domingo, 27 de febrero de 2011

Novela Niley 07 - Cerca del Paraiso


TISH estaba fuera de sí cuando Miley  entró en la suite.
—¿Dónde has estado, cariño? Liam nos dijo que te secuestró un gángster y...
—Liam intentó propasarse conmigo en una esqui­na oscura fuera del casino—dijo Miley  muy enfada­da—. Al ver que no cooperaba, me pegó.
Tish se quedó con la boca abierta.
Billy entró en aquel momento. El cabello le brillaba bajo la lámpara.
—¡Por fin has vuelto! Liam estaba muy preocu­pado.
—Liam me asaltó—le contó ella.
—No lo creo. Liam me dijo que te enfadaste con él porque se puso un poco pesado...
—¿Un poco pesado? Mira mi cara—gritó—. No quería tener relaciones sexuales con él y me dio con todas sus fuerzas.
Billy dudó.
—Liam dijo que el dueño del casino te había he­cho eso—dijo Billy cada vez más inseguro, sin­tiendo que se ponía furioso.
—Todo el incidente está grabado—dijo ella cor­tante—. El jefe de seguridad del hotel me ha dicho que podéis ver la cinta cuando queráis.
Tish estaba en silencio, mirando a su hermana y a su marido.
—Creo que Liam está mintiendo—dijo por fin.
Billy la miró.
—Liam me dijo que no le gustabas y él es un hombre acostumbrado a ir con verdaderas bellezas. Lo siento, cariño—le dijo a Miley —. Esa es la ver­dad. Todo lo que me estás contando no tiene ningún sentido.
—Billy. estaba muy borracho...
—Llamaré a Nick Jonas, él lo aclarará todo­
—¿Conoces al jefe de seguridad del casino?—preguntó Miley .
—Cariño, no sé lo que habrás bebido—dijo él con brusquedad—; pero Jonas es el dueño del lo­cal. Lo más cercano que está de la seguridad es cuando manda a Big Rob a por alguien que haya inten­tado engañarle. Dicen que él mismo se encargaba del trabajo sucio cuando estaba en Chicago. Quizá todavía lo haga.
—¿Nick...Nick Jonas es el dueño?—tar­tamudeó ella.
—Es el dueño de muchas cosas. El Bow Tie es lo más reciente. Lleva aquí una temporada; desde el incidente del bidón de aceite.
Miley  se dejó caer en un sillón. Billy se rió.
—Un tipo malo le hizo algo terrible a un amigo de Jonas. Lo encontraron flotando en el río Chica­go en un bidón de aceite. Bueno, la mayor parte—se corrigió—; todavía hay algunos trozos que no se han encontrado.
—¿Trozos?
—Bueno. bueno. Nadie ha dicho que lo hiciera el propio Jonas. Siempre ha estado rodeado de gente que hacía lo que él quería—continuó—. Pero tiene una reputación que asusta hasta a los más malos.
—Eso no es lo que dijo el tal Dunagan—le re­cordó Tish a su marido.
Él frunció el ceño hacia su mujer.
—Dunagan sólo estaba corriendo la voz—dijo él con firmeza.
—Bueno, hay algunos rumores sobre el gángster de Miami. ¿Cómo se llama...? ¿Deluca? El que está intentando asentarse aquí en Paradise. Dicen que está metido en todo tipo de negocios ilegales en Flo­rida y ahora quiere montar un par de casinos aquí en las Bahamas.
—Le atraparon organizando apuestas ilegales—contestó Billy—. Estuvo en la cárcel tres años; te­nía un fantástico abogado—añadió con una sonrisa.
Tish lo miró con malestar.
—Es un sinvergüenza.
—Estoy de acuerdo. Pero tiene muchos múscu­los y una hija preciosa que viaja con él. Dicen que la utiliza para atraer a los hombres. Es como una co­bra.
—¿Cómo has vuelto a casa, cariño?—le pregun­tó Tish de repente.
—El jefe de seguridad me trajo al hotel en una limusina enorme—dijo Miley  con una gran sonri­sa—. Fue increíble.
—Tú nunca habías montado en una, ¿verdad?—dijo Billy con un suspiro—. Siempre quise que vi­nieras con nosotros a Nueva York una temporada, pero tu... madre nunca te dejó—añadió cortante—. No me podía ver y no quería que estuviera cerca de ti.
—¿Por qué?—preguntó Miley  horrorizada.
Tish le lanzó a Billy una mirada de adverten­cia.
—Mamá estaba celosa de él por alejarme de ella. Nunca se llevaron bien, eso ya lo sabías.
—Sí, pero eso no explica por qué no quería de­jarme ir a Nueva York.
Billy apartó los ojos: parecía incómodo
—Temía que te gustara y que quisieras quedarte.
—No quería perderte, cariño—añadió Tish. que tampoco parecía muy cómoda.
—¡Pero si nunca me quiso!—exclamó Miley .
—¿Qué?
Miley  nunca lo había admitido y tampoco le gus­taba hacerlo en aquel momento, pero quizá había llegado el momento de hablar con claridad.
—Que no me quería—confesó sintiéndose muy mal—. Nunca le parecía bien lo que yo hacía, no le gustaba mi pelo largo, tampoco corto. No le gustaba mi ropa, decía que no tenía ningún estilo. También se reía de mis diseños. Me decía que era una holga­zana y que nunca llegaría a nada.
—No puedes estar hablando en serio—exclamó Tish, horrorizada.
—Yo no entendía nada; era como si le hubiera hecho algo. Cuando le preguntaba si me odiaba, se ponía colorada y me decía que no era culpa mía ser como era.
Tish y Billy intercambiaron una mirada. No sólo parecían sorprendidos, era también como si se sintieran culpables. Miley  se preguntó cuál sería el motivo.
—¿Cariño, por qué no me lo dijiste nunca?—preguntó Tish con amabilidad Sus ojos verdes esta­ban llenos de cariño.
Miley  sonrió.
—No habría estado bien hablar así de mi propia madre. Y, de todas formas, ¿qué podrías haber he­cho tú? Billy y tú teníais vuestra propia vida.
—¿Nunca te dijo por qué te trataba así?—pre­guntó Billy.
Miley  lo miró pensativa. Era extraño que se pare­ciera tanto a él. Sus caras eran realmente parecidas: las orejas pequeñas, la misma barbilla, la forma de los ojos... Una vez le había preguntado a su hermana si eran parientes, pero ella se había reído y le había dicho que por supuesto que no.
Aunque también se parecía a su hermana en los ojos verdes y en el pelo rubio. Su madre tenía los ojos azules y el pelo negro. Su madre siempre les había dicho que se parecían a su abuela paterna.
—Lo siento—dijo Tish, dando un paso para abrazar a su hermana; siempre había sido muy cari­ñosa con ella.
Tish la abrazaba siempre que iba y venía, siem­pre la alababa y siempre le enviaba regalos. Miley  se había sentido muy querida. Billy y Tish habían vivido cerca de ella, en San Antonio, hasta hacía tres años. Cuando ellos estaban delante, su madre se portaba de maravilla con ella: quería mucho a Tish y se notaba. Algunas veces que la había tratado con dureza, Tish la había defendido: pero no estaba allí cuando su madre la trataba realmente mal.
—Quizá podría ir a visitaros a Nueva York algún día—mencionó Miley .
A Tish se le iluminó la cara.
—¡Eso sería fantástico! Podríamos llevarte a un montón de sitios y tú y yo podríamos ir de compras juntas.
Miley  sonrió.
—Me encantaría.
Tish le dio un abrazo.
—Pero todavía no hemos terminado de hablar de Liam—las interrumpió Billy.
—No va a volver a salir con él—aseveró Tish enfadada.
—Por supuesto que no—dijo él—. Pero tengo que hablar con él para ver por qué se comportó de esa manera.
—Menos mal que no te pasó nada—le dijo Tish a su hermana.
—Sí. Y a Liam tampoco—murmuró Billy.
—Dijiste que Jonas no había matado a nadie—le recordó Miley . No podía creer que Nick pu­diera hacerle daño a nadie. No quería creerlo.
—Ahora está un poco más calmado—replicó Billy, mientras se servía una bebida.
—Tienes mal aspecto—dijo Tish preocupada. Se sentó al lado de Miley  y le dio una palmadita en la rodilla—. Has tenido un mal día. ¿Por qué no te vas a la cama y duermes un rato?
—Buena idea—respondió ella.
—¿Hablaste con Jonas?—preguntó Billy con curiosidad.
Ella asintió.
Billy se rió.
—Eso es toda una proeza. Nunca se mezcla con los clientes. Quizá tenía miedo de que denunciaras a Liam y el nombre de su casino saliera a la luz. No le gusta la publicidad.
—Pensaba que creías a Liam.
Él se encogió de hombros.
—Si Jonas estaba por medio, no me extraña que intentara suavizar las cosas. Nadie quiere verlo enfadado; Liam menos que nadie. Está trabajando en un proyecto en el que quiere ver a Jonas. No sé de qué se trata, pero Liam es un genio haciendo dinero—dio un trago a su bebida—. Quizá intente entrar yo mismo—añadió mirando a Tish.
—Tú no vas a hacer negocios con Jonas—le dijo llanamente—. Te quiero vivo.
—¿Te trajo Big Rob de vuelta al hotel?—preguntó Billy.
—Big Rob y Jonas.
Los dos se miraron sorprendidos.
—Liam me rompió el vestido y Jonas me lo co­sió.
Billy se acabó la bebida de un trago.
—Tengo entendido que cose muy bien. ¿Le dijis­te que tú dabas clases?
Ella asintió.
—Ahora no me extraña que fuera tan amable contigo. Si alguna vez me dispara, le diré que me haga un paño para cubrirme en el ataúd.


chicas gracias por sus comentarios...

1 comentario:

  1. hola k tal soy nueva lectora de tu blog hasta ahorita eh leido cerca del paraiso y me encanta♥ pronto leere tus de mas historias ;D
    si son como esta kreo k me encantaran♥

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..