jueves, 24 de marzo de 2011

Novela Taylena 18 - A las Ordenes del Jeque


Los dedos de Selena se detuvieron, luego siguieron, pero menos seguros aquella vez. El ritmo de sus movimientos era menos fluido, sus masajes un poco torpes, lo que demostraba que su mente no estaba en lo que estaba haciendo.
—Tengo algo que decirte —dijo Taylor.
¿Sería mejor decírselo cuando no pudiera mirarle la cara?, se preguntó Taylor.
Una parte de él quería ver cómo reaccionaba ella. La otra no quería ver su reacción.
Los dedos de Selena se movieron mecánicamente, sin interés. Y él se dio cuenta de que ella se estaba conteniendo.
—¿De qué se trata? —preguntó Selena—. ¿Qué ha sucedido?
Taylor respiró profundamente, y dijo:
—Ha habido un accidente. Justin... Justin ha muerto.
 «Justin ha muerto».
Aquellas palabras fueron como un golpe para Selena.
No podía ser cierto. ¿Había oído bien?
¿Cómo era posible que Justin estuviera muerto?
—Selena, ¿has oído lo que he dicho? —Taylor se dio la vuelta.
—Te he oído... Pero... Pero... ¡Yo iba a casarme con él!
Un montón de pensamientos pasaron por su cabeza, un montón de ideas inconexas.
¿Cómo podía estar muerto Justin? ¿Cuándo había muerto? ¿Aquel hecho terrible había ocurrido ese mismo día? ¿Y qué quería decir aquello para su futuro? ¿Para ella? ¿Para David?
Lentamente, Selena fue saliendo de su estado de shock. Miró a Taylor, y dijo:
—El era tu hermano. Lo siento...
Taylor bajó un momento su arrogante cabeza y cerró los ojos brevemente. Cuando los abrió, su mirada se mostró impenetrable. Evidentemente, ella había traspasado una línea, un límite, y no se había dado cuenta de que había pisado donde no debía hacerlo.
—¿Qué... Qué sucedió? —preguntó ella, insegura, sin saber si aquella pregunta también sería traspasar el límite para Taylor.
Él le contestó firmemente, pero con voz triste. Aquello le llegó al corazón a ella.
—Justin decidió salir de la ciudad en vista de los sucesos, y pensó que lo mejor sería hacerlo en helicóptero. Ju... Justin quiso llevar él mismo el mando del helicóptero, y... No era el mejor de los pilotos... Algo fue mal y el helicóptero cayó al mar...
—Podría estar vivo... —lo animó Selena.
Afectada por la pena de Taylor, ella quiso darle esperanzas. Pero la mirada de Taylor borró su optimismo.
—Han encontrado los cuerpos. Está muerto.
—Oh, no...
¡Y ella le había reprochado a Taylor haberla dejado sola!
Justin era su hermano. ¿Cómo se habría sentido ella si aquello le hubiera sucedido a David?
Impulsivamente, Selena se sentó a su lado en el diván y le tomó la mano. Le daba igual que él le hubiera dejado claro que no quería su consuelo. Ella no podía reprimirse. Tenía que decirle algo. No era fácil. Porque Taylor había puesto barreras entre ellos, y ella tendría que aceptar que no quería hablar y que tenía que cambiar de tema.
—Lo siento, de verdad... —dijo Selena igualmente.
Taylor se dio cuenta de que era sincera. Sus ojos lo habían mirado con ternura, con un brillo cálido que había roto el muro que él se había construido a su alrededor para defenderse. Había necesitado alzarlo porque sabía que ella veía a su hermano sólo como a un jeque, el jeque con el que ambicionaba casarse. El no había esperado comprensión ni consuelo de parte de Selena, y su actitud solidaria lo sorprendió.
—¿En qué situación me deja esto? —preguntó Selena.
Selena hizo la pregunta que él había esperado desde que había llegado.
De acuerdo. No había tardado mucho tiempo en hacerla. Era una decepción saber que en realidad había estado dando un pequeño rodeo con preguntas y comentarios corteses, para llegar a lo que de verdad le interesaba. Porque él había pensado por un momento que Selena podía estar sinceramente preocupada y afectada por todo aquello.
—Bueno, la boda se suspende —dijo él con tétrico humor.
