domingo, 27 de febrero de 2011

Novela Niley 09 - Cerca del Paraiso


Miley  se probó tres trajes nuevos de los que su hermana le había comprado antes de decidirse por una sencilla falda de color crema, anudada con un lazo al costado. Para arriba eligió una blusa del mis­mo tono con el escote en pico. El resultado era muy elegante, sobre todo con la cintura tan estrecha que tenía ella.
Estaba muy nerviosa y cuando sonó el teléfono no pudo evitar dar un salto. Corrió a contestar.—¿Sí?—dijo rápidamente.
—Estoy en el hall—respondió él.—Enseguida bajo.
Corrió hacia la puerta, pero tuvo que pararse por­que se dio cuenta de que no llevaba los zapatos y que había olvidado el bolso. Con una risita volvió a su cuarto para calzarse y agarrar el bolso.
Ocho minutos más tarde, llegó al lujoso hall del hotel, después de esperar al ascensor durante cinco minutos.
Salió del ascensor y miró a su alrededor con preo­cupación, buscando a Nick. Y allí estaba él, apo­yado en la pared de enfrente, al lado de los otros as­censores. Relajado, elegante y con una gran sonrisa.
Llevaba una camisa verde con unos pantalones marrones. Se le veía grande y sexy.
Él también la observó a ella. Sus ojos oscuros re­corrieron su esbelta figura y se deleitó con su mele­na rubia llena de ondas que le llegaba hasta la cintu­ra.
Su sonrisa era cálida y ella se dirigió hacia él. Casi se choca con otro cliente que se cruzó en su ca­mino y al que no vio.
—Hola—dijo ella con voz ronca.
—Hola—respondió él con una voz profunda y suave—. ¿Estás lista?
Ella pensó en los riesgos que estaba corriendo, el peligro que podía haber en aquello, la furia que Tish iba a sentir. Pero nada importaba, sólo aquella mirada de aquellos ojos chocolates Dejó atrás la pru­dencia y la razón.
—Estoy lista—le contestó.

NICK apenas podía creer que aquélla fuera la misma chica conservadora que ha­bía conocido la noche anterior. Estaba fas­cinante con aquel conjunto y con el pelo suelto. Se había tenido que pensar dos veces lo de implicarla en el asunto; pero no había tenido elección. Había tenido la gran suerte de que Liam la llevara con él al encuentro que nunca tuvo lugar. Era la cuñada de Billy y eso le ofrecía una conexión con el contac­to que tanto necesitaba. La única pega iba a ser la hermana, que no iba a permitir que ella saliera con un gángster.
Era sorprendente; de todas las mujeres que había conocido, y había conocido a muchas y muy guapas, la que más le interesaba era ella. No era su estilo sentirse atraído por una chica de pueblo como Miley ; no tenía nada que ver con él. Después estaba el asunto de su pasado. Ella no tenía ni idea de quién era; de hecho, pensaba que era el encargado de la seguridad del casino. No era justo dejarle pensar eso, pero no iba a decirle la verdad. No parecía el tipo de mujer que se sintiera cómoda con un gángs­ter, aunque ahora estuviera reformado. Y necesitaba pasar algún tiempo con ella, al menos unas semanas.
La agarró de la mano y entrelazó los dedos ner­viosos de ella con los suyos. Una corriente eléctrica lo recorrió. Ella contuvo el aliento ostensiblemente, pestañeó y entonces él se dio cuenta de que había sentido lo mismo.
—No pongas esa cara—dijo él con voz profun­da, acercándose a ella—. Yo también lo he sentido.
—No he dormido nada—dijo ella, atragantada.
—Yo tampoco—respondió él. Estudió su tez perfecta y el ligero rubor de sus mejillas que delata­ba su torbellino interior.
—¿Dónde está tu hermana?
—Ha ido a Miami con Billy. Hay algún pro­blema. Liam también se ha ido—añadió sin aliento.
—¿A Miami?—preguntó él pensativo.
—Sí. Billy dijo que no sabía que tuviera allí negocios.
Pareció que Nick se alejaba un momento; pero enseguida pestañeó y la miró con una sonrisa.
—He planeado hacer un montón de cosas hoy_ Vamos.
—De acuerdo—dijo ella con suavidad.
Él no le había preguntado nada y ella no iba a decirle lo que Tish opinaba. Iba a fingir que no había complicaciones y que no sabía quién era. Iba a disfrutar del día, pues quizá fuera el único que pasa­ra con él y no lo iba a malgastar preocupándose.
Salieron por la puerta con las manos entrelaza­das. Afuera no estaba Big Rob con la limusina; sólo había un taxi.
—No quería levantar sospechas en caso de que tu hermana te hubiera dicho algo sobre mí.
—¿Qué podría haberme dicho?—preguntó ella, fingiendo inocencia.
La expresión de él no tenía precio. Parecía ali­viado.
—¿Qué le contaste tú?
—Que Liam me asaltó y que el jefe de seguridad me salvó.
Nick se dirigió hacia el taxista.
—Llévanos al Bow Tie, John—le dijo al con­ductor.
—¿Va de incógnito, señor Jonas?
—Eso es. Te daré un plus si consigues que pase­mos desapercibidos.
—No sé quién es usted.
Jonas se rió.
—Ésa es la idea.
—¿Por qué te pregunta que si vas de incógnito?—No importa—respondió él—. He pensado que podíamos comer antes de salir, ¿qué te parece?—Genial—respondió ella.
Él se sintió culpable durante unos instantes por la mentira. No quería hacerle daño. pero le ofrecía una conexión que necesitaba urgentemente. Aparte de eso, le atraía enormemente. Era una chica dulce y él la iba a mimar un poco para que no saliera per­diendo con ese asunto. Ni siquiera tenía que saber quién era él, al menos de momento.
Pasaron por encima del puente hacia Isla Paradi­se y a la luz del día ella pudo ver la cantidad de bar­cos que había en el puerto deportivo. Había botes pequeños. yates, y barcos que transportaban pasaje­ros de Nassau a la isla.
—¡Mira cuántos barcos!—exclamó ella, miran­do por la ventanilla—. ¡Hay uno con velas negras!
—Debe de ser de algún pirata, ¿no crees?—bro­meó él.
Ella giró la cabeza y lo miró directamente a los ojos. Podía sentir su calor y su poderosa masculini­dad a su lado y todo su cuerpo se puso en tensión con sed de él.
Él lo notó, lo disfrutó y lo saboreó. Ella no podía ocultarle nada y eso era un placer; como sentir el roce de su hombro contra su pecho. Sus ojos se os­curecieron y se apartó bruscamente. Aquél no era el lugar, se dijo a sí mismo. Aunque estuviera lo sufi­cientemente loco como para acercarse a ella, no po­día ser allí.
El casino parecía diferente a la luz del día, pensó ella al bajarse del coche. Mientras Nick pagaba al taxista, ella se dirigió hacia una planta y tocó las ho­jas rojas de la flor con delicadeza. Le encantaban las flores.
—¿Te gustan?—le preguntó él mientras arranca­ba una para ponérsela en el pelo.
—Sí—dijo ella con una sonrisa—. Gracias.
—Te queda bien.
Ella se rió.
—No soy bonita pero haces que me sienta como si lo fuera. Aunque eso te parecerá una tontería.
Él meneó la cabeza. Buscó sus ojos verdes y la miró fijamente. Ella se puso colorada y él sonrió. Le sorprendía que lo encontrara atractivo, que reaccio­nara con tanto deseo.
Sólo tenía veintitrés años, pero seguro que ya ha­bría tenido alguna experiencia. Le intrigaba saber cuánta; pero no podía arriesgarse. Ella encajaba a la perfección en sus planes y tenía que tenerla a su lado.
Volvió a agarrarla de la mano.
—Vamos. Quiero enseñarte mi casa.
—¿No vives en el hotel?—le preguntó ella.
—El jefe tiene un apartamento allí—le dijo él—, pero a mí me gusta tener mi propio espacio.
Giraron alrededor del hotel hacia una verja de hierro. Él la abrió y la invitó a pasar.

