domingo, 20 de febrero de 2011

Novela Niley 02 - Cerca del Paraiso



Su madre sabía lo que estaba haciendo e intentó disuadirlo; pero él era muy maduro para su edad y logró convencerla de que lo que estaba haciendo no era nada ilegal. Además, le preguntó si quería vol­ver a ver a su familia rota y a sus hijos en un centro de acogida.
La idea horrorizó a la madre, que aceptó lo que estaba haciendo. Sin embargo, comenzó a ir a misa cada día para pedir por su hijo descarriado.
Cuando Nick cumplió los veinte años ya esta­ba totalmente integrado en la banda, al otro lado de la ley, cada día más rico. En el camino, había encon­trado al capo de la droga que le había dado la paliza a su padre y había arreglado cuentas con él. Más tar­de, compró el taller y echó a los socios de su padre a la calle.
Había descubierto que la venganza tenía un sa­bor muy dulce.
Su madre nunca aprobó lo que estaba haciendo y siguió rezando por él hasta su muerte. Él había sen­tido una pizca de remordimiento por defraudarla; pero el tiempo rápidamente lo curó. Metió a su her­mano Joe en un colegio privado para que recibiera la educación que él no había tenido y nunca volvió a mirar atrás.
Cuando su hermano acabó la carrera de Derecho, se casó con Demi, el amor de su infancia. Nick se alegró mucho por ellos y, aún más, cuando nacie­ron sus sobrinos. Sin embargo, él no iba a seguir sus pasos. Él no estaba hecho para la familia; su forma de vida no se lo permitía, por lo que las mujeres iban y venían sin dejar huella.
Una vez se permitió enamorarse. Era una mujer hermosa proveniente de una familia poderosa y mi­llonaria del este de los Estados Unidos. Una mujer totalmente incompatible con él. A ella le atraía su reputación, el aura de peligro que lo rodeaba. Le gustaba presumir de él delante de sus amigos, pero no le gustaba Joe ni tampoco los amigos de él; la mayoría, gente de su barrio de la infancia, gente con tantas aristas como él.
A él no le gustaba la ópera ni la literatura y tam­poco los cotilleos, así que, cuando mencionó que quería una familia, Nicole se rió de él en su cara.
Le dijo que no estaba preparada para tener hijos, que todavía esperaría unos años. Todavía quería ir de fiesta en fiesta y viajar por el mundo. Además, cuando decidiera tenerlos, sería con un hombre que no tuviera que pretender que era civilizado, le había dicho con altivez.
Entonces, Nick se dio cuenta de que ella sólo lo quería por la novedad, como algo pasajero. Aque­llo lo dejó roto.
El final de su relación llegó cuando preparó una fiesta de cumpleaños para Nicole en uno de sus hote­les más grandes de Miami. Nicole desapareció un buen rato y, cuando fue a buscarla, la encontró sa­liendo de una habitación con dos rockeros que él ha­bía invitado. Fue el final de un sueño. Nicole no sólo se había reído sino que le había dicho que le gustaba la variedad. Nick le dijo que lo que ella quisiera. Se despidió de ella y nunca miró hacia atrás.
A partir de entonces, perdió el interés por las mujeres y comenzó a interesarse por las telas y las agujas. Al principio, era el hazmerreír de todos; pero, enseguida dejaron de burlarse de él cuando empezó a ganar competiciones internacionales. Co­noció a muchas mujeres hábiles y disfrutó de su compañía. La mayoría eran señoras casadas o ancia­nas. Las solteras lo miraban con extrañeza cuando conocían su nombre. Nadie quería mezclarse con un capo. Aquello fue lo que le condujo a tomar una de­cisión. Una decisión que cambiaría su vida; pero de la que no podía hablar con nadie.
Estaba cansado de ser un tipo malo. Quería lavar su imagen; pero primero necesitaba continuar con aquel juego un poco más. Su problema más inme­diato era encontrar un contacto que le sirviera de in­termediario entre él y la persona que estaba en el hotel Nassau. No podía dejarse ver con ese hombre y usar el teléfono era muy arriesgado. Era un pro­blema; pero no el único: el hombre con el que tenía que hablar esa noche todavía no había aparecido por el casino.
Apagó el cigarro con desgana; pero en el casino no se podía fumar. Él mismo había puesto esa regla desde que su sobrino desarrolló asma. Tenía que proteger a su familia y para eso haría lo que fuera.
Entró en su oficina y miró a Big Rob, que estaba sentado frente a unas pantallas de televisión.
—Jefe, será mejor que veas esto—le dijo po­niéndose de pie.
Era como una montaña. Tendría unos cincuenta años, pero su aspecto seguía siendo imponente.
Nick se unió a él y en una pantalla vio a una chica rubia que estaba forcejeando con un hombre que tenía dos veces su tamaño. El hombre se movió y Nick vio de quién se trataba, sintió que se le in­cendiaba la sangre.
—¿Quieres que me ocupe yo?—preguntó Big Rob.
Nick chocó un puño con una mano.
—Yo necesito hacer ejercicio—se dirigió con la elegancia de una pantera hacia el ascensor y presio­nó el botón para bajar.


