lunes, 28 de marzo de 2011

Novela Taylena - A las Ordenes del Jeque - Capitulo Final!!!!!


¿No te encuentras bien? —preguntó Taylor.
Había notado su silencio, había visto la palidez de su cara. Apenas había probado la comida...
Selena sonrió brevemente.
—Estoy un poco cansada, eso es todo —murmuró Selena, desviando sus ojos negros de la mirada de escrutinio de Taylor—. No he dormido muy bien.
—Es posible que hayas extrañado la cama y el lugar... —Taylor asintió—. Y ha habido tantas cosas que preparar y que planear...
Taylor se inclinó hacia delante y agarró la mano de Selena. La miró a los ojos, y dijo:
—Te he descuidado un poco últimamente.
—Has estado muy ocupado...
—Es verdad... Pero eso no es excusa. Tú eres mi prometida, mi futura esposa. No debería ser tan poco atento contigo...
Taylor tiró de ella hasta que pudo apoyar su mejilla en la suavidad de su piel y susurrarle al oído:
—¿Quieres que vaya a verte esta noche, habibti? ¿Quieres que comparta tu cama y que te ayude a dormir? Estoy seguro de que descansarás mejor en mis brazos...
Por un momento él pensó que ella iba a rechazarlo. Selena miró sus manos entrelazadas y se mordió el labio inferior.
¡No podía decir que no!, se dijo Taylor. ¡Él se moriría si Selena le decía que prefería dormir sola! Aunque no se trataba de que durmiesen...
Para él había sido muy duro estar separado de ella aquellas noches, tan duro como para ella. Pero había estado trabajando mucho día y noche, y la había dejado sola para no molestarla. El día de la boda sería pronto, y cuando terminasen las ceremonias, tendrían el resto de sus vidas para estar juntos.
Aquella noche Selena estaba más adorable que nunca. Llevaba un traje de seda que hacía juego con sus ojos. Se había peinado con el cabello negro recogido, y lucía los pendientes y el collar de diamantes que le había regalado él... Estaba hermosa... Era hermosa...
—¿Selena?
La había echado mucho de menos. Y ahora que la tenía cerca, con aquel perfume floral que se mezclaba con la fragancia de su cuerpo, apenas podía controlar el deseo que se estaba apoderando de él. Tuvo que hacer un esfuerzo para no levantarse de su asiento y llevarla a su dormitorio en aquel mismo momento.
—Sí... —respondió ella finalmente—. Me gustaría que vinieras.
A Taylor la palabra «gustar» le pareció poco apropiada para lo que él sentía. Pero se olvidaba de que Selena era una señorita inglesa muy bien educada y que debía refrenarse, al menos verbalmente. Lo habría aprendido desde la cuna.
Pero él sabía por experiencia que el único lugar donde su futura esposa perdía el control era en la cama.
En público tenía un aspecto sosegado y claro como el agua. Pero cuando estaba en la cama con él, debajo de él, era todo rojo fuego.
Y aquella noche volvería a estar con ella.
—Espérame, entonces —le dijo suavemente Taylor.
Las imágenes que asomaban a su mente eran tan turbadoras, que tuvo que hacer un gran esfuerzo para controlarse durante el resto de la noche.
Pero la lucha valía la pena si la recompensa era aquella mujer. Cuando estuvieran a solas, liberaría todos sus deseos...
No veía la hora de que llegase ese momento.
Taylor pasó el tiempo hablando con su gente, agradeciendo, aceptando felicitaciones, hasta que llegó el momento de estar con ella.
No se sentía así desde que era un adolescente que se escapaba del colegio, del palacio, con su caballo preferido.
Pero aquella noche no le hacía falta salir del palacio para escaparse.
Aquella noche tenía allí todo lo que deseaba.
Y rogó que ella lo estuviera esperando Selena no había recuperado totalmente el color en la cara, y se había ido del banquete en cuanto había podido. Tal vez la hubiera vencido el cansancio y se hubiera dormido.
La sola idea le hizo sentir frustración.
Pero también había aprendido a disfrutar de otro tipo de satisfacción aquella noche en la tienda con ella. Podía disfrutar simplemente de estar acostado a su lado.
No le había sucedido con ninguna mujer.
Disfrutaba simplemente de verla dormir, de verla moverse, despertarse, abrir sus ojos.
