viernes, 11 de marzo de 2011

Novela Taylena 05 - A las ordenes del Jeque


—Te dejaré eso a ti, entonces —se oyó decir en el vestíbulo.
—Nos ocuparemos de ello más tarde —respondió James Gómez.
Era la voz del hombre con el que había ido a negociar. ¿Qué diablos estaba haciendo?, preguntó Taylor.
Aturdido, Taylor miró los ojos negros de Selena. Notó que ella también se había quedado petrificada.
—Gómez... —dijo Taylor.
—Mi...
Ella tragó saliva, incapaz de continuar hablando.
—Tu jefe.
Taylor asintió, comprendiendo la incomodidad que ella podía sentir al ser sorprendida de aquel modo, sobre todo con un visitante importante a quien la familia querría impresionar y complacer.
«¿Tu jefe?», pensó ella. No tenía sentido.
«¡Tu jefe!», volvió a resonar en su mente. ¡Él creía que ella trabajaba para...
El ruido y los pasos en el vestíbulo la distrajeron de sus pensamientos.
Su padre estaba fuera, en el vestíbulo. Estaba atravesándolo, regresando a la biblioteca, a reencontrarse con su invitado.
Su padre abriría la puerta y la encontraría allí...
Instintivamente Selena se llevó mano al escote desnudo que había quedado entre los botones abiertos.
—Esto también... —dijo Taylor, bajándole la falda y alisándola.
Taylor parecía haber recuperado el control y se estaba haciendo cargo de la situación. Ella, en cambio, había perdido totalmente el sentido de la realidad. Y él no parecía darse cuenta de que aquellos movimientos fríos y controlados la hacían sentir vacía, en un momento en que ella aún sentía el latido del deseo en su parte más íntima. La excitación aún se notaba en sus pechos. Todo su cuerpo protestaba por el placer que se le había arrebatado, dejándola perdida y desolada.
—Abróchate —dijo Taylor con tono brusco y mirada fría.
El hombre que le había dicho que lo llamara «Taylor» había desaparecido y había vuelto el Jeque.
Taylor se abrochó los botones, se metió la camisa dentro del pantalón, y se peinó el cabello con los dedos.
—¡He dicho que te abroches! —fue una orden y una expresión de reproche al mismo tiempo.
Aquella dureza con que la trataba le llegó al corazón.
Ella se había perdido en un mar de pasión y había perdido todo sentido de racionalidad. La sensación había sido tan devastadora que le costaba centrarse en lo que estaba sucediendo.
—¿Quieres que Gómez te encuentre así?
—No... No... —susurró ella.
La idea de que su padre pudiera encontrarla en aquel estado la ponía muy nerviosa y hacía más difícil la tarea de arreglarse la ropa.
—¡Selena! —exclamó Taylor, impaciente.
Su nombre salió de la boca de Taylor con un resoplido de impaciencia, y él la agarró nuevamente, Quizás su intención fuera sólo ayudar, hacer lo que ella no era capaz de hacer y trabajar con espíritu de equipo, pero eso no fue lo que se le cruzó por la mente a Selena.
—¡No! —exclamó ella instintivamente, presa del pánico.
Selena recordó el placer que le habían proporcionado aquellas manos hacía unos segundos, y sin saber si lo que más deseaba era una repetición o si la temía, reaccionó totalmente por instinto, un instinto que estaba aún más cerca del pánico que no había podido controlar.
—No... Yo... ¡Tengo que irme!
Había una sola forma de evitar una confrontación con su padre, de asegurarse de que éste no se enterase de lo que había estado sucediendo en su ausencia. Había una puerta a un lado, al fondo de la habitación, por la que se salía a la zona opuesta a la que se estaba acercando su padre.
También era verdad que aquella puerta daba al invernadero, desde el cual el único modo de entrar en la casa, sin volver sobre sus pasos, era salir al jardín y entrar otra vez por la puerta de la cocina.
Pero al menos tendría unos minutos para recuperar el aliento. Todos estaban dentro así que tendría tiempo de recuperarse, tanto física como mentalmente.
¿Cómo había podido permitir que ocurriese aquello? ¿Cómo había podido perder el control de tal manera que se hubiera olvidado de quién era aquel hombre y a qué había ido allí?