—Quiero decir, ¿qué pasará con David?
Su hermano, por supuesto, era su primera preocupación.
Podía comprenderlo, ¿no? ¿Acaso no había temido siempre él que su hermano hiciera algo tan estúpido que no hubiera vuelta atrás? Pero si hubiera habido algún modo de ayudarlo, habría revuelto cielo y tierra para hacerlo.
Pero ¿qué estaba dispuesta a hacer Selena para salvar a su hermano? ¿Era su preocupación desinteresada o ya estaba pensando en reemplazar a su hermano por otro jeque con quien pudiera casarse?
—Habrá un nuevo jeque en Barakhara, alguien que ocupará el lugar de Justin.
Como había pensado, aquello hizo que un nuevo brillo asomase a los ojos de Selena. La breve sonrisa que esbozó su boca fue como una espada que cortó su corazón en dos, porque le pareció la confirmación de que ella sólo quería un jeque.
¿Era una sonrisa de alivio, o de triunfo?
Se lamentó de no haberle visto la cara cuando le había contado lo de Justin, porque había estado de espaldas a ella mientras le hacía masajes. Si se la hubiera visto, habría sido más capaz de ver lo que tenía en la mente.
—¿Quién es el nuevo jeque?
¿No lo sabía? ¿No podía adivinarlo?, se preguntó Taylor.
—¿Por qué quieres saberlo, habibti?
—Quiero saber a quién dirigirme, con quién hablar...
Taylor le tomó la mano y la miró a los ojos. Tuvo la tentación de probarla, de indagar hasta dónde era capaz de llegar para casarse con un jeque.
—¿Estás buscando otro jeque con quien casarte? ¿Vas a echarte en sus brazos y en su cama? ¿En mi cama?
—¿Tu cama...?
Selena levantó la vista. Lo miró, y repitió:
—¿Tu cama?
—Por supuesto.
Taylor apretó su mano, lo suficiente como para advertirle que podía tenerla prisionera, que podía controlarla. No tanto como para hacerle daño, pero sí para advertirle que tuviera cuidado con lo que decía ahora.
—¡No te has dado cuenta. Soy el hermano de Justin, el único hombre que puede heredar su trono. Su país se unirá al mío y gobernaré a ambos.
—Entonces tú.... ¿tendrás poder sobre David?
—Tendré el control de todo en Barakhara.
La vio bajar la mirada, y sonreír levemente. Aquélla era una sonrisa que reconocía. La había visto antes, aquella vez en la habitación del hotel, en su cama, cuando ella había pensado que lo había atrapado en su telaraña. Era una sonrisa de puro triunfo femenino. Y de pronto Taylor se dio cuenta de cómo debía sentirse una pobre mosca sabiendo que estaba atrapada en una telaraña y que la depredadora iba a comérsela viva.
Debía marcharse en aquel momento. Poner fin a algo antes de que empezara. Pero su parte masculina protestaba al saber que nunca conocería a aquella mujer íntimamente. Apenas un momento antes se había dicho que haría cualquier cosa con tal de disfrutar de su cuerpo al menos una vez en su vida.
Y aquella noche, después de lo que había sucedido, necesitaba algo así, una reafirmación de la vida, más que nunca.
—Entonces, ¿qué puedo hacer para convencerte de que seas misericordioso? —preguntó Selena.
—Creí que lo sabrías...
—¿Qué quieres decir con eso?
—Oh, creo que lo sabes, sukkar —dijo Taylor—. Después de todo, tengo experiencia de primera mano de lo... persuasiva que puedes ser. Así que, convénceme.
—¿Quieres...?
Selena no podía creer lo que estaba oyendo. Y no sabía cómo debería sentirse.
Había perdido la última esperanza de ayudar a David, y ahora le ofrecían una nueva posibilidad, ¿pero a qué precio?
—¿Quieres...?
—Te quiero a ti —respondió Taylor.
Fue una respuesta directa, sin rodeos. Y Selena la recibió como una punzada en su corazón. Siempre había sabido que Taylor no sentía nada por ella, pero escucharlo de sus labios era más de lo que podía aguantar.
—Siempre te he querido. Más que a ninguna mujer. Y estoy dispuesto a pagar cualquier precio para tenerte en mi cama.
—¡Pagar cualquier precio! —repitió Selena—. ¿Quieres decir que liberarás a mi hermano?
