domingo, 20 de febrero de 2011

Novela Niley 03 - Cerca del Paraiso


—¿Qué estás haciendo aquí con este tipo?
—Mi cuñado me lo ofreció como acompañante—dijo ella con asco—. Cuando le diga a Tish lo que me ha intentado hacer, va a darle una patada a su ma­rido por insistir en que saliera con este miserable.
—¿Tish?
—Es mi hermana mayor, Leticia Cortero. Está casada con Billy Cortero; es el propietario de unos hoteles—le aclaró.
Nick levantó las cejas sorprendido y sonrió. Su suerte acababa de cambiar.
Ella miró al hombre fascinada.
—Muchas gracias por salvarme. Sé un poco de kárate; pero no me ha servido de mucho—se frotó la cara compungida.
—¿Te ha pegado?—preguntó él muy enfada­do—. No lo vi.
—Es todo un encanto—murmuró ella, mirando al borracho que todavía estaba sujetándose el estó­mago, gimiendo de dolor.
Nick sacó su móvil y apretó un número.
—Big Rob—le dijo—. Ven aquí y llévate a este tipo de aquí; no queremos problemas.
Nick apagó el teléfono y miró a Miley  con cu­riosidad­
—Necesitas que te arreglen ese vestido—le se­ñaló mientras se quitaba la chaqueta para cubrirla con ella. Estaba caliente por el calor de su cuerpo y olía a perfume caro y a tabaco.
Ella lo miró con total fascinación. Era un hombre guapo, a pesar de las dos cicatrices que tenía en la cara. Tenía unos ojos marrones muy grandes y unas cejas espesas. Su aspecto era el de un luchador y pa­recía un tipo peligroso. Muy peligroso.
Él también la miró con detenimiento. Era menu­da, pero tenía la fuerza de una leona. Estaba impre­sionado.
El ascensor se abrió y Big Rob caminó hacia ellos.
—¿Adónde lo llevo?
Nick miró a Miley  interrogante.
—Estamos en el hotel Colonial Bay en Nassau.
Él le hizo una seña a Big Rob, que tiró del brazo de Liam e hizo que se pusiera de pie.
El hombre levantó la cara llena de odio hacia
Nick; de repente, cambió su semblante.
—¿Jonas?—preguntó sin aliento.
—Qué pequeño es el mundo, ¿verdad?
Liam tragó con dificultad.
—Sí—dijo haciendo un esfuerzo para endere­zarse—. En realidad, estoy aquí para hablar conti­go.
—¿Ah, sí? Vuelve cuando estés sobrio.
—Sí, sí, claro. Verás, he tomado unas copas y ella no paraba de insistir...
—¡Mentiroso!—le espetó ella.
—Hay cámaras por todas partes y lo tenemos todo grabado—dijo Nick con actitud amenazado­ra.
Liam desistió.
—No me lo tomes en cuenta. Quiero decir, so­mos como familia.
Nick tuvo que morderse la lengua para no es­tropearlo todo.
—Otra proeza como ésta y necesitarás una fami­lia... para el velatorio, ¿entiendes?
Liam perdió el color.
—Sí, sí—se separó de Big Rob—. Estaba borra­cho; lo siento.
—Llévatelo de aquí—le dijo Nick a Big Rob que empujó al hombre hacia el ascensor.
—Me pondré en contacto contigo—le dijo el hombre antes de desaparecer por la puerta del as­censor.
Nick no lo miró. Agarró a Miley  del brazo.
—Vamos a arreglar ese vestido. No puedes vol­ver así a casa.
Ella todavía estaba intentando descifrar lo ocu­rrido. Liam conocía a aquel hombre, incluso le te­nía miedo. ¿Quién era ese hombre grande y sinies­tro?
—No te conozco—dijo ella dudosa­.
Él levantó una ceja.
—Los arreglos primero; las presentaciones, des­pués. Estás a salvo conmigo.
—Eso fue lo que mi hermana me dijo de ese tipo.
—Sí, pero yo no necesito atacar a las mujeres en callejones oscuros—señaló—. Suele pasar al revés.
Estaba sonriendo. A ella le gustaba su sonrisa.
—De acuerdo—dijo ella devolviéndole la sonri­sa—. Gracias. Parece que atraigo a los borrachos—le explicó ella—. El mes pasado fui a una fiesta con Tish y Billy y un borracho insistió en bailar con­migo; antes de que yo pudiera decirle nada, se cayó redondo a mis pies. Después, en el cumpleaños de Tish, un hombre que había bebido demasiado me estuvo siguiendo toda la noche intentando comprar­me un paquete de cigarrillos—lo miró con una son­risa compungida—. Yo no fumo.
Él soltó una carcajada.
—Es por tu cara. Pareces una persona compren­siva. Los hombres no pueden resistirse.
Los ojos verdes de ella brillaron.
—¿Es cierto eso? Tú no pareces un hombre que necesite que le tengan lástima­.
—Normalmente, no—sujetó la puerta del ascen­sor para que ella pasara.
Ella dio unos pasos al frente y se paró en el cen­tro de la habitación, girando a su alrededor. La al­fombra era mullida, de color champán y los mue­bles, de caoba. Había un montón de ordenadores y pantallas que mostraban distintas perspectivas del casino. También había una barra con taburetes altos. Parecía el centro de operaciones de la CIA.
—¡Caramba! ¿Eres un espía?
Él se rió y meneó la cabeza.
—Nunca di la talla—señaló hacia un enorme cuarto de baño—. Detrás de la puerta hay un albor­noz. Quítate el vestido para que te lo arregle.
Ella dudó un instante y lo miró insegura.
Él señaló hacia la esquina de la habitación.
—Hay cámaras por todas partes. Nunca lograría hacer nada, el jefe tiene ojos en todas partes.
—¿El jefe? ¿Quieres decir el dueño del casino?
Él asintió, reprimiendo una sonrisa.
—¿Eres un...?—estuvo a punto de llamarle «go­rila»; pero aquel hombre era demasiado elegante para ser un matón—. ¿Eres de seguridad?—se co­rrigió.
—Algo así—asintió él—. Ve a cambiarte. Ya has pasado por demasiado esta noche; yo nunca te haría daño.
Sus palabras hicieron que se sintiera culpable. Ella era una persona confiada; pero había sido una noche muy dura.
—Gracias—dijo ella.
Cerró la puerta y se quitó el vestido. Se quedó con la combinación negra que llevaba y los zapatos de tacón. Se puso el albornoz y se preguntó por qué confiaba de aquella manera en un extraño. Si era de seguridad, debía de ser el encargado porque le había dado órdenes al otro hombre, Big Rob, sobre lo que te­nía que hacer. Se sentía a salvo con él, a pesar de su tamaño y su lado oscuro. Para trabajar en un casino tenía que ser un tipo duro, se recordó.

elbita esta capi va dedicado para ti....
:-)

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