Miley  Cyrus estaba luchando con todas sus fuer­zas: pero no lograba deshacerse de su acompañante que estaba borracho. Intentó morderle la mano, pero pareció que el hombre no notaba sus dientes. Estaba desesperada. Se lo habían presentado su hermana y su cuñado. Estaba pasando una temporada con ellos para superar la reciente muerte de su madre; sin em­bargo no lo estaba pasando muy bien, especialmen­te, en aquel momento.
—Me gustan las chicas bravas—dijo el hombre jadeante mientras le levantaba la falda­
—Yo odio a los hombres que no aceptan un no por respuesta—respondió ella casi sin aliento, in­tentando levantar una rodilla para golpearle.
El hombre se rió y la empujó contra la pared.
Ella empezó a gritar y el hombre aplastó su boca apestosa contra la de ella mientras hacía movimientos obscenos contra su cuerpo. Ella no se había sentido tan impotente ni había pasado tanto miedo en la vida. ¡Si ni siquiera había querido salir con aquel banquero repulsivo! Pero Billy, su cu­ñado, había insistido en que necesitaba compañía. A su hermana tampoco le había gustado mucho el aspecto del hombre; pero Billy estaba seguro de que  Liam Warner era todo un caballero. El hombre tenía que ir de todas formas al casino, así que po­día aprovechar para llevarla a ella a que se divirtie­ra un poco.
Mientras cenaban, no paró de tomarse una copa detrás de otra para calmar los nervios. El hombre murmuró algo sobre meterse en la cama con una serpiente para mantener el negocio. Para Miley  aquellas palabras no tenían ningún sentido y estuvo a punto de marcharse: pero el hombre no se lo había permitido.
Le mordió el labio y eso sí que le hizo daño. La alegría de ella sólo duró unos segundos porque el hombre se puso tan furioso que le propinó una bofe­tada.
La fuerza del golpe la dejó helada, y muerta de miedo, pensando que podía sucederle cualquier cosa. En aquel momento, una sombra se acercó a Liam, lo giró y lo tiró al suelo de un puñetazo en la cara.
Un hombre enorme, impecablemente vestido, se dirigió a ella:
—¿Se encuentra bien, señorita?
—Hijo de...—gritó el borracho, mientras inten­taba ponerse de pie—Te voy a matar.
—Inténtalo—le retó una voz profunda con un tono divertido.
Miley  se echó hacia delante antes de que su res­catador hiciera nada y le dio a Fred con el bolso en la cabeza, con todas sus fuerzas.
—¡Ay!—protestó el hombre.
—¡Ojalá tuviera un bate de béisbol, desgraciado!—le soltó ella con la cara roja de furia.
—Yo te puedo prestar uno—le dijo Nick, ad­mirando su ferocidad.
Liam miró al hombre con ira y dio un paso hacia él.
—¿Quién te has creído...?
No pudo acabar la pregunta porque Nick le propinó un puñetazo en el estómago que lo hizo caer de rodillas al suelo.
—Muy amable—le dijo Miley  con su acento te­jano—. Gracias.

Nick se fijó en su vestido roto y su semblante se endureció.
 chicas les voy a dejar marathon...
lucia eres la mejor.. te quiero hermanita..... :-)

1 comentario:

  1. Hola Nena!!! ame el capitulo, de verdad ya quiero saber que va a pasar en el siguiente y cuando es el maraton ya quiero leer mas, bueno nena te mando un beso, sube lo mas pronto que puedas byeee

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..