martes, 8 de marzo de 2011

Novela Niley 11 - Cerca del Paraiso


Entre risas, Nick la agarró de la mano y la lle­vó de vuelta hacia la casa, bajo la protección del te­jado del porche del patio. Allí de pie, Nick volvió a recorrerla con la mirada. En aquella ocasión sus ojos la miraban con más intensidad, con una expre­sión que ella no podía descifrar.
Al ir a sacudirse el agua de la falda, entendió perfectamente el porqué de aquella mirada: su ropa se había vuelto totalmente transparente. Era como si estuviera desnuda.
Ella intentó taparse con las manos. Enseguida, Nick la arrinconó contra la pared y la agarró por las muñecas mientras con la rodilla le separaba las piernas. Sus ojos estaban en sus senos.
De manera instintiva, ella empezó a forcejear.
—No voy a hacerte daño—le susurró él, mirán­dola a los ojos—. No voy a obligarte a nada, confía en mí.
Ella se puso colorada y él volvió a mirar hacia abajo. Lentamente, bajó sus labios hacia los de ella mientras el viento soplaba con fuerza a su alrededor.
—Tus pechos son increíbles—le dijo con voz ronca—. Sólo mirarlos me hace daño. Y tienes la boca más seductora que he visto jamás—le dijo contra sus labios.
Le acarició la boca lentamente. deleitándose con la lengua, mordisqueando sus labios. Su mente le decía que iba demasiado rápido, pero no podía pa­rar.
Tampoco Miley . Lanzó la prudencia al viento y se agarró a su cuello. Después, abrió la boca para saborear aquel beso.

