lunes, 21 de marzo de 2011

Novela Taylena 15 - A las Ordenes del Jeque


Taylor sofocó la maldición que estuvo a punto de salir de su boca.
¡Aquello no debía suceder!
Su vida ya era suficientemente complicada como para complicarla más con una chica a la que sólo le interesaba el dinero, y que ya estaba comprometida con su hermano. Había acudido allí aquella noche para ayudar a Justin, no a empeorar las cosas.
—Lo siento —dijo Taylor—. Esto no ha debido suceder.
Cuando el coche había recuperado la estabilidad, Selena se había apartado todo lo posible de él.
—¡Tienes razón! ¡No ha debido suceder! ¡Y no volverá a ocurrir!
—Bueno, al menos estamos de acuerdo ambos en algo.
—¡«Ambos»! —exclamó ella—. No recuerdo haber tenido nada que ver en esto. ¡Tú me has asaltado súbitamente!
—Sólo para que te callases —señaló Taylor—. Admítelo. Ibas a gritar.
—¿Y qué si iba a hacerlo? Claro que iba a gritar. He venido aquí para ver a Justin. Y en cambio me encuentro...
—Conmigo.
—Me encuentro contigo... ¡Y enseguida me empiezas a maltratar!
—¡Yo no te he maltratado! —protestó él—. ¡Pero quiero que sepas que jamás he maltratado a una mujer en mi vida!
—¡Llámalo como quieras! ¡Pero yo no quería que lo hicieras! Quiero que quede bien claro, no quiero que vuelvas a tocarme sin mi permiso expreso. No me gustas. No te quiero, y eres la última persona con la que quiero estar ahora mismo...
—Muy dura... —dijo Taylor.
Taylor había recuperado totalmente el control sobre sí mismo. Pero aunque Selena no lo supiera, ella era un problema mayor del que se había imaginado. Y estaba en peligro.
—Me temo que vas a tener que aguantarme un rato —dijo Taylor.
—Pero ¿por qué... tú? ¿Por qué no ha podido venir a recogerme Justin? ¿Por qué te ha enviado a ti?
Selena lo miró y se le pasó una idea por la cabeza.
—Si es que te ha enviado Justin... ¿Es eso lo que ha sucedido? ¿Dónde está Justin? ¿Sabe él que estás aquí?
—Ha habido un pequeño problema —dijo Taylor desde el rincón que ocupaba en el coche. No se le veía la cara, oculta por los pliegues del gutra.
—¿Qué tipo de problema? —preguntó Selena, preocupada—. ¿Qué ha ocurrido? ¿Ha cambiado de parecer Justin? ¿Es que ha decidido que no quiere casarse conmigo?
Y si era así, ¿qué le pasaría a David? Ahora que había llegado hasta allí, no podía soportar que algo fuera mal.
—El trato del matrimonio sigue en pie. Si Taylor había empleado ese tono para tranquilizarla, se había equivocado, porque tuvo el efecto contrario. Le provocó un estremecimiento de los pies a la cabeza.
Ella deseó poder alejarse más de Taylor, pero no podía. Sentía el picaporte de la puerta del coche en la espalda, y tenía la cabeza apoyada contra la ventanilla.
—Entonces, ¿por qué no está aquí tu hermano?
—Estaría aquí si pudiera —respondió Taylor.
—Si pudiera... ¿Qué quiere decir eso? ¿Qué sucede? —dijo ella, presa del pánico.
No sabía qué estaba sucediendo. Pero no le gustaba nada. Justin tenía que tener una buena razón para ponerle un guardaespaldas, pero Sahir se había ido. ¿Y si su tarea había sido protegerla de una situación como aquélla, de un hombre como Taylor?
Selena se giró en el asiento y agarró el picaporte, tratando de abrir la puerta desesperadamente. Cuando vio que la puerta no cedía, no supo si sentir alivio o angustia.
—Está cerrada —dijo Taylor serenamente—. Todas están cerradas. Mejor así. Me pregunto qué habría ocurrido si hubieras podido abrirla. Habrías caído en una carretera comarcal de Barakhara, sin saber dónde estabas o adónde ir.
—¡Pero hubiera sido preferible a estar aquí encerrada contigo! —contestó Selena, mintiendo.
Ella sospechaba que Taylor lo sabía también, aunque no lo dijera. El sólo alzó una ceja, e hizo una mueca con su hermosa boca a modo de sonrisa cínica, para demostrarle que estaba pensando lo mismo que ella.
—Estamos los dos encerrados el uno con el otro —señaló él—. Así que será mejor que lo llevemos lo mejor posible.
—¿Y cómo es eso? —preguntó Selena sarcásticamente.
En aquel momento se oyó la radio, y el conductor le dijo algo a Taylor en árabe.