Recordó que Taylor había dicho «Tu jefe». Había pensado que ella era empleada de su padre. Suponía que habría sido por su delantal y su ropa desaliñada.
El había pensado que era una criada y había jugado con ella sin importarle nada. Sólo había buscado placer. La había usado y la había tirado cuando le había dado la gana.
—Tengo que irme —repitió ella, esperando que aquella vez sonara más convincente.
Con la cabeza baja y los ojos ardiendo de humillación, Selena se dio la vuelta hacia la puerta y se movió rápidamente, para salir de allí cuanto antes.
Llegó a la puerta. Había girado el picaporte, y para su horror, vio que él iba tras ella.
—¡Espera! —dijo Taylor sensualmente en voz baja.
—¿Espera qué? —respondió ella.
¿Para humillarla más? ¿Para que él le dijera que no valía la pena perder el tiempo con ella?
—¿Para que puedas despreciarme otra vez? —dijo ella.
—¿Despreciarte?
Taylor pareció sorprendido.
—¡Despreciarte! —repitió Taylor—. ¡Te atreves a llamar «despreciarte» a eso! Déjame que te recuerde, sukkar, que tú lo has querido tanto como yo... Aún lo deseas... —su mirada cruel se dirigió a sus pechos, aún desnudos. Adonde la punta de sus pezones hambrientos traicionaba el deseo que ella intentaba ocultar con palabras, algo poco convincente cuando su cuerpo era tan elocuente.
—Y yo también —agregó Taylor.
Al parecer, no tenía tanto control sobre sí mismo como ella creía, se dio cuenta Selena. Aún había un brillo primitivo en los ojos de Taylor, y su mano viril, que sujetaba la de ella, no estaba tan firme como había pensado al principio.
Aquello la hizo dudar. No pudo moverse, ni entrar ni salir. Sólo podía mirar la oscuridad de sus ojos y esperar.
Pero entonces oyó los pasos de su padre fuera, y vio que el picaporte giraba.
Y de repente Taylor levantó la mano y le tocó la cara, la miró a los ojos y susurró:
—Ven a verme esta noche. Ven a mi hotel y terminaremos lo que hemos empezado.
Ella no contestó. No pudo hacerlo. Pero involuntariamente cambió la expresión de su cara. Y entonces lo vio sonreír, y supo que no había podido disimular su aceptación, aunque fuera una insensatez de su parte.
El notó su reacción y supo que no tenía que decir nada más.
—Hotel Europa -dijo él con la seguridad del ganador—. A las ocho. Te estaré esperando.
La besó apasionadamente, pero con brevedad.
Selena no sabía si ella se había movido o él la había empujado, pero ahora se encontraba al otro lado de la puerta. Y oyó la voz de su padre en la biblioteca disculpándose con Taylor por su ausencia tan larga.
—No se preocupe... —dijo Taylor.
Su voz era clara y firme, como si no hubiera pasado nada.
—Tenía muchas cosas en que pensar, muchas cosas de que ocuparme mientras esperaba. No me he dado cuenta del tiempo que ha pasado —insistió Taylor.
Se estaba haciendo de noche fuera. Selena se arregló la ropa y el pelo. El delantal estaba destrozado, así que se lo quitó, y lo tiró detrás de unas plantas. Volvería a buscarlo más tarde, cuando no la viera nadie.
Recordó las palabras de Taylor. «Ven a verme esta noche», había dicho, seguro de que ella no lo rechazaría.
Era peligroso. Era una locura. Era probablemente la cosa más estúpida que haría en su vida, pero no podía rechazar a aquel hombre tan impresionante. No podía dejar a medias aquello que habían empezado.
En el Hotel Europa a las ocho...
Ella estaría allí, por supuesto. Se arrepentiría toda la vida si no iba.





chicas una oracion por todas las almas de nuestros hermanos japoneces.... 
esperemos que todo pase y no hayan mas tragedias....

2 comentarios:

  1. jejejeje piensa que es una criada!!
    sube el siguiente!! jejeje
    me encantoo!!

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  2. bueno voy por el que sigue...
    besitos y a segui leyendo y comentando..
    jajajaj me encanta se siente humillada
    pero va ir a verlo...
    ¿Y QUIEN NO? si esta como quiere Taylor es un
    hombre muy sexy
    nadie se le puede resistir...
    jajaja bye

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..