chicas les acabo de dejar esta pequeña maraton porque durante la semana no voy a poder subir.... entro a semana de examenes y estan dificil.... 
las quiero chicas...
chaup....

Novela Niley 08 - Cerca del Paraiso


—¿Y a ti por qué iba a dispararte?—preguntó Tish mirándolo fijamente.
Billy se movió incómodo. Después, se encogió de hombros.
—De momento, no tiene ningún motivo. Quizá deberíamos ir al casino. Tal vez, ahora que Miley  y él se conocen, recibamos un tratamiento especial.
—No pienso ponerla otra vez en su camino. No quiero que mi hermana pequeña hable con un crimi­nal.
—No es un criminal—le dijo Billy—. Es un tipo agradable; siempre que no intentes robarle.
—No quiero arriesgarme—dijo Tish con firme­za y se volvió hacia su hermana—. Quiero que te alejes de ese hombre; no me importa lo bien que cosa.
Miley  quería decirle que Nick la había invitado a salir al día siguiente, pero no tuvo el valor. Era di­fícil contradecir a su hermana que era más mayor y muy firme con ella. Miley  nunca se había negado a hacer nada que ella hubiera sugerido. Pero no podía olvidarse del apasionado beso que había compartido con él en el balcón, del sentimiento que le habían  provocado sus brazos alrededor de su cuerpo, de su calor y su fuerza. Sintió un escalofrío con sólo re­cordarlo. Quería estar con él.
Lo único que le preocupaba era su reputación. ¿Y si realmente había matado a aquellas personas?
Tish estaba mirándola fijamente.
—¿Me has oído? He dicho que no quiero verte con un gángster.
—Te he oído—respondió ella.
—Es multimillonario, ¿sabes? Dicen que está cargado de dinero—intervino Billy.
—Lo que a mí me preocupa es cómo consiguió esa fortuna.
—Hay mafiosos mucho peores al cargo de gran­des empresas por todo el mundo—dijo él—. En lo que se refiere a negocios, él convierte en oro todo lo que toca. Al menos, es honesto y nunca ha engaña­do a nadie. Respeta a los ciudadanos mayores.
—Igual que la mafia japonesa—le contestó Tish.
Billy lanzó las manos al aire.
—Contigo todo es o blanco o negro.
—Yo me voy a la cama—se despidió Miley —. Os dejo para que sigáis discutiendo tranquilamente—les dijo con una sonrisa.
—Sí, es lo mejor.
Miley  salió del salón y cerró la puerta. No creía lo que habían dicho de Nick. Si fuera una mala per­sona, ella se habría dado cuenta, habría notado algo. Y todo lo contrario. Se había portado con amabili­dad con ella, incluso con cariño. Y se atraían. ¿Qué tenía de malo pasar un tiempo con él?
Le preocupaba lo que Tish pudiera decir; sin embargo, ella era una mujer adulta y tenía que to­mar sus propias decisiones con respecto a las perso­nas.
Entonces, recordó lo que Nick le había dicho sobre que no creyera todo lo que escuchara sobre él y que esperara a conocerlo mejor. Y eso era lo que iba a hacer.
Era demasiado difícil mantenerse alejada de él; le gustaba demasiado. No podía dejar de pensar en él e iba a acompañarlo a ver la torre del pirata Barba Negra; aunque tuviera que esconderse.
Siempre había sido una chica muy sensata; pero desde que Nick la había tocado, se había conver­tido en una mujer diferente. Nunca había entendido por qué las mujeres dejaban a un lado sus principios y se acostaban con un hombre antes de estar casa­das. Pero ahora estaba empezando a entender que, a veces, la atracción física era más fuerte que la pru­dencia. Él había encendido su cuerpo como nunca lo había hecho nadie antes. Apenas podía aguantar la sábana sobre ella de lo excitada que estaba sólo por los recuerdos: el cuerpo de Nick cerca del suyo, sus manos en su espalda, su boca sobre la de ella, hambrienta. Dejó escapar un gemido. Era peligroso volver a verlo porque lo deseaba demasiado. Sabía que si él quería, ella no iba a poder resistirse. Sentía mucha curiosidad por el sexo. Su madre nunca ha­bía hablado con ella del tema; pero ella tenía amigos que le habían contado cosas sorprendentes sobre las relaciones entre un hombre y una mujer. Pensó en Nick en ese sentido y sintió que el cuerpo le dolía por el deseo.
Iba a salir con él las veces que él se lo pidiera. Había vivido toda su vida encerrada en una burbuja, haciendo lo que querían que hiciera. Ahora tenía veintitrés años y sentía que se estaba enamorando de aquel hombre grande y elegante, y peligroso. Por primera vez, iba a hacer lo que quería, sin importar­le las consecuencias. No iba a pasar el resto de la vida sola sin un solo recuerdo que le alegrara la ve­jez.
Y si tenía que desobedecer a Tish, lo haría. Des­pués de todo, era su vida.