—Haré cualquier cosa que me pidas, si me das lo que ibas a darle a Justin. Ven a mi cama...
—¿Como... tu concubina? ¿Tu querida? —preguntó ella con labios temblorosos.
Taylor agitó la cabeza.
—No, como mi esposa.
Era como si le hubiera clavado una espada y la estuviera retorciendo en su corazón. No sabía lo que le estaba pidiendo. Ella lo amaba. Y ser su esposa era su sueño, pero no quería que lo hiciera con aquella frialdad, ¡ haciendo un trato como aquél!
—Yo... No puedo...
Selena no podía moverse. Estaba totalmente petrificada. Y además, sus piernas no le habrían respondido si se hubiera puesto de pie. Así que tenía que quedarse donde estaba, con la cara cerca de la de él y la mirada de Taylor en sus ojos.
—¿Por qué no? —preguntó Taylor—. Supongo que da igual un jeque que otro. Tú querías casarte con un jeque... Yo te ofrezco matrimonio con uno. Matrimonio, la liberación de tu hermano, una vida de lujo, y cada noche de tu vida en mi cama. ¿Cómo es posible que lo rechaces?
¿Cómo era posible que lo rechazara?, se preguntó Selena. Ella misma no sabía qué contestar. Se había prometido hacer cualquier cosa por ayudar a David, pero en aquel momento hasta el futuro de su hermano había pasado a un segundo lugar. Era la decisión más terrible que había tenido que tomar en su vida.
Ella se había dicho que aprovecharía la oportunidad de pasar una noche con Taylor si la tenía, y ahí estaba. Taylor le estaba ofreciendo hacer el amor con él. Y ella no podía rechazarlo. Tenía que aceptarlo. Pero no se atrevía a hacerlo. El riesgo era demasiado grande. Le haría mucho daño. Pero sería peor no aceptarlo.
—Selena... —dijo Taylor.
La tienda estaba totalmente a oscuras. No había ruidos de los otros hombres ni de los camellos fuera. Debían de estar todos dormidos. Era muy tarde. En aquella tienda Taylor no era el Jeque de Edhan y de Barakhara. Allí sólo era un hombre. Un hombre que había pasado un día terrible. Su cara lo demostraba.
Ella deseaba besarlo. Y lo único que tenía que hacer para conseguirlo era acercar más su boca a la de él. Ella quería tocarlo. Y lo único que tenía que hacer era soltar su muñeca, que Taylor aún sujetaba suavemente, y tocarle el cabello, la cara...
Pero en ese momento Taylor movió la mano que sujetaba su muñeca, y ella sintió un repentino dolor y gritó.
—¿Qué ocurre? —preguntó Taylor.
El puso la mano de Selena a la luz de una lámpara, y juró en su idioma al ver una herida en su piel.
—Seguramente esto te ocurrió anoche... En el coche...
Selena notó el cambio en su voz. Parecía otro hombre. Su tono seductor había desaparecido, y en su lugar había un tono de ternura que le llegó al corazón.
Taylor le tocó la rozadura suavemente, y ella sintió un estremecimiento.
—Perdóname —dijo Taylor con voz sensual, besando su muñeca rozada.
Aquello fue como un fuego en su enrojecida piel. Fue como si encendieran una cerilla en madera seca. Saltó una chispa eléctrica que encendió su sangre hasta calentar todo su cuerpo.  E igual que hacía un rato ella no había podido reprimirse una sonrisa al saber que el futuro de David estaba ahora en manos de Taylor, en aquel momento no pudo reprimirse el deseo que se apoderó de todo su cuerpo al sentir su tacto.
—Taylor... —dijo ella suavemente.
No podía creer lo que iba a decir. Sólo sabía que tenía que decirlo.
—Este matrimonio que me ofreces... en el que pasaré todas las noches en tu cama... Muéstrame cómo será... Y luego decidiré.
Taylor sonrió.
—Tus deseos son órdenes para mí —dijo.
Se inclinó hacia delante y la besó apasionadamente, como si quisiera llevarse su alma consigo. Sus labios eran firmes pero suaves. El deslizó su lengua por el contorno de su boca provocativamente, como si con ello estuviera preguntándole e invitándola al mismo tiempo. Y cuando ella sintió su sabor, fue como si hubiera probado una potente bebida alcohólica, con un efecto devastador para sus sentidos. Sus huesos se derritieron de excitación y aquel calor se extendió por todo su cuerpo.
