sábado, 12 de marzo de 2011

Novela Taylena 06 - A las ordenes del Jeque


El reloj del vestíbulo del Hotel Europa estaba dando las ocho y media cuando ella entró y se dirigió a la Recepción.
Llegaba media hora tarde a propósito. Taylor habría tenido que esperarla. Al menos habría tenido que ser así cuando por fin había decidido ir. Porque su decisión de acudir allí no se había mantenido firme. Había dudado mucho.
Se había preguntado cómo había podido ser tan estúpida como para aceptar su invitación. Mejor dicho, su orden.
¿Qué se pensaba él, que ella aceptaría todo lo que le dijera?
Su Alteza Real, el arrogante Jeque Taylor Daniel Lautner podía pedir lo que quisiera. Pero no por ser el hombre más atractivo del mundo, el más sexy, ella caería a sus pies.
Selena caminó como atraída por una fuerza invisible, cierto magnetismo que impulsaba sus acciones.
«Ven a verme esta noche», resonaron las palabras de Taylor en su mente.
Había oído pocas palabras pronunciadas por aquella exótica voz de Taylor. Pero no obstante, parecía grabada en su mente, de modo que podía reconocerla instantáneamente.
Y deseaba fervientemente volver a oír aquella voz diciéndole que lo llamase simplemente Taylor... Quería oírlo decir que era hermosa, que la deseaba... Quería oírle susurrar palabras de amor y de deseo en la oscuridad...
¡Oh, Dios! Quería oír aquella voz toda la noche, todas las noches de su vida.
Pero, ¿era suficiente eso para que basara su futuro en ello? No, seguramente era una locura.
—¿En qué puedo servirla, señorita? —preguntó la recepcionista, interrumpiendo los pensamientos de Selena.
Ella jamás había visitado a alguien tan importante. A un miembro de una casa real. Seguramente habría medidas de seguridad.
—Mi nombre es Selena... —empezó a decir, insegura.
Se alegró de ver que la mujer le sonreía.
—Por supuesto. La estamos esperando. Por favor, ¿quiere venir por aquí?
Momentos más tarde, cuando Selena estaba subiendo al ascensor que subía exclusivamente a la suite de Taylor, no podía creer lo fácil que había sido. Simplemente había dado su nombre; y todo el mundo se había puesto en acción. Habían llamado a la suite del ático para avisar que ella estaba allí, habían comprobado su identidad y la habían acompañado al ascensor. Allí la habían dejado en manos de un guardia de seguridad alto, moreno y muy educado, que, con mirada alerta, se había quedado de pie en el otro extremo del ascensor.
En aquel momento el ascensor paró y las puertas se abrieron silenciosamente. El guardia hizo una leve inclinación de cabeza —Después de usted, señorita —el hombre se hizo a un lado y la dejó pasar.
Así debía de ser todo cuando se era un jeque, reflexionó Selena mientras caminaba por una gruesa alfombra color azul. Debía de ser normal tener gente cuyo único trabajo fuera seguir tus instrucciones.
Una vez más el Jeque Taylor había chasqueado los dedos, y todo el mundo había corrido a cumplir su voluntad.
Había estado nerviosa antes, pero en aquel momento se le hizo un nudo en el estómago. Le costaba respirar.
Entró en un pequeño vestíbulo con otro guardia de seguridad apostado al lado de una puerta de madera.
Selena tragó saliva al ver su arma. Sonrió nerviosamente y lo saludó educadamente. Pero el hombre apenas hizo una inclinación de cabeza como respuesta y le abrió la puerta.
—Gracias.
Selena entró en la habitación seguida del guardia de seguridad que la había acompañado en el ascensor. Lo oyó decir algo en árabe, anunciándola, seguramente.
Cuando Selena pestañeó para relajar la tensión que sentía, vio a Taylor, levantándose de una silla de piel que había en medio de aquella lujosa y enorme habitación.
—¡Has venido! ¡Bienvenida!
¿Realmente había dudado de que fuera a verlo al hotel?, se preguntó Selena.
Pero entonces recordó la noticia que le había dado su padre, una noticia que le había hecho cambiar de parecer con respecto a la idea de ir a verlo.
Después de muchas dudas, había decidido que iba a ser sensata, que no podía arriesgarse a hacer lo que Taylor le había pedido, aunque su corazón le pidiera otra cosa, y que no iría a verlo. Pero entonces su padre le había anunciado que tenía algo que decirle.
—Se trata de David, ¿verdad? El Jeque te ha dicho algo... ¿Qué te ha dicho? ¿Lo van a soltar? —agregó Selena, angustiada.
—Hay una posibilidad de que lo liberen. Pero va a ser difícil —respondió James Gómez.
—Aunque sea difícil, ¡tienes que hacerlo! Debes hacerlo. No puedes dejarlo encerrado en esa cárcel por... —Selena se interrumpió al ver que su padre agitaba la cabeza con expresión de preocupación—. ¿Por qué me miras así? —había preguntado Selena—. ¿Qué quiere el jeque? ¿Qué es lo que te callas?
