jueves, 17 de marzo de 2011

Novela Jemi 12 - Desnuda en sus Brazos


Demi se levantó despacio. Él vio el miedo en sus ojos. Bien. Muy bien. Cuanto menos confiara en él y en ese lugar, mejor.
—¿Ir adonde?
—Te lo he dicho. Soy el dueño de esta isla. Isla de Palmas, se llama.
—Dijiste que había una casa.
—Y la hay.
Él la agarró del brazo, pero ella lo retiró bruscamente. Apretó la mandíbula y volvió a agarrarla, esa vez del codo y con firmeza.
—No me des la lata, nena. Te arrepentirás si lo haces.
Se abrió la puerta del aparato. Demi pestañeó al ver el destello repentino de unos faros, y vio a un hombre esperándolos al pie de la escalerilla. Era más bajo y mayor que su raptor, pero tenía la misma dureza que él.
—Joseph —dijo el otro, como si ella fuera invisible—. Me alegra verte.
—John. Siento haberte hecho levantar a una hora tan intempestiva.
—No hay problema. Todo está listo, como pediste.
Todo estaba listo… Demi sintió que se le subía el corazón a la garganta. ¿Cómo era posible que una frase tan sencilla sonara tan funesta?
Desesperada, se soltó de Joseph, bajó corriendo por la escalerilla y se tiró al hombre llamado John.
Horas después, cuando ya no importaba, se dio cuenta de que no se había soltado ella; que simplemente Joseph la había dejado ir porque sabía lo inútiles que serían sus intentos.
—¡Ayúdeme! ¡Por favor, ayúdeme! —agarró al tal John del brazo—. ¡Este hombre me ha raptado!
Joseph iba detrás de ella, y al momento la agarró con sus brazos fuertes y masculinos que la apretaban como si fueran de acero.
—John me debe la vida —le dijo con tranquilidad—. Nada de lo que digas le afectará en modo alguno.
—Te mataré —jadeó Demi—. Maldito seas, te mataré…
Joseph la levantó en brazos, agachó la cabeza y volvió a besarla, hasta que finalmente saboreó la dulzura de su rendición.
—Esta es mi isla. Todo lo que hay aquí me pertenece, Demi. Todo —dijo en tono ronco—. Incluida tú.



