miércoles, 23 de marzo de 2011

Novela Taylena 17 - A las Ordenes del Jeque


—¡Buenas noches! —exclamó él, enfatizando su saludo.
Taylor se quitó el gutra de la cabeza y lo tiró en el diván. Llevaba una túnica blanca con una especie de capa.
—¿Qué clase de saludo es éste? —preguntó él.
—El único saludo que te mereces después de dejarme sola todo el día! Ni sabía que te habías ido, y cuando me desperté...
—¡Te dejé una nota! Te lo explicaba todo en ella.
—¡Todo! ¡No me has explicado nada! —Selena agarró la arrugada nota.
Selena la había leído una y otra vez, pero aquello no había aplacado su preocupación.
—«Tengo que ir a averiguar lo que está sucediendo» —leyó Selena la nota en voz alta—. «Estarás segura aquí hasta que vuelva. Si necesitas algo, no tienes más que pedirlo».
—Bueno, has estado segura, ¿no? —Taylor miró la tienda—. No veo signos de pillaje ni de violación, y Omar dice que has pedido...
—¡Oh! ¡He pedido, sí! He pedido saber lo que estaba sucediendo, pero nadie me ha contestado. He preguntado dónde estabas, y tampoco me lo han querido decir.
—Yo les he dicho que no te lo dijeran.
Selena se levantó, furiosa.
—¿Tú les has dicho eso? ¿Sabes cuánto tiempo he estado aquí...?
—Ahora no, Selena —la interrumpió Taylor—. No quiero hablar de ello.
—Es posible que tú no quieras hablar, pero yo sí. Yo...
—¡He dicho que ahora no, Selena! —exclamó él, furioso.
La miró con ojos asesinos. Y ella se rindió. Pero no por el temor que le había infundido su mirada. Sino porque se dio cuenta de que no lo había mirado a los ojos desde que habían llegado a la tienda.
Pero ahora lo estaba haciendo. Y lo que vio le produjo un gran shock. Taylor tenía ojeras, una expresión sombría. Y probablemente no fuera sólo producto del cansancio mental y físico. Sus ojos parecían haberse nublado bajo unos pesados párpados.
—Ahora no, Selena —repitió Taylor, pero aquella vez en un tono diferente. Ya no tenía la emoción exaltada de antes—. No quiero hablar de ello ahora.
Había sido un día terrible y él no quería hablar de nada. No quería ni pensar. Además, tendría que hacerlo muy pronto. Tendría que explicarle todo a Selena, decirle lo que significaba todo aquello para ella y para su hermano. Sospechaba cómo reaccionaría y sabía que aquélla era la razón principal por la que no quería hablar. Sólo quería...
—Siéntate...
Fue Selena quien habló; pero empleó un tono tan diferente que él casi no la reconoció.
—Siéntate antes de que te desmorones. Pediré que traigan algo de beber —dijo Selena.
Selena había ido hacia la entrada de la tienda, pero Taylor la detuvo.
—No. Seguramente tendrás agua en la tienda. No necesito nada más —respondió.
—Por supuesto.
Al ver que Selena cambiaba de dirección, Taylor se sentó en el diván y apoyó la cabeza en los cojines. Cerró los ojos y se quedó descansando un segundo.
Aquello era lo que había soñado durante todo el viaje de regreso al oasis. Lo único que lo había mantenido en pie durante el largo viaje a caballo había sido la idea de que al final llegaría allí, a la paz y la quietud de aquella tienda. Incluso se había permitido imaginar...
—Aquí tienes el agua... —dijo Selena.
El abrió los ojos y vio a Selena delante, con un vaso de agua en la mano.
—Shukran. Gracias.
Taylor agarró el vaso de agua y bebió. Pero apenas notó el claro gusto del líquido. Toda su atención estaba en la mujer que tenía delante de él.
Aquella mujer que no había sido capaz de borrar de su mente en todo el día. La mujer que había soñado que lo estaría esperando cuando regresara... En su hogar...
Taylor apretó el vaso de cristal.
Y ahora Selena estaba allí, de pie, frente a él, como si el sueño se hiciera realidad.
Estaba más bella que nunca, con aquel cabello negro suelto sobre sus hombros. Su túnica de seda también brillaba, marcando suavemente las curvas de sus caderas cuando se movía.
Nunca había deseado tanto a una mujer.
Si no fuese quien era...
Aquella noche en la suite él había estado a punto de experimentar la mayor experiencia sexual de su vida. Pero luego ella había dicho: «Todas las noches de nuestra vida de casados». Y había sido como si ella le hubiera arrojado una granada en la cara.
No podía tocar a esa mujer. Era la mujer que su hermano había elegido por esposa y su honor le exigía que se alejara de ella. Ello había intentado. Pero no había podido quitársela de la cabeza. Incluso había usado el hecho de que había problemas en Barakhara para volver a verla. Aunque sabía que sería un tormento estar con ella.
