martes, 15 de marzo de 2011

Novela Taylena 09 - A las Ordenes del Jeque


Ella tenía la boca seca, los pezones erectos, el trueno del deseo latiendo, enviándole señales de excitación al cerebro. Pero la reacción de Taylor fue como un cubo de agua fría.
Se quedó sin palabras. Estaba aturdida.
No entendía nada.
—¿Qué has dicho? —preguntó Taylor.
Las palabras de Selena habían sido un golpe al principio. Luego se había dado cuenta del significado de sus palabras, de lo que había querido decir. Y fue como un cubo de agua helada.
¿Cómo no se había dado cuenta de lo que se avecinaba? ¿Cómo no se había dado cuenta de la trampa de miel que escondía Selena tras el anzuelo de su sensualidad?
Se había despertado de su sueño. No se había dado cuenta de que estaba atrapado por una araña (ups jejeje) en su pegajosa tela hasta que había sido muy tarde.
Era una araña hermosa, sexy, muy atractiva, ciertamente, pero una araña al fin. Una araña que lo estaba mirando con aquellos ojos negros turbados, y aquella boca rosada, aún hinchada por sus ardientes besos, sorprendida por su reacción.
—Yo... —balbuceó ella.
El sonido de su voz lo despertó de su inmovilidad. Taylor se levantó de la cama y atravesó la habitación.
Sólo entonces sintió que tenía el control suficiente como para mirarla a la cara y preguntarle:
—¿Qué has dicho? —la miró fríamente.
La vio echarse atrás, aturdida. Pero él intentó no dejarse llevar por la sensación de remordimiento que tuvo al verla reaccionar.
El no le había hablado de matrimonio. No le había prometido nada. De pronto pensó en las repercusiones que podría tener aquello si se filtraba a la prensa...
—¡Dime! —exclamó Taylor sin mirarla.
No quería distraerse mirándola. Ella estaba allí, tumbada en la cama, con su delicioso cuerpo extendido para él, las puntas de sus pezones erectos, aparentemente deseándolo aún.
¡Maldita sea! ¡Estaba muy tentadora!, pensó Taylor.
—Dime qué has dicho —insistió él seriamente.
—Nuestra... Nuestra vida de casados —balbuceó Selena—. La vida que compartiremos cuando... estemos casados.
O sea, que no había oído mal.
—¿Nuestra vida de casados...? —repitió Taylor sarcásticamente—. No recuerdo haberte ofrecido matrimonio. De hecho, no recuerdo ni siquiera haber pronunciado esa palabra. Así que, ¿cómo se te ha ocurrido semejante cosa?