Pero el calor más terrible lo sintió entre sus piernas, en el centro de su feminidad, donde latía el pulso de su deseo, borrando toda posibilidad de pensamiento. Su boca se hizo más blanda debajo de los labios de Taylor, su lengua se entrelazó con la de él... Y ella suspiró, entregándose al placer.
—¿Es esto lo que buscabas, señora mía? —murmuró Taylor—. ¿Es esto lo que querías?
—Sí... Sí... Es todo lo que quiero...
Selena le rodeó el cuello con sus brazos, y le acarició el cabello negro.
Pero entonces Taylor se rió sensualmente, y dijo:
—No, no es todo lo que quieres, sukkar. Esto es muy poco al lado de lo que puedo darte.
Con un gruñido sensual la estrechó en sus brazos y la tumbó en los cojines. El se puso encima de ella, presionando con el peso de su cuerpo.
—Entonces... Volvamos a empezar...
El agarró su cabeza, y le dijo:
—Primero… un beso...
—Ya me has besado —protestó Selena, pero Taylor agitó la cabeza.
—Un beso de verdad... El tipo de beso que he querido darte desde el primer momento en que te vi observándome desde la ventana.
Selena se rió.
—¡Con ese horroroso delantal! —exclamó ella.
El la miró con sus ojos negros encendidos. Era una mirada de primitivo deseo.
—Con lo que fuese... Con esta túnica... O sin nada... —dijo él sensualmente.
Las manos de Taylor se deslizaron a lo largo de su cuerpo, por encima de la seda de su túnica, acariciándola, excitándola, haciendo que su deseo aumentase con expertas caricias en los lugares indicados para el placer.
—Esta túnica es muy bonita... —repitió Taylor—. Pero la verdad es que no es tan hermosa como el cuerpo que hay debajo. La seda es suave, pero no puede compararse con la suavidad de tu piel, con el tibio satén de tu piel. Pero la seda se adhiere a tus pechos...
Taylor acarició un pecho por encima de la tela de la túnica. Selena gimió de placer al sentir su mano.
—Se adhiere a tus caderas...
Taylor acaricié sus caderas y sus muslos. Sonrió al ver su cara, al sentir su deseo en su cuerpo.
—Y aquí...
—¡Oh, Taylor!
Taylor le acarició el espacio entre sus piernas, y presionó la fina seda que lo tapaba. Ella lo observó arder de deseo al tocarla.
—Pero no hay seda que pueda darme lo que quiero de ti. Nada puede compararse con el tacto de tu cuerpo desnudo, excitado... Debajo del mío, abriéndose para recibirme...
Aquellas manos volvieron a acariciarla, tentándola, excitándola... Luego volvieron a sujetar su rostro.
—Entonces, primero un beso... así...
Taylor la besó profundamente, abriéndose paso entre sus labios, invadiendo la suavidad y la humedad de su boca, saboreando...
—Y luego aquí...
Taylor acarició un pecho con su boca, y jugó con su pezón. Lo succionó a través del fino material hasta que la seda estuvo húmeda y se pegó a su cuerpo. El tacto de sus dientes la hizo estremecer, extendiendo su deseo hasta el centro de su excitación.
—Oh, por favor... Por favor...
¿Le estaba pidiendo más o le estaba pidiendo que parase? Selena no tenía idea. Su mente era un torbellino. «Por favor» eran las únicas palabras que podía formar en sus pensamientos, las únicas que su lengua podía pronunciar. «Por favor, por favor...».
—Llevas demasiada ropa. Así que esto...
Taylor deslizó sus manos desde su escote hasta la abertura bordada de la túnica.
—Esto tiene que irse... —dijo.
Y antes de que ella supiera lo que planeaba hacer él, aquellas poderosas manos le abrieron la túnica, desgarrándola desde el cuello hasta abajo, dejando al descubierto casi todo su cuerpo.
—¡Taylor! —exclamó ella, en estado de shock.
—Es sólo una túnica —le dijo él—. Te regalaré otra... Te regalaré miles de ellas. Siempre que estés conmigo, no te hará falta ropa... Y nunca querrás usarla... Como nunca querrás llevar esto...
