lunes, 7 de marzo de 2011

Novela Niley 10 - Cerca del Paraiso


Había una gran extensión de césped, arbustos llenos de flores y árboles. Más allá, una casa blanca de tejado rojo y la playa­
—¡Caramba!—exclamó ella mientras se acerca­ban.
—Me imaginé que te iba a gustar. A mí también me gustan mucho las plantas. Detrás de la casa ten­go un invernadero.
—El paisaje es inmejorable.
—Estoy de acuerdo contigo. Además, aporta tranquilidad. Aquí uno se puede relajar.
—Me imagino que eso te vendrá muy bien con el trabajo que tienes.
—¿Eh?
—La seguridad—le aclaró ella.
Él sonrió. Ya se había olvidado de su papel.
—Es verdad. Necesito un lugar que haga que me olvide del trabajo.
La invitó al interior de la preciosa casa, a través de suelos de mármol. Ella tuvo que hacer un esfuer­zo para no quitarse los zapatos para sentir la piedra con los pies descalzos.
—No veo ningún aparato de televisión—dijo ella mirando a su alrededor.
—Lo tengo en una habitación con el resto del equipo de seguridad. Big Rob también tiene una en su cuarto.
—¿Big Rob vive contigo?
—Big Rob cuida de la casa por... esto... por el jefe. Igual que yo cuando tengo guardia.
Ella sabía que era su casa, pero no le dijo nada. Miró a su alrededor admirándolo todo.
—Debe de ser una maravilla vivir al lado del océano.
—Es un poco agobiante en la temporada de los huracanes.
—¿Y cuándo es eso?
—Desde mediados de mayo hasta finales de sep­tiembre.
Ella contuvo el aliento.
—¡Pero si estamos en agosto!
Él se rió por su expresión.
—No te preocupes, no tenemos tantos.
—¿Se inunda la casa?
—Ya ha sucedido—le contestó—. Una vez tuve... ejem...—tosió para disimular—. El jefe tuvo que reconstruirla. Pero la mayoría de las veces basta con sacar el agua y reparar los daños.
Ella lo escuchaba con curiosidad.
—La verdad es que no sé muchas cosas del mun­do porque no he viajado mucho.
—No pasa nada—la tranquilizó él. Después añadió en tono de broma—: Quédate a mi lado y yo te lo enseñaré.
Ella se rió encantada.
—¡Qué genial!
Él tiró de ella.
—Tú sí que eres genial. Ven, te enseñaré el resto y después te llevaré a la torre.
Él le enseñó el dormitorio principal, con muebles de madera maciza, alfombras lujosas y cortinas en tonos tierra. La habitación tenía un cuarto de baño completo con un jacuzzi y un tocador. Las otras dos habitaciones eran parecidas, aunque más pequeñas. También había una habitación para la colada.
—No la utilizo—le dijo con una sonrisa—. Te­nemos una señora, Lucy, que viene a cocinar cada día y dos veces a la semana nos hace la colada, a Big Rob y a mí.
Después la llevó a la cochera.
Ella no pudo evitar abrir la boca.
Dentro del garaje había cinco coches. Uno era la limusina y había otros cuatro que ella no reconoció.
Bueno, el Jaguar plateado sí. Los otros eran raros y nunca los había visto.
—Vamos a utilizar éste—indicó dirigiéndose hacia un deportivo rojo.
—¡Qué bonito!—exclamó ella.
Él se imaginó que nunca habría oído hablar de la marca Alfa Romeo por lo que no quiso avergonzarla.—Sí. lo es. ¿Vamos a ver la torre? Ella asintió.
Se montaron en el coche y salieron al exterior.—Agárrate fuerte—le dijo y salió disparado.


