domingo, 27 de marzo de 2011

Novela Taylena 20 - A las Ordenes del Jeque


—¿Taylor?
Selena se despertó y se estiró. Todos sus movimientos despertaban sus sentidos. La deseaba con solo mirarla. Lo único que quería hacer era estrecharla en sus brazos, y besarla hasta dejarla sin sentido...
Pero ésa era sólo una solución transitoria, muy placentera, pero una solución que no duraría mucho.
El quería más que eso. Así que tendría que actuar de otro modo.
Aunque le costó hacerlo, Taylor se levantó de la cama, se puso la bata y miró a Selena pestañear soñolienta.
—¿Taylor?
Al notar su ausencia en la cama, Selena se incorporó.
—¿Qué estás haciendo? ¿Adónde vas? —preguntó Selena.
—Nos marchamos.
—¿Adónde?
—A Edhan, a mi palacio. Tenemos una boda que organizar. Nuestra boda.
—¿Nuestra boda? Pero...
Selena iba a levantarse, pero reflexionó y agregó:
—Yo no te he dicho nunca...
—No tenías que decirlo.
Taylor se puso las botas de piel y recogió la capa que la noche anterior había dejado encima de los cojines.
—Tu reacción de anoche me dijo todo lo que tenía que saber —dijo Taylor.
Selena lo miró, indignada.
—Yo... —empezó a decir ella.
Pero Taylor no la dejó terminar.
—Anoche me pediste que te demostrase cómo serían las noches en mi cama, si te casaras conmigo. Te lo he demostrado... Y ahora no veo motivo para que perdamos el tiempo. Iremos a Edhan y nos casaremos.
Ella iba a protestar otra vez. Pero él se acercó, le agarró la desafiante barbilla y la silenció con un beso en su boca entreabierta.
—Te sugiero que te vistas, a no ser que pienses cabalgar todo el camino vestida… O mejor dicho... desvestida...
Selena se quedó sin palabras. Se quedó perpleja. Y mientras seguía buscando las palabras para expresar su indignación, Taylor se dio la vuelta y salió de la tienda.

Taylor le había ofrecido matrimonio, la liberación de su hermano, una vida de lujo... Las palabras de Taylor dieron vueltas en su cabeza todo el día, desde que se levantó hasta que se fue a dormir. Y si se despertó en algún momento de la noche, sus palabras siguieron allí, recordándole cuánto le había prometido Taylor, y a la vez lo poco que era.
El lujo estaba allí delante, en su palacio, lleno de suelos y paredes de mármol, con ornamentos de oro y arañas de cristal por todas partes. Había kilómetros y kilómetros de corredores, enormes habitaciones adornadas lujosamente, y la suite que ocupaba ella era más grande que el piso en el que ella había vivido con tres amigas en su época de estudiante.
Tenía criadas y criados que atendían cualquier necesidad que se le pudiera presentar. Parecía que con sólo pensar en algo lo tenía, aun sin pedirlo, ni levantar la mano para indicar que lo necesitaba.
Las maletas, que ella había llevado cuando había pensado que se casaría con Justin, habían sido enviadas al palacio y su contenido había sido cuidadosamente colocado en roperos. En aquellos enormes armarios su ropa había parecido poca. Pero el espacio en los roperos no había durado mucho. Porque Taylor le había encargado un nuevo ropero con prendas de diseñadores occidentales y trajes tradicionales y túnicas de la más pura seda. Había joyas también.
En su ropero había un traje muy especial bordado a mano en oro y plata, con una túnica y un pañuelo para su pelo a juego. Este era tan fino que parecía una telaraña de oro.
Era su traje de novia.
Porque era evidente que Taylor estaba decidido a celebrar la boda.
Desde el momento en que había salido de la tienda para dar órdenes de regresar a Edhan, Taylor había ignorado sus intentos de protesta de que ella no había aceptado su proposición de matrimonio.
Y allí estaban, en el palacio de Edhan, y los preparativos para la boda estaban en marcha.
La boda sería al final de aquella semana. Faltaban sólo cinco días, y hacía menos de quince que ella había abandonado el campamento del oasis y habían llegado a la ciudad, a aquel país donde Taylor era el dueño de todo.
Internamente, Selena deseó poder seguir en el oasis con él, en la pequeña tienda bajo las estrellas del desierto, donde todo había parecido más sencillo, y más posible. La única noche que había pasado en brazos de Taylor había sido mágica, y guardaba el recuerdo de una pasión tan intensa que por momentos borraba todos sus temores y dudas.
En aquella tienda Taylor había sido sólo un hombre, y ella había sido simplemente una mujer, y el fuego que se había alzado entre ellos los había apartado totalmente del mundo real, al menos durante el tiempo que había durado aquella noche.
Ahora estaban nuevamente en el mundo real y Taylor era un hombre diferente. Un Jeque. Un gobernante de dos países. Había tenido que organizar el funeral de Justin, y luego había tenido que hacer tantas cosas y había tenido tan poco tiempo libre, que ella apenas lo había visto, ni siquiera por las noches.
Si al menos hubiera podido compartir la cama con Taylor, podría haber hablado con él, o haber borrado sus dudas en el ardor del deseo sexual que sentían mutuamente. Pero ella había dormido sola en aquella habitación enorme, en una cama en la que había permanecido muchas horas despierta, mirando los adornos y mosaicos que ornamentaban el techo.
—¿Taylor?
Selena se despertó y se estiró. Todos sus movimientos despertaban sus sentidos. La deseaba con solo mirarla. Lo único que quería hacer era estrecharla en sus brazos, y besarla hasta dejarla sin sentido...
Pero ésa era sólo una solución transitoria, muy placentera, pero una solución que no duraría mucho.
El quería más que eso. Así que tendría que actuar de otro modo.
Aunque le costó hacerlo, Taylor se levantó de la cama, se puso la bata y miró a Selena pestañear soñolienta.
—¿Taylor?
Al notar su ausencia en la cama, Selena se incorporó.
—¿Qué estás haciendo? ¿Adónde vas? —preguntó Selena.
—Nos marchamos.
—¿Adónde?
—A Edhan, a mi palacio. Tenemos una boda que organizar. Nuestra boda.
—¿Nuestra boda? Pero...
Selena iba a levantarse, pero reflexionó y agregó:
—Yo no te he dicho nunca...
—No tenías que decirlo.
Taylor se puso las botas de piel y recogió la capa que la noche anterior había dejado encima de los cojines.
—Tu reacción de anoche me dijo todo lo que tenía que saber —dijo Taylor.
Selena lo miró, indignada.
—Yo... —empezó a decir ella.
Pero Taylor no la dejó terminar.
—Anoche me pediste que te demostrase cómo serían las noches en mi cama, si te casaras conmigo. Te lo he demostrado... Y ahora no veo motivo para que perdamos el tiempo. Iremos a Edhan y nos casaremos.
Ella iba a protestar otra vez. Pero él se acercó, le agarró la desafiante barbilla y la silenció con un beso en su boca entreabierta.
—Te sugiero que te vistas, a no ser que pienses cabalgar todo el camino vestida… O mejor dicho... desvestida...
Selena se quedó sin palabras. Se quedó perpleja. Y mientras seguía buscando las palabras para expresar su indignación, Taylor se dio la vuelta y salió de la tienda.

