lunes, 14 de marzo de 2011

Novela Taylena 07 - A las Ordenes del Jeque


Su padre había pensado que ella no iba a aceptar las condiciones. Que no querría saber nada de ello. Que le diría que prefería morirse o ir ella misma a la cárcel antes que aceptar aquello. Pero su padre no había sabido que ella había conocido al Jeque, a Taylor, en persona.
Y no tenía ni idea del efecto que había causado en ella.

Algo había cambiado en el tiempo que no se habían visto, pensó Taylor mientras agarraba las copas de manos de Ahmed y las llevaba adonde estaba sentada Selena. Ella había cambiado, o al menos su actitud. No parecía la misma joven chispeante y vibrante que había conocido aquel día por la mañana. Estaba rígida. Y lo miraba cautelosamente con sus enormes ojos negros, como si pudiera huir en cualquier momento.
—Gracias —dijo ella débilmente cuando Taylor dejó las copas en la mesa.
Bueno, él sabía cómo manejar a una mujer con dudas. Era tan experto en ello como lo era en amansar caballos. Hacía falta paciencia, consideración, pero el resultado valía la pena. Conseguiría lo que quería al final.
Y lo que quería de Selena era una larga noche de placer.
Ella sería su forma de relajarse después de un duro día. Y por el modo en que ella había reaccionado aquella tarde en la biblioteca, le había parecido mucho más fácil de lo que le parecía ahora. Pero él podía esperar. Tenía toda la noche.
Pero antes tenía que relajar un poco la atmósfera, hacer que las cosas fueran más fáciles, más cómodas para ellos.
—Dejadnos —Taylor hizo una seña con la mano a Ahmed y al guardia de seguridad para que abandonaran la habitación.
Selena estaría más relajada si estaban solos.
El guardia tendría que permanecer junto a la puerta, pero al menos su presencia en la habitación no la inhibiría.
—Ahora podemos estar juntos a solas —dijo Taylor cuando se fueron los hombres.
Selena agarró la copa de vino, bebió y la volvió a dejar en la mesa.
—Tus hombres... Han caminado marcha atrás... —comentó Selena, extrañada.
—¿Qué? Oh, ¿Ahmed e Ishaq? Es una costumbre en Barakhara.
—¿Siempre tienen que hacer eso?
Taylor asintió. Su hermanastro se ceñía estrictamente al viejo ritual que se esperaba de los criados, y allí, en Inglaterra, él era el representante de Justin, así que habían acordado la misma deferencia para él, aunque él no hiciera caso a esas tonterías en su propio reino.
Pero al parecer, a Selena le había chocado. Seguramente había sido eso lo que la había puesto nerviosa.
—No te preocupes, no voy a esperar eso de ti —le aclaró Taylor.
¿Y ahora qué había dicho para que ella lo mirase así?
Luego la observó sorber el vino.
¿Estaba relajada o insegura?
No quería verla sentada en el borde del asiento de aquel modo, con la boca controlada y las manos aferradas a la copa. Lo que él deseaba era la mujer que había conocido aquella tarde. La mujer que había calentado su sangre tan rápidamente, que había provocado una explosión en su cabeza. La mujer que se había derretido en sus brazos como una vela con el fuego.
El quería saltarse las formalidades y estar con ella íntimamente, como ella le había prometido aquella tarde. Quería quitarle el vestido y toda la ropa interior que llevaba debajo. Quería tenerla desnuda, tener su cuerpo tibio debajo de él, deseoso de abrirse para él, en la enorme cama que estaba en la habitación de al lado. Aunque, en realidad, no le importaba dónde.
Y ella quería lo mismo. Si no, no estaría allí. Él le había pedido que fuera a verlo, para terminar lo que habían empezado. Y ella estaba allí, dispuesta a hacerlo. Era demasiado tarde para pensárselo de nuevo.
Lo primero que tenía que desaparecer era ese moño que llevaba en el cabello, totalmente controlado, nada atractivo, pensó Taylor.
—No quiero que lleves el pelo recogido... —Taylor le soltó el cabello, y éste cayó, negro y sedoso sobre sus hombros.
Taylor la miró a los ojos. Los ojos de Selena se habían agrandado ante la sorpresa, y su boca estaba entreabierta, a punto de pronunciar una exclamación.
—Así está mejor... —dijo Taylor.
La peinó con los dedos. Al principio, para suavizar la restricción del severo peinado, pero una vez que sintió el tacto de aquella seda, él se olvidó de su primera intención y disfrutó de ello.
—Así está mucho mejor —insistió Taylor con voz sensual.
Selena hizo un sonido inarticulado que podría haber expresado acuerdo, y luego terminó con un suave suspiro. Se pasó la lengua por los labios para humedecérselos, y balbuceó:
—Taylor...
Él le acarició la cabeza, y sintió el calor de su piel.
—Así está mucho, mucho mejor... —repitió.
Sus ojos negros permanecieron fijos en Taylor, hasta que se nublaron cuando él la besó.