A la mañana siguiente, Miley  se despertó como si no hubiera pegado ojo. Preocupada porque tendría que mentir a Tish si quería volver a ver a Nick y eso no le gustaba. Nunca había hecho nada así. Tish la quería, se había sacrificado por ella e, incluso, se había preocupado más por ella de lo que su madre lo había hecho jamás. Para ser sincera, quería mucho más a Tish de lo que nunca había querido a su ma­dre.
Pero la alternativa era olvidarse de Nick. Sólo de pensarlo se le encogía el corazón. Aquella nece­sidad imperiosa de estar con él, de abrazarlo, de be­sarlo era abrumadora.
A media mañana, Billy recibió una llamada ur­gente de su negocio. La sede estaba en Nueva York; pero estaban construyendo un hotel en Miami y había surgido un problema con el constructor del hotel. El hombre se había marchado con todo su equipo des­pués de una discusión con uno de los vicepresidentes de Billy. Billy tenía que ir urgentemente para so­lucionar el problema y Tish, encargada de la decora­ción, tendría que acompañarle.
—No me gusta nada tener que dejarte aquí sola—dijo Tish preocupada—. ¿Quieres venir con no­sotros?
Miley  pensó con rapidez.
—Preferiría quedarme si no te importa—dijo—. Me apetece mucho ir a tomar el sol a la playa.
—¿Seguro que estarás bien?—insistió Tish.
—Ya es toda una mujer—intervino Billy—, y tú sólo eres su hermana, no su madre.
Tish se puso colorada.
—¿Y Liam?
—Liam también va a estar en Miami toda la se­mana—murmuró él, buscando su cartera—. No sa­bía que también tuviera negocios allí—añadió con una sonrisa extraña.
—Mira—dijo Miley —. Eso resuelve el proble­ma­
—¿No irás a salir con Jonas?—preguntó su hermana.
Ella logró mirarla fingiendo sorpresa
—Mírame. ¿De verdad crees que una persona tan rica como dice Billy que es se fijaría en una chica tan sosa como yo?
—¡Tú no eres sosa!—se quejó Tish—. Si te pu­sieras la ropa que te hemos comprado y un poco de maquillaje estarías como un tren. Todavía no te has puesto nada de lo que te compramos.
—Me pondré la ropa nueva, te lo prometo—dijo Miley  en tono conciliador.
—Dejad de charlar ya o perderemos el avión—intervino Billy.
—De acuerdo—dijo Tish mientras le daba un abrazo a Miley —. No le abras la puerta a ningún desconocido mientras estemos fuera—comenzó a decir mientras Billy abría la puerta—, y no salgas sola por la noche.
Billy la agarró de la mano y tiró de ella.
—Y no aceptes ningún caramelo de desconoci­dos—añadió él alegremente—. No te adentres en el océano y no traigas ningún perro extraviado a casa. Ella se rió.
—No lo haré. Lo prometo.
—Te quiero.
—Yo también—dijo ella mientras se cerraba la puerta.

