domingo, 20 de marzo de 2011

Novela Taylena 14 - A las Ordenes del Jeque -


Aquello no podía ser real. No podía creer que estuviera en la cabina de aquel lujoso jet privado rumbo a Barakhara, para encontrarse con el jeque que quería que fuera su esposa.
—El jeque... —dijo en voz alta como para creérselo.
Pero sólo logró que la azafata la mirase y fuera a preguntarle si quería algo.
—No... Nada, gracias. Estoy bien...
Jamás había conocido tanto lujo. Pero el precio de aquel lujo hacía que jamás se hubiera encontrado en una situación más incómoda.
No había dormido bien desde el día en que se había aclarado el tema de la proposición de matrimonio.
—Señorita, vamos a aterrizar... Si es tan amable de ajustarse el cinturón...
La azafata estuvo a punto de abrochárselo, de no ser porque Selena se lo impidió y le dijo que lo haría ella misma.
Tenía que mantener su independencia todo lo que le fuera posible.
¿Realmente sería capaz de hacer aquello?
¿Podría hacerlo?
Selena echó la cabeza atrás.
¿Tenía otra opción?
Justin había sido encantador por teléfono, pero había dejado muy clara una cosa: o iba a Barakhara dispuesta a ser su esposa, o David se pasaba el resto de su vida en la cárcel.
Ella no recordaba mucho de Justin. Sólo que era un chico muy exótico y atractivo. La amistad entre ellos había sido el resultado de las circunstancias más que el del verdadero afecto. Se había llevado bien con él, pero no habían tenido muchas cosas en común. Y ella había cambiado tanto desde entonces... Su aspecto gótico había desaparecido por completo.
Iba a conocer a un extraño. Iba a casarse con un extraño.
Y no sabía si iba a poder hacerlo.
¡Qué distinto hubiera sido que el jeque con el que tuviera que casarse fuera Taylor!
Taylor...
Hacía poco había sido un extraño para ella, como Justin, pero rápidamente se había transformado en algo diferente.
—Taylor... —susurró Selena con los ojos cerrados.
Y recordó su boca, sus ojos negros, su cuerpo...
¡No! ¡No debía pensar en él!
Selena abrió los ojos. Eso la destruiría.
Porque se había enamorado de Taylor. Se había resistido a admitirlo, pero se había entregado en cuerpo y alma a él.
Era increíble lo rápido que había sucedido...
Ella nunca había creído en el amor a primera vista, pero ahora tenía que admitirlo. No le quedaba más alternativa. Porque era suya, y no había sitio en su corazón para nadie más.
Pero Taylor no la quería.
No sentía nada por ella excepto el ardiente deseo que se había encendido entre ellos. Un deseo que se había terminado aquella noche en que ella había ido a su hotel, hacía dos semanas.
Taylor no la quería. Así que, aunque su corazón se estuviera muriendo por él, había aceptado la proposición de matrimonio de Justin. Al menos así salvaría a su hermano, y David tendría un futuro, aunque ella no lo tuviera.
El ruido de los motores del avión cambiaron radicalmente, y un momento más tarde el avión aterrizó en la noche de Barakhara.
Pronto se encontraría con su futuro esposo, el hombre con quien había aceptado casarse sin volver a verlo después de años.
—Si es tan amable de venir conmigo, señorita... Traerán el coche hasta el avión —le dijo Sahir, el aeromozo y guardaespaldas que se había ocupado de ella desde que había emprendido el viaje.
Sahir tenía instrucciones de Justin de no perderla de vista hasta que la entregase a su futuro esposo en el palacio de Barakhara. Selena no podía culparlo por cumplir con su trabajo, pero ella se sentía agobiada por su constante presencia.
Al menos cuando llegase al palacio se liberaría de Sahir. Pero sufriría otro tipo de prisión. Porque iba a casarse con otro hombre. No con Taylor.
El calor fue como una bofetada al salir del avión.
La limusina los estaba esperando.
—Señorita...
La puerta del coche estaba abierta. Sahir le hizo una inclinación. Tendría que acostumbrarse a aquel tipo de formalidades, pensó Selena.
Ella se sentó en la limusina algo distraída por aquella escena. Apoyó la cabeza en el respaldo y cerró los ojos. La puerta del coche se cerró. Apenas lo hizo, el coche se puso en marcha, y se movió rápidamente, alejándose de...
¡Algo iba mal! ¡Muy mal!
Intuitivamente, instintivamente sintió que aquello no debía estar sucediendo.
Sahir no había tenido tiempo de subir al coche con ella. Y además, no había oído abrirse y cerrarse otra puerta, ni había notado el cambio del aire acondicionado en la parte de atrás del coche.
Algo...
—¡Sahir! —gritó Selena, presa del pánico mientras se sentaba más erguida—. ¡Sahir!
—Me temo que Sahir no vendrá con nosotros en esta parte del viaje. El... ha sido relevado de sus obligaciones.
—El...
Selena conocía aquella voz y había temido volver a oírla. ¿O había temido no volver a oírla?
Sólo sabía que aquélla era la voz de Taylor. Y provenía de la persona que estaba a su lado.
Pero la oscuridad no le dejaba ver bien su cara. El brillo de sus ojos era el mismo, su fragancia también. Pero ya no era el sofisticado Taylor que había ido a casa de su padre. Ni el hombre vestido con ropa sport que había encontrado en la suite del hotel.
