lunes, 14 de marzo de 2011

Novela Jemi 09 - Desnuda en sus Brazos


—Tengo derecho a saber adonde me llevas.
—No tienes ningún derecho si yo no te digo que lo tienes —esbozó una sonrisa brillante, pero no le iluminó los ojos—. Pero te lo diré de todos modos. Vamos a ir a una casa que tengo yo. No estoy seguro de que tenga un nivel tan elegante como el de tu apartamento… pero no tienes elección.
—Todavía no me has dicho dónde está.
Él se puso de pie.
—En Florida.
¿Qué era aquello? ¿Una broma pesada? Florida estaba a más de mil quinientos kilómetros… Demi sintió otra oleada de pánico.
—¿Por qué?
—Porque es un lugar seguro.
—¡No puedes hacer esto!
Él sonrió con frialdad.
—¿De verdad que no?
—Tienes que rellenar un plan de vuelo —dijo ella con desesperación—. Hay normas. Restricciones de seguridad.
Joseph arqueó una ceja. Era rápida, al menos eso tenía que reconocerlo. Aunque tenía miedo, le había dado una buena respuesta. Buena para cualquiera menos para él.
—Tienes razón —dijo él con calma—. Están todas esas cosas. Pero sólo son circunstanciales.
Se pasó la punta rosada de su lengua por el labio inferior. Estaba seguro de que ella estaba a punto de presentarle una estrategia nueva.
—Señor Jonas —dijo con una calma que le impresionó.
—Llámame Joseph —le pidió él—. Vamos a pasar mucho tiempo juntos. Es mejor dejar las formalidades.
—Dices que te han enviado para protegerme. Bueno pues, acabas de hacerlo. Esos dos hombres… —hizo una pausa—. Te has ocupado de ellos.
—¿Y?
—La amenaza ha pasado.
—¿De verdad?
—Has hecho tu trabajo, así que no tenemos por qué seguir con… lo que hayas planeado. Él se tomó su tiempo para contestar. Sabía muy bien que ella no se creía que fuera uno de los buenos. Y la verdad era que no le extrañaba. Después de todo lo que había hecho esa noche, acababa de decirle que se la llevaba a más de mil kilómetros del lugar que ella consideraba su hogar, en pijama y con una cazadora prestada como todo abrigo.
Pensó en el momento en el baño, cuando le había acariciado los pechos; en las curvas de su cuerpo. Era, sin lugar a dudas, una mujer muy bella.
La mujer de Anthony Gennaro. Un mafioso que se la había llevado a la cama cuando le había apetecido.
Pero ahora Gennaro trataba de eliminarla.
¿Cómo era posible que ella no quisiera darse cuenta de eso? No era tonta; de eso estaba seguro. ¿Habrían tenido una pelea Gennaro y ella? ¿O tal vez todavía esperaba que él quisiera volver con ella?
—¿Joseph?
Él levantó la vista.
—Por favor —dijo en tono suave—. Razona un poco. Ahora estoy a salvo. ¿Me quieres llevar de nuevo a la ciudad?
Le temblaba la voz y tenía los ojos brillantes, como si fuera a llorar.
Pero él apretó los labios. Estaba perdiendo el tiempo. Protegerla era un trabajo que no había pedido, pero que había aceptado. Que le cayera bien o que lo odiara no le importaba.
—No —soltó él sin más.
Ella se recostó en el asiento.
—¿Por qué no? —gimió, a punto de perder el control—. ¿Maldita sea, quién te paga para hacer esto? ¿Cuánto te van a pagar? Yo doblaré esa cantidad. ¿Cuánto quieres?
—Sí —respondió él en tono frío—. Ya he visto por el sitio donde vives que estás forrada —hizo una mueca de asco—. ¿O acaso me estás ofreciendo lo que le vendiste a Tony Gennaro?
—¡Asqueroso! Eres un tipo canalla y cruel.
El se inclinó sobre ella y la besó con ímpetu, ignorando sus forcejeos y empujones; y la besó hasta que acabó pasando lo que había pasado antes, hasta que sus quejidos de protesta dieron paso a gemidos de deseo.
Ella abrió su boca, y él aprovechó para saborearla apasionadamente antes de retirarse.
—Compórtate y todo saldrá bien. Pónmelo difícil, y te arrepentirás.
—Te mataré —le susurró ella—. ¿Me has oído? ¡Tócame otra vez y te mataré!
Joseph se quitó el cinturón, se lo enrolló en una muñeca y lo ancló en uno de los brazos del asiento; con el cinturón del otro asiento hizo lo mismo con la otra muñeca.
—Si te portas bien, cuando hayamos ganado un poco de altitud tal vez te suelte y te deje hacer pis, beber un poco de agua y lo que necesites durante las cuatro horas siguientes. ¿Lo has entendido?
Ella levantó la cabeza. Lo miró a los ojos y le escupió en la cara.
Su expresión no varió.
—Necesitas aprender modales, señorita Lovato —le dijo con tranquilidad.
Entonces se acercó de nuevo a ella y la besó hasta arrancarle un leve gemido, aquel gemido que él tanto deseaba oír. Acto seguido, se dirigió a la cabina y ocupó el asiento del copiloto.
Los motores del avión empezaron a girar y el aparato comenzó a moverse hacia delante.
Momentos después, las luces de la ciudad de Nueva York se alejaban a sus pies.