—No se trata de que yo haga algo —respondió su padre solemnemente—. La única persona que puede ayudar a tu hermano eres tú. Eres tú la que tiene el poder de ayudarlo, pero no sé si podrás aceptar lo que pide... —había agregado su padre con pesar.
—Ven y siéntate... —dijo Taylor, acercándose a ella y extendiendo su mano.
Sin saber lo que hacía, Selena metió las manos en los bolsillos del vestido azul y blanco que llevaba puesto. No sabía cuál sería su reacción si él la tocaba. El hecho de estar con él en aquella habitación ya la ponía nerviosa.
Se había dicho que no había podido pensar con claridad. Que había estado tan preocupada por su hermano toda la semana, temiendo la visita del jeque y lo que pudiera exigirles para liberar a David, que debía haber exagerado el impacto que le había producido aquel hombre.
No era posible que un hombre tuviera aquel efecto en sus sentidos, que la volviera loca de aquel modo...
Pero Taylor lo había hecho. Ella no había exagerado. El poder de atracción de Taylor era irresistible.
Se le había acelerado el corazón y su pulso latía rápidamente. Su fragancia masculina la estaba embriagando.
Taylor llevaba ropa sport: unos vaqueros y una camisa negra, del mismo color que sus ojos y su pelo.
Aquel aspecto parecía borrar la idea de que era un jeque, un príncipe, el gobernante de un país del desierto. Y en cambio, era sólo un hombre, un hombre extremadamente atractivo. Un hombre increíblemente sexy.
Y un hombre que le había dejado claro cuánto la deseaba.
—¿Selena?
Taylor se acercó y le tocó el hombro. Ella se sobresaltó. El calor de su mano le quemó la piel a través de la tela del vestido.
Selena se puso colorada y tragó saliva.
—Gracias... —dijo ella, y se apartó un poco de él.
Se sintió aliviada poniendo un poco de distancia entre ellos. Pero sabía que volvería a acercarse a él, porque la atraía.
No era fácil. No era cómodo. No era una situación que la relajara ni que la hiciera sentir segura. La verdad era que la ponía nerviosa, que su cercanía le producía mucha tensión. Pero a la vez era excitante. La hacía sentir viva. Tan viva que era como si hasta entonces hubiera estado caminando en sueños, sonámbula. Y aquélla fuera la verdadera vida. Y además, la hacía sentir muy femenina.
Jamás se había sentido tan mujer...
Y él también había expresado su deseo por ella, y algo más que el deseo, si lo que le había dicho su padre era verdad.
—¿Te apetece beber algo? —le ofreció Taylor.
Taylor se acercó a Selena cuando ésta se sentó en el sofá de piel. En aquella posición, la altura de Taylor y su fuerza se acentuaba más.
—Sí, gracias —respondió Selena, incapaz de pronunciar más que monosílabos con aquel hombre.
—¿Vino? ¿Agua mineral o algo más fuerte?
—Agua mineral, por favor —era mejor que no se marease más de lo que estaba, bebiendo alcohol.
O quizás el alcohol la relajara.
—No... Prefiero vino, por favor. Vino tinto, si tienes.
Taylor se acercó a un mueble donde había botellas y copas.
Hasta entonces ella ni se había dado cuenta de que había un hombre al otro extremo de la habitación, tan inmóvil como una estatua. Estaba vestido con chaqueta y camisa azules, a juego con las cortinas de terciopelo de la suite, que llegaban hasta el suelo.
Pero evidentemente el guardia respondió a una seña casi imperceptible que le hizo Taylor. Y se acercó a abrir una botella de vino y a servirlo en dos copas. Luego se las dio al príncipe con una inclinación.
Aquello era a lo que estaba acostumbrado Taylor.
Y aquélla sería también la vida de ella si...
¡No! ¡No podía pensar en eso ahora!
Pero era imposible que no pensara en ello. Había estado dándole vueltas en la cabeza desde que su padre le había hablado de las condiciones que había ofrecido Taylor para liberar a David.
—El Jeque de Barakhara necesita una esposa. Y te ha elegido a ti para que lo seas. Si aceptas, quitará todos los cargos contra David y lo liberará en cuanto pueda.

me encanta taylor....
ahhhh siento que muero....
aunq nadie iguala a nick.... 
jejejejeje

2 comentarios:

  1. aaaaaaaaaa le a pedido matrimonio a su padre
    pufff... que suerte Selena jejeje
    aunque si hubiese sido Nick...
    jejeje
    me encanto!!

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  2. awww que lindo matrimonio
    aunque es raro... no se lo pidio a selena..
    sino a su papa, suena raro
    jajaja como si Tay se quisiera
    casar con el papa de sel
    jajaja bueno me altere besos voy x el que sigue

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