«¡Maldita sea!», se dijo. Estaba demasiado excitado ya como para pensar en ello.
No quería malgastar un segundo.
Que estuviera esperándolo, rogó Taylor.
Cuando entró en la tienda tuvo que adaptarse a la oscuridad. Había una sola lámpara iluminando tenuemente el lugar. Cuando lo logró, se dio cuenta de que no había nadie en la cama. Pero la débil iluminación reflejó el brillo de su cabello negro junto a la ventana, donde Selena estaba sentada.
Se había quitado el atuendo que había usado para los festejos, y se había puesto una túnica blanca de seda que se adhería a su delgada silueta y se ajustaba con un cinturón en su estrecha cintura. Pero seguía llevando el cabello recogido, y los pendientes y el collar de diamantes. Parecía una reina de hielo.
Una reina de hielo que pronto se transformaría en fuego.
—¡Selena! —exclamó Taylor, yendo hacia ella con los brazos extendidos.
Selena se levantó de su asiento y fue hacia él, pronunciando su nombre.
Sus cuerpos se encontraron. Se besaron y abrazaron fuertemente.
Ella no llevaba nada debajo de la túnica blanca. Él lo notó en el modo en que sus pechos se movían libres debajo de su pecho viril, en el tacto de sus caderas y su trasero, suave por encima de la seda. Sólo la rugosidad del encaje, complementando la perfección de su piel.
Su túnica no era una barrera para sus manos. En un segundo le desabrochó el cinturón y se la quitó. La alzó en sus brazos y la llevó a la cama.
Taylor se quitó la ropa también, y se puso a su lado encima de la colcha de seda.
—He esperado tanto este momento... —dijo él.
—Ahora no tienes que esperar más... —respondió Selena, tirando de él.
Tenía las piernas abiertas debajo de él, ofreciéndose, dándose, invitándolo. Y estaba tan suave… tan húmeda, tan hambrienta de él, que él no dudó en respirar hondo e internarse en ella con un empuje. Ella gimió sensualmente, y levantó su cuerpo para acoplarse a él, y sus músculos internos lo envolvieron.
Fue un encuentro feroz, caliente... El tuvo que contenerse para no dejarse ir en los primeros segundos. Pero Selena no parecía querer esperar, ni parecía refrenar sus deseos. Estaba debajo de él, como una salvaje reina tribal, desnuda a excepción de las joyas que brillaban en su piel.
Lo animó a poseerla con suaves gemidos y gritos más fuertes cuando él empujó dentro de ella. Le clavó las uñas en la espalda y buscó sus labios, su cara, su pecho...
Y en el momento en que balanceó sus caderas en un último movimiento, y las subió y bajó, él tuvo que hacer un esfuerzo supremo para aguantar. Pero no pudo más y perdió el control totalmente, entregándose a la explosión que nubló sus sentidos.
—Selena... mi esposa... mi reina... —dijo Taylor.
Fue un grito de triunfo, de supremo goce. Y en medio de lo poco que le quedaba de conciencia, la oyó responder con un gemido en el momento en que llegó a la cima del placer. Y ambos se perdieron en un consumado éxtasis.
Taylor pensó que su corazón se había parado totalmente. Y seguidamente pensó que su pulso no pararía de galopar, que su respiración no volvería a la normalidad.
Su cabeza daba vueltas, le temblaban las manos y todo el cuerpo.
Jamás había experimentado algo así.
—Selena...
Levantó la cabeza y la apoyó en el hombro de Selena, y se derrumbó encima de ella.
—Selena...
No podía decir otra cosa. Apoyó su cara en su mejilla.
Y sintió el gusto salado de sus lágrimas y su humedad.
¿Eran lágrimas?
—¿Lágrimas, habibti, por qué?
¿Por qué? ¿Cómo podía contestar eso?
Selena rodó y se puso a su lado.
Ella no había querido disolverse en lágrimas. Se había jurado ser fuerte.
Mientras había esperado en la habitación a Taylor, había tomado una decisión.
No podía casarse con Taylor, no podía vivir con él el resto de su vida, no podía amarlo sabiendo que él no la amaba. La destruiría. Y cuando pensó en la posibilidad de tener un hijo que se merecía dos padres que se amaran, supo que había tomado la decisión correcta.
