domingo, 27 de febrero de 2011

Novela Niley 09 - Cerca del Paraiso


Miley  se probó tres trajes nuevos de los que su hermana le había comprado antes de decidirse por una sencilla falda de color crema, anudada con un lazo al costado. Para arriba eligió una blusa del mis­mo tono con el escote en pico. El resultado era muy elegante, sobre todo con la cintura tan estrecha que tenía ella.
Estaba muy nerviosa y cuando sonó el teléfono no pudo evitar dar un salto. Corrió a contestar.—¿Sí?—dijo rápidamente.
—Estoy en el hall—respondió él.—Enseguida bajo.
Corrió hacia la puerta, pero tuvo que pararse por­que se dio cuenta de que no llevaba los zapatos y que había olvidado el bolso. Con una risita volvió a su cuarto para calzarse y agarrar el bolso.
Ocho minutos más tarde, llegó al lujoso hall del hotel, después de esperar al ascensor durante cinco minutos.
Salió del ascensor y miró a su alrededor con preo­cupación, buscando a Nick. Y allí estaba él, apo­yado en la pared de enfrente, al lado de los otros as­censores. Relajado, elegante y con una gran sonrisa.
Llevaba una camisa verde con unos pantalones marrones. Se le veía grande y sexy.
Él también la observó a ella. Sus ojos oscuros re­corrieron su esbelta figura y se deleitó con su mele­na rubia llena de ondas que le llegaba hasta la cintu­ra.
Su sonrisa era cálida y ella se dirigió hacia él. Casi se choca con otro cliente que se cruzó en su ca­mino y al que no vio.
—Hola—dijo ella con voz ronca.
—Hola—respondió él con una voz profunda y suave—. ¿Estás lista?
Ella pensó en los riesgos que estaba corriendo, el peligro que podía haber en aquello, la furia que Tish iba a sentir. Pero nada importaba, sólo aquella mirada de aquellos ojos chocolates Dejó atrás la pru­dencia y la razón.
—Estoy lista—le contestó.