LA ardiente respuesta de su cuerpo la pilló por sorpresa y la hizo temblar de miedo. Estaba asustada porque ella nunca había llegado muy lejos con los chicos con los que había salido. Estaba claro que Nick era un hombre con experiencia y que sabía cómo seducir a una mujer.
Apretó su cuerpo grande contra el de ella con un movimiento suave y sensual que la hizo temblar con nuevas sensaciones. Con la rodilla le separó las piernas para encajar entre ellas y la agarró por los muslos para hacer coincidir sus caderas.
Ella contuvo la respiración al sentir una explo­sión placentera.
—¿Qué te pasa?—preguntó él con la voz ronca y los ojos incendiados.
Ella estaba hundida en un abismo y no sabía cómo explicarle lo que sentía. Parecía que él pensa­ba que tenía mucha más experiencia de la que en rea­lidad tenía.
—¿Voy muy rápido?—le susurró él, mordisqueán­dole los labios—. Iré más despacio—le aseguró mien­tras la volvía a dejar en el suelo—. ¿Así mejor?—pre­guntó sin dejar de moverse contra ella.
¿Mejor? Aquel movimiento sensual era una tor­tura que pensó que no podría aguantar. Entonces, las grandes manos de él empezaron a acariciarle alrede­dor de los pechos, sin tocarlos.
A ella le temblaban las piernas y se aferraba a sus hombros para no caerse. Se sentía mareada con las sensaciones que le producían sus largos dedos; le parecía que le estaba haciendo magia. El deseo cre­cía y, sin embargo no encontraba satisfacción.
Se echó un poco para atrás y le agarró las manos para acercárselas tímidamente a los pechos. Él la miró con curiosidad.
—¿Te da vergüenza?—le preguntó él diverti­do—. No me lo puedo creer.
—Siempre he sido muy tímida—reconoció ella con un susurro, temblando cuando él tocó, por fin, sus pezones.
—Pero no eres nada fría, ¿verdad?—susurró contra su boca.
Después. mientras le mordisqueaba los labios, deslizó una mano por debajo de la blusa. Ella cerró los ojos y dejó escapar un gemido de placer que él capturó con la boca. Le abrió los labios y la penetró con la lengua con impulsos cada vez más profundos.
Ella sentía que su cuerpo ya no le pertenecía.
Sintió sus caderas contra las de ella, presionando con fuerza, con sensualidad. El contacto íntimo era agonizante. Las manos de él buscaron bajo su suje­tador, acariciando la piel desnuda y sedienta. Ella se dejó hacer, temblando mientras él movía rítmica­mente sus caderas contra las de ella.
—No puedo parar—gruñó él.
Ella no esperaba que parara y ni siquiera protestó cuando él la levantó y la llevó en brazos hasta su cuarto. El corazón le latía con fuerza por el deseo.
La tumbó en la cama y se tumbó junto a ella. Ella podía sentir los latidos de su corazón. Estaba temblando con pequeños impulsos salvajes de de­seo. tan excitada que no podía soportarlo.
Él se quitó la camisa y se la quitó a ella quedan­do sus torsos desnudos. piel contra piel, mientras la besaba con pasión desenfrenada.
Le quitó el resto de la ropa con manos expertas y la tiró sobre la alfombra. Ella quedó desnuda debajo de él y sólo podía pensar que sus manos eran deli­ciosas. Se movió inquieta mientras la acariciaba en lugares donde no la había tocado ningún hombre y de una manera que nunca se habría imaginado.
Él deslizó los labios por el cuello hasta su pecho. Atrapó un pezón entre sus labios y ella dejó escapar un gemido de placer. Después, cuando jugueteó con aquel botón sensible de su anatomía, tembló sintien­do que el calor crecía en aquella parte íntima de su cuerpo. Estaba ciega, sorda y muda; sólo podía sen­tir aquella sensación extraña y primitiva.
—¿Estás tomando la píldora?
—No—susurró ella, sintiéndose muy mal.
—No importa; yo tengo algo que podemos usar.
Ella habría necesitado más fuerza de voluntad de la que en realidad tenía para haberse concentra­do en lo que estaba ocurriendo. Tenía veintitrés años y ningún hombre la había deseado nunca. Y, desde luego, ella nunca había deseado a nadie, y, menos, de aquella manera tan intensa y abrumado­ra.
Una vocecita interior intentó advertirle, pero ella no la escuchó.
Él se puso de pie y se desnudó, dejando que ella mirara. Cuando se quitó la ropa interior, ella no pudo evitar abrir la boca al ver su erección. Alguna vez había visto alguna imagen de un hombre así; pero nada parecido a él.
A él le gustó su mirada cautivada y sintió que se excitaba aún más. Sacó algo de la mesilla y se lo dio a ella.
—Pónmelo.
Ella se puso colorada.
—Lo... lo siento—tartamudeó ella—. No sé... bueno... no sé cómo se pone.
Él sonrió, sin acabar de asimilar bien aquella ex­traña declaración. Le temblaban las manos. No po­día recordar haberse encontrado en aquel estado con ninguna mujer. Quizá se debía al largo periodo de abstinencia.
Logró ponerse el profiláctico en un tiempo ré­cord y la tumbó sobre la colcha.
—No... no me hagas daño—logró decir ella con voz débil.
Él sintió que ella dudaba y se sorprendió. Pero había llegado demasiado lejos como para hacer pre­guntas.
—No voy a hacerte daño, cariño—susurró—. De hecho, va a ser la hora más dulce de tu vida. Te lo prometo.
Mientras hablaba, se inclinó sobre el cuerpo de ella y acercó la boca hacia su carne suave y delicada.
Aunque ella había leído bastante, nada la había preparado para los minutos que siguieron. Estaba sorprendida, abrumada, encantada con lo que estaba sucediendo. Abrió más las piernas para facilitarle el acceso y levantó las caderas, sintiendo que se aho­gaba en el placer. Él la besó lentamente, con expe­riencia, encendiendo tal hoguera de deseo que ella suplicó que la saciara.
Él levantó la cara y observó su expresión mien­tras con los dedos la acariciaba haciéndola gemir y gritar.
Se inclinó hacia su boca y la acarició con los la­bios.
