sábado, 26 de marzo de 2011

Novela Niley 31 - Cerca del Paraiso


A las cinco en punto, Nick llamó a la puerta de Miley, mirando a su alrededor con sospecha mientras la limusina le esperaba con el motor en marcha a la vuelta de la esquina.
Delta abrió la puerta, todavía con el vestido que llevaba cuando la vio antes.
—¡Me dijiste a las cinco y media!—protestó ella—. Todavía no me he cambiado.
—Lo sé—le dio una caja grande que llevaba bajo el brazo. Después, sacó otra caja más pequeña de una bolsa y la puso sobre la otra. Finalmente, del bolsillo de la chaqueta extrajo una cajita alar­gada y la puso sobre el lote—. Espero que te que­de bien.
—¿Cómo sabías mi talla?—preguntó ella sin sa­lir de su asombro.
—Llamé a Tish. Te recogeré a las cinco y media—le dijo y se marchó tirándole un beso.
Cuando abrió la caja se encontró con un vestido de seda negro, que le quedaba perfecto. Le caía hasta los tobillos en cascada. En la caja más peque­ña había unos zapatos negros de tacón algo a juego y, en la cajita, una gargantilla de oro con esmeral­das y diamantes y unos pendientes a juego. En se­guida se dio cuenta de que eran de calidad porque Tish le había enseñado a distinguir las joyas de la bisutería.
Se puso su mejor ropa interior, que no era nada comparada con lo que Nick le había comprado. Afortunadamente, el pelo, aunque se lo había corta­do por los hombros, tenía unas ondas naturales muy bonitas que no le quedaba nada mal. Se puso más maquillaje de lo habitual y se cubrió con un abrigo de terciopelo negro que Tish le había dado.
Cuando Nick llamó a la puerte ella estaba lis­ta.
Lo primero que hizo después de saludarlo, fue darle las gracias por los regalos.
—No tenías que haberlo hecho.
—Me olvidé del abrigo—señaló él—. Podemos encargar que nos traigan uno de piel, si quieres.—Soy alérgica a las pieles—le confesó ella.
—¿Eres alérgica a los animales?
—No, tengo un perro. Lo tengo en una caseta en el patio de detrás de la casa. También tengo un po­llo. Ya te los presentaré en otro momento. Sólo soy alérgica a los abrigos de piel.
—Menos mal—comentó él—. Mientras tenía amnesia adopté dos gatos persas.
Ella cerró la puerta de la casa y se dirigieron ha­cia la limusina.
—Tengo que convencerte para que te vengas a vivir a la isla Paradise—murmuró él—. No creo que mis nervios me dejaran vivir aquí.
—¿Por qué lo dices?
Él señaló a la limusina. En la acera, la misma mujer de antes seguía tomando fotos. Una pareja estaba cerca de un árbol, aparentemente hablando, pero en realidad estaban mirándolos fijamente a ellos. Una mujer mayor, al fondo de la calle, apa­rentaba estar cortando rosas. Dos niñas en la venta­na de enfrente estaban haciéndoles señales. Ella sonrió.
—Es un pueblo pequeño—señaló ella.
—Vamos a hacerles una demostración—le dijo él.
La tomó en brazos y la dejó caer sobre uno de ellos, después, se inclinó sobre ella y la besó hasta dejarla sin aliento.
Cuando la soltó, la señora mayor tenía la mano en el pecho y parecía que se iba a desmayar. La pa­reja del árbol estaba mirándolos con la boca abierta. Las niñas de la ventana aplaudían a rabiar. La mujer de la cámara había dejado de hacerle fotos al coche y estaba tomando fotos de ellos.
—Demasiado para nuestro público—dijo ella con una expresión de sorpresa.
El restaurante estaba lleno de gente y Miley toda­vía sentía las rodillas débiles por el beso. Le dio su abrigo a la mujer del guardarropa y tomó la mano que Nick le estaba ofreciendo. Después, siguieron al camarero hasta su mesa.
En ella ya se encontraban Billy y Tish, vesti­dos elegantemente y con aspecto nervioso, incluso se podría decir que estaban un poco asustados.
Eso ablandó el corazón de Miley aún más. Fue derecha hacia Tish con los brazos abiertos.
Tish corrió hacia ella y la apretó con fuerza, llorando.
—Cariño—le dijo—. Te he echado tanto de menos...
—Hola, forastera—la saludó Billy, abriendo los brazos para abrazarla.
