viernes, 7 de enero de 2011

Novela Niley 13 - Cautiva en su cama!!!!



Nada de ella era bueno, excepto la sensación de tenerla entre los brazos. Su sabor en los labios.
Sólo imaginarla entre los brazos de Hamilton, en su Cama...
Cerró los ojos y respiró hondo un par de veces.
-Hablaremos después -dijo Nick-. Ahora lo que quiero es cenar.
-¿Hablar? -dijo, alzando la voz-. ¿Hablar? ¿Es eso lo que quieres que crea? ¿Que me has traído aquí para tener una agradable y civilizada conversación?
En un instante estaba a su lado, atrayéndola hacia él, buscando la boca de ella con la suya y deslizando salvajemente las manos por debajo de su Camiseta para acariciar sus pechos.
-Nada de lo que siento es civilizado -dijo con aspereza-. Y no me gusta. ¿Lo entiendes? Estoy harto de que trates de volverme loco, Miley. Deja de hacerlo antes de que me vea obligado a hacer algo al respecto.
-No -dijo ella casi sin respiración.
-¿No qué? -dijo mientras metía las manos en el sujetador y la oía gemir mientras le acariciaba los pezones-. ¿Que no haga esto? -siguió moviendo los dedos mientras ella trataba sin éxito de ahogar el grito que le subía a la garganta-. Te deseo, y tú me deseas a mí.
-¡No! Yo no.
Enterró los dedos entre su pelo y la besó sin piedad hasta que, finalmente, ella se rindió y gimió pronunciando su nombre entre escalofríos.
-Nick -susurró-. Oh, Nick...
Era la primera vez que pronunciaba su nombre, y el sonido resonó en su sangre.
Nadie había pronunciado nunca su nombre de ese modo.
-Dilo otra vez -cuando no lo hizo, la besó con fuerza, con la suficiente para reconocer el sabor salado de la sangre, la suya o la de ella, daba igual, todo lo que importaba era su olor, su sabor, su tacto-. Maldita sea -rugió-, di mi nombre.
-Nick -susurró-. Nick, Nick...
Se estaba desmoronando entre sus brazos, besándolo, dejando entrar la lengua en su boca, buscando con sus manos bajo la Camisa, frotándose contra su piel. La llevó hasta la encimera. Agarró el cuello de la Camiseta y la rasgó hasta abajo. Inclinó la cabeza y mordió ligeramente un pezón cubierto por el algodón, y cuando ella gimió de placer, lo hizo de nuevo.
No era suficiente, necesitaba sentir el suave tacto de su pecho desnudo. Levantó la cabeza, unió su boca a la de ella, buscó el cierre del sujetador, hizo un ruido de fastidio y lo rompió en dos trozos. Sus pechos eran bonitos. Redondos como manzanas y del color de la crema.
-Eres preciosa -susurró, tomando sus pechos con las manos y pasando la lengua primero por un pezón y luego por el otro-. Nunca he deseado a una mujer como te deseo a ti.
Miley temblaba entre sus brazos, apretaba sus caderas contra él.
Nick le agarró una mano y la colocó donde pudiera apreciar su erección. Un suave gemido y agarró el tejido que contenía su hinchada carne. Por un segundo Nick se asustó y pensó que iba a llegar simplemente por aquel gesto, por ese quejido de deseo femenino.
-Nick -dijo, desesperada-, por favor...
Le fallaron las rodillas y la sostuvo con su abrazo. La levantó y volvió a recuperar su boca, mordiéndola en el labio inferior, saboreándola mientras deslizaba la mano entre los muslos, en aquel lugar dulce y secreto que había entre sus piernas.
Separó la boca de la de ella y la miró a los ojos.
-Dímelo -dijo con voz ronca.
Miley separó los labios, pero las palabras que él quería escuchar no llegaron. En un rincón de su mente Nick supo la razón: aquello era una locura, no debería estar sucediendo...
-Dímelo -exigió.
Un temblor recorrió el cuerpo de Miley. Le puso la mano en la mejilla, y dijo:
-Por favor -susurró-. Nick, por favor... Llévame a la Cama.
Una sensación de triunfo masculino recorrió sus venas. Echó a andar con ella en brazos mientras Miley lo agarraba del cuello e intentaba apoyar la cabeza en su hombro, pero no le dejó, volvió a besarla hasta que sus bocas se fundieron por la pasión. En ese instante, la alarma de seguridad saltó.