—¿Estás lista?—susurró con voz ronca—. ,Quie­res sentirme dentro de ti?
Ella gritó atormentada:
—¡Sí!
Se tumbó encima de ella y le abrió las piernas, después, con las manos debajo de sus glúteos, la le­vantó y la unió a él.
Ella abrió los ojos y le clavó las uñas cuando él empezó a moverse. El la miró sorprendido. enton­ces, se dio cuenta de lo que estaba pasando.
—Si ésta es tu primera vez, será mejor que me lo digas pronto—soltó él.
Los ojos de ella eran la viva imagen del dolor. La respuesta estaba en ellos, muy clara. El dejó escapar un suspiro.
—Está bien—susurró para animarla, respirando hondo para calmar su necesidad—. No me voy a mover más. Muévete tú. Venga, toma el control.
—No sé cómo—susurró ella desesperanzada—. Lo... lo siento mucho...
—Por el amor de Dios, no hay nada que sentir. Venga, empuja contra mí—le dijo impaciente—. No puedo contenerme mucho más. ¡Empuja!
Ella lo obedeció. arrugando el entrecejo cuando el dolor la atravesó por dentro.
—Despacio—le susurró él. Metió la mano en­tre los dos y localizó el botón que controlaba el placer de ella. Le frotó allí y como ya estaba muy sensible por las caricias anteriores, enseguida em­pezó a gemir y empujar hacia dentro, en lugar de hacia fuera.
—Hazlo otra vez, y otra... así, muy bien.
Ella sintió que el dolor disminuía y que el placer crecía bajo su toque experto.
—Buena chica. Eso es. Te voy a llevar a la cús­pide del placer y cuando caigas, me meteré dentro de ti—respiró sensualmente sobre la boca abierta de ella—. Me meteré dentro con fuerza y rápido y muy, muy dentro...
Ella gimió por el impacto de las palabras de él y sus caricias, de repente. ya no hubo tiempo. Gritó cuando el éxtasis creció dentro de ella como una ola caliente para después explotar en una sinfonía de placer.
Tembló y se convulsionó con los ojos cerrados mientras se movía al unísono con él. Mientras él empujaba con fuerza y avidez, ella podía sentir su poderosa hombría. Unas vibrantes oleadas de cáli­das sensaciones la hicieron alcanzar un estado febril cuando la respiración entrecortada de él se unió a la suya. Unas oleadas de placer comenzaron a golpear­la mientras la terrible tensión empezaba a estreme­cerla de éxtasis.
Pensó que el placer había alcanzado su cenit, pero con la dura penetración de él, su orgasmo al­canzó un nivel aún más alto y ella pensó que se iba a morir. Era casi doloroso. Gimió y gimió mientras sentía que él gruñía con aspereza y después tembla­ba contra ella. Sus movimientos, al igual que los de ella, eran involuntarios, incontenibles.
Todo era tan abrumador que lloró.
Cuando el mundo volvió a su sitio, ella todavía estaba apretada contra él, todavía con la respiración entrecortada.
—¿Lo has sentido?—susurró ella con la voz rota contra el cuello húmedo de él—. ¿Tú has senti­do lo mismo?
—Por supuesto que lo he sentido—dijo él deján­dose caer sobre ella mientras intentaba recuperar el aliento—. Nunca he estado tan excitado en mi vida. Y todavía no he terminado. ¿Me sientes dentro? Me muero de ganas de ti.
—¿De... de verdad?
El levantó la cabeza y miró en el interior de sus grandes ojos curiosos. Ojos virginales. No tenía ni idea de lo que le estaba pasando, pero ya era demasiado tarde para dar marcha atrás. Movió sus cade­ras contra ella y ella entendió lo que le quería de­cir.
—¿Puedes seguir?—le preguntó él con ternura.—Sí—contestó ella sintiendo que su cuerpo res­pondía a cada suave empuje de él. El apretó los dientes.
—No puedo parar—gruñó.
Ella levantó las manos y le acarició la cara, des­pués, deslizó los dedos entre las ondas negras de su pelo.
—No me importa—murmuró con timidez. Nun­ca se había sentido tan cerca de ningún otro ser hu­mano. Ahora, él era parte de ella. Por completo. En todos los sentidos.
—Perdóname—le dijo mientras la besaba apa­sionadamente.
Quería decirle que no había nada que perdonar, pero el calor estaba ya inundando su cuerpo. Sintió que regresaban las primeras oleadas de placer y ce­rró los ojos.
Mucho tiempo después, abrió los ojos y se dio cuenta de que se había dormido. Al mirar la piel desnuda de sus cuerpos sintió vergüenza y culpabili­dad.
Se había estado guardando para el matrimonio. Nunca se le había pasado por la cabeza que se entre­garía a un hombre al que sólo conocía desde hacía un día. Estaba horrorizada al pensar lo que había permitido que ocurriera


holap chicas gracias por su apoyo.... las quiero muchop en serio...
les doy la mas calida de las bienvenidas a las nuevas lectoras del blog...
ah y ps super feliz porque muchas hacen fotos como las que estoy poniendo en el blog y son hermosas... saludos y felicitaciones para ellas...
:-)

6 comentarios:

  1. me encantooo sube pronto cap !

    ¡gracias por comentar mi nove!

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  2. HERMOSO ME ENCANTA.....pero tambien me encanta JEMI siguela pronto.............eres genial................felciitaciones...0 )

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  3. me encantoooooo♥♥
    espero el proximo no tardes
    plissss

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  4. es un poquito tarde para arrepentirse
    jejejeje si es que...
    me encanto sube pronto el proximo!!

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  5. mee encaantoo
    tee quedooo
    geneaal
    aaww muuy liindoo

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  6. Hola! :D
    Espero que estes bien! :)
    ¿Ya estas de vacaciones?
    Perdón sé que hace mucho no comento!
    Amo tu novela y AME este capitulo!!
    Eres enserio muy talentosa, te aplaudo parada jaj :)
    ¿Que edad tienes?

    Bueno espero que sigas bien y sigue la nove pliss

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..