lunes, 28 de marzo de 2011

Novela Jemi 26 - Desnuda en sus Brazos


Su voz era tensa. Ella se quejó en sueños, pero no se despertó. El repitió su nombre, la tocó otra vez. Ella abrió los ojos, y él vio el pánico repentino en su mirada.
Justo antes de que pudiera gritar, él se quitó el pasamontañas negro para que ella pudiera verle la cara.
Su expresión de pánico dio paso a algo que él no logró identificar.
—¿Joseph? —susurró ella.
—Sí, cariño.
—¿Pero… cómo has entrado?
Su sonrisa fue pausada y escalofriante.
—¿De verdad crees que este sistema de seguridad me impediría entrar?
Ella pareció darse cuenta en ese momento de que estaba casi desnuda. Fue a taparse con el edredón, pero él negó con la cabeza.
—No vas a necesitarlo.
—Joseph. Sé que estás enfadado.
—¿Es así como crees que estoy? —sonrió con el mismo gesto que había aterrorizado a algunas personas mucho tiempo atrás—. Quítate ese camisón.
—¡No! ¡Joseph, por favor! No puedes…
Se inclinó, posó sus labios sobre los de ella y la besó salvajemente, aunque ella forcejeara. Entonces agarró del escote del fino camisón y se lo arrancó.
—Estás equivocada —dijo él—. Esta noche puedo hacer lo que quiera, Demi. Y te prometo que lo haré. La besó de nuevo y ella empezó a llorar. Sintió el calor de sus lágrimas en sus labios. Que llorara. Que gritara, pensaba con frialdad. Nada de eso lo detendría.
Se llevaría lo que había ido a buscar, lo que ella le debía. Si alguien iba a poner fin a esa relación, sería él.
Salvo que… caramba, había dejado de forcejear. En lugar de eso temblaba entre sus brazos, y sollozaba su nombre, como si fuera un lema que la protegiera.
—Maldita seas —rugió mientras le tomaba las manos y se las subía por encima de la cabeza—. ¿Crees que tus lágrimas me van a enternecer? ¿Crees que soy lo bastante tonto como para creerme todas tus mentiras?
Demi tenía el rostro lleno de lágrimas.
—Yo nunca te mentí —dijo medio llorando.
—¡Cómo que no! Me dejaste creer que… me dejaste creer que tú…
—¿Que te amaba? —se le casco la voz—. Sí, te amaba. Te amaba con todo mi corazón.
Era la primera vez que le había dicho esas palabras. Incluso en esos momentos, sabiendo que diría cualquier cosa para salvarse, fueron como un cuchillo que se retorcía en su pecho.
—Sí, claro —la empujó sobre las almohadas, lleno de rabia—. Me amabas tanto que volviste a él. Te compró con una baratija.
—¡No!
—¿Qué te he dicho, Demi? ¡No más mentiras!
Le apretó las muñecas para no apretarle el cuello. La detestaba por todo lo que le había hecho; por lo que le había hecho sentir. Por cómo había jugado con él, hasta hacerle creer que estaba enamorado de ella…
Pero sí había pasado. Era cierto. Él la había amado. Y ella… ella le había roto el corazón.
Sin previo aviso, toda su rabia desapareció. En su lugar estaba un abismo negro y él, un hombre que jamás había temido nada, se asomó a sus profundidades y temió perder su alma.
—¿Por qué lo hiciste? —le dijo con un suspiro ronco.
—Traté de explicártelo, Joseph. Pero no me quisiste escuchar.
—¿Querías joyas? Yo te habría comprado las joyas. Te habría comprado la luna.
—¿De verdad crees que eso es lo que quería de ti?
Él no respondió. ¿Qué más podía dejar al descubierto? ¿Cómo decirle que había creído que lo que quería de él era amor? ¿Que a pesar de todo, todavía la amaba? Y siempre la amaría, fuera lo que fuera.
Maldijo entre dientes, le soltó las muñecas y subió la colcha. No debería haber ido allí esa noche. La rabia era una emoción mucho más satisfactoria que aquella amarga mezcla de dolor y desesperación.
—Joseph —susurró Demi—. ¡Oh, Joseph, si por lo menos me hubieras escuchado!
Tenía los ojos llenos de lágrimas, los labios temblorosos.
El corazón le dio un vuelco.
Un beso, pensaba él. Se inclinó y la besó en los labios. Ella suspiró y separó los labios; pronunció su nombre una y otra vez mientras le echaba los brazos al cuello.
¡No! Pero era demasiado tarde. Estaba perdido.
La abrazó muy despacio y la besó apasionadamente, deleitándose con su dulce sabor.
—¿Por qué? —dijo con voz ronca—. ¿Por qué me dejaste, cariño? ¿Por qué volviste con Gennaro? ¡No pudo ser por el maldito collar!
Demi pegó la cara al cuello de Joseph. Su secreto se había convertido en una carga muy pesada que quería arrastrarla hasta un mar de aguas turbulentas donde temía ahogarse. Aspiró hondo, se retiró y miró a los ojos de su amante.
—El collar… el collar era de mi madre —dijo—. Y Anthony Gennaro es, hasta que murió ayer, era mi padre.
 chicas las quiero millon y se que se van a sorprender porque justo no les habia dicho nada de nada... jejeje que mala.... pero aqui les va... ahhhh.... el proximo es el capi final.....
osea ya mismo....
dedicado a mi anonima fiel.....

3 comentarios:

  1. aaaaaaaaa
    era lo que pensaba yoo
    jejejeje
    me encanto
    pobre Demi
    se le murio el padre!!

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  2. K :O sii a¡habia pensado algo asi xD de que podia ser su padre ! te quedo genial! te dejo saludos de tu lectora fiel xD-..

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  3. hola soy brenda como estas siento que despidieran a tus amigos pero no te preocupes pueden salir o ir a visitarse me encantaron tus capitulos y eres genial escribiendo ojala y sigas escribiendo mas noves y te quedo super genial saludos y sigo pensando que eres GENIAL !!!!!!!!!!!!!

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..