viernes, 11 de marzo de 2011

Novela Jemi 06 - Desnuda en sus brazos


Ella se estremeció de nuevo, pero Joseph notó que de todos modos se relajaba un poco. Entonces él soltó un poco el brazo que le rodeaba el cuello para que ella viera que lo que había hecho le complacía.
—Voy a retirarle la mano de la boca. No quiero que grite. Ni siquiera quiero que hable. Haga esto correctamente y todo irá bien. Da igual que chille, que me muerda o que se eche sobre mí, porque de todos modos la voy a parar. Y le prometo, señorita Lovato, que se arrepentirá. ¿Lo entiende? Ella abrió los ojos como platos; y Joseph supo que finalmente se había dado cuenta de que la estaba llamando por su nombre.
—¿Entendido? —repitió.
Ella asintió bruscamente. Joseph esperó uno segundos. Como él había esperado, en ese momento sonó un trueno. Le retiró la mano de la boca, medio esperando a que ella gritara, pero Demi Lovato no dijo ni pío.
Bien, pensaba mientras le daba la vuelta hacia él. Se recordó que su desnudez le daba ventaja psicológica, mientras que sexualmente no le afectaba en modo alguno.
Sin embargo, sólo un eunuco no se habría fijado en que tenía la piel del color de la crema, que sus pechos eran redondos y turgentes, o que sus pezones tenían el rosa que uno podría encontrar en el interior de una caracola del mar.
Y sólo un eunuco, o tal vez un santo, no se habría preguntado si esos pechos no tendrían el tacto de la seda entre sus palmas callosas, o si sus pezones no sabrían a miel al lamerlos con su lengua.
Su cara, blanca como una sábana, se sonrojó al notar su escrutinio. Azorada, se cubrió los pechos con un brazo, mientras con el otro se tapó instintivamente la entrepierna, como si quisiera defenderse.
Una defensa inútil si él hubiera decidido forzarla de alguna manera.
No le gustaba que ella le creyera capaz de eso. Era muchas cosas, había hecho muchas cosas en los años en los que había trabajado para la Agencia, pero no era un violador.
Cuando tomaba a una mujer, quería que ella estuviera deseosa de que él la poseyera, de sentir la recia embestida de su cuerpo, las exigentes caricias de sus manos y su boca. ¿Pero a quién le importaba lo que pensara Demi Lovato? Su miedo sería una ventaja para él. Deliberadamente, paseó la mirada por su cuerpo de nuevo. Observar su vientre plano y el vello oscuro que ella trataba de ocultar con su brazo era un modo de demostrarle quién mandaba allí.
Y, maldita sea, si se estaba excitando no era por nada personal. El miedo provocaba una subida de adrenalina, una exaltación natural que era más fuerte que cualquier droga.
Si a ello se añadía una bella mujer y un atisbo de sexo, la mezcla era explosiva.
Todo eso lo entendía. Si al menos su cuerpo lo entendiera también.
Tenía una erección casi total, y su sexo se apretaba ya contra la cremallera de su pantalón.
Su reacción lo fastidió sobremanera. No le gustaba perder el control, aunque fueran unos momentos. Que esa mujer, poco más que una ramera (ups), pudiera ejercer tal poder de seducción sobre él lo empeoraba todo.
El pensar en eso fue suficiente para que se le bajara la erección y su cerebro despertara de nuevo.
Junto al lavabo colgaban de un toallero varias toallas. Agarró una y se la pasó a ella.
—Cúbrase —dijo Joseph en mal tono.
Con manos temblorosas, ella se cubrió con la toalla; aunque no le tapaba mucho, ya que parecía que le había dado una de manos en lugar de una grande. Mejor. Era suficiente para que ella se sintiera un poco menos avergonzada, pero no lo bastante para que él no tuviera ventaja psicológica.
Sus pechos turgentes y cubiertos de gotitas de agua asomaban por encima de los finos pliegues de la toalla.
—No soy un ladrón. Y tampoco trabajo para su amante. Ella no respondió. El olor a agua y jabón, a lilas y a mujer impregnaba el aire húmedo.
—No quiero hacerle daño. ¿Entiende?