Le había dicho que la desataría en cuanto ganaran un poco de altitud; pero había pasado una hora y su secuestrador no aparecía.
Demi apretó los dientes y tiró de las muñecas atadas con los cinturones. Tiró con fuerza, con rabia.
¿Cómo podía haberle pasado eso a ella? Cuando todo había ido mal, después de enterarse de toda la verdad sobre Anthony Gennaro y después de que el FBI empezara a darle la lata, había huido, sí, pero había tenido muchísimo cuidado.
No le había contado a nadie ni adonde iba ni lo que hacía.
Demi se volvió a mirar por la ventanilla para fijar la vista en la negrura tras el cristal. Sintió que la rabia daba paso a la angustia, y no podía permitir que le pasara eso. Llorar no serviría de nada. Tenía que enfrentarse a la realidad.
Parecía que alguien había estado observándola, escuchándola y siguiéndola todo el tiempo.
Sólo de pensar en que alguien había violado de ese modo su intimidad sentía náuseas.
Y luego llegaba aquel tipo y la raptaba; un hombre que le producía un miedo horrible.
Su voz le recordaba a la grava, a la seda; su sonrisa parecía conocer todos los secretos… Pero no era así. No había razón para que él lo supiera todo.
Lo que más temía de él era cómo la tocaba, como si fuera de su propiedad; como si poniéndole las manos encima pudiera controlarla.
Empezó a pensar en cómo la había sacado de la ducha, en cómo la había mirado, en su mano rozándole el pecho con deliberación y en la sensación de su cuerpo pegado al de ella.
Demi ahogó un gemido.
Entendía lo que él hacía, y era establecer su superioridad. Lo que no entendía era la reacción hacia él; su respuesta a las caricias, a las miradas o al roce de los labios de aquel extraño.
Él representaba todo de lo que ella quería alejarse: un hombre frío y duro, un hombre que sólo obedecía a sus propias reglas.
Y sin embargo…
Tal vez sí lo entendiera. Estaba emocionalmente agotada. Físicamente exhausta. Todas esas semanas de vivir una pesadilla empezaban a pasar factura. Era vulnerable, ese hombre lo sabía, y lo utilizaba para ganar ventaja.
Tenía que permanecer fuerte, alerta; tenía que dar con los puntos débiles de su raptor, entenderlos y buscar el mejor momento para huir.
Pero primero, pensaba mientras finalmente el cansancio la reclamaba, primero cerraría los ojos aunque sólo fuera un rato…

3 comentarios:

  1. OMG, me encanta, esta super genial..........amo cada vez mas esta novela......0 )....0 ), siguela pronto.......0 )..0 )

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  2. me encanto
    jejeje
    Joseph tienes que ser mas delicado
    jejeje
    sube pronto!!!

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  3. esta muy linda la nove cada ves se pone mas intrigante jejeje siguela pronto un besoo :D

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..