Empezó a llover cuando el todoterreno corría por la carretera asfaltada que bordeaba la costa. Joseph sintió que Demi temblaba entre sus brazos.
Una mujer que había jugado con un jefazo de la mafia, que le había dicho a su gobierno que no quería su ayuda, tenía lógicamente que estar muy asustada. Él estaba haciendo todo lo que estaba en su mano para cuidar de ella; si le tenía miedo, era problema de Demi.
Salvo que… salvo que el corazón le latía con demasiada fuerza. De mala gana, trató de ponerse en su lugar y de contemplar los acontecimientos de la noche anterior con sus ojos: la entrada en su apartamento, la manera de presentarse y cómo la había sacado de la ducha. Pero había sido necesario hacerlo así; de haberse tomado el tiempo necesario para explicarse, tal vez en ese momento estuvieran los dos muertos.
Una de las cosas que uno aprendía en situaciones donde primaba la supervivencia, era que había veces en que uno tenía que hacer lo que fuera necesario, y preocuparse de las consecuencias después. Basándose en eso había hecho muchas cosas en su vida que inmediatamente después había echado al olvido.
El todoterreno pasó por encima de un bache y automáticamente abrazó a Demi con fuerza.
Ella estaba llorando. Muy bajito, pero la oía. Le metió la mano por la camiseta. Ella se puso tensa, pero él empezó a acariciarle la espalda, a murmurarle palabras dulces hasta que notó que se relajaba un poco sobre él.
Se dijo que eso le complacía sólo porque si ella cedía todo sería más fácil, que no tenía nada que ver con lo que sentía al acariciarla.
Cuando llegaron a la casa, John detuvo el vehículo. Fue a salir, pero Joseph le rogó que no se molestara.
—Nos las apañaremos —dijo él.
—¿Te he dicho que no hay electricidad?
Joseph se echó a reír.
—¿Algo más? Supongo que el generador que pedí no ha llegado aún.
—No. He dejado velas en las habitaciones y unos sándwiches en la cocina.
—Gracias. Vete ya. Vuelve a casa antes de que empeore el tiempo.
Joseph salió del todoterreno con Demi en brazos. El coche se alejó y los dejó solos en la oscuridad.
—Puedo andar.
Él la miró, y en sus ojos vio el desafío que había visto en otros momentos, pero todavía le temblaba la voz. Estaba muerta de miedo y trataba por todos los medios de no mostrarlo.
—Estás descalza.
—Estamos en Florida. La gente va descalza todo el rato.
Joseph estuvo a punto de sonreír al oír aquel toque de valentía.
—Bien. Sube las escaleras y espérame mientras abro la puerta. Y por cierto, ni se te ocurra.
Ella se volvió a mirarlo.
—¿El qué? —dijo con cautela.
—Aunque encontraras la cabaña de John, él te devolvería aquí conmigo —Joseph sacó un manojo de llaves de su bolsillo, seleccionó una llave y la introdujo en la cerradura—. Además, seguramente acabarías cayéndote a la ciénaga antes de dar con esta casa. En la isla hay algunos impresionantes ejemplares de caimán. ¿Te lo había mencionado antes?
Estaba mintiendo. ¿O no? Tenía que estar mintiendo. Sin embargo, Demi se miró los pies descalzos mientras se decía que todo era muy difícil.
—Adelante —le dijo él al abrir la puerta.
La casa no sólo estaba oscura; estaba todo negro. Dio un paso hacia delante, pensó en los caimanes y se paró en seco. Joseph la empujó para que diera otro paso.
—En casa entran a veces culebras, no caimanes.
Otra mentira. Porque si no era mentira, no sería capaz de dar un paso más.
Se oyó un sonido como si rascaran algo, y al momento se encendió una vela. Demi miró al suelo y vio que era de madera pálida, y también los colores brillantes de una alfombra.
Nada de serpientes.
—No hay serpientes —dijo ella—. Y estoy segura de que tampoco hay caimanes —lo miró con ojos entrecerrados—. ¿Qué más? ¿Me vas a hablar del hombre del saco?
El pasó a su lado, valiéndose de la vela para encender un candelabro.
—Las fantasías no me van —dijo en tono seco—. Algunas de las cosas que componen mi vida ya tienen bastante componente fantástico. ¿Tienes hambre?
Estaba muerta de hambre.
—No.
—¿Sed?
Estaba seca.
—No.
—Qué lástima. Supongo que entonces tendrás que aguantarte y ver cómo me como esos sándwiches que ha mencionado John.
Le rugió el estómago. Si tenía que ver cómo comía, acabaría mareándose.
—Has dicho que te ibas directamente a la cama.
Él la miró y una sonrisa pausada asomó a sus labios. Demi se puso colorada.
—Sólo quería decir… quería decir… —Demi tragó la poca saliva que le quedaba—. Me gustaría lavarme.
—Buena idea. Date una ducha primero, te pones ropa limpia y seca, y después podremos cenar.
—No quiero cenar.
—Sí. Ya te he oído —le puso la mano en la cintura—. Vamos.
—¿Adonde?
—Arriba.
—¿Para qué?
Joseph entrecerró los ojos. Se preguntaba por qué había sentido lástima por ella en el todoterreno.
—De acuerdo —la agarró por los hombros y le dio la vuelta hacia él—, vamos a dejar algo muy claro. Estoy muy cansado y tengo el estómago vacío. Me siento sucio y sudoroso, y me duele la cabeza —le apretó un poco los hombros—. Lo que menos me apetece es tener que tratar con una niña quejica de diez años. Si te digo una cosa, te callas y lo haces.
—Sólo he pedido…
—¡Ah, por amor de Dios! —la levantó en brazos con rabia y subió al primer piso, ignorando sus gritos de protesta.
La puerta que quedaba enfrente estaba a medio abrir; Joseph terminó de abrirla con el codo, entró y dejó a Demi en el suelo. Momentos después, una llama amarilla disipaba la oscuridad.
—Haz algo útil —rugió él—. Toma unas cerillas y enciende esas velas.
—¿Estás seguro de que confías en mí? —le dijo Demi con dulzura—. Si dices que sólo tengo diez años…
—¡Enciende las malditas velas!
Lo hizo, no por él, sino por ella misma. Quería ver cómo era su prisión. Aunque se dijo que llamarlo así era un poco exagerado. Era una habitación enorme con chimenea y una cama con dosel.
—¿Satisfecha con el dormitorio?
Demi se dio la vuelta. Joseph se había acercado a ella, tan sigiloso como un felino.
—No hagas eso —le dijo ella en tono irritable.
—¿Preguntarte si te gusta?
—No te acerques a mí así. No me gusta.
—¿Alguna otra queja?
En sus ojos había un brillo peligroso, pero Demi estaba demasiado cansada como para importarle.
—Sí. Quiero saber por qué me has traído aquí.
—Te lo he dicho. Es un lugar seguro.
—Nueva York era un sitio seguro.
—Bueno, claro, si quitas la cámara, los dispositivos de escucha… ah, y no nos olvidemos del matón que forzó la cerradura de tu apartamento, ni del que estaba esperando en la calle. Entonces sí, es muy seguro.
Tal vez tuviera razón, pero en el fondo no tenía razón para confiar en él. Que ella supiera, lo de la cámara era un invento. Al igual que los micrófonos. Y los supuestos «matones» podrían haber sido enviados a su apartamento para protegerla.
Y todo eso se lo dijo.
Joseph entrecerró los ojos.
—¿Crees que lo de la cámara y los micros era mentira?
—Creo que fue tremendamente conveniente que tú encontraras esos dispositivos en el preciso momento en que el que te venía bien que yo creyera que eras sir Galahad.
Él se echó a reír.
—Cariño, tienes una mente muy imaginativa. ¿Y qué pasa con ese par de tipejos? ¿O crees que eran dos boy scouts que alguien había enviado para protegerte?
Ella sabía que él tenía razón. En realidad no creía que hubiera montado aquella farsa, y tampoco creía que los hombres que él había derribado hubieran ido a protegerla.
A nadie le interesaba protegerla. Todos querían algo de ella, algo que no podía dar. Todo ellos, incluido aquel hombre.
—Esos tipos querían hacerte daño, nena. ¿Maldita sea, por qué darle más vueltas al asunto? Seguramente tendrían en mente asesinarte.
—¿Y tú no? —dijo en tono quedo.
Él apretó la mandíbula. Pensó en abrazarla, en decirle que no sintiera miedo, que él la protegería…
Se dio cuenta que, después de llevar cinco minutos allí, ella había conseguido que sintiera lástima por ella. Y de ahí a hacer una tontería sólo había un paso.
Y eso no iba a ocurrir.
Estiró el brazo, sin dejar de mirarla, y cerró la puerta.
—Espera un momento —dijo ella—, Joseph…