Taylor se inclinó hacia delante, abrió el cristal que separaba al chófer de sus pasajeros y empezó a hacerle preguntas, o a dar órdenes, Selena no estaba segura, en el mismo idioma.
—¿Qué ocurre? —preguntó ella.
Taylor no le contestó inmediatamente. A Selena la espera se le hizo eterna.
—Taylor, ¿qué sucede?
La expresión de Taylor fue más terrorífica que cualquier cosa que pudiera decir.
—Tenemos que salir de aquí. ¿Sabes montar? —preguntó Taylor.
—¿Montar? —repitió ella—. Sí, pero...
En aquel momento Taylor se puso a discutir con el chófer, y Selena tuvo que tirar de su manga para que éste le volviera a prestar atención.
—Pero ¿por qué tengo que montar a caballo? Y no me digas que porque tú me lo dices. En tu país serás rey, pero aquí...
Su voz dudó al darse cuenta de que no sabía dónde era «aquí». Había volado a un aeropuerto, eso era lo único que sabía. Adónde la llevaba Taylor era otra historia.
—¡Tú no me gobiernas! —exclamó Selena—. Tienes que darme alguna explicación de lo que sucede, alguna razón para que vaya contigo, y tiene que ser algo más preciso que: «Ha habido un pequeño problema», si no, no iré a ninguna parte.
Taylor suspiró con resignación.
—¿Alguna vez haces algo sin discutir?
—No, en lo relacionado contigo, no...
Para su sorpresa, su rebelión no le hizo ganarse el reproche de Taylor, sino una sonrisa. Fue sólo una breve sonrisa, que iluminó apenas la sensual curva de su boca. Pero al menos fue una sonrisa y no el gesto de furia que ella había esperado.
—Podría ordenarte hacer lo que digo —comentó Taylor.
—¡Inténtalo! —lo desafió ella.
El podría ordenarle cualquier cosa y ella tendría que obedecer, pensó ella. Porque estaba en un país que no conocía, cuya lengua no hablaba, y encima no tenía idea ni de dónde estaba. Si miraba por la ventanilla del coche, lo único que veía era oscuridad, interminable e impenetrable oscuridad. Era imposible escapar de aquella situación. Hasta Taylor era preferible a arriesgarse a lanzarse a aquello.
—Tienes razón —dijo él de repente.
—¿Sí? —preguntó, sorprendida.
Taylor volvió a sonreír y asintió con la cabeza.
—Te debo una explicación...
Tendría que decírselo algún día, pensó Taylor.
—¿Me la debes? —Selena no podía salir de su asombro.
—Sí. Lo creas o no, no tengo la costumbre de secuestrar mujeres.
—¿Quieres decir que no has planeado secuestrarme y llevarme contigo al desierto para conseguir lo que quieres de mí? —le preguntó Selena con los ojos grandes y un brillo burlón en ellos.
El tuvo que hacer un esfuerzo por mantener el control.
—Has leído muchas novelas —respondió.
Las palabras de Selena habían evocado todo tipo de visiones eróticas, y fue como disparar el gatillo de los pensamientos que había estado reprimiendo desde aquel beso. El podía intentar convencerse de que la había besado para acallarla, pero su feroz libido sabía que lo había hecho porque no había podido evitarlo. Era un tormento estar sentado cerca de ella, oliendo la fragancia de su piel y no poder satisfacerla.
—¡No he leído muchas novelas! —respondió Selena—. No hubo nada ficticio en ese beso.
El darse cuenta de que ella había pensado lo mismo que él no ayudó a tranquilizar la mente ni el cuerpo de Taylor.
—Te dije que eso ha sido un error —protestó él—. No volverá a suceder.
—No.
El cometió el error de mirarla un momento a los ojos. Una hebra de pelo se había quedado atrapada en las curvadas pestañas de su ojo derecho, y se movió cuando ella pestañeó.
Aquella vez él no pudo reprimirse. Su mano se movió por instinto, y se extendió hacia el ojo.
La vio observar su mano con ojos sorprendidos. La vio mirar cada movimiento con la boca entreabierta, conteniendo la respiración.
Le quitó la hebra de cabello suavemente. La vio tragar saliva; luego humedecerse los labios con la lengua.
«Selena...», pensó Taylor.
Pero dijo:
—No.
—No —repitió Selena nuevamente, reafirmándolo, agitando la cabeza.
—Ibas a darme una explicación —dijo ella minutos más tarde—. Y será mejor que sea convincente.
—Hay problemas en la ciudad, una revuelta. Y se ha pensado que es mejor, más seguro, que no estés en medio de esto hasta que la situación no se estabilice.