Le desabrochó el sujetador. Miró sus pechos, deleitándose al mirar su piel blanca, sus pezones rosas erguidos, mostrando su deseo.
—O esto...
Con otro tirón le quitó la ropa que le quedaba, y él dejó escapar un gruñido de satisfacción masculina al verla allí, extendida en la cama, totalmente desnuda.
—Así es como quería tenerte —afirmó Taylor, incorporándose un momento para quitarse la túnica, y luego la ropa interior. Luego volvió a acercarse a ella.
—Ahora podemos empezar realmente.
—Em... Empieza... —dijo Selena con labios temblorosos.
Si aquello era el comienzo, no sabía qué más podría ofrecerle...
Pero Taylor tenía toda la intención de tomarse su tiempo.
Su cuerpo femenino estaba temblando de emoción, esperando su sensual sacrificio.
El quería excitarla hasta que no pudiera más.
—¿Te gusta esto? —murmuró él, encontrando algunos lugares sensibles y delicados de su anatomía.
Los acarició con las manos, con la boca, con la lengua... Hasta que ella se retorció de placer y gimió en voz alta.
—Sí... —gimió Selena—. ¡Oh, sí!
Taylor agitó la cabeza y se puso a horcajadas. La caliente fuerza de su erección presionaba los rizos del centro de su feminidad.
El se inclinó hacia ella, agarró su cara con ambas manos nuevamente y la sujetó para que ella lo mirase a los ojos.
—No comprendo —le dijo con voz sensual—. Tienes que hablar en mi idioma. Dime naam para decir «sí», y la para decir «no». Así podré hacer lo que quieres. Entonces, dime, ¿te gusta esto?
—N... Naam —suspiró Selena.
—¿Y esto?
Naam...
—Y...
Naam... Naam... —exclamó ella en voz alta, hasta que casi gritó de éxtasis mientras él exploraba y encontraba su más íntimo lugar y jugaba con él—. ¡Naam!
Selena se aferró a él. Sintió los músculos duros y resbaladizos de sus hombros. Le clavó las uñas en su piel bronceada. Su cuerpo estaba abierto para recibirlo, invitándolo en silencio a invadirla.
Taylor tampoco podía hablar. Pero no hacían falta las palabras. Sus caricias, sus besos, hacían todo lo necesario. Y cuando él se internó en su femenino centro húmedo, ella se rindió totalmente y se entregó a aquella sensación de tenerlo dentro, llenándola, dándola de sí, poseyéndola.
Por un momento, el cuerpo que tenía encima se quedó quieto. Taylor dejó escapar una exhalación al sentir la suavidad de su tejido femenino alrededor de él. En el silencio, Selena oyó el aire entre los dientes de Taylor mientras intentaba controlarse. Quería contenerse para reunir la fuerza necesaria para sacar todo el placer de aquel momento, para experimentarlo plenamente. Y entonces, cuando ella empezaba a temer que bajaría de la cima del placer a la que él la había llevado, él inclinó la cabeza, la besó ardientemente en la boca, y lentamente empezó a moverse.
Con aquel primer movimiento perdió todo el control que había estado ejerciendo. Con un grito ronco se entregó al deseo que se había estado negando durante tanto tiempo, y empujó y volvió a empujar, fuertemente, dejando que su salvaje deseo tomase las riendas de la situación y estableciera su ritmo, cada vez más rápido, para saciar su hambre primitiva.
Y Selena se aferró a él, acompasándose con su cuerpo, siguiendo sus movimientos con pasión. Juntos subieron más y más alto, hasta la cima del ardor. Hasta que se desprendieron de las pocas hebras de realidad que los sujetaba a la tierra y quedaron flotando fuera del mundo real, en un universo devastador y maravilloso, donde todo era sensación y placer.
Allí, en esa otra dimensión, Selena perdió totalmente el control. Se disolvió en las sensaciones. Y cuando llegó a la última cima del placer, fue como si se desintegrase en una explosión de estrellas que le hizo perder la conciencia.

capi largo....
chicas las quiero un mundo...
:)

1 comentario:

  1. puff creo que Taylor tiene una opinion equivocada de Selena
    me encanto
    sube prontoo
    jejejeje

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..