EL sonido de la alarma trajo a Miley de vuelta a la realidad. Se resistió al abrazo de Nick. En lugar de soltarla, la abrazó con más fuerza y la llevó de prisa a una habitación llena estanterías de libros al final del pasillo. Una ligera presión de la mano y una de las secciones de la estantería se abrió dejando ver una pequeña sala iluminada. La puso de pie.
-Hay un botón en la pared detrás de la puerta. Hace que se cierre desde dentro. Aprieta el botón, deprisa.
-Pero...
-Nada de peros. Haz lo que te digo, y rápido -la empujó dentro de la habitación y sacó el arma que lleva en el cinturón-. Cierra la puerta.
-No, Nick...
La miró con los ojos más heladores que había visto jamás.
-Lo único que serías es un estorbo.
Sin advertir las lágrimas que llenaban sus ojos, la expresión de Nick no Cambió, pero se inclinó sobre ella y le dio un beso rápido y fuerte.
-¡Cierra! -dijo, dando un paso atrás.
Apretó el botón. La puerta, tan pesada como la de la caja fuerte de un banco, se cerró apartándola del mundo exterior y de la sirena de alarma. Un silencio enervante la envolvió. Miley se abrazó a sí misma mientras le castañeteaban los dientes. ¿Qué estaría pasando fuera?
Apoyó la oreja en la puerta y sintió el beso del frío acero en la mejilla. Todo lo que podía escuchar era el sonido de sus propios latidos. Se echó para atrás.
¿Qué clase de habitación era ésa? Puerta y paredes de acero. Nada de ventanas. Un teclado electrónico, luces de todos los colores parpadeando. Un reloj que mostraba las horas del mundo, un montón de monitores, teléfonos móviles, algo parecido a un fax, otros aparatos electrónicos que no pudo identificar. Dos paredes estaban cubiertas por armarios. Los abrió y vio latas de comida, botellas de agua, material de primeros auxilios... Y armas. Pistolas, fusiles automáticos. Munición. Todo eso, además de la pistola que llevaba Nick. El arma que llevaba con él cuando iba a hacerle el amor.
Empezó a temblar. ¿Por qué se sorprendía? Sabía lo que era, aunque lo hubiera olvidado unos minutos. Él no lo había olvidado.
«Lo único que serías es un estorbo».
Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Tenía frío. Mucho frío. ¿Cuánto tiempo estaría atrapada en ese lugar? ¿Qué ocurriría si le pasaba algo a Nick? El botón activaba el cierre, había dicho él, pero ¿y si algo iba mal? ¿Qué pasaba si no...?
Sonó algo en la pared. Miley miró alrededor y apretó la oreja contra la puerta. El sonido volvió a escucharse. Con una lentitud desesperante la puerta se abrió. Nick apareció ante ella con las manos en las caderas y una mirada sin expresión. Ninguna herida. Nada que se pudiera apreciar. Era un error sentir semejante alivio. Un error desear lanzarse a sus brazos, pero estaba empezando a comprender demasiado bien las cosas tan extrañas que el estrés podía provocar que hicieras en situaciones como aquella.
-Puedes salir.
-¿Qué ha pasado? ¿Por qué ha saltado la alarma?
La expresión de su cara Cambió. Pareció... ¿tímida?
-Ha sido un accidente. Sally...
-¿Sally?
-Sí. Sally vio el Escalarle entrar en la villa y decidió acercarse a ver si era yo, pero no le dio tiempo a introducir el código de seguridad en la alarma.
Sally, pensó Miley, y se odió a sí misma por el ataque de rabia que la recorrió.
-Sabe que no he estado aquí desde... desde hace mucho, así que cuando vio el todoterreno...
-Estaba demasiado emocionada como para hacer las cosas bien -Miley se echó a andar-. Qué alegría para tu...
La mano de Nick se cerró sobre el hombro de Miley.
-¿Qué pasa, nena? -su voz tenía un tono divertido-. ¿Celosa?
-Triste porque una mujer pueda estar tan contenta de verte que irrumpa en tu casa.
El rostro de Nick se llenó con una sonrisa.
-Estás celosa.
-Ya quisieras.
-Sally -dijo- es mi ama de llaves.
Su ama de llaves. La explicación hizo que sintiera un gran alivio, lo que sólo consiguió enfadarla más. ¿Por qué tenía que importarle?
-Viene cada semana y limpia la casa.
-No me importa lo que hace o lo que no.
-Tienes razón -dijo, volviéndola hacia él-. Si fuese mi amante, no lo ocultaría. Y ni siquiera te hubiera tocado.
Miley sintió que le ardía la cara.
-Un incidente desafortunado -dijo en tono duro.
-¿Que te tocara? -una sonrisa fría se dibujó en sus labios- ¿0 que respondieras tú?
Supo por el fuego en sus mejillas que ella conocía la respuesta perfectamente. Pero se apartó de él. Le dejó hacerlo. Lo que había ocurrido antes era justo lo que ella había dicho, un incidente desafortunado, y estaba seguro de que no debía volver a suceder.
La mejor forma de asegurarse era mantener las manos lejos de ella.
-Supongo que querrás lavarte -dijo, señalando con la cabeza-. El servicio está ahí. Te esperaré.
-No hace falta que me esperes.
-Claro que sí -dijo con una sonrisa-. Un caballero siempre acompaña a una dama a cenar.
-¿Hay algún caballero aquí? No me he dado cuenta. Además, no tengo hambre.
-¿Te da miedo mi cocina? No te preocupes, Sally está haciendo la cena.
-Te he dicho que no tengo hambre.
-Muy bien. Puedes sentarte y mirarme comer.
-No pienso hacerlo.
-Sí -dijo en tono serio-, lo harás. Te sentarás cuando me siente, caminarás cuando camine. Harás lo que yo haga o te ataré, te dejaré aquí y desactivaré el botón de apertura. Se llama una habitación segura -dijo, leyendo la pregunta en sus ojos.
-Bueno, a lo mejor tengo algo de hambre.
-Sí -dijo con una sonrisa-, eso es lo que creo.

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