:-) chicas....
ps con la enorme noticia de que joe y ashley ya no son novios... la verdad que no se que sentir.... hay que ser justas y hacian bonita pareja.... al menos a mi me gustaban... ademas se los veia muy feliz....
:-(
aunq igual amo jemi....
jijijijijiijiji

6 comentarios:

  1. ami no me parecia nada de lindos pero bue... xD ta buena la nove ero sube sube!! wo!

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  2. Pone la siguiente porfiss! algo pasara..(6) xd sube la otraa

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  3. OMG!!! esta estupendaa... seguila prontoo plis :) y no m gustaba la pareja de Joe y Ashley por qmo y amare a Jemi :D bue... un beso :D

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  4. ps lo que en si me da pena es nuestro joe... otra vez solo otra vez con el corazon roto vamos chicas no lo podemos obligar a que ame a demi.... ademas joe siempre se pone triste y melancolico cuand le pasa algo asi... :-( por eso toy triste porque joe va a sufrir otra vez....

    pero ojo igual amo jemi....

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  5. OMG, la amo, completamente amo esta novela....siguela pronto pronto....0 ), gracias por actualizar siempre eres la mejor...0 )..0 )

    Yo la verdad amo JEMI, pero es cuestion de ellos con quien decidan estar, lo que los haga feliz, yo sere feliz......aunque claro que quisiera que volivera JEMI pero si no es asi ni modo, nos conformaremos con novelas como las tuyas que son geniales, ademas la esperanza es lo ultimo que se pierde.......0 )...0 )...0 )

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  6. pues si, a mi no me gustaba, me gustaba mas Jemi jeje pero si Joe era feliz, habria que conformarse con ver su linda sonrisa, jejeje

    me encanto sube pronto els siguiente!!!

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..