viernes, 18 de febrero de 2011

Novela Jemi 02 - Desnuda en sus brazos


Volvió al aeropuerto con el BMW negro, lo dejó en el local de alquiler y reservó una plaza en el avión a Nueva York.
Cualquier cosa mejor que pasar unas horas más respirando el aire de una ciudad donde los políticos besaban a los bebés mientras las agencias que ellos mismos patrocinaban urdían asesinatos llevados a cabo por hombres fríos que vivían en la sombra.
Sabía que pasaba lo mismo en muchos otros países del mundo, pero no por eso le costaba menos aceptarlo.
Tenía casi una hora para matar el tiempo, de modo que se sentó en la sala de embarque de primera clase. Una de las azafatas le sirvió un bourbon doble. Una morena que estaba sentada en frente levantó la vista de su ejemplar de Vanity Fair, la bajó de nuevo y al instante la alzó otra vez.
Su sonrisa habría sido el orgullo de cualquier dentista.
De algún modo, la minifalda de su traje de Armani se le subió un par de centímetros más. A Joseph no le importó. La señorita tenía unas piernas estupendas.
Pensándolo bien, lo tenía bien todo. Cuando le sonrió por segunda vez, él agarró la copa, cruzó la sala y se sentó a su lado. Pasado un rato sabía ya muchas cosas de ella. En realidad sabía todo lo que a un hombre le hacía falta saber, incluido que vivía en Austin. No demasiado lejos de Dallas.
Y desde luego que tenía interés.
Pero aunque él continuaba sonriendo, repentinamente se dio cuenta que no sonreía de verdad. Tal vez fuera por esa reunión con el director, o por estar de vuelta en Washington D.C. El estar allí le había despertado muchos recuerdos, la mayoría no deseados, sobre todo el recuerdo de lo joven e inocente que había sido cuando había hecho el juramento en la Agencia.
Nadie le había dicho que palabras como «servir» y «honor» podrían corromperle y robarle el alma a un hombre.
Su obligación con la Agencia había terminado el día en que lo había dejado. Además, por lo que había dicho Shaw, eso no tenía nada que ver con defender ni con servir al país.
Tenía que ver con una familia mañosa y un testigo. Un testigo cuya vida corría peligro.
La morena se inclinó hacia él, le dijo algo y sonrió. Joseph no oyó ni palabra de lo que le había dicho, pero le devolvió la sonrisa.
Shaw no era dado a la exageración. Utilizaba palabras como las que había utilizado sólo cuando respondían a la verdad.
Maldita sea, debería haber escuchado a Nick y a Kev. Habían cenado juntos en casa de su padre. Las cosas habían cambiado en su relación con su padre. No era perfecta, pero mucho mejor que cuando habían sido pequeños. Lo único que había hecho falta para conseguirlo, Joseph recordaba con pesar, había sido que Kev hubiera estado a punto de morir y que Nick se hubiera visto implicado en un tiroteo.
Sus cuñadas habían pasado a la cocina para preparar café y los postres. Sus hermanos y él habían pasado un rato gastándose bromas, incluso su padre había participado de la conversación, y entonces Joseph había mencionado de pasada que el director lo había llamado.
—Quiere que tome un vuelo mañana.
Nick se echó a reír.
—Debe de estar loco si cree que vas a ir.
—¿Le has dicho lo que puede hacer con su petición? —dijo Kev.
Joseph vaciló un poco.
—Tengo que reconocer que siento curiosidad.
—Al diablo con la curiosidad —había dicho Nick de modo tajante—. No sé lo que quiere Shaw de ti, pero me juego el cuello a que no es nada bueno.
Más tarde, su padre le había llevado aparte. Durante la conversación había estado callado, tan callado que a Joseph casi se le había olvidado que estaba allí.
—Nunca hablas de tus años en la Agencia —dijo Paul en voz baja—, lo cual me hace sospechar que no todo fue agradable. Pero debiste de creer en ello, hijo, porque de otro modo jamás habrías hecho el juramento que te hizo ser parte de ello.
Era cierto. Había creído en ello; en el juramento que había hecho de servir y respetar a su nación…
Maldición. Una promesa era una promesa.
Se puso de pie antes de acordarse de la morena. Caramba, la había ignorado totalmente. Ver una sonrisa fija en sus labios le hizo encogerse de vergüenza.
—Lo siento —dijo, y se aclaró la voz—. Yo, esto, he cambiado de planes. Voy a quedarme en Washington D.C. Negocios, ya sabes.
—Bueno, llámame —dijo ella con alegría—. Cuando tengas oportunidad.
Él sonrió, dijo todas las cosas que tenía que decir; pero sabía que no iba a llamarla, estaba seguro de ello, y ella también lo sabía.
Aparcó en el mismo espacio. Cruzó las mismas puertas de cristal ahumado, el mismo dispositivo de seguridad; subió por el mismo ascensor; pegó el pulgar al mismo teclado y dejó que el mismo dispositivo impersonal le escaneara la pupila.
Minutos después, estaba dentro del despacho del director.

