viernes, 18 de marzo de 2011

Novela Taylena 12 - A las Ordenes del Jeque


—Dime, ¿qué te dijo tu padre exactamente? —Taylor no contestó, sino que respondió con otra pregunta.
Ambos se quedaron callados entonces. Pero al ver que la mirada de Taylor seguía esperando su respuesta, ella se tragó su orgullo y contestó.
—Me dijo que... Que habías propuesto un modo de salir de todo el lío en el que nos metimos, quiero decir, en el que se ha metido David. ¿No es eso verdad? —Selena se estremeció al recordar a su hermano en la prisión de Barakhara.
Sería terrible que David tuviera que seguir en la cárcel, pero evidentemente, su padre había entendido algo mal.
Taylor asintió con la cabeza.
—¿Lo es? —insistió Selena.
—Le he dado una posibilidad a tu familia —dijo Taylor, midiendo sus palabras.
Claramente había vuelto a su papel de diplomático.
—Continúa —le dijo ella ansiosamente.
—Pero no la que tú has creído. Jamás he tenido intención de casarme contigo.
Se lo dijo claramente. Fue totalmente sincero, despiadadamente sincero. No había posibilidad de error.
Reacia, Selena hizo un esfuerzo por enfrentarse a la verdad.
Fue un alivio saber que el destino de David no estaba en sus manos. Pero estaba preocupada por el hecho de que no hubiera esperanza. Estaba sorprendida de que su padre hubiera podido malinterpretarlo todo de aquel modo y hubiera llegado a una conclusión tan equivocada.
«¡Oh, Selena, admítelo. No esperabas el matrimonio cuando viniste aquí!», se dijo.
Era verdad, no había estado buscando nada, sólo lo que le había ofrecido Taylor abiertamente. Una pasión salvaje que la había vuelto loca. Pero una vez que su padre le había hecho pensar en la posibilidad de que él la quisiera realmente, había sido muy duro darse cuenta de cuánto deseaba ella que fuera verdad, aunque nunca se hubiera atrevido a soñar con ello.
En lo más profundo de su ser se había sentido feliz. Porque, aunque fuera sorprendente, la verdad era que se había enamorado locamente de aquel extraño moreno, alto y orgulloso. Y su vida jamás volvería a ser la misma.
Pero él nunca había sugerido el matrimonio. No quería un matrimonio. Y si lo quería, no era con ella.
No quería casarse.
No la quería.
Sólo la había deseado ardientemente para entibiar su cama. Pero la idea de casarse con ella le había hecho tratarla como si fuera un monstruo del que tenía que huir.
—¿Quién creías que era yo, si no sabías que era Selena Marie o Lena? —preguntó Selena.
La forma en que la miró le dejó claro que aquella pregunta le molestaba, y que no se dejaría desviar de lo que tenía planeado.
Y Selena sospechó que lo que le iba a decir Taylor le iba a gustar menos que todo lo que había oído hasta entonces.
—Pensé que eras la criada... O el ama de llaves.
Por un momento, la boca de Taylor esbozó una sonrisa, lo que atormentó más a Selena, porque le recordó la expresión que había visto en él cuando lo había visto por primera vez.
Ella no se había engañado. Había visto aquella sonrisa cuando Taylor había ido a ver a su padre y en otros momentos, como cuando había pedido a sus empleados que los dejaran solos. Una sonrisa que ya no tenía ahora.
—Fue el delantal lo que produjo la confusión.
La sonrisa se hizo más sincera, y Selena no pudo evitar devolvérsela.
—Era una prenda con mucho estilo, ¿no crees?
—La tomé prestada... Creo que de la anterior ama de llaves.
—No he visto usar algo así a nadie que no fuera una criada, así que, naturalmente...
—Naturalmente —respondió Selena.
No le extrañaba que Taylor no hubiera pensado en casarse con ella. El era un jeque, un príncipe del desierto, un gobernante. Y jamás se hubiera rebajado a casarse con alguien tan por debajo de él socialmente, como una criada.
Llevar a una criada a la cama por placer era algo muy distinto. Para eso era para lo que se habían creado los harenes, para que el rey pudiera escoger.
Taylor había decidido elegir a una de las criadas de la casa de los Gómez. Y su elección había recaído en ella.
Pero ¿cómo se sentiría Taylor ahora que sabía que ella no era una criada de los Gómez sino su hija?