Sería muy duro, terrible.
Pero no había estado preparada para aquella experiencia abrumadora y feroz que había resultado su pasión. Las oleadas de amor y deseo se habían apoderado de ella, llevándola a un éxtasis que jamás había conocido antes.
Y luego todo había terminado. La habían dejado en la orilla de ese océano de sensaciones, sabiendo que no volvería a sentir algo así nunca más.
—Selena... —Taylor le tocó el hombro—. ¿Por qué lloras?
—Yo... —sollozó—. Lucy está embarazada...
—¿Sí? —él se sorprendió de su respuesta. Era lo que menos había esperado—. Hakim se pondrá muy contento. Pero... —él la tocó otra vez, y ella lo miró—. ¿Por qué eso te hace llorar? La celebración...
Ella volvió a llorar.
—Ellos sí pueden celebrar, pero ¿qué sucede si nosotros...?
—¿No quieres tener hijos? —dijo Taylor—. Selena, si ése es el problema, sólo tienes que decirlo. No tenemos que tener un hijo si tú no lo deseas...
¡Era lo que más deseaba en el mundo!, pensó Selena.
—Pero... Pero... Tú necesitas un heredero.
Selena se secó las lágrimas con la sábana y luego se envolvió en ella y se levantó.
—Necesito un heredero —le dijo él—. Pero si tú no lo deseas, cuando nos casemos...
Fue entonces cuando ella lo dijo.
Había esperado que el momento no llegara tan deprisa. No había tenido mucho tiempo para prepararse, para encontrar las palabras que quería. Pero al parecer, su suerte estaba echada.
Y tal vez fuera mejor así. Decirlo y acabar de una vez con aquel tormento.
—No vamos a casarnos. No puedo hacer esto, Taylor. No me casaré contigo.
—No te...
Taylor la miró con desconfianza. No podía creerlo.
—No voy a casarme contigo. Sé que pensabas que lo haría. Que creías que había aceptado tu proposición, pero no es así.
—Te he ofrecido...
—Lo sé... Sé lo que me vas a decir de David. Lo has liberado por nuestro acuerdo, porque yo te dije que me casaría contigo, pero por favor, por favor, no lo metas nuevamente en la cárcel. Yo lo reemplazaré si es necesario... Cumpliré su sentencia.
—¿Prefieres ir a la cárcel que casarte conmigo? ¡No seas estúpida, mujer! —exclamó Taylor, furioso — ¡Tu hermano no tiene nada que ver con esto! ¡Nada! Y no va a volver a la cárcel, y tú tampoco. Yo iba a liberarlo de todos modos, al margen de lo que contestases a mi proposición de matrimonio.
—El... Tú... —Selena no podía hablar—. ¿Lo ibas a liberar?
—Por supuesto. Fue un tonto, pero me ha asegurado que no sabía el valor religioso que tenían esos objetos, y le creo. Aunque no haya actuado correctamente, no se merece la cárcel por ello.
—Pero tú dijiste...
—La liberación de tu hermano era parte de lo que te ofrecía por el matrimonio, pero no era una condición que se cumpliría sólo si te casabas conmigo. David está en libertad, y seguirá así, pase lo que pase entre nosotros.
—Gracias —no podía decir otra cosa Selena—. Gracias con todo mi corazón.
—Y ahora que hemos borrado la sospecha de que te he chantajeado para que te cases conmigo, por favor, ¿reconsiderarás tu decisión de casarte conmigo?
Ese «por favor» casi la mató. Pero tenía que ser fuerte.
—No puedo.
Taylor se levantó repentinamente de la cama.
—No puedes hacer esto —dijo—. No lo permitiré.
—Oh, Taylor —suspiró Selena—. Tengo que hacerlo. He pensado mucho acerca de esto, y es lo único que puedo hacer. Conozco las razones por las cuales crees que no puede cancelarse la boda, pero lo he pensado mucho, y no puedo hacerlo. Será un inconveniente, pero...
—¿Qué razones? Dime, ¿por qué crees que será un inconveniente cancelar nuestra boda?
—¿Por qué? Bueno... Las invitaciones ya se han enviado, los dignatarios empiezan a llegar, ya se han mandado hacer los trajes...
—La fiesta está organizada, la decoración contