domingo, 27 de febrero de 2011

Novela Niley 08 - Cerca del Paraiso


—¿Y a ti por qué iba a dispararte?—preguntó Tish mirándolo fijamente.
Billy se movió incómodo. Después, se encogió de hombros.
—De momento, no tiene ningún motivo. Quizá deberíamos ir al casino. Tal vez, ahora que Miley  y él se conocen, recibamos un tratamiento especial.
—No pienso ponerla otra vez en su camino. No quiero que mi hermana pequeña hable con un crimi­nal.
—No es un criminal—le dijo Billy—. Es un tipo agradable; siempre que no intentes robarle.
—No quiero arriesgarme—dijo Tish con firme­za y se volvió hacia su hermana—. Quiero que te alejes de ese hombre; no me importa lo bien que cosa.
Miley  quería decirle que Nick la había invitado a salir al día siguiente, pero no tuvo el valor. Era di­fícil contradecir a su hermana que era más mayor y muy firme con ella. Miley  nunca se había negado a hacer nada que ella hubiera sugerido. Pero no podía olvidarse del apasionado beso que había compartido con él en el balcón, del sentimiento que le habían  provocado sus brazos alrededor de su cuerpo, de su calor y su fuerza. Sintió un escalofrío con sólo re­cordarlo. Quería estar con él.
Lo único que le preocupaba era su reputación. ¿Y si realmente había matado a aquellas personas?
Tish estaba mirándola fijamente.
—¿Me has oído? He dicho que no quiero verte con un gángster.
—Te he oído—respondió ella.
—Es multimillonario, ¿sabes? Dicen que está cargado de dinero—intervino Billy.
—Lo que a mí me preocupa es cómo consiguió esa fortuna.
—Hay mafiosos mucho peores al cargo de gran­des empresas por todo el mundo—dijo él—. En lo que se refiere a negocios, él convierte en oro todo lo que toca. Al menos, es honesto y nunca ha engaña­do a nadie. Respeta a los ciudadanos mayores.
—Igual que la mafia japonesa—le contestó Tish.
Billy lanzó las manos al aire.
—Contigo todo es o blanco o negro.
—Yo me voy a la cama—se despidió Miley —. Os dejo para que sigáis discutiendo tranquilamente—les dijo con una sonrisa.
—Sí, es lo mejor.
Miley  salió del salón y cerró la puerta. No creía lo que habían dicho de Nick. Si fuera una mala per­sona, ella se habría dado cuenta, habría notado algo. Y todo lo contrario. Se había portado con amabili­dad con ella, incluso con cariño. Y se atraían. ¿Qué tenía de malo pasar un tiempo con él?
Le preocupaba lo que Tish pudiera decir; sin embargo, ella era una mujer adulta y tenía que to­mar sus propias decisiones con respecto a las perso­nas.
Entonces, recordó lo que Nick le había dicho sobre que no creyera todo lo que escuchara sobre él y que esperara a conocerlo mejor. Y eso era lo que iba a hacer.
Era demasiado difícil mantenerse alejada de él; le gustaba demasiado. No podía dejar de pensar en él e iba a acompañarlo a ver la torre del pirata Barba Negra; aunque tuviera que esconderse.
Siempre había sido una chica muy sensata; pero desde que Nick la había tocado, se había conver­tido en una mujer diferente. Nunca había entendido por qué las mujeres dejaban a un lado sus principios y se acostaban con un hombre antes de estar casa­das. Pero ahora estaba empezando a entender que, a veces, la atracción física era más fuerte que la pru­dencia. Él había encendido su cuerpo como nunca lo había hecho nadie antes. Apenas podía aguantar la sábana sobre ella de lo excitada que estaba sólo por los recuerdos: el cuerpo de Nick cerca del suyo, sus manos en su espalda, su boca sobre la de ella, hambrienta. Dejó escapar un gemido. Era peligroso volver a verlo porque lo deseaba demasiado. Sabía que si él quería, ella no iba a poder resistirse. Sentía mucha curiosidad por el sexo. Su madre nunca ha­bía hablado con ella del tema; pero ella tenía amigos que le habían contado cosas sorprendentes sobre las relaciones entre un hombre y una mujer. Pensó en Nick en ese sentido y sintió que el cuerpo le dolía por el deseo.
Iba a salir con él las veces que él se lo pidiera. Había vivido toda su vida encerrada en una burbuja, haciendo lo que querían que hiciera. Ahora tenía veintitrés años y sentía que se estaba enamorando de aquel hombre grande y elegante, y peligroso. Por primera vez, iba a hacer lo que quería, sin importar­le las consecuencias. No iba a pasar el resto de la vida sola sin un solo recuerdo que le alegrara la ve­jez.
Y si tenía que desobedecer a Tish, lo haría. Des­pués de todo, era su vida.