Taylor le había ofrecido matrimonio, la liberación de su hermano, una vida de lujo... Las palabras de Taylor dieron vueltas en su cabeza todo el día, desde que se levantó hasta que se fue a dormir. Y si se despertó en algún momento de la noche, sus palabras siguieron allí, recordándole cuánto le había prometido Taylor, y a la vez lo poco que era.
El lujo estaba allí delante, en su palacio, lleno de suelos y paredes de mármol, con ornamentos de oro y arañas de cristal por todas partes. Había kilómetros y kilómetros de corredores, enormes habitaciones adornadas lujosamente, y la suite que ocupaba ella era más grande que el piso en el que ella había vivido con tres amigas en su época de estudiante.
Tenía criadas y criados que atendían cualquier necesidad que se le pudiera presentar. Parecía que con sólo pensar en algo lo tenía, aun sin pedirlo, ni levantar la mano para indicar que lo necesitaba.
Las maletas, que ella había llevado cuando había pensado que se casaría con Justin, habían sido enviadas al palacio y su contenido había sido cuidadosamente colocado en roperos. En aquellos enormes armarios su ropa había parecido poca. Pero el espacio en los roperos no había durado mucho. Porque Taylor le había encargado un nuevo ropero con prendas de diseñadores occidentales y trajes tradicionales y túnicas de la más pura seda. Había joyas también.
En su ropero había un traje muy especial bordado a mano en oro y plata, con una túnica y un pañuelo para su pelo a juego. Este era tan fino que parecía una telaraña de oro.
Era su traje de novia.
Porque era evidente que Taylor estaba decidido a celebrar la boda.
Desde el momento en que había salido de la tienda para dar órdenes de regresar a Edhan, Taylor había ignorado sus intentos de protesta de que ella no había aceptado su proposición de matrimonio.
Y allí estaban, en el palacio de Edhan, y los preparativos para la boda estaban en marcha.
La boda sería al final de aquella semana. Faltaban sólo cinco días, y hacía menos de quince que ella había abandonado el campamento del oasis y habían llegado a la ciudad, a aquel país donde Taylor era el dueño de todo.
Internamente, Selena deseó poder seguir en el oasis con él, en la pequeña tienda bajo las estrellas del desierto, donde todo había parecido más sencillo, y más posible. La única noche que había pasado en brazos de Taylor había sido mágica, y guardaba el recuerdo de una pasión tan intensa que por momentos borraba todos sus temores y dudas.
En aquella tienda Taylor había sido sólo un hombre, y ella había sido simplemente una mujer, y el fuego que se había alzado entre ellos los había apartado totalmente del mundo real, al menos durante el tiempo que había durado aquella noche.
Ahora estaban nuevamente en el mundo real y Taylor era un hombre diferente. Un Jeque. Un gobernante de dos países. Había tenido que organizar el funeral de Justin, y luego había tenido que hacer tantas cosas y había tenido tan poco tiempo libre, que ella apenas lo había visto, ni siquiera por las noches.
Si al menos hubiera podido compartir la cama con Taylor, podría haber hablado con él, o haber borrado sus dudas en el ardor del deseo sexual que sentían mutuamente. Pero ella había dormido sola en aquella habitación enorme, en una cama en la que había permanecido muchas horas despierta, mirando los adornos y mosaicos que ornamentaban el techo.


1 comentario:

  1. me encanto
    pero sis
    lo has escrito 2 veces
    jejejeje
    pues doblemente me encanto
    jejejeje
    estoy deseando leer la nueva nove!

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..