había ido al mercado, pero antes les había dejado preparada la comida: huevos revueltos, beicon y tortillas de maíz.
-¿Dónde estamos? -preguntó Miley.
-En Los Andes, en una zona llamada Cordillera Oriental.
-Es como estar en la cima del mundo.
-La gente de aquí lo llama Cachalú, la Tierra del Cielo.
-¿Y es todo tuyo?
-No todo, pero sí una buena parte -dijo, casi riendo.
-Pero tú eres norteamericano.
Su gesto se entristeció.
-Pasé una temporada aquí hace bastante tiempo.
-¿Aquí? ¿En esta casa?
Negó con la cabeza.
-En el país. Aquí pasé un par de días, por negocios. Otra persona era la dueña.
-¿Un amigo?
-Sólo alguien a quien conocía. No exactamente lo que llamaría un amigo -hizo una pausa-. Un tipo al que conocí por el trabajo.
-Pensaba que habías sido soldado.
-Lo fui -lo último que quedaba de su sonrisa desapareció-. Es una vieja historia.
-Nick, lo siento, no quería entrometerme.
Buscó la mano de ella y enlazó los dedos con los suyos.
-No, nena. Yo soy el único que lo siente. Lo que pasa es que el tiempo que pasé aquí no fue... No soy mucho de revivir el pasado, ¿sabes? -volvió a sonreír de un modo forzado-. Además, ¿por qué íbamos a hablar sobre mí pudiendo hablar de ti?
No podían hablar sobre ella. Él haría preguntas, y ella no daría respuestas. No hasta que no supiera con total certeza por qué había ido a buscarla. Y si su corazonada era cierta, si Nick no sabía la verdad sobre Liam, contarle demasiado podría ponerle a él también en peligro.
-No hay mucho de qué hablar -dijo ella con una sonrisa rápida.
Nick se llevó su mano a los labios.
-Apuesto a que sí. ¿Cuál es tu helado favorito? ¿Te gusta el fútbol? ¿Entiendes una sola palabra de lo que dice Bob Dylan? ¿Qué te parece Mahler?
-¿Mahler? -preguntó ella, levantando las cejas.
-Sí. ¿Demasiado... o no suficiente?
Miley se echó a reír.
-Chocolate -dijo ella-. Sí, no, demasiado.
Nick sonrió.
-Una mujer que sabe lo que quiere, eso es lo que me gusta.
-¿Y tú?
-Fresa. Sí, no...
-Me refiero a ¿por qué Liam te contrató para perseguirme?
No había querido preguntar eso, las palabras se le habían agolpado en la boca. Parpadeó y vio cómo la sonrisa de Nick se evaporaba.
-Nick, no quería...
-Está bien. Directa al grano. Diablos, ¿por qué no? -apretó la mandíbula-. Por ejemplo, ¿qué te hizo venir a Colombia?
Lo miró fijamente. Tenía la verdad en la punta de la lengua. Deseaba decírsela. Explicarle que un día era secretaria y, al siguiente, una agencia sin nombre la había convertido en espía.
-Es una pregunta sencilla, nena. ¿Qué te parece responderla?
Nick seguía sonriendo, pero el gesto de sus ojos indicaba que la estaba analizando. Muy bien. Diría la verdad... hasta donde pudiera.
-Fue... una... Era secretaria en Washington. Entonces mi jefe me dijo que había una plaza en Cartagena y me preguntó si estaría interesada.
-Y tú dijiste que claro, y ya está.
-Sí. Así fue.
-¿Habías pedido un traslado?
-Bueno, no.
-¿Hablas español con fluidez?
-No, con fluidez, no, pero...
-Pero, zas, tu jefe decide enviarte a Cartagena, ¿verdad?
Sus dedos seguían unidos a los de Nick. Quería soltarse. Se sentía mal teniendo sus manos unidas mientras la mirada y la voz de él se habían convertido en las de un extraño.
-No utilices ese tono conmigo -dijo con suavidad.
-Estoy tratando de entender las cosas. Quiero decir... demonios, es como si fueras Dorothy y te agarrara el tornado, ¿sabes? El viejo: «creo que esto no es Kansas, Toto». Washington un día, Cartagena al siguiente. Como asistente personal de Hamilton -su tono se endureció-. Viviendo en ese enorme y caro mausoleo de las colinas.
-Había trabajado antes para Liam, cuando estaba destinado en Washington.
-Así que no fue una casualidad. Hamilton hizo una petición especial. Pidió a Washington que te enviaran.
-Nadie me envió a Liam.
-No le demos más vueltas, ¿de acuerdo? Hamilton te solicitó.
Miley soltó la mano.
-¿Eso es todo?
-No es nada más que una conversación amistosa. Sólo estoy tratando de averiguar cómo una mujer establecida en Washington termina en un trabajo fantástico en Latinoamérica.
-¿Un trabajo fantástico? -soltó una carcajada-. ¿Recuerdas lo que me dijiste de Colombia? Es hermosa, pero terriblemente peligrosa.
-El mayor problema en una ciudad costera como Cartagena es decidir dónde vas a ir a bailar esa noche.
Miley empujó su silla y se puso de pie. Nick hizo lo mismo.
-¿Adónde vas? -dijo con frialdad.
-Te he dicho que no me gusta tu tono.
-Y a mí no me gusta la gente que se cree que puede largarse y dejarme plantado.
Miley se dio la vuelta y fue hacia la casa. El fue tras ella, la agarró de los hombros y le dio la vuelta. 
holap chicas...
ahwmmmm
8 seguidores... waoooo
jejejeje se que muchos diran esta niña esta loca apenas son 8 pero mmm para mi es bastante.... bueno como sabran las noves no las escribo iop simplemente las adapto ahh.... 
me encantan muchos libros y pos son fantaticos y como tal los comparto con ustedes y
sobre me imagino que en cada uno de ellos los protagonistas son nick y miley o joe y demi... jejeje asi que de veras me alegro que les guste
bueno este capi se lo voy a dedicar a anita aguilar cyrus... jejeje me encanta su blog...
bueno me voy tengo clases y mis amigos me van a matar si no llego rapido... jejeje