Su hermano Justin no se había preocupado por la seguridad de su futura esposa, ni siquiera de si había llegado sin problemas a la capital. Alguien tenía que ocuparse de ello. De que no sufriera daño alguno entre el aeropuerto y el palacio.
Al menos eso era lo que se había dicho. Sabía que la verdad era que había buscado una excusa para verla otra vez.
Pero ahora...
Ahora todo era diferente.
Muchas cosas habían cambiado. Selena ya no era un fruto prohibido para él. Y él sabía que haría cualquier cosa por pasar aunque sólo fuese una noche con ella, por conocer el placer que podía ofrecerle su glorioso cuerpo, internarse en ella, saciarse...
¡Maldita sea! ¿A quién quería engañar? ¿Cómo iba a poder saciarse de aquella mujer en una noche?
—¿Por qué me miras así?
Selena lo estaba mirando con desconfianza.
—¿Estaba mirando? Perdóname.
Realmente Taylor tenía que hacer un gran esfuerzo por concentrarse en el presente y no fantasear con el futuro, después de un día agotador.
—¿Qué ha sucedido, Taylor? —preguntó ella.
Al parecer, él no había podido convencerla con su tono sensual.
—¿Puedo beber más agua?
Taylor estaba rehuyendo la respuesta, y Selena parecía darse cuenta. Pero ¿qué tenía que hacer él? ¿Soltarle los acontecimientos así, sin ninguna preparación?
Selena agarró su vaso y fue a rellenarlo.
Taylor la observó alejarse. Tuvo que controlar su gruñido de excitación al ver el balanceo de sus caderas, el modo en que la seda color ébano se curvaba en su trasero...
Deseaba desesperadamente a aquella mujer. Y era una agonía estar allí, observándola, y no hacer nada.
Taylor se tapó la cara con las manos, tratando de borrar las imágenes que acudían a su mente.
—¿Estás enfermo?
—Estoy bien.
Taylor se pasó las manos por la cara hasta la sien.
—No parece que estés bien. ¿Te duele la cabeza?
—Naam... —contestó Taylor, incapaz de hablar una sola palabra en inglés.
¿Por qué tenía que estar así Selena ahora? ¿Por qué tenía que emplear aquel tono suave, como de preocupación?
Esa Selena le despertaba sentimientos, deseos, que no tenía ganas de reprimir en aquel estado.
¿Por qué no seguía tratándolo con aquel tono de irritación con el que lo había recibido?
Esa mujer le daba ganas de abrazarla, besarla... de borrarle aquella expresión de preocupación de sus labios con un beso.
Y le daba ganas de llevarla a la cama.
La otra mujer, la otra Selena, le daba ganas de agarrarla y quitarle el enfado de su rostro, callar sus acusaciones con un beso y apagar el fuego del enfado de sus ojos, besándolos.
Y le daba ganas de llevarla a la cama también.
—Te podría dar algo para el dolor de cabeza si supiera dónde está mi equipaje...
El cambio en el tono de su voz le hizo sonreír a Taylor.
—El chófer recibió órdenes de llevarlo al palacio. Estará a salvo.
—Estoy segura, pero mientras tanto...
Selena le dio el vaso y luego rodeó el diván y se colocó detrás de él.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Taylor cuando ella le pasó la mano por el cuello.
—Estoy intentando aliviarte el dolor de cabeza.
—Mmm... Tus músculos están tensos aquí... Lo siento, ¿te ha dolido?
—No —respondió bruscamente Taylor.
Había tenido que reprimirse el gruñido de placer al sentir sus dedos. La fragancia de su cuerpo lo embriagaba, y hacía que su corazón se acelerase.
Con sus masajes, la tensión en su cuello y sus hombros empezó a ceder. Se estaba relajando demasiado rápido. Si se echaba hacia atrás, apoyaría la cabeza en el calor del cuerpo de Selena, más precisamente encima de sus pechos, y hundiría su cara en su deliciosa suavidad. Oía cada una de sus inhalaciones, el latido de su corazón y el pulso de su sangre en sus venas.
Era una agonía y un éxtasis al mismo tiempo. Éxtasis por el placer que sentía. Y una agonía porque físicamente estaba excitado, y deseaba satisfacer su deseo, y mentalmente, porque sabía que tenía que negar ese deseo, y eso lo hacía insoportable.
No podía relajarse hasta que le contase lo ocurrido. No podía hacer nada para sí, hasta que ella supiera la verdad.
—Tranquilo... —dijo Selena—. Casi te has relajado...
—Selena... —empezó a decir Taylor.

lu <3 el capi es para ti....
te quiero millon sis...

1 comentario:

  1. jejejeje
    gracias
    jejeje
    que habra pasado??
    que pasara con el hermano de Selena??
    sube pronto
    me encanto!!!

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..