Novela Niley 07 - Cerca del Paraiso


TISH estaba fuera de sí cuando Miley  entró en la suite.
—¿Dónde has estado, cariño? Liam nos dijo que te secuestró un gángster y...
—Liam intentó propasarse conmigo en una esqui­na oscura fuera del casino—dijo Miley  muy enfada­da—. Al ver que no cooperaba, me pegó.
Tish se quedó con la boca abierta.
Billy entró en aquel momento. El cabello le brillaba bajo la lámpara.
—¡Por fin has vuelto! Liam estaba muy preocu­pado.
—Liam me asaltó—le contó ella.
—No lo creo. Liam me dijo que te enfadaste con él porque se puso un poco pesado...
—¿Un poco pesado? Mira mi cara—gritó—. No quería tener relaciones sexuales con él y me dio con todas sus fuerzas.
Billy dudó.
—Liam dijo que el dueño del casino te había he­cho eso—dijo Billy cada vez más inseguro, sin­tiendo que se ponía furioso.
—Todo el incidente está grabado—dijo ella cor­tante—. El jefe de seguridad del hotel me ha dicho que podéis ver la cinta cuando queráis.
Tish estaba en silencio, mirando a su hermana y a su marido.
—Creo que Liam está mintiendo—dijo por fin.
Billy la miró.
—Liam me dijo que no le gustabas y él es un hombre acostumbrado a ir con verdaderas bellezas. Lo siento, cariño—le dijo a Miley —. Esa es la ver­dad. Todo lo que me estás contando no tiene ningún sentido.
—Billy. estaba muy borracho...
—Llamaré a Nick Jonas, él lo aclarará todo­
—¿Conoces al jefe de seguridad del casino?—preguntó Miley .
—Cariño, no sé lo que habrás bebido—dijo él con brusquedad—; pero Jonas es el dueño del lo­cal. Lo más cercano que está de la seguridad es cuando manda a Big Rob a por alguien que haya inten­tado engañarle. Dicen que él mismo se encargaba del trabajo sucio cuando estaba en Chicago. Quizá todavía lo haga.
—¿Nick...Nick Jonas es el dueño?—tar­tamudeó ella.
—Es el dueño de muchas cosas. El Bow Tie es lo más reciente. Lleva aquí una temporada; desde el incidente del bidón de aceite.
Miley  se dejó caer en un sillón. Billy se rió.
—Un tipo malo le hizo algo terrible a un amigo de Jonas. Lo encontraron flotando en el río Chica­go en un bidón de aceite. Bueno, la mayor parte—se corrigió—; todavía hay algunos trozos que no se han encontrado.
—¿Trozos?
—Bueno. bueno. Nadie ha dicho que lo hiciera el propio Jonas. Siempre ha estado rodeado de gente que hacía lo que él quería—continuó—. Pero tiene una reputación que asusta hasta a los más malos.
—Eso no es lo que dijo el tal Dunagan—le re­cordó Tish a su marido.
Él frunció el ceño hacia su mujer.
—Dunagan sólo estaba corriendo la voz—dijo él con firmeza.
—Bueno, hay algunos rumores sobre el gángster de Miami. ¿Cómo se llama...? ¿Deluca? El que está intentando asentarse aquí en Paradise. Dicen que está metido en todo tipo de negocios ilegales en Flo­rida y ahora quiere montar un par de casinos aquí en las Bahamas.
—Le atraparon organizando apuestas ilegales—contestó Billy—. Estuvo en la cárcel tres años; te­nía un fantástico abogado—añadió con una sonrisa.
Tish lo miró con malestar.
—Es un sinvergüenza.
—Estoy de acuerdo. Pero tiene muchos múscu­los y una hija preciosa que viaja con él. Dicen que la utiliza para atraer a los hombres. Es como una co­bra.
—¿Cómo has vuelto a casa, cariño?—le pregun­tó Tish de repente.
—El jefe de seguridad me trajo al hotel en una limusina enorme—dijo Miley  con una gran sonri­sa—. Fue increíble.
—Tú nunca habías montado en una, ¿verdad?—dijo Billy con un suspiro—. Siempre quise que vi­nieras con nosotros a Nueva York una temporada, pero tu... madre nunca te dejó—añadió cortante—. No me podía ver y no quería que estuviera cerca de ti.
—¿Por qué?—preguntó Miley  horrorizada.
Tish le lanzó a Billy una mirada de adverten­cia.
—Mamá estaba celosa de él por alejarme de ella. Nunca se llevaron bien, eso ya lo sabías.
—Sí, pero eso no explica por qué no quería de­jarme ir a Nueva York.
Billy apartó los ojos: parecía incómodo
—Temía que te gustara y que quisieras quedarte.
—No quería perderte, cariño—añadió Tish. que tampoco parecía muy cómoda.
—¡Pero si nunca me quiso!—exclamó Miley .
—¿Qué?
Miley  nunca lo había admitido y tampoco le gus­taba hacerlo en aquel momento, pero quizá había llegado el momento de hablar con claridad.