—¿Entonces Justin te ha enviado a que me recojas?
—Justin tiene que ocuparse de muchas cosas allí.
Taylor evitó la verdad en su respuesta a propósito. Pero sospechó que ella lo sabía. Justin ni se había acordado de ella. Su mente había estado pensando sólo en sí mismo, como siempre.
Pero al parecer, Selena estaba pensando en otra cosa.
—Este... problema... ¿Cómo le afectará a David? ¿Estará a salvo mi hermano?
—De momento tu hermano está en el lugar más seguro posible.
No eran los prisioneros quienes tenían problemas, sino el hombre que los había encerrado. La tiranía de Justin, su ambición y autoindulgencia siempre lo había puesto en peligro de rebelión en Barakhara. Y al parecer, en aquel momento la tensión había llegado al punto de ebullición.
—Entonces, ¿adónde vamos? ¿Por qué me has preguntado si sabía montar a caballo?
—Ahora mismo el lugar más seguro es el desierto... Y no podemos llegar en coche.
—¿Y esperas que vaya contigo así sin más? ¿Que confíe en ti y me ponga en tus manos? —Selena se estremeció al pronunciar estas palabras.
Pero no se estremeció de temor.
Ella no tenía miedo de lo que él pudiera hacerle físicamente. Ella temía el coste emocional que podría tener el estar simplemente con él.
Ella tenía la esperanza de que con el tiempo se olvidase de Taylor, y del efecto que tenía en ella. Pero le llevaría años, no días, borrar los recuerdos de lo que había sentido estando en sus brazos. Y no sabía si sería capaz de superar el amor que sentía por él.
Y el estar con él allí empeoraría las cosas. Había tenido que luchar contra la atracción poderosa que tenía hacia él. Aquel beso le había hecho revivir todas las sensaciones que ella había querido olvidar.
Entonces, ¿cuál era la excusa de Taylor?
Era posible que él pensara que no necesitaba ninguna. Para él, ella era simplemente una mujer codiciosa y tenía la culpa de lo que le ocurría. Y ciertamente, ella misma había sido quien se había metido aquel lío del que no podía salir.
—¿O es que crees que con sólo chasquear los dedos voy a obedecer? Creo que deberías recordar que no soy tuya como para que te obedezca.
—Tú no eres mía...
Aquellas palabras tuvieron un tono diferente, como si Taylor les agregase un sentido diferente.
—Tú no eres mía, pero si lo fueras, yo me ocuparía de que estuvieras protegida y te mantuvieras a salvo en este momento de crisis. Así que, por esta vez, te trataré como si fueras mía. Haré todo lo que pueda para asegurarme de que no sufres ningún daño.
—Tú... ¿Harías eso? —ella apenas podía respirar para decirlo. Su corazón estaba latiendo aceleradamente.
Aquellas palabras pronunciadas con aquella voz tan profunda y aquel hermoso acento extranjero parecía una declaración tan profunda como las promesas de una boda.
Selena se estremeció. Se sintió segura, protegida por un brazo protector invisible que la abrazaba fuertemente, manteniéndola a salvo.
—¿Harías eso por mí?
—Estás prometida con un miembro de mi familia y, por lo tanto, como representante de esa familia, mi obligación es asegurar tu seguridad.
Selena sintió una gran decepción. Se alegró de que la oscuridad ocultase su reacción. Se había puesto pálida y se le habían llenado los ojos de lágrimas.
Sólo lo hacía por obligación. Era su deber. Y para ella fue como una bofetada.
Claro que ella le había dicho que se quería casar con un jeque, fuera Taylor o su hermano, que eso le daba igual. Le había demostrado que era una mujer interesada que sólo iba tras el dinero, y por lo tanto no era merecedora de la preocupación ni del respeto de Taylor. El sólo se tomaba la molestia de protegerla porque estaba prometida a un miembro de su familia.

2 comentarios:

  1. Pobre Selenaaaaaaaaa
    que estara haciendo Justin??
    pufff
    sube prontooooo
    haber si pasa algo ya
    eee
    jejejeje
    se me olvido me encantooooo
    jejejeje

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  2. nena amo tus noves ahora soy adicta a ellas

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..