NICK apenas podía creer que aquélla fuera la misma chica conservadora que ha­bía conocido la noche anterior. Estaba fas­cinante con aquel conjunto y con el pelo suelto. Se había tenido que pensar dos veces lo de implicarla en el asunto; pero no había tenido elección. Había tenido la gran suerte de que Liam la llevara con él al encuentro que nunca tuvo lugar. Era la cuñada de Billy y eso le ofrecía una conexión con el contac­to que tanto necesitaba. La única pega iba a ser la hermana, que no iba a permitir que ella saliera con un gángster.
Era sorprendente; de todas las mujeres que había conocido, y había conocido a muchas y muy guapas, la que más le interesaba era ella. No era su estilo sentirse atraído por una chica de pueblo como Miley ; no tenía nada que ver con él. Después estaba el asunto de su pasado. Ella no tenía ni idea de quién era; de hecho, pensaba que era el encargado de la seguridad del casino. No era justo dejarle pensar eso, pero no iba a decirle la verdad. No parecía el tipo de mujer que se sintiera cómoda con un gángs­ter, aunque ahora estuviera reformado. Y necesitaba pasar algún tiempo con ella, al menos unas semanas.
La agarró de la mano y entrelazó los dedos ner­viosos de ella con los suyos. Una corriente eléctrica lo recorrió. Ella contuvo el aliento ostensiblemente, pestañeó y entonces él se dio cuenta de que había sentido lo mismo.
—No pongas esa cara—dijo él con voz profun­da, acercándose a ella—. Yo también lo he sentido.
—No he dormido nada—dijo ella, atragantada.
—Yo tampoco—respondió él. Estudió su tez perfecta y el ligero rubor de sus mejillas que delata­ba su torbellino interior.
—¿Dónde está tu hermana?
—Ha ido a Miami con Billy. Hay algún pro­blema. Liam también se ha ido—añadió sin aliento.
—¿A Miami?—preguntó él pensativo.
—Sí. Billy dijo que no sabía que tuviera allí negocios.
Pareció que Nick se alejaba un momento; pero enseguida pestañeó y la miró con una sonrisa.
—He planeado hacer un montón de cosas hoy_ Vamos.
—De acuerdo—dijo ella con suavidad.
Él no le había preguntado nada y ella no iba a decirle lo que Tish opinaba. Iba a fingir que no había complicaciones y que no sabía quién era. Iba a disfrutar del día, pues quizá fuera el único que pasa­ra con él y no lo iba a malgastar preocupándose.
Salieron por la puerta con las manos entrelaza­das. Afuera no estaba Big Rob con la limusina; sólo había un taxi.
—No quería levantar sospechas en caso de que tu hermana te hubiera dicho algo sobre mí.
—¿Qué podría haberme dicho?—preguntó ella, fingiendo inocencia.
La expresión de él no tenía precio. Parecía ali­viado.
—¿Qué le contaste tú?
—Que Liam me asaltó y que el jefe de seguridad me salvó.
Nick se dirigió hacia el taxista.
—Llévanos al Bow Tie, John—le dijo al con­ductor.
—¿Va de incógnito, señor Jonas?
—Eso es. Te daré un plus si consigues que pase­mos desapercibidos.
—No sé quién es usted.
Jonas se rió.
—Ésa es la idea.
—¿Por qué te pregunta que si vas de incógnito?—No importa—respondió él—. He pensado que podíamos comer antes de salir, ¿qué te parece?—Genial—respondió ella.
Él se sintió culpable durante unos instantes por la mentira. No quería hacerle daño. pero le ofrecía una conexión que necesitaba urgentemente. Aparte de eso, le atraía enormemente. Era una chica dulce y él la iba a mimar un poco para que no saliera per­diendo con ese asunto. Ni siquiera tenía que saber quién era él, al menos de momento.
Pasaron por encima del puente hacia Isla Paradi­se y a la luz del día ella pudo ver la cantidad de bar­cos que había en el puerto deportivo. Había botes pequeños. yates, y barcos que transportaban pasaje­ros de Nassau a la isla.
—¡Mira cuántos barcos!—exclamó ella, miran­do por la ventanilla—. ¡Hay uno con velas negras!
—Debe de ser de algún pirata, ¿no crees?—bro­meó él.
Ella giró la cabeza y lo miró directamente a los ojos. Podía sentir su calor y su poderosa masculini­dad a su lado y todo su cuerpo se puso en tensión con sed de él.
Él lo notó, lo disfrutó y lo saboreó. Ella no podía ocultarle nada y eso era un placer; como sentir el roce de su hombro contra su pecho. Sus ojos se os­curecieron y se apartó bruscamente. Aquél no era el lugar, se dijo a sí mismo. Aunque estuviera lo sufi­cientemente loco como para acercarse a ella, no po­día ser allí.
El casino parecía diferente a la luz del día, pensó ella al bajarse del coche. Mientras Nick pagaba al taxista, ella se dirigió hacia una planta y tocó las ho­jas rojas de la flor con delicadeza. Le encantaban las flores.
—¿Te gustan?—le preguntó él mientras arranca­ba una para ponérsela en el pelo.
—Sí—dijo ella con una sonrisa—. Gracias.
—Te queda bien.
Ella se rió.
—No soy bonita pero haces que me sienta como si lo fuera. Aunque eso te parecerá una tontería.
Él meneó la cabeza. Buscó sus ojos verdes y la miró fijamente. Ella se puso colorada y él sonrió. Le sorprendía que lo encontrara atractivo, que reaccio­nara con tanto deseo.
Sólo tenía veintitrés años, pero seguro que ya ha­bría tenido alguna experiencia. Le intrigaba saber cuánta; pero no podía arriesgarse. Ella encajaba a la perfección en sus planes y tenía que tenerla a su lado.
Volvió a agarrarla de la mano.
—Vamos. Quiero enseñarte mi casa.
—¿No vives en el hotel?—le preguntó ella.
—El jefe tiene un apartamento allí—le dijo él—, pero a mí me gusta tener mi propio espacio.
Giraron alrededor del hotel hacia una verja de hierro. Él la abrió y la invitó a pasar.

chicas les acabo de dejar esta pequeña maraton porque durante la semana no voy a poder subir.... entro a semana de examenes y estan dificil.... 
las quiero chicas...
chaup....

4 comentarios:

  1. me encantaaaa sis jejeje espero que te vaya muy bien esta semana sobretodo con examenes =O jejeje se lo que es eso yo la tengo la proxima semana jejejeje bye!!

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  2. meee encaaantoo
    ame el maratonn
    y espero que ta vaya bien
    con tus examenes

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  3. wau te juro q me re encanto...
    un beso y cuidat :D
    ha!!! y segila plis no t tardes y tambien q en tu examenes te vallan super bien :)

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..