—Vamos a dejar algo muy claro —dijo en tono frío—. Si llevo a cabo esta última misión, no volverá a ponerse en contacto conmigo.
Shaw asintió.
—Trabajo solo.
—Sé que lo preferirías, pero…
—Trabajo solo —repitió Joseph en tono de advertencia— o bien no trabajo.
Shaw apretó los labios, pero no protestó.
—Y tengo carta blanca. Haré lo que haga falta para proteger a este testigo sin interferencias ni suposiciones de ninguna clase por parte de usted o cualquier otra persona.
Shaw asintió de nuevo.
—Hecho.
—Cuénteme lo básico.
—El testigo vive en Nueva York.
—¿Casado? ¿Soltero? ¿Cuántos años tiene?
—Soltera. Unos veintitantos. Es una mujer.
Una mujer. Eso sólo complicaría las cosas. Las mujeres eran más difíciles de manejar. Eran emocionales, se dejaban regir por las hormonas…
—¿Y cuál es la relación de la testigo con los Gennaro?
Shaw sonrió con frialdad. —Era la amante de Tony Gennaro.
No era de extrañar que fuera importante para los federales. Y hostil. Esa señorita en particular sabría muchas cosas, incluido lo cruel que podría ser Tony Gennaro.
El director le pasó a Joseph un pequeño sobre de papel manila.
—Es lo único que tenemos.
Joseph abrió una carpeta y sacó una foto. Gennaro tenía buen gusto para las mujeres. Un gusto excelente.
—Se llama Demi Lovato —dijo Shaw—. Ha vivido con Gennaro hasta hace poco —sonrió con aquel mismo gesto frío—. Trabajaba para él.
Joseph dio la vuelta a la fotografía. Todos los detalles estaban allí anotados. El nombre, la fecha de nacimiento, la última dirección conocida. Color del pelo: castaño. Color de ojos: marrón. Y sin embargo la foto le decía que las palabras no tenían sentido.
El cabello de Demi Lovato era del color de las castañas maduras; sus ojos estaban moteados de dorado, y los labios eran de un tierno rosado.
Tenía un aspecto al que sólo se le podía llamar delicado, frágil incluso. El sabía que sólo era eso, una imagen, pero un canalla como Gennaro se sentiría atraído por ese aspecto como las moscas a la miel.
Alzó la vista. Shaw lo observaba con una sonrisa en sus finos labios.
—Una mujer muy bella, ¿no le parece?
—Ha dicho que era la amante de Gennaro —dijo Joseph, ignorando el comentario—. Ahora dice que trabajaba para él. ¿Con cuál de las dos cosas me quedo?
—Con las dos —la sonrisa se ladeó un poco—. Empezó trabajando para él; después Gennaro tomó un interés más personal en ella.
—¿Y ahora va a testificar contra él? —Joseph miró de nuevo la foto—. ¿Por qué?
—Porque es su deber como civil.
—Déjese de bobadas, Shaw. ¿Por qué ha accedido a testificar?
El director se retiró una pelusilla de la solapa de su americana gris marengo.
—Tal vez la idea de ir a la cárcel no le parezca muy atractiva a la señorita.
—La prisión federal no es agradable, pero es mucho más segura que ponerse en contra de la familia Gennaro.
Shaw seguía sonriendo, pero la sonrisa no alcanzaba a sus ojos.
—Tal vez alguien le haya dicho que tal vez no fuera a una prisión federal. Que el estado de Nueva York podría acusarla de traición si no coopera.
—¿Ha cometido traición?
—Cualquier cosa es posible, Joseph. Sin duda eso lo sabes.
Sí. Por supuesto que sí. Lo sabía. Y lo cierto era que no importaba. En el oscuro mundo de la Agencia, el final siempre justificaba los medios.
—¿Qué más?
Por primera vez, el director parecía incómodo.
—Tal vez haya subestimado su hostilidad.
—¿Qué quiere decir?
—Ella no es sólo una testigo hostil, es hostil a aceptar la protección del gobierno. Tal vez, bueno, tal vez proteste.
Joseph entrecerró los ojos.
—¿Y si lo hace?
—Si lo hace, su tarea es hacerle cambiar de opinión. De modo que sea. ¿Lo entiende?
Joseph sabía por qué se había implicado a la Agencia en ese asunto. Los federales no harían nada que oliera a subterfugio o, peor aún, a coacción. La Agencia sí. Él sí. Incluso en el presente, con sus hermanos en su empresa, hacía cosas que a veces rayaban la ilegalidad.
—Bien —dijo Shaw con brío—, pasemos a los detalles. Vas a tomar el vuelo del mediodía a Nueva York. Tendrás un coche a tu nombre esperándote en Hertz, y una reserva en el Marriott el…
—Dile a tu secretaria que no necesito nada de eso.
—No creo que me esté entendiendo, Jonas. Ésta es nuestra operación.
—No creo que me éste usted entendiendo a mí, Shaw —Joseph dio un paso hacia delante, hasta que los hombres estuvieron a tan sólo unos centímetros el uno del otro—. Voy a dirigir esto a mi manera. No quiero nada de ustedes ni de esta oficina, al menos hasta que yo lo pida. ¿Lo ha entendido?
Se produjo un largo silencio. Finalmente, el director asintió.
—Sí —dijo con gesto tirante—. Lo he entendido perfectamente.
Por primera vez Joseph sonrió.
—Bien.
Entonces se dio la vuelta y salió del despacho.


2 comentarios:

  1. me encanto ya quiero que salga Demi jeje sube pronto!! =D =D

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  2. aaahhh!!
    lo ameee espero pron tooo la
    aparicion de demiii

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..