—¿Qué...?
Ella era muy buena actriz, tenía que admitirlo. Selena se había quedado como si le hubieran dado un bofetón en la cara. Parecía estar en estado de shock. Fingía muy bien.
Debía de ser un shock que su treta no hubiera resultado efectiva. Que su plan para chantajearlo no hubiera funcionado.
—¿Qué...? —Selena intentó hablar otra vez.
Pero aquella farsa lo único que hacía era enfurecerlo más a él. No tenía ninguna compasión por la gente que buscaba sacarle dinero.
—Hablarás cuando sea tu turno...
—¡Si me dejaras hablar, te contestaría! —exclamó ella.
Ahora mostraba su verdadera cara con aquel repentino cambio de actitud, pensó Taylor. Había dejado caer su máscara.
Taylor se maldijo internamente por no haber estado alerta desde el principio. Se había dejado atrapar por su juego sensual desde que los habían dejado solos en la biblioteca de Gómez. Y él debía haberlo advertido.
Lo había acusado de cruel, de tratar mal a su querido David, y él, en lo único que se había fijado había sido en su belleza.
No podía creer lo estúpido que había sido. Había actuado por lascivia, dando rienda suelta a sus deseos primitivos, y éstos lo habían cegado.
Pero ella se las había arreglado para engañarlo.
—¡Habla entonces! —gritó él.
Pero aquello pareció indignarla a ella.
—¡No me hables en ese tono, Su Alteza! —exclamó Selena con desprecio.
El tono que usó ella con su título fue muy distinto del respeto con que era pronunciado en su país y al que él estaba acostumbrado. Ninguna mujer le había hablado en ese tono. Todas las mujeres a las que había llevado a la cama le habían mostrado respeto, y habían sabido que el matrimonio era lo último en lo que pensaba. Cuando se casara no sólo buscaría alguien que pudiera ser su esposa, sino una mujer que pudiera ser reina.
—¡Te contestaré si me dejas que lo haga! —repitió Selena.
—Por supuesto... Los invitados primero... —dijo él con tono burlón.
Selena estaba indignada.
¿Entonces su padre había entendido todo mal? ¿Había sido un malentendido?
Pero su padre había estado muy seguro de lo que estaba diciendo cuando había hablado con ella...
¿Se habría arrepentido Taylor de su decisión? ¿Se sentiría herido porque alguien se había adelantado a contarle sus planes de proponerle matrimonio? ¿O había decidido no mostrar misericordia con David finalmente?
«¡Oh, Dios santo!», pensó Selena.
Se lamentó de haber demostrado que conocía los planes del jeque... Pero no había esperado que Taylor reaccionase con aquella ferocidad.
—¡Al menos déjame vestirme primero! —exclamó ella, enfadada.
Se sentía terriblemente expuesta de aquel modo, desnuda, frente a aquellos acusadores ojos negros, frente a esa mirada furiosa.
—¿Por qué? A mí me gusta lo que veo... —se burló Taylor.
—Estoy segura de que es así, ¡pero no pienso darte un espectáculo de desnudo!
—Hace un momento no te importó hacerlo...
—Pero eso ha sido... —no pudo terminar la frase al ver el fuego de sus ojos quemándola.
La imagen de aquel hombre alto, moreno, orgulloso, atractivo y arrogante que se alzaba a su lado le causaba inseguridad.
—Eso ha sido cuando... —balbuceó Selena.
—¿Eso ha sido cuando qué? —preguntó Taylor, impaciente—. ¿Cuándo pensabas que yo quería casarme contigo? ¿Cuándo creías que pagaría el placer con una alianza de oro que me uniría a ti toda la vida? ¿Ha sido eso lo que ha hecho que tu espectáculo de desnudo fuera respetable? ¿Lo que justificaba que te acostaras conmigo sin pensártelo dos veces?
—No... —Selena se estremeció.
Se sentía humillada. Taylor se había transformado. Ya no era el ardiente amante lleno de pasión, sino un monstruo cuyas despiadadas palabras tenían el efecto de un látigo sobre su piel.
—Porque no recuerdo que tuvieras un anillo de compromiso en ese momento...
—No... —fue lo único que pudo decir Selena con labios temblorosos.
No podía negarlo, se dijo Selena. Había sido suya desde el primer momento, desde aquel primer beso. La había mirado y la había hecho suya.
Y había ido aquella noche a su hotel sabiendo que no tenía otra opción.
Pero después de lo que le había dicho su padre, había ido a verlo con una nueva perspectiva del encuentro con él, con una excitación y una alegría diferente. Ella no se habría permitido soñar con el amor de Taylor. No se habría permitido esperar que él sintiera algo más por ella que deseo. Y se habría conformado con ello. Así que cuando su padre le había dicho que él quería casarse con ella, había sentido que tocaba el cielo con las manos.
Había ido a entregarse a él sin dudarlo, con la idea de que aquél era el hombre que quería para toda la vida y que ella era la mujer que él había elegido para compartir la suya.
 chicas recien llego de mi modulo....
rocio lo siento.... me desconecte sin desoedirme pero no me habia dado cuenta de la hora y sali corriend a la u....
este capitulo va dedocado para ti..... jejeje
que chevere tengo nuevas lectoras y es super....
jijijijiji
ademas teng nuevas seguidoras y uy super emocionada.... las quiero un mundo....

2 comentarios:

  1. peroo queeeee??
    no queria casarse con ella???
    OMG OMG
    O_O
    sube prontooooooooo

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  2. Jajaja todavia no sabe que no es
    la criada... ay que tonto mi Tay..
    pero bueno aveces comete estupidezes
    espero q leas mis comets
    y voy por el q sigue

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..