Una vez estuvieron en la carretera, ella empezó a relajarse. El viento le alborotaba el pelo y la sensa­ción era magnífica.
—¿Quieres ponerte algo en el pelo?—le pregun­tó él.
Ella negó con la cabeza.
—Me encanta sentir el viento.
Él se rió.
—A mí también.
Dejaron atrás pequeñas casas de campo pintadas en tonos pastel. playas llenas de gente... El paisaje era colorido y brillante. Nick se desvió hacia una isla desierta de la que salía un pequeño sendero que conducía hacia un edificio en ruinas.
—Ya hemos llegado.
—¿Ésta es la torre?—preguntó ella, sorprendi­da.
—La misma. La mayoría de los turistas no saben que está aquí porque no viene en los mapas. Nadie puede demostrar que sea la torre del pirata: pero la leyenda dice que sí lo es.
—¡Un pirata de verdad! ¡Qué emocionante! ¿Te gustan los piratas?
Él se encogió de hombros.
—Son de mi estilo—le comentó él mirándola tranquilamente.
A Miley  le dolían los dedos de las ganas que te­nía de tocarlo estaba nerviosa. Él tenía un aspecto formidable.
—¿Y a ti?
Ella sonrió.
—Los que están fuera de la ley son interesantes—le dijo ella, pensando en él.
—Y peligrosos.
Ella lo miró a la barbilla, donde tenía un hoyue­lo.
—La vida es aburrida sin un poco de emoción.
—El Caribe estaba lleno de piratas—le señaló él mientras se dirigía hacia la entrada. Ella lo siguió escaleras arriba. Algunos de ellos se convirtieron en personas muy respetables.
—¡Qué interesante!
Él dio un paso al frente y le tocó el pelo.
—Me encanta tu pelo. Me fascina el pelo largo.—Me lo imaginaba. Por eso me lo he dejado suelto—dijo ella sin tapujos.
—¿Por mí?
—Sí—asintió ella y él dejó escapar una carcaja­da.
—¿Es que no sabes mentir?
—Es una pérdida de tiempo—dijo con toda na­turalidad—. Y complica las cosas.
Él no se atrevía a mirarla a los ojos. Dejó caer la mano.
—Sí, lo complica todo.
En ese momento llegó un autobús cargado de tu­ristas.
—¡Vaya! Parece que ya la han descubierto—le dijo él con la misma sonrisa, pero ya no había sen­sualidad en su voz—. Será mejor que nos vayamos.
Ella lo siguió escaleras abajo. Salieron justo cuando un guía seguido de seis turistas se dirigían hacia la torre.
Una de las mujeres era joven, rubia, sofisticada e iba cargada de joyas. Le dedicó a Nick una mira­da seductora, pero él la ignoró por completo. Entre­lazó sus dedos con los de Miley  y saludó al guía.
Miley  sintió curiosidad por su falta de interés.
Él notó su curiosidad.
—Un coche así atrae a muchas mujeres. Aunque éste no sea mío—aclaró para poder seguir con su papel—. No me gusta ese tipo de mujeres. ¿Tienes hambre?
—Sí.
—Pues vamos a comer. Lucy nos ha preparado una ensalada de mariscos y nos ha cortado unos cuantos mangos.
Nick miró a Miley . Llevaba los ojos cerrados, disfrutando del viento. Hacía años que no conducía cuando salía con una mujer. Cuando quería impre­sionar, lo que últimamente no solía suceder, con la limusina tenía suficiente.
Pero se había imaginado que Miley  no distingui­ría un coche deportivo de importación de un modelo estadounidense y no se había equivocado. Era tan sincera, tan natural, que hacía que se sintiera como un completo fraude.
Se dirigió hacia la entrada de la casa. Al llegar junto a la verja, pulsó un botón de dentro del coche y la puerta se abrió.
Ella lo miró sorprendida.
—¿Cómo lo has hecho?
—Ha sido magia.
Ella se rió divertida.
—Tu jefe debe de tenerte muy bien considerado para dejarte vivir en un lugar tan espectacular.—¿Te gusta?
—¿Que si me gusta?—preguntó ella en un susu­rro mientras él paraba el coche en el garaje—. Es precioso.
Otras mujeres a las que había invitado habían utilizado otros adjetivos: aburrido, pequeño, soso, alejado... De lo que se deducía que lo odiaban. A él le encantaba aquel sitio: especialmente el jardín. donde pasaba muchas horas trabajando.
—Debes de ser un jardinero excepcional—mur­muró ella mientras caminaban por el patio de piedra hacia el porche—. Nunca había visto tantas flores. Son preciosas.
—Gracias. A mí también me gustan mucho. Entraron en la casa y él la condujo hacia la coci­na.
—También hay tarta de limón—le informó mientras miraba en el interior del frigorífico.—¡Vaya! Es mi favorita.
Él se giró hacia ella.
—La mía también.
Comieron en la terraza y disfrutaron de una se­gunda taza de café. Después se fueron a dar un pa­seo por el jardín. Más allá estaba la playa con su arena blanca y las aguas turquesas del Atlántico.
El cielo estaba cuajado de nubes que se acerca­ban a toda velocidad. Hasta hacía un rato, había bri­llado un sol espléndido, pero una tormenta se acer­caba a toda velocidad.
—¿Te gustan las tormentas?—le preguntó ella con naturalidad mientras se apoyaba en el tronco de una palmera.
—Sí ¿Y a ti?
—Debería tenerles miedo porque los rayos me aterrorizan, pero me encantan. Me gusta el sonido del viento y de la lluvia. No sé por qué, pero la llu­via hace que me sienta segura.
Él la estaba mirando con creciente interés. La re­corrió con sus ojos negros. Su delicada figura con aquel conjunto de tela vaporosa era demasiado atractiva y él se preguntó qué aspecto tendría sin nada.
Como por respuesta a sus imágenes mentales, el cielo se abrió y comenzó a llover a raudales.
Miley  abrió la boca sorprendida mientras la lluvia calaba su blusa y su falda y le empapaba el pelo.


gracias sarita por tus palabras
:-)
te dedico este capi......
wiiii imaginence que pasara despues...
jejejejeje

5 comentarios:

  1. aawwww me encaantoo
    el capiii supeer
    megaa liindooo

    y graxias por el capiiii
    me encaantoo
    y no tienes nada que agradecer creo que es la verdad

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  2. Me encantoo♥
    Pon ya el proximoo♥

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  3. hoo!! x dios esta muy bueno no puedo esperar para leer el siguiente cap.... siguela prontito si??? un beso enorme...tkmmm :D xoxoxo

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  4. No no puedo imaginarmelo jejejejeje pero ya evitame el tener que utilizar la imaginacion e inventarme muchas teorias y sube prontoooo!!!

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..