El beso fue lento, suave... Fue un saludo, una invitación, una exploración, muy diferente del feroz y apasionado beso que habían compartido en la biblioteca aquella tarde.
Pero sin embargo, la ferocidad, la pasión permanecía allí todavía, debajo de la superficie, pensó Taylor. La saboreaba en su boca, en la humedad de su lengua en el breve momento en que se enredó con la suya, antes de deslizarla hacia un lado, para evitar que jugara con ella. La cabeza de Selena se echó hacia atrás contra el soporte de sus manos, y sus ojos se cerraron. Suspiró, y él sintió el calor del aliento en su piel.
—Me alegro de que hayas venido —murmuró él, besando suavemente sus párpados.
Ella abrió los ojos y lo miró.
—¿Dudabas de que lo hiciera? —le preguntó ella, sabiendo de antemano cuál era la respuesta.
Taylor sonrió casi imperceptiblemente.
—Ni un momento —le dijo él sensualmente.
Selena sintió que necesitaba un sorbo de vino para sentirse más fuerte.
—¿Sabías que vendría?
—Sabía que vendrías.
—¡Estás muy seguro de ti mismo!
Taylor agitó la cabeza lentamente, negando su acusación.
—Estaba muy seguro de ti.
Taylor deslizó la mano hacia su cara, deteniéndose en la parte de atrás de la oreja, y siguiendo hacia su hombro. Metió los dedos en su escote. Los detuvo donde latía su corazón, mirándola fijamente con sus ojos negros. Se concentró en el latido que sentía debajo de sus dedos, y volvió a sonreír con arrogancia.
—Sabía que me deseabas tanto como yo te deseo a ti...
—Yo... —balbuceó Selena.
—No protestes... No finjas. Ambos sabemos lo que sentimos. Por eso sabía que vendrías.
Taylor miró su copa y se la quitó de la mano. La alzó como si estuviera haciendo un brindis. Luego la giró de forma que el lugar por donde ella había bebido quedara frente a sus labios, y apoyó la boca para beber, en un gesto muy íntimo, que expresaba la unión erótica entre ellos.
De pronto recordó las palabras de su padre: «El jeque necesita una esposa. Y te ha escogido a ti».
Sí, ella estaba allí porque se sentía atraída por él, y por la pasión que Taylor había despertado en ella. Pero ¿y la proposición de matrimonio? ¿Por qué Taylor no había dicho nada de ello?
Era verdad que ella hubiera ido a verlo de todos modos. Su padre no sabía que su corazón ya era de Taylor cuando había hablado con ella. Hubiera ido a verlo aun sin compromiso alguno, ni futuro con él. Sólo quería estar con Taylor, amar a Taylor el tiempo que él se lo permitiera.
Así que aquello había sido un sueño que se había hecho realidad. Era maravilloso saber que él la deseaba tanto, que le había dicho a su padre que quería casarse con ella.
No le había declarado su amor. No había hablado de sus sentimientos. Sólo le había propuesto matrimonio. Pero si ella estaba aturdida por la velocidad con que habían ocurrido las cosas, no se extrañaba de que a un hombre como Taylor le costase mostrar sus emociones abiertamente. El la deseaba, y por ahora, eso era suficiente. La deseaba lo suficiente como para querer casarse con ella. ¿Qué más podía pedir? Era demasiado pronto para hablar de amor, al menos para Taylor. Pero cuando estuvieran juntos, seguramente ese amor aparecería.
Taylor se sentó a su lado en el sofá de piel. La rodeó fuertemente con sus brazos y la besó sensualmente, haciéndole perder el sentido de la realidad.
Su fragancia la envolvió eróticamente. Era como tomar una droga. Respirar su perfume era como una droga que le nublaba el pensamiento, y le despertaba un feroz deseo. Un deseo que aquel hombre había despertado con su tacto el día que la había arrinconado contra la pared de la biblioteca.
Había caído en sus brazos sin pensar en nada aquella tarde, y volvía a caer en ellos en aquel momento.
Ella le rodeó el cuello con sus brazos, entrelazó sus dedos a su pelo.
Taylor la besó más apasionadamente, y ella abrió su boca para recibirlo, jugando con su lengua, provocándolo, invitándolo a penetrarla íntimamente, un eco del deseo primitivo de su cuerpo de que la poseyera.
Quería abrazarlo y quedarse así para siempre, pero entonces Taylor alzó la cabeza, apartó la boca de ella y respiró profundamente.
—Así que ahora... Creo que deberíamos continuar con lo que dejamos a medias esta tarde... —dijo.

2 comentarios:

  1. aaa me encanto
    jejeje
    sube pronto o cuando puedas
    otro cap jejeje

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  2. me encanta la nove...
    sigo con el otro y a comentar
    para que no digas q no comento
    pero todavia no tenia blog
    ni nada haci q ahora comento
    voy por el siguiente

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..