—Perdóname...—comenzó a decir Tish.
—Perdóname—dijo Miley al mismo tiempo y las dos se echaron a reír—. Sólo tenía que hacerme a la idea—añadió—. Pero ahora me alegro mucho. Os quiero mucho a los dos.
—Nosotros también te queremos, cariño—le dijo Billy y se volvió a su sitio antes de perder la compostura.
—Te dije que iba a ser una sorpresa—le dijo Nick a Miley con un guiño.
—Y lo ha sido—dijo Miley, riendo y llorando a la vez—. ¡Me alegro tanto de veros a los tres!—dijo incluyendo a Nick, pensando que eran las tres personas más importantes de su vida—. Siento mucho habérmelo tomado tan mal al principio. Os resarciré, lo prometo.
—Te habías llevado muchos palos juntos, cariño—le dijo Tish—. No es extraño que te sentara tan mal. Lo entendimos—miró a Nick con una extra­ña sonrisa—. Nick nos apoyó.
—Los tres estábamos en el mismo barco—ex­plicó él—. Ninguno quería meterte prisa, pero nos sentíamos muy solos.
Ayudó a sentarse a Miley, mientras Billy ayu­daba a Tish.
Después de elegir lo que iban a comer, Miley dijo.
—Lo que no entiendo muy bien es por qué esta­mos aquí hoy. ¿Estamos celebrando algo?
—Creo que sí—respondió Nick.
Tish y Billy sonrieron misteriosamente.
—¿De qué se trata?
—Tendrás que esperar hasta después de cenar—le dijo Nick—. Pero te prometo que merecerá la pena.
La cena estuvo exquisita. Miley nunca había sabo­reado una comida tan maravillosa. Los postres los lle­vaba un camarero de mesa en mesa para que los clientes pudieran elegir. Nick eligió una tarta de chocolate y Miley, una crema catalana deliciosa.
Con la cena tomaron vino; blanco para el pesca­do, tinto para la carne y champán para el postre.
A Miley las burbujas le hacían cosquillas en la nariz y no paraba de reír.
—No creo que haya tomado tanto champán en la vida. A mi madre no le gustaba el alcohol...—en­tonces miró a Tish—. Quiero decir, a mi abuela—se corrigió con los ojos llenos de amor.
Tish se mordió el labio inferior.
—Gracias, cariño—le dijo con suavidad—. Pero sé que va a resultar muy difícil para ti llamarme ma­dre. Puedes seguir llamándome Tish. No me impor­ta, de verdad.
Pero sí le importaba y Miley lo sabía. Alargó una mano y le tomó a Tish la suya.
—Tú has sido siempre como una madre para mí protegiéndome y cuidándome. Me alegro de que seas mi madre de verdad y de que Billy sea mi pa­dre—añadió sonriéndole—. Fue una sorpresa, pero muy buena. El único problema fue que llegó en mal momento. Creo que me volví loca.
—No es de extrañar—contestó Nick—. Lo perdiste todo.
—Sí, pero lo que no te mata, te hace más fuerte. He madurado mucho.
—Ya lo he notado—le dijo Tish.
—Pero todavía eres mi pequeña—le dijo Billy con una sonrisa llena de amor.
—Gracias.
Él se encogió de hombros.
—Para eso están los padres.
—Eso es algo para lo que no puedo esperar más—murmuró Nick, mirando a Miley fijamente—. Y eso me recuerda...
Miley lo miraba conmocionada mientras él se lle­vaba una mano al bolsillo. Sacó una caja cuadrada pequeña, a juego con la caja del collar y los pen­dientes.
—Ábrela.
Ella siguió su consejo y abrió la cajita y miró el contenido con la boca abierta. Él la miró contenien­do el aliento.
En el interior había dos anillos. Uno era una es­meralda rodeada de diamantes y el otro una alianza de matrimonio.
—Parece...—comenzó a decir ella.
—Lo es—dijo él con calma—. Te estoy pidien­do que te cases conmigo, Miley.
 agradecimiento a las chicas que hacen estas hermosas fotos... y ps a nick y a miley por hacer que creamos en el amor y ver que existe la perfeccion... porque ellos son perofectos son seres unicos que se han convertido en nustro modelo a seguir...

capitulo dedicado a rocio!!!!

2 comentarios:

  1. :O
    Que hermosoo! Nick le pidio casamiento :DD al fin xDD
    Pon el siguiente pleasee :D

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  2. me encantooo
    jejejeje
    esta hermosoooo

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..