Ella no respondió en un rato. Finalmente hizo un gesto de asentimiento con la cabeza.
—Bien —Joseph apretó la mandíbula—. Ahora, salga de la ducha. Y nada de tonterías.
Ella hizo lo que él le pedía, sin apartar los ojos de los suyos. Él trató de hacer lo mismo, pero le resultó imposible. La toalla no sólo era demasiado pequeña, sino que ya estaba empapada. Se pegaba a ella como una segunda piel, destacando su cuerpo todavía más. Al diablo con los eunucos y los santos.
Tan sólo un hombre muerto no habría vuelto a pasear la mirada por aquellas curvas de infarto.
—Mi nombre —dijo en tono suave— es Joseph Jonas.
Vio el movimiento de su garganta al tragar saliva.
—¿Qué… es lo que quiere?
Progresaban. Al menos estaba hablando. Había llegado el momento de hablar también.
—Quiero ayudarla.
Ella emitió un sonido que podría haber sido una risa de no haber estado tan asustada. En realidad, no le extrañaba nada.
—Sé lo de usted y Tony Gennaro.
Ella se puso colorada, pero habló con calma.
—¿Quién?
Joseph torció el gesto. Tenía que decir en favor de aquella señorita que disimulaba muy bien. Estaba prácticamente desnuda y muerta de miedo, pero mantenía el tipo. Eso era bueno; pero no quería que ella creyera que podía ser más lista que él.
—No quiero juegos, Demetria. No me gustan.
El uso de su nombre de pila era supuestamente para recordarle que era él quien llevaba las riendas. Pero no funcionó así. Ella seguía nerviosa, con los ojos brillantes del miedo, pero algo había cambiado.
Empezaba a avanzar hacia la silla. Despacio, casi imperceptiblemente, alzó la barbilla.
—Déme mi pijama.
Él arqueó las cejas.
—¿Cómo?
—Mi pijama. Está sobre el retrete. Démelo.
No estaba rogando, ni siquiera pidiéndoselo. Le estaba ordenando con la intención de reafirmarse en el control.
Eso fue lo que él entendió. Era lo que habría intentado él.
También entendía que no había manera de permitirle que saliera airosa de ello. Que fuera más lista y más dura de lo que parecía sólo significaba que tenía que asegurarse de que ella entendía que él era mucho más duro.
Joseph se acercó. Adrede, fijó su mirada en la de ella, le agarró de las nalgas y la estrechó contra su cuerpo. Su erección fue instantánea. Bien, pensaba con frialdad mientras adelantaba una mano y le rozaba un pecho con los nudillos.
El destello de desafío que había visto en su mirada dio paso a un terror desnudo.
—Tal vez no me hayas oído bien, cariño. Te he dicho que nada de juegos —sonrió con frialdad—. O a lo mejor crees que eres lo suficientemente tentadora para salirte con la tuya. Bueno, es cierto que eres tentadora —se acercó un poco más a ella, para que ella pudiera sentir el peso de su erección—. Muy tentadora —su sonrisa se desvaneció—, Pero no me interesa.
Ella lo miró y con su expresión le dijo que era un mentiroso.

holap chicas.... estoy triste un poco asustada y preocupada tambien...
el terremoto de japon fue bastante fuerte y las replicas que ha tenido igual.... 
en mi pais ecuador se esta llevando a cabo evacuaciones por lo de la alerta del tsunami.... justo vivo a una media hora de la playa... asi que puede suceder cualquier cosa... sin embargo segun las autoridades de aca estamos en una zona segura debido a la altura en la que nos encontramos....
mis bendiciones  para todas ustedes y que Diosito nos proteja...que todo salga bien y no se pierdan mas vidas :-(

suerte chicas....
cuidense...

2 comentarios:

  1. me encanto, OMG no lo puedo creer tu eres de Ecuador, yo tambien......me encantan tus novelas y me encanta mas que seas de nuestro lindo Ecuador, Dios quiera que no pase nada grave y que todos estemos bien.......0 )..Siguela pronto.......0 )

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  2. Si yo tambien espero que esten bien :S
    Me encanto, pobre Demiii!!
    dios... hay aguantando, toma ya!!
    jejejeje

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..