sábado, 19 de febrero de 2011

Novela Niley 01 - Cerca del Paraiso


ERA una noche frenética en el casino Bow Tie de la isla Paradise. Nick Jonas estaba en el balcón fumándose un puro mientras le daba vueltas a la cabeza. Hacía unos años, había sido un hombre de negocios duro con unos contac­tos bastante sospechosos y una reputación muy mala. Seguía siendo un tipo duro, por supuesto; pero esperaba haberse deshecho de su reputación de mafioso.

Era el dueño de un buen número de hoteles y ca­sinos en los Estados Unidos y en las Bahamas. El Bow Tie era una mezcla de hotel y casino, su favo­rito. La clientela exclusiva estaba compuesta, princi­palmente por estrellas de cine, de rock, millonarios y un par de pillos. Era multimillonario y, aunque to­dos sus negocios eran legales, tenía que mantener su reputación de mafioso durante algún tiempo más. Y lo peor de todo era que no podía decírselo a nadie.

Bueno, aquello no era del todo cierto: podía de­círselo a Big Rob, su guardaespaldas. Ése sí que era un tipo realmente duro. Tenía una iguana por mascota y se estaba convirtiendo en un mito en la isla: hasta había llegado a pensar que el motivo principal de que sus clientes fueran al casino era el de conocer al misterioso señor Big Rob.

Se desperezó para quitarse el cansancio. Su vida nunca había sido tranquila; pero últimamente estaba resultando extenuante. Se sentía como si tuviera do­ble personalidad; pero cuando pensaba en el motivo de tanto estrés, no se arrepentía de su decisión. Su único hermano, Joe, estaba enterrado en Chicago, había muerto víctima de un señor de la droga que utilizaba una empresa en las Bahamas para blanquear su fortuna.

Joe sólo tenía veintiocho años cuando murió y había dejado una mujer y dos hijos pequeños. Nick se ocupaba de su bienestar, pero eso no les de­volvía al marido y al padre. La peor muerte: por di­nero. O, peor aún, por el dinero que un banquero estaba blanqueando al ayudar a un mafioso renega­do de Miami a comprar casinos en la isla Paradise. No se iban a escapar fácilmente.

Dio una calada a su habano, el mejor del merca­do. Big Rob tenía amigos en la CIA que viajaban a Cuba de vez en cuando. Compraban allí los cigarros y se los regalaban a quienes querían. Big Rob se los pasaba a su jefe porque él no fumaba. Tampoco be­bía y rara vez decía palabrotas. Nick meneó la ca­beza, riéndose para sí: Big Rob era todo un enigma. Aunque muy parecido a él, tuvo que admitir.

Levantó la cabeza para aspirar la brisa del océa­no. El viento le alborotó el pelo negro y ondulado, ya surcado por vetas plateadas; tenía treinta y mu­chos años y los aparentaba. Medía un metro ochenta y cinco y, a pesar de su corpulencia, era un hombre elegante y tan ágil como una pantera. Tenía unas manos muy grandes y las únicas joyas que llevaba eran un Rolex en la muñeca y un anillo con un rubí en el dedo meñique. Tenía la tez morena y el blanco inmaculado de su impecable camisa la resaltaba. Llevaba un traje de chaqueta negro hecho a medida y una pajarita, también de color negro. Sus zapatos negros estaban tan brillantes que en ellos se refleja­ban las palmeras del balcón donde estaba, y la luna. Tenía las uñas muy cortas e impecables. Iba recién afeitado y con gomina en el pelo, nunca llevaba nada mal puesto. Le obsesionaba ir bien arreglado.

Quizá se debiera a que había sido muy pobre de niño. Un hijo de padres inmigrantes. Su hermano Joe y él se habían puesto a trabajar muy jóvenes ayudando a su padre en el pequeño taller que com­partía con otros dos compatriotas. Así habían apren­dido la ética del trabajo y sabían que ése era el úni­co modo de salir de la pobreza.

Su padre tuvo la mala suerte de cruzarse en el camino con un matón del barrio que le propinó una terrible paliza cuando se negó a trabajar con coches robados.

Nick apenas tenía doce años cuando aquello sucedió; demasiado pequeño para buscarse un trabajo. Su madre trabajaba limpiando y Joe, cuatro años menor, todavía iba al colegio. Con su padre sin poder trabajar, tuvieron que vivir de lo que su madre llevaba a casa, lo cual sólo llegaba para poner algo de comida sobre la mesa.

Hasta que llegó un día en el que no pudieron pa­gar el alquiler y acabaron en la calle. Los dos socios de su padre se negaron a prestarle ayuda y lo aparta­ron del taller alegando que no había ningún contrato escrito. No pudieron hacer nada porque no tenían dinero para un abogado.

Su madre se vio obligada a pedir ayuda al esta­do. Era una mujer abatida que intentaba sacar a su familia adelante mientras su marido permanecía in­móvil en una cama, incapaz de reconocer a su pro­pia familia. Un coágulo acabó con él a los pocos meses de la paliza, dejándolos a ellos tres solos.

La salud de su madre se fue deteriorando y Nick y su hermano se vieron obligados a ir a un cen­tro de acogida. Fue entonces cuando Nick decidió que no podía consentir aquella situación, que tenía que hacer algo.

Convenció a un amigo suyo para que le llevara a ver al jefe de la mafia. A éste le pareció un chico es­pabilado y le dio el puesto de correo entre los miem­bros del grupo. En pocos días, consiguió una gran cantidad de dinero y alquiló un apartamento para su madre y su hermano; incluso les consiguió un segu­ro médico.


5 comentarios:

  1. me encanto wow si que fue dura su vida! es una nueva nove?? no e visto la sinopsis =P

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  2. sip es nueva este recien es el capi 1
    el link para el argumento es este
    http://nickandmiley.blogspot.com/2011/02/cerca-del-paraiso-argumento.html

    muchas gracias pòr el comentario...
    eres la mejor....
    :)

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  3. wwwwwOOOOOOOOOOO
    lo ameee
    estuvoo supeeer geneaal
    elll caapi mmuuuy buenooo

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..