—Que no me quería—confesó sintiéndose muy mal—. Nunca le parecía bien lo que yo hacía, no le gustaba mi pelo largo, tampoco corto. No le gustaba mi ropa, decía que no tenía ningún estilo. También se reía de mis diseños. Me decía que era una holga­zana y que nunca llegaría a nada.
—No puedes estar hablando en serio—exclamó Tish, horrorizada.
—Yo no entendía nada; era como si le hubiera hecho algo. Cuando le preguntaba si me odiaba, se ponía colorada y me decía que no era culpa mía ser como era.
Tish y Billy intercambiaron una mirada. No sólo parecían sorprendidos, era también como si se sintieran culpables. Miley  se preguntó cuál sería el motivo.
—¿Cariño, por qué no me lo dijiste nunca?—preguntó Tish con amabilidad Sus ojos verdes esta­ban llenos de cariño.
Miley  sonrió.
—No habría estado bien hablar así de mi propia madre. Y, de todas formas, ¿qué podrías haber he­cho tú? Billy y tú teníais vuestra propia vida.
—¿Nunca te dijo por qué te trataba así?—pre­guntó Billy.
Miley  lo miró pensativa. Era extraño que se pare­ciera tanto a él. Sus caras eran realmente parecidas: las orejas pequeñas, la misma barbilla, la forma de los ojos... Una vez le había preguntado a su hermana si eran parientes, pero ella se había reído y le había dicho que por supuesto que no.
Aunque también se parecía a su hermana en los ojos verdes y en el pelo rubio. Su madre tenía los ojos azules y el pelo negro. Su madre siempre les había dicho que se parecían a su abuela paterna.
—Lo siento—dijo Tish, dando un paso para abrazar a su hermana; siempre había sido muy cari­ñosa con ella.
Tish la abrazaba siempre que iba y venía, siem­pre la alababa y siempre le enviaba regalos. Miley  se había sentido muy querida. Billy y Tish habían vivido cerca de ella, en San Antonio, hasta hacía tres años. Cuando ellos estaban delante, su madre se portaba de maravilla con ella: quería mucho a Tish y se notaba. Algunas veces que la había tratado con dureza, Tish la había defendido: pero no estaba allí cuando su madre la trataba realmente mal.
—Quizá podría ir a visitaros a Nueva York algún día—mencionó Miley .
A Tish se le iluminó la cara.
—¡Eso sería fantástico! Podríamos llevarte a un montón de sitios y tú y yo podríamos ir de compras juntas.
Miley  sonrió.
—Me encantaría.
Tish le dio un abrazo.
—Pero todavía no hemos terminado de hablar de Liam—las interrumpió Billy.
—No va a volver a salir con él—aseveró Tish enfadada.
—Por supuesto que no—dijo él—. Pero tengo que hablar con él para ver por qué se comportó de esa manera.
—Menos mal que no te pasó nada—le dijo Tish a su hermana.
—Sí. Y a Liam tampoco—murmuró Billy.
—Dijiste que Jonas no había matado a nadie—le recordó Miley . No podía creer que Nick pu­diera hacerle daño a nadie. No quería creerlo.
—Ahora está un poco más calmado—replicó Billy, mientras se servía una bebida.
—Tienes mal aspecto—dijo Tish preocupada. Se sentó al lado de Miley  y le dio una palmadita en la rodilla—. Has tenido un mal día. ¿Por qué no te vas a la cama y duermes un rato?
—Buena idea—respondió ella.
—¿Hablaste con Jonas?—preguntó Billy con curiosidad.
Ella asintió.
Billy se rió.
—Eso es toda una proeza. Nunca se mezcla con los clientes. Quizá tenía miedo de que denunciaras a Liam y el nombre de su casino saliera a la luz. No le gusta la publicidad.
—Pensaba que creías a Liam.
Él se encogió de hombros.
—Si Jonas estaba por medio, no me extraña que intentara suavizar las cosas. Nadie quiere verlo enfadado; Liam menos que nadie. Está trabajando en un proyecto en el que quiere ver a Jonas. No sé de qué se trata, pero Liam es un genio haciendo dinero—dio un trago a su bebida—. Quizá intente entrar yo mismo—añadió mirando a Tish.
—Tú no vas a hacer negocios con Jonas—le dijo llanamente—. Te quiero vivo.
—¿Te trajo Big Rob de vuelta al hotel?—preguntó Billy.
—Big Rob y Jonas.
Los dos se miraron sorprendidos.
—Liam me rompió el vestido y Jonas me lo co­sió.
Billy se acabó la bebida de un trago.
—Tengo entendido que cose muy bien. ¿Le dijis­te que tú dabas clases?
Ella asintió.
—Ahora no me extraña que fuera tan amable contigo. Si alguna vez me dispara, le diré que me haga un paño para cubrirme en el ataúd.


