miércoles, 9 de marzo de 2011

Novela Taylena 04 - A las ordenes del Jeque!!


No aguantaba más. Tenía que tocar. El deseo la quemaba...
Finalmente, extendió una mano.
Y entonces se encontró con la mano de Taylor a medio camino.
Sus dedos se tocaron, y a Selena le pareció que saltaban chispas entre ellos.
Entonces aquellos dedos bronceados se entrelazaron a los suyos, se retorcieron y la abrazaron fuertemente. Selena supo que se entregaría al deseo que la envolvía. Estaba mareada de deseo. La cabeza le daba vueltas y ella casi se cayó contra él, y entonces Taylor la besó.
El beso que Taylor había estado imaginando desde que la había visto en la ventana fue mejor en la realidad que en su fantasía. La sensación al sentir los labios de Selena fue como encender una cerilla en el deseo que había estado agazapado en su interior. Este se expandió a todo su cuerpo, haciéndolo arder de excitación. El gusto de Selena en sus labios, en su lengua, fue un potente afrodisíaco, incitándolo a penetrar el suave interior de su boca. Ella la abrió para recibirlo.
¡Deseaba tanto a aquella mujer! ¡Era como si tuviera un trueno sonando en sus pensamientos, borrando todo sentido de realidad! Taylor se olvidó de dónde estaba y por qué había ido allí, y de la misión que tenía que llevar a cabo.
En lo único que podía concentrarse era en el suave cuerpo femenino que tenía en sus brazos, en su tierna boca, y en la sensación de sus manos aferradas a él...
—Eres hermosa...
Selena deslizó sus manos por sus brazos hacia sus hombros. Luego entrelazó sus dedos en su pelo, y llegó al cuero cabelludo, jugando con sus uñas en él. Taylor dejó escapar un suspiro, la abrazó más fuertemente, y la volvió a besar.
Sus manos soltaron su pelo negro, atado con una banda elástica, y sintieron su suavidad. Así podía besarla exactamente como quería hacerlo.
Y ella también lo quería. No había resistencia en su cuerpo. Y aun más, él notó que ella se apretaba más contra él. Su pelvis femenina notó la dureza de su excitación masculina. Cada leve movimiento que hacía aumentaba el fuego.
—Te deseo... —dijo Taylor.
El apenas reconoció su voz. El tono estaba cargado de deseo, un deseo que lo torturaba. Su acento era más duro, más pastoso... Y por un momento pensó que tal vez ella no le hubiera entendido lo que dijo.
Pero la mujer que tenía en sus brazos simplemente suspiró y murmuró algo en un tono tan suave que él tuvo que dejar de besarla. Tiró su cabeza hacia atrás para mirarla a los ojos y ver su cara apasionada, sus ojos encendidos, su boca hinchada...
—¿Qué? —preguntó él.
Necesitaba oír sus palabras, a pesar de lo que le estaba demostrando con su actitud.
—¿Qué has dicho? —repitió Taylor.
—He dicho...
Ella no se molestó en continuar. Simplemente agarró su cabeza para volver a besarlo.
—Sí... —susurró Selena otra vez.
Fue un suspiro, un gemido más que otra cosa. ¿Un sí de entrega? ¿Un sí de exigencia?
El la deseaba y quería poseerla allí mismo.
Sin separarse de ella, besándola y agarrando su cabello, la echó hacia atrás, y esquivando muebles instintivamente, más que con la vista, la llevó hasta la pared. El choque con el muro la sobresaltó.
Taylor le agarró la cara con ambas manos y la inclinó para encontrar el ángulo preciso para besarla más cómodamente, durante un largo rato. La besó profundamente, arrancándole la dulzura de la boca, dejándose envolver por el efecto embriagador de su boca... Aquella mujer sacudía sus sentidos.
—¡Sí! —exclamó él contra los labios de ella—. ¡Sí! Eres mía. Lo he sabido desde el primer momento...
Se calló cuando sintió que ella metía las manos entre ellos, y tiraba de su corbata, aflojándola, para buscar, hambrienta, la tibia piel que había debajo.
—Selena... —murmuró él con voz ronca de deseo.
—Taylor... —murmuró Selena—. Taylor...
Taylor la apretó contra la pared para sentir su suavidad en todo su cuerpo.
Deseaba tumbarla debajo de él, quitarle la ropa, para sentir el calor y la contracción de su sexo. Pero al mismo tiempo no quería moverse para colocarse en esa posición.
El moverse significaría dejar de sentir aquella deliciosa presión contra su cuerpo. Si lo hacía, interrumpiría aquel fluir de deseo. Dejaría de sentir sus dedos tratando de desabrochar los botones de su camisa para tocar su piel, tirando levemente, atormentándolo, al enredar sus dedos con el vello oscuro de su pecho.
Pero él tenía que tocarla. No le alcanzaba sentir su piel por debajo de su blusa de algodón. Quería sentirla piel contra piel. Quería sentir el ardor de la carne contra la carne, aspirar el embriagador perfume del deseo en todo su cuerpo, estimulando sus sentidos más aún.