Ahora iba vestido con un traje tradicional blanco que llevaba una túnica negra por encima. Tenía el cabello cubierto por el tradicional gutra, el tocado tradicional de los hombres. Su apariencia era más peligrosa, más exótica... Su presencia masculina parecía ocupar toda la limusina.
—T... Taylor... ¿Qué...? ¿Por qué...? —gritó, histérica.
—Oh, Dios santo...
Su voz se apagó al sentir una poderosa mano tapándole la boca. Sintió que Taylor la apretaba contra su cuerpo, que su cabeza se apoyaba en su hombro y que unos ojos negros se clavaban en los suyos negros.
—¡No! ¡No digas nada! No dirás nada, ¿comprendido?
Ella sentía el latido del corazón de Taylor en su oído.
Había estado a punto de gritar. Taylor lo había visto en la expresión de su cara, en sus ojos. Ella había estado a punto de gritar, y aquello habría estropeado todo.
Podría oírla mucha gente. Y podrían reconocerlo. O reconocer el coche aunque hubiera dado instrucciones de que le quitasen la banderita de Barakhara.
Si lo reconocían en aquel momento, tal vez no pudieran salir sanos y salvos de aquella situación.
Así que había tenido que actuar.
Y por eso tenía a Selena apoyada contra su pecho, mirándolo, mientras él le tapaba la boca con la mano.
Era un tormento.
El había pensado que después de dos semanas de no verla se habría recuperado de la atracción de aquel primer día. Que con la distancia se enfriaría, y se daría cuenta de que había exagerado el deseo que le despertaba su cuerpo.
Pero jamás había sentido algo tan fuerte por ninguna mujer. Había conocido muchas mujeres: hermosas, deslumbrantes, llenas de glamour, pero sólo se había sentido atraído por éstas durante un tiempo. Había salido con ellas, las había invitado a cenar, había disfrutado de ellas, y finalmente se había alejado de ellas sin volver la vista atrás.
Entonces, ¿por qué no había sido capaz de hacer lo mismo con aquella mujer?
¿Por qué se había pasado los días y las noches pensando en ella, recordándola en sueños eróticos de los que se despertaba sudando?
Y sólo le había llevado un segundo volver a sentir todo aquello...
Ahora, con la suave caricia de su cabello en su mejilla y la fragancia de su cuerpo envolviéndolo, se daba cuenta de que dos semanas no habían sido suficientes, que jamás lo serían.
En el espacio de una fracción de segundo había vuelto a estar bajo su hechizo, sin esperanza de poder escapar de él. Y lo peor era que ni siquiera quería intentar hacerlo.
—No digas una sola palabra... ¡Ni una! ¿Comprendes? — Ella hizo un movimiento. El no supo si era un asentimiento o simplemente una forma de intentar liberarse de su sujeción. Vio un brillo en sus ojos, ¿de temor o de desafío?, y supo que ninguno de los dos podría permanecer así.
—Si te suelto... debes prometerme...
Taylor aflojó su mano. Ambos sintieron un alivio. Pero entonces ella se apartó de él y abrió la boca.
Ahora él ya no podía tapársela nuevamente porque estaba demasiado lejos.
Había un solo modo de acallarla.
Taylor le rodeó los hombros, tiró de ella hacia él y la besó.
En un segundo se alzó el fuego entre ellos. El calor evaporó su mente, y Taylor se entregó al deseo que le despertaba aquella mujer.
—Selena... —suspiró.
Ella se derritió. Sus labios se abrieron y su lengua jugó con la de él, invitándolo, jugando, con íntimas caricias.
Taylor agarró su pelo sedoso para moverle la cabeza y colocarla en el ángulo adecuado para besarla mejor.
Selena rodeó su cuello con sus brazos y lo abrazó fuertemente. Taylor sintió la suavidad de sus pechos. Ella entrelazó sus piernas a las de él, y quedaron casi acostados en el asiento de atrás de la limusina. Ella sintió su erección presionando su pelvis.
Las luces del aeropuerto estaban encendidas, pero ellos no se dieron cuenta, ajenos a todo menos a su pasión.
Durante aquellas dos semanas él no se había sentido vivo, no había sentido nada durante días. Y ahora volvía a la vida con aquella explosión eléctrica que lo transportaba a un mundo de sensaciones donde no sabía quién era; si era de noche o de día. Sólo era consciente de la mujer que tenía en sus brazos. Aquélla que lo había atormentado en sueños, que lo había vuelto loco.
Pero en aquel momento el coche hizo un movimiento brusco, el conductor perdió el control por un momento y lo recuperó casi inmediatamente, pero no antes de que el violento movimiento echase a un lado a sus pasajeros.
—¿Qué diablos...?
 ahhhhhhhhhhhhhh
emocionada porque el primer pais al que viene miley es ecuador ahhhhhhhh
ahhhhhhhhhhhhhhh

1 comentario:

  1. aaaaaaaaaa
    Taylor esta en la limusinaaaaaaaaa
    una escapada rapidita y a escondidas no vendria nada mal!!
    Lo siento mucho por su hermano pero que lo hubiese pensado antes
    me encantoooo
    sube prontooo!!!

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..