chicas gracias por sus comentarios...

viernes, 25 de febrero de 2011

Novela Niley 06 - Cerca del Paraiso


—Ha sido una estupidez—dijo él al cabo de un minuto, la tensión era evidente en el tono de su voz.
—A mí no me pareces ningún estúpido—dijo ella soñadora, sonriendo contra su hombro.
Él tomó aliento y la apretó. Sus ojos mostraban un torbellino interior.
—Escucha—comenzó a decir con las manos so­bre sus hombros—. Pertenecemos a mundos dife­rentes. Y a mí no me gusta empezar nada que no vaya a terminar.
—Bueno, a mí no me eches la culpa. Yo casi nunca he seducido a un hombre en un balcón oscu­ro.
Él frunció el ceño. Era rápida y tenía un fantásti­co sentido del humor. Aquello no hacía las cosas más fáciles porque la encontraba realmente atracti­va. Pero él estaba en un momento de la vida en el que no podía comprometerse, de ninguna manera. Ella era más vulnerable de lo que pensaba y con él correría peligro.
—Normalmente, no me importaría que me sedu­jeran; pero no estoy disponible.
Ella se puso colorada.
—Lo... lo siento—dijo avergonzada—. No creí...
—No me mires así—dijo él en tono duro—. Va­mos. Le diré a Big Rob que te lleve.
—Puedo pedir un taxi.
—No digas tonterías.
Miley  no podía ocultar su incomodidad por tener que ir con el señor Big Rob.
—¿No tendrás miedo de él?—dijo él con suavi­dad—. De mí no tienes miedo y yo soy peor que él en muchos aspectos.
Ella arqueó las cejas.
—¿En serio?—preguntó con sinceridad.
Él se rió sin poder evitarlo.
—No sabes nada de mí—murmuró mientras la estudiaba divertido—. Es agradable—añadió pensa­tivo—. Hace mucho tiempo que no me encontraba con nadie que se sintiera tan cómodo conmigo como tú pareces estar.
—Vas a ponerme nerviosa.
Él sonrió.
—Ya sé quién eres—añadió ella—. Eres el jefe del señor Big Rob.
Él fue a decir algo, pero ella continuó:
—Eres un gorila.
Él se quedó mudo. Sólo podía mirarla, cada vez más divertido.
—No es nada de lo que uno tenga que avergon­zarse—añadió ella con firmeza—. Alguien tiene que mantener la paz en un lugar así. Mi padre era sheriff (jefe de policia de texas) ; aunque murió antes de que yo naciera y no lo conocí: pero todavía tengo su placa y su pistola.
—¿Cómo murió?
—Paró un coche que se había saltado un stop y el conductor resultó ser un asesino que estaba hu­yendo.
—¡Vaya!
Ella asintió.
—Mi madre se quedó sola con mi hermana y conmigo; aunque Leticia ya tenía dieciséis años—dejó escapar un suspiro—. Mi hermana es preciosa y está casada con un millonario.
—Así que estás sola con tu madre.
Ella negó con la cabeza.
—Mi madre murió el mes pasado de cáncer. Por eso estoy aquí. Tish y Billy insistieron en que vi­niera de vacaciones con ellos.
—¿Os lleváis bien?
—Muy bien. Es fantástica. El único defecto es que me trata como a un bebé.
—¿Cuántos años tenía tu madre cuando te tuvo a ti?
—Cuarenta y ocho. ¿Y la tuya?
La pregunta lo pilló por sorpresa y lo hizo reír.
—Dieciséis. Las familias de mis padres no los dejaban solos ni un segundo, por lo que decidieron casarse para poder tener intimidad. Mi padre me contó que la primera vez que le dio un beso fue el día de su boda.
—¿Eran italianos tus padres?
—No: del sur de España—se quedó un segundo pensativo—. Te acompañaré al hotel—le dijo antes de que ella pudiera hacerle más preguntas—. Quizá no quieras volver a verme cuando sepas quién soy—dijo él poniéndose muy serio.
—No lo creo.
—Eres muy optimista y yo no.
—Ya me he dado cuenta—dijo ella, bromenado, él soltó una carcajada y la acompañó de vuelta a la oficina.
El señor Big Rob estaba esperando dentro de una enorme limusina negra en la puerta del hotel. Miley  se quedó boquiabierta.
—¡No irás a llevarme en eso!—exclamó ella—. Tu jefe te va a despedir.
—No es probable—dijo él, dedicándole una mi­rada muy significativa a Big Rob, que estaba intentan­do no reírse—. Sube.
Ella silbó con suavidad mientras se deslizaba por el asiento de cuero blanco. Él pasó detrás de ella.
Miley  estaba fascinada, mirando a su alrededor con los ojos muy abiertos.
—Podrías jugar un partido de fútbol aquí dentro.
—Está bien para llevar a los clientes. ¿Quieres tomar algo?—preguntó señalando a un bar donde había todo tipo de bebidas, desde champán hasta re­frescos.
Ella negó con la cabeza.
—¿No habías montado nunca en una limusina?—le preguntó él.
—No, Billy y mi hermana tienen un Jaguar de­portivo; aunque tampoco lo llevan nunca a Jacobs­ville—dijo con una risita—. Estaría gracioso que llegaran a Jacobsville en una limusina. Si alguna vez vienes a verme a mi pueblo, no olvides traértela. Procuraremos que no se suba encima ningún pollo. ¿Te gustaría tener un pollo de mascota?
El soltó una carcajada.
—¿Un pollo de mascota? Yo sólo he visto los pollos del supermercado.