—Selena...
Con un movimiento rápido él la puso en otra posición, manteniéndola cautiva contra la pared, mientras le acariciaba los muslos. Levantó el bajo de su falda, dejando al descubierto la suave piel de sus muslos. «La suave piel desnuda», pensó él con satisfacción al sentirla. Sólo piel, no el material sintético de las medias, sólo piel, suave como un terciopelo tibio... Terriblemente excitante. Sólo Selena.
Y Selena era todo lo que quería.
Ella había desabrochado los botones de su camisa y la había abierto, hasta que había sentido su piel, y había suspirado de satisfacción. Le acarició el pecho viril, enredándose brevemente en su vello. Luego deslizó la mano hacia sus hombros, y sintió la tensión de sus músculos. Siguió por su espalda, sintiendo cada vértebra.
Taylor también quería tocar. La presión y el calor de cuerpo contra cuerpo no eran suficientes. Cada vez estaba más excitado. Parecía que el calor que sentía iba a llegar al punto de ebullición, creando una sensación de volcán que iba a explotar. Y él iba a explotar si no la tocaba.
Murmurando palabras sensuales en su lengua natal, le levantó la falda aún más. La sensación al sentir su piel caliente fue casi eléctrica, y lo sacudió. El notó que ella se estremecía de deseo, el mismo deseo que sentía él.
La oyó gemir suavemente. El la besó apasionadamente, profundamente. Pero luego sintió que aquello no le alcanzaba. Quería más. Quería explorarla más profundamente, saborearla más. Y ella lo comprendió inmediatamente, arqueando su cuello para recibir las caricias, invitándolo en silencio a tomar lo que deseaba.
—Sí... —dijo ella, expresando su deseo.
Aquel susurro lo excitó más.
El ridículo delantal estaba siempre por medio, atado alrededor de su cintura, alrededor de su cuello, se interponía en cada movimiento que él quería hacer. Lo levantó y tuvo acceso al centro caliente de su feminidad, resguardado apenas por una diminuta tela muy fina. El frívolo trozo de seda contrastaba con la ropa práctica y severa que Selena llevaba por fuera. El se sonrió por dentro.
—Así que esto es lo llevas escondido detrás de ese absurdo uniforme... Esto es lo que lleva la mujer real. Me gusta... Me gusta mucho.
El podía sentir el calor de Selena incluso a distancia. Podía sentir la humedad que traicionaba su deseo. La fragancia de su cuerpo excitado lo embriagaba. Y sus besos lo volvían loco. Eran pequeños besos feroces, desesperados, en su mejilla y su cuello, como si se tratasen de picotazos de un pájaro hambriento. Sus manos no sabían qué era lo que deseaban tocar más: su cabello, sus hombros, sus brazos...
Su chaqueta estaba tirada en el suelo. Le desabrochó más botones de la camisa, y tiró de ésta hasta sacarla fuera del pantalón.
Sus dedos...
¡Oh, Dios! ¡Los dedos de Selena eran imparables!
—Selena... —gimió Taylor—. No podemos... Debemos...
Ella agitó la cabeza, interrumpiéndolo.
—Bésame. ¡Bésame!
El hubiera hecho mucho más que besarla.
Los pechos de Selena estaban tensos contra su pecho viril. Las puntas de sus pezones estaban duros, mostrando su excitación. El deseaba tocarlas, sentirlas, probarlas...
Pero primero tenía que deshacerse de ese maldito delantal.
Con una maldición, tiró de él, y las tiras del cuello cedieron.
«¡Por fin!», pensó.
Taylor le desabrochó los botones de la blusa blanca. La abertura fue suficiente para meter las manos y tocar la suavidad de sus pechos. Al sentir sus caricias, Selena gimió y cerró los ojos, buscando su boca para besarlo.
Taylor le abrió totalmente la blusa y pudo tocar libremente su pecho por encima del encaje de su sujetador. Sintió la dureza de su pezón.
El no aguantaba más la excitación.
Tenía que... Tenía que...
Pero en ese momento oyó un ruido fuera de la habitación que rompió el sensual delirio que se había apoderado de él.


jejejejeje..... a que estaban concentradas...
jijijijijijijijijijijijijijijijiji

3 comentarios:

  1. jeje mee encaantoo
    el capii
    la verdad los dos
    y es verdad si
    que estaban muuy concentrados
    en lo suyoo
    sube p´ronto capi
    mee encaanto♥♥

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  2. me encanto
    como lo dejas asiiii ¬¬
    bah sube pronto
    seguro que era el padre
    tenia que llegar en ese momento!! ¬¬'

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  3. jajaja a quien se le ocurre
    hacer eso en la casa de su papa
    y con el en casa, eso no es lo
    mas inteligente... pero ni modo
    les gano la calentura ¬¬ jajaja es
    broma... bye bechitos

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..