A la mañana siguiente, Miley  se despertó como si no hubiera pegado ojo. Preocupada porque tendría que mentir a Tish si quería volver a ver a Nick y eso no le gustaba. Nunca había hecho nada así. Tish la quería, se había sacrificado por ella e, incluso, se había preocupado más por ella de lo que su madre lo había hecho jamás. Para ser sincera, quería mucho más a Tish de lo que nunca había querido a su ma­dre.
Pero la alternativa era olvidarse de Nick. Sólo de pensarlo se le encogía el corazón. Aquella nece­sidad imperiosa de estar con él, de abrazarlo, de be­sarlo era abrumadora.
A media mañana, Billy recibió una llamada ur­gente de su negocio. La sede estaba en Nueva York; pero estaban construyendo un hotel en Miami y había surgido un problema con el constructor del hotel. El hombre se había marchado con todo su equipo des­pués de una discusión con uno de los vicepresidentes de Billy. Billy tenía que ir urgentemente para so­lucionar el problema y Tish, encargada de la decora­ción, tendría que acompañarle.
—No me gusta nada tener que dejarte aquí sola—dijo Tish preocupada—. ¿Quieres venir con no­sotros?
Miley  pensó con rapidez.
—Preferiría quedarme si no te importa—dijo—. Me apetece mucho ir a tomar el sol a la playa.
—¿Seguro que estarás bien?—insistió Tish.
—Ya es toda una mujer—intervino Billy—, y tú sólo eres su hermana, no su madre.
Tish se puso colorada.
—¿Y Liam?
—Liam también va a estar en Miami toda la se­mana—murmuró él, buscando su cartera—. No sa­bía que también tuviera negocios allí—añadió con una sonrisa extraña.
—Mira—dijo Miley —. Eso resuelve el proble­ma­
—¿No irás a salir con Jonas?—preguntó su hermana.
Ella logró mirarla fingiendo sorpresa
—Mírame. ¿De verdad crees que una persona tan rica como dice Billy que es se fijaría en una chica tan sosa como yo?
—¡Tú no eres sosa!—se quejó Tish—. Si te pu­sieras la ropa que te hemos comprado y un poco de maquillaje estarías como un tren. Todavía no te has puesto nada de lo que te compramos.
—Me pondré la ropa nueva, te lo prometo—dijo Miley  en tono conciliador.
—Dejad de charlar ya o perderemos el avión—intervino Billy.
—De acuerdo—dijo Tish mientras le daba un abrazo a Miley —. No le abras la puerta a ningún desconocido mientras estemos fuera—comenzó a decir mientras Billy abría la puerta—, y no salgas sola por la noche.
Billy la agarró de la mano y tiró de ella.
—Y no aceptes ningún caramelo de desconoci­dos—añadió él alegremente—. No te adentres en el océano y no traigas ningún perro extraviado a casa. Ella se rió.
—No lo haré. Lo prometo.
—Te quiero.
—Yo también—dijo ella mientras se cerraba la puerta.

1 comentario:

  1. jajajaja estubo super bueno e interesante me dan ganas de adentrarme en esa nove y vivirla como miley ta muy buena y te mereces un exelente diez por lo gran escritora q sosss t felicito!!!!!!!! cande

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..