Ella se rió.
A él le gustaba el sonido de su risa. Hacía mucho tiempo que no tenía una conversación así. Su vida era solitaria y siempre al límite y normalmente des­confiaba de todo el que se le acercaba.
—¿Por qué fuiste al casino?
Ella dejó escapar un suspiro.
—Liam me dijo que tenía que tratar unos nego­cios con el director y que después de cenar podía­mos ir allí. Lo malo fue que durante la cena se puso a beber sin parar. Creo que tenía miedo. Debe de es­tar metido en algo ilegal y está tratando con alguien que quiere hacerle daño—se mordió el labio infe­rior y miró a Nick—. Tal vez no debería haber di­cho eso; el dueño del casino es tu jefe, ¿verdad?
—Algo así—respondió él.
—Pues como te iba diciendo, Liam se puso a be­ber hasta que casi no se podía poner de pie. Yo quise volver entonces al hotel porque se estaba poniendo realmente pesado; pero él me dijo que me acababa de pagar una cena muy cara y que le debía un poco de diversión—añadió con frialdad. Agarró su bolso con fuerza y se giró para mirar a Nick—. ¿De verdad los hombres esperan que por invitarte a ce­nar vas a acostarte con ellos? Porque si es así, de ahora en adelante, las cenas me las pagaré yo mis­ma.
Su expresión le pareció divertida y no pudo evi­tar reírse.
—Bueno, yo sólo puedo hablar por mí, pero nun­ca he considerado un filete como moneda de inter­cambio.
Ella sonrió a pesar de estar molesta con lo que le había pasado.
—Se nota que no salgo mucho, ¿verdad? Incluso después de acabar el instituto tenía que pelearme con mi madre y con Tish para salir con un chico. Ellas decían que los hombres no eran de fiar, que lo único que querían de una mujer era llevársela a la cama y que después te dejaban embarazada y desa­parecían—meneó la cabeza—. No sé de dónde sa­caron esas ideas. Tish se casó con Billy justo des­pués del instituto y mi madre nunca salió con nadie después de la muerte de mi padre.
—¿En serio? Pensaba que ya no existían mujeres así.
—Siempre dijo que mi padre era el hombre de su vida y que no quería un sustituto. ¿Cómo era tu ma­dre?
Él sonrió.
—Era ese tipo de mujeres que te dan un beso si te haces daño para curarte la herida. También hacía unas galletas que nos encantaban. Trabajó mucho para darnos todo lo que necesitábamos—añadió con la cara tensa.
—¿Era guapa?
—Vaya pregunta. ¿Por qué?
—Tú eres muy guapo—dijo ella y se puso colo­rada al darse cuenta de que quizá se estaba pasando.
Él se rió.
—Gracias. Yo también creo que tú eres muy gua­pa­
—¡Qué va! Soy muy sosa; pero sé cocinar y co­ser.
Él alargó una mano y le tocó un mechón de pelo rubio que se le había soltado del recogido.
—¿Tienes el pelo muy largo?
—Casi por la cintura. El dueño de la tintorería para la que hago los arreglos dice que cuando lo lle­vo suelto me parezco a Alicia, la del país de las ma­ravillas. Por eso normalmente me lo recojo.
—¿Por qué no te lo cortas?
—Porque parecería un chico. ¿No ves que tengo muy poco pecho?
El volvió a reírse encantado.
—A mí no me gustan las mujeres con pechos grandes—le dijo él.
Ella lo miró con los ojos muy abiertos.—¿En serio?
Él negó con la cabeza.
—Tampoco había conocido a ninguna mujer que tuviera pollos.
—Yo tampoco había conocido a ningún gorila que cosiera tan bien como tú.
Él volvió a reírse; era agradable aquella sensa­ción de anonimato.
—¿Te gustaría ir a ver la torre del pirata Tisha Negra?
—Sí—respondió ella.
Él dudó un instante. Tenía una reunión a la que no quería ir, pero no le quedaba más remedio.
—He quedado para comer. Pero podríamos que­dar después ¿Te gustaría?
Ella lo miró con una sonrisa radiante, llena de fe­licidad.
—Me encantaría.
—Te pasaré a buscar al hotel entre las dos y las tres.
—De acuerdo.
Él dudó un instante.
—Quizá oigas algunas cosas sobre mí cuando Liam le cuente a tu hermana lo que ha pasado—le dijo él—. No las creas. Al menos, espera a conocer­me un poco mejor antes de formarte una opinión. ¿De acuerdo?
Ella sentía curiosidad, pero asintió.
—De acuerdo.
—Una cosa más—le dijo cuando Big Rob se acer­caba al hotel de ella—. Si Liam niega que intentara asaltarte, lo cual es bastante probable. dile a tu her­mana que lo tenemos todo grabado en una cinta.
—¿Crees que debería denunciarlo?
El opinaba que sí. pero en aquel momento nece­sitaba a aquel hombre.
—No—mintió—. Pero no vuelvas a salir sola con él.
—No pensaba.
Big Rob le abrió la puerta. Un grupo de turistas es­taba mirando a la limusina con la boca abierta.
—Deben de pensar que somos estrellas de cine.
Él sonrió.
—Gracias y hasta mañana—le dijo ella un poco sonrojada. Big Rob le ofreció una mano para ayudarla a salir.
—Hasta mañana, ángel—se despidió él.
Ella caminó hacia el hotel flotando en una nube