Pero no debía pensar en ello. No la llevaría a nada bueno. Sería como ofrecerle un puñal para que se lo clavase en su ya herido corazón.
—Si hubiera sabido quién eras, no te habría tocado —dijo Taylor.
Era la respuesta a su pregunta, sin que tuviera que hacérsela.
Selena agarró su copa y bebió para suavizar la herida que acababa de recibir. Pero el alcohol tuvo el efecto contrario en su estado emocional, porque derrumbó sus defensas, dejándola totalmente expuesta.
Fue como darse cuenta totalmente de la poderosa presencia masculina de Taylor. Notó la fuerza de su cuerpo, la dureza de sus músculos en sus brazos desnudos con aquella camiseta negra de manga corta. La luz hacía brillar su cabello negro y sus ojos... Era una visión muy atractiva...
Ella siguió cada movimiento de sus manos como si estuviera hipnotizada. Miró cómo se movía su boca y oyó su voz como si se tratase de un sueño.
—¿Entonces mi padre entendió todo mal? Cometió un terrible error y...
Selena se calló al ver que la expresión de Taylor cambiaba. Se puso serio y el brillo de excitación de sus ojos se borró por completo.
—¿Me estás escuchando?
El tono de enfado de Taylor la sobresaltó. Al parecer le había dicho algo mientras ella se había quedado sumergida en sus pensamientos, y ella no lo había escuchado.
—No hace falta que lo haga, ¿no? Has dicho todo lo que quiero oír. ¡Lo has dejado todo muy claro! —exclamó ella.
No había podido refrenarse, pero ahora empezaban a fallarle las fuerzas y se dio cuenta de que la voz le había temblado al pronunciar las últimas palabras.
—Está bien. Lo comprendo.
—¡No! No lo comprendes. ¡No comprendes nada! No estarías hablando así si lo hicieras.
—Lo comprendo. Mi padre ha entendido todo mal. No había ninguna proposición de matrimonio.
—¡No! —exclamó Taylor.
Se levantó de la silla violentamente y empezó a caminar de un lado a otro de la habitación.
De pronto se detuvo, y exclamó:
—¡En el nombre de Allah, Selena, escucha! —Taylor fijó sus ojos en ella.
La intensidad de su mirada la inquietó.
—Yo... Estoy escuchando —respondió ella débilmente, y agarró más fuertemente su copa.
En realidad, no quería escuchar. No quería saber.
Pero no se atrevió a decirlo. Temía lo que podía decirle Taylor, pero más miedo le daba la reacción que podía tener Taylor si no lo dejaba continuar.
Era como saber que, de una u otra forma, se avecinaba una tormenta.
—Sigue... —susurró Selena, entonces—. Te escucho.
—¿Qué te ha dicho exactamente tu padre? Selena no tuvo que pensarlo. No tuvo que recordar sus palabras. Estaban grabadas en su mente. No podía olvidarlas.
—Mi padre dijo... dijo...: «El Jeque de Barakhara necesita una esposa».
Selena pensó: «Y me ha escogido a mí para que lo sea. Si acepto, el jeque quitará todos los cargos contra David y lo liberará en cuanto pueda».
—¿Y has deducido de ello que quería casarme contigo?
—Yo... Bueno, sí. Es evidente, ¿no? Pero no lo es, ahora que sé que no lo has dicho, y que mi padre lo ha malinterpretado... Pero...
Ella estaba balbuceando estúpidamente, pero él no la corregía. Simplemente la dejaba hablar como una estúpida y la miraba intensamente.
—Pero ha sido así, ¿no? Después de todo, tú eres el Jeque de Barakhara y has venido aquí a...
—No lo soy —dijo Taylor.
—¿Qué? ¿Qué has dicho? Tú eres...
—No soy el Jeque de Barakhara. Mi país es Edhan. Barakhara tiene frontera con el territorio de mi país, y está gobernado por un miembro de mi familia, mi hermano. Él es quien quiere una esposa.
—El...
 que opinan de la relacion de selena y justin??????????
creen que hacen bonita pareja....

2 comentarios:

  1. aaaaaaaaaaaaa
    su hermano???
    pero como?? osea no podia él ir a pedirle matrimonio??
    pufff poco hombre
    me encanto sube prontooooooooo!!!

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  2. Jajaja te digo
    que me encantan los comentarios
    de Lu jajaja me rio de todo
    y mas con los comentarios

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..