miércoles, 30 de marzo de 2011

Novela Kenielle 05 - La tentacion vuelve a casa


Las insoportables caniches empezaron a ladrar como locas en cuanto Kevin detuvo el coche frente a la casa. Haciendo una mueca, apagó el motor y miró hacia el jardín, donde las furiosas enanas estarían seguramente intentando arañar la valla para llegar hasta él.
Sacudiendo la cabeza, Kevin bajó del coche y se preguntó de nuevo por qué aquellas perras lo odiaban tanto. Quizá en otra vida había sido empleado de la perrera o algo sí.
—¡Callaos ya, pesadas! —les gritó, aunque sabía que no valdría de nada. Todo lo contrario. Los ladridos aumentaron de volumen, como era de esperar.
Lo único malo de vivir en el apartamento que le había alquilado a Angelina Delease era soportar a sus perras. Pero era lo único.
Alquilar ese apartamento de una sola habitación era un buen acuerdo tanto para él como para Angelina. A la anciana le gustaba tener a alguien cerca por si le pasaba algo y él conservaba su intimidad, porque al apartamento se accedía sólo a través de una escalera exterior.
Además, no tenía que preocuparse por perderlo cuando lo enviaban de servicio al otro lado del mundo y disfrutaba de una dulce ancianita que cocinaba de maravilla y que de vez en cuando, lo invitaba a cenar.
En general, merecía la pena soportar a Muffin y a Peaches.
Además, había otra cosa buena: Angelina era la abuela de su ex mujer y de ese modo, Kevin mantenía una tenue conexión con Danielle Delease Jonas. Seguramente no era sano, pero aunque llevaban casi cinco años divorciados, Danielle siempre estaba en sus pensamientos.
Los ladridos aumentaron de volumen cuando se dirigía a la escalera y él maldijo en voz baja a las «ratas peludas», como solía llamarlas cuando Angelina no podía oírlo. Pero entonces se abrió la puerta de la casa y... Kevin se quedó paralizado.
Era como si todo el aire que contenían sus pulmones se hubiera esfumado y una bola de algo duro se instalara en la boca de su estómago.
—A juzgar por tu expresión —dijo Danielle— no te alegras mucho de verme...
La luz del sol la iluminaba como si fuera una actriz en medio de un escenario. Sus enormes ojos castaños brillaban, divertidos. El largo pelo oscuro caía sobre sus hombros. Llevaba un top verde pálido sin mangas y... casi se alegraba de no poder ver nada más desde allí.
—Danielle —consiguió decir, después de tragar saliva—. ¿Qué haces aquí?
—He venido para cuidar de «las niñas» mientras mi abuela está en Italia.
Las niñas eran, por supuesto, Muffin y Peaches.
—Angelina no me dijo que fueras a venir.
—¿Y por qué tenía que decírtelo?
—¿Y por qué no iba a decírmelo? —replicó Kevin.
—Ah —sonrió Danielle—. El mismo Kevin de siempre. Contestando a una pregunta con otra pregunta. Buscando tiempo.
Las perritas seguían ladrando y tenían que gritar para hacerse oír. Además, el corazón de Kevin daba unos saltos muy preocupantes.
Angelina debería haberle advertido.
Debería haberle dado la oportunidad de irse de Baywater.
Pero, como seguramente intuía que saldría corriendo, ésa era la razón por la que no le había dicho nada. La anciana nunca había mantenido en secreto, que en su opinión, Danielle y él deberían estar juntos. Era típico de ella intentar emparejarlos incluso estando a miles de kilómetros de distancia.
 Y era demasiado tarde para hacer nada, de modo que debía calmarse.
Danielle abrió la puerta del jardín y, enseguida, las perritas se lanzaron sobre Kevin como si fueran lobas para morder los cordones de sus zapatillas y el bajo de los vaqueros. Él las miró, casi agradeciendo la interrupción.
—Dejadme en paz.
—No les gustas nada, ¿eh? —bromeó Danielle—. Mi abuela me dijo que no se llevaban bien contigo, pero pensé que estaba exagerando.
Kevin la oía, pero no estaba escuchando. Sencillamente, la miraba pensando que debería haberse quedado en el porche. Porque, como había imaginado, llevaba pantalones cortos. Y menudas piernas...
La sangre se le fue hacia esa zona del cuerpo que siempre respondía en presencia de Danielle. Desde su primera cita, la atracción entre ellos había sido inmediata. Y seguía afectándole de la misma forma.
Lo peor que podía pasarle en aquel momento, pensó.
Porque dos semanas atrás había hecho esa maldita apuesta con su hermano Frankie. Dos semanas sin sexo y ya estaba de los nervios. Cuando hubieran pasado los tres meses, habría perdido la cabeza. Y la presencia de Danielle no iba a ayudar nada.
—Angelina debería haberme dicho que ibas a venir.
Danielle levantó la barbilla, desafiante, en un gesto que él recordaba bien. Sus peleas habían sido tan apasionadas como el sexo. Y el sexo siempre había sido increíble.
—Yo le pedí que no te lo dijera.
—¿Por qué? —preguntó Kevin, moviendo el pie para quitarse a Peaches de encima. Pero, por supuesto, la perra ni se inmutó.
—Porque sabía que si te lo decía saldrías corriendo.


hola chicas......
ahhhh me super emociono que les gustara la nove..... ahhhhh gracias gracias gracias por los comentarios.... en serio son geniales.....
capi para ro....  tu tambien eres como mi hermanita pequeña ahhhh.... siempre quise terner una y me alegra que vos seas una de ellas porque lu tambien es mi hermanita..... ahhh las amo chicas..... bueno ro de mi vida im sorry no me pude conectar :( cambiaron mi horario de trabajo y salgo mas tarde de lo habitual y ya ps de remate me toco ir a la u y tambien me toca ir mañana asi que recien me podre conectar el viernes.... 
te voy a extrañar muchop muchop.... eso si no voy a dejar de subir capis en las noves..... te quiero millon ro....


3 comentarios:

  1. super el cap... cada vez se esta poniendo mas buenoooo jejejeje :P

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  2. jejeje
    yo tambien te considero mi hermana
    jejeje
    me encantooo
    sis

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  3. me gusto mucho espero capi protoo!! :D

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..