holao chicas..... waoo les cuento que estoy super emocionada porque nick an fin despues de muchop tiempo confirmo que stay tambien fue escrita para miley.....  
estoy que salto de la alegria.... jejejeje este año es el año niley.... ademas dicen que el domingo estuvieron en una bolera .... awwww claro que dijeron que no se acercaron ni se abrazaron ni se besaron ni nada de eso pero digo mmm quien vio que paso en el auto a lo que se fueron porque mmmm obvio nick no manejo ya que estaban los guardaespaldas con el asi que....
mmmmm puede que haya pasado algo dentro del carro digo no (esto es mi opinion nada mas).... jejeje....
 waoo waoo muchaisimas gracias por sus comentarios.... he dejado las otras novelas pero las voy a seguir pronto no se preocupen... jejeje....
New... sara....  elba... lucia.... anita...  :-) gracias por siempre comentar en mi blog.... 
las quiero chicas....
:-)




jueves, 24 de febrero de 2011

Novela Niley 05 - Cerca del Paraiso


—Será mejor que vaya a cambiarme—dudó—. ¿Hay taxis a esta hora?
—Toda la noche; pero no necesitas uno—le dijo mientras cerraba la caja de costura.
Pensó en llevarla él mismo, pero no sería muy inteligente empezar algo que no iba a poder acabar. Aquella pequeña violeta no encajaría en su vida lle­na de espinas. No habría podido soportarlo, aunque hubiera sido mayor y más sofisticada. Aquel pensa­miento le irritó y su voz sonó más dura de lo que le hubiera gustado.
—Le diré a Big Rob que te lleve al hotel.
Ella pensó en el viaje con aquel hombre miste­rioso y sintió un escalofrío; pero no iba a discutir.
—Gracias—murmuró con decepción mal disi­mulada y se fue al baño a ponerse el vestido.
Colgó el albornoz de la puerta y se miró en el es­pejo. Al ver el moretón que le estaba saliendo en la mejilla, contuvo el aliento. Se puso un montón de polvos de la cara, pero no logró disimular el golpe.
Hizo lo que pudo y volvió a la oficina. El estaba en el balcón con las manos en los bolsillos, mirando al océano. Era un hombre muy sofisticado con una poderosa figura; no le sorprendía que trabajara en seguridad. Parecía solo y sintió lástima de él; aun­que no era un hombre que necesitara que lo compa­decieran.
Pensó que no lo volvería a ver y sintió un vacío en su interior. Acababa de perder a su madre y, pro­bablemente, no era el mejor momento de empezar nada. Pero había algo en aquel hombre que la atraía y que la hacía desear nuevas experiencias.
Dejó escapar un suspiro; debía de estar loca. Un hombre al que acababa de conocer no debería tener ese efecto sobre ella.
La pérdida de su madre había sido traumática. Aún era peor al pensar que no la quería. Al menos, no como había querido a Tish. Su querida hermana Tish, hermosa e inteligente, que había logrado un matrimonio excelente. Miley  sólo era una costurera poco atractiva para los hombres y con una vida poco interesante. Había sido muy duro vivir a la sombra de Tish. Su madre siempre le había hecho sugeren­cias de cómo mejorar; pero ella nunca había acepta­do sus consejos: estaba contenta consigo misma. Le hubiera gustado que su madre la hubiera aceptado tal y como era, que la hubiera halagado alguna vez: pero sólo había recibido críticas de ella. Durante toda la vida. A veces se preguntaba qué le habría hecho para que la detestara tanto; era como si la hu­biera estado castigando por algo. Nadie lo sabía, ni siquiera Leticia.
Siempre había hecho lo que se esperaba de ella, pero, al mirar a aquel hombre, a ese extraño, le en­traban ganas de hacer locuras. Quería romper todas las reglas y vivir al límite. No entendía por qué ha­cía que se sintiera tan temeraria cuando ella había sido siempre tan convencional. Él debía de ser una mala influencia porque ella nunca antes había pen­sado en saltarse las reglas.
Él se volvió y la miró.
—Estás muy callada—señaló.
Ella se rió nerviosa.
—Soy así. Me he pasado la vida intentando pasar desapercibida.
El la miró fijamente.
—Quizá haya llegado el momento de cambiar eso.
Ella sintió que le daba un vuelco el corazón. Sus ojos se encontraron mientras el viento los envolvía en un extraño cálido abrazo.
Él la hacía soñar con ruinas, con lugares miste­riosos, con tormentas y torrentes de agua.
—Me estás mirando fijamente—señaló él, con voz ronca.
—Nunca había conocido a nadie como tú—dijo ella con voz trémula—. Soy una chica de pueblo que nunca ha estado en ninguna parte y nunca ha hecho nada emocionante. Ni siquiera había estado en un casino en mi vida. Pero... pero...—no podía encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que estaba sintiendo.
Él levantó la Tishilla y dio un paso al frente, para que ella pudiera sentir la fuerza y el calor de su cuerpo.
—Pero tienes la sensación de que me conoces de siempre—dijo él.
—Bueno... algo así...
Él alargó una de sus poderosas manos y le acari­ció la mejilla con las yemas de los dedos. Ella tem­bló ligeramente al contacto y sintió que una corrien­te eléctrica recorría su cuerpo.
—¡Oh, Dios!—gruñó él.
—¿Qué pasa?—preguntó ella confundida.
—Que a mi edad debería poder controlarme me­jor—dijo él, obviamente pensando en voz alta. Pa­recía confuso, incluso irritado, así que a ella le sor­prendió cuando la atrajo hacia él.
Sus brazos eran grandes y la sujetaron con fuerza contra su cuerpo, con los ojos fijos en su boca.
—¡Qué diablos! Ya es medianoche y estás a pun­to de perder un zapato...
Antes de que ella pudiera averiguar qué había querido decir, inclinó la cabeza y posó la boca sobre los labios de ella.
De manera instintiva, ella empezó a luchar; pero, él abrió la boca sobre la de ella y la venció. Un ines­perado aluvión de sensaciones la hizo gemir y tem­blar; pero no de miedo. Se fundió en un abrazo con él, hundiéndose en su pecho musculoso y ahogándo­se en el aroma de su piel.
El beso se intensificó y se volvió más pasional. Después de un momento, él deslizó la cara hacia su cuello y permaneció así un rato, abrazado a ella.
Miley  pensó que debería haber protestado, que no debería estar así con un completo extraño; pero sus brazos eran tan cálidos y tan fuertes...
Todos los argumentos eran en vano; se sentía como si hubiera encontrado lo que llevaba toda la vida esperando, así que cerró los ojos y dejó que él la meciera en sus brazos.
Se dejó llevar por aquella intimidad, por una sen­sación totalmente nueva. Su madre nunca había sido cariñosa con ella; pero eso pertenecía al pasado. Ahora, la estaban abrazando y le gustaba la expe­riencia.
Nick estaba sorprendido  de lo que había he­cho, de lo que ella le había inducido a hacer. Por su respuesta se había dado cuenta de que no sabía mu­cho sobre los hombres; ni siquiera sabía cómo besar. Pero había confiado en él. Ni una simple protesta. Era como una gatita en sus brazos y las sensaciones que había experimentado con ella habían resultado totalmente desconocidas para él.


chicas vean este  video esta super nick canta before the storm y de inmediato empieza a cantar stay....
waooo
salto de la alegria....
niley forever........



chicas disculpen que no haya nada  subido estoy con full tareas....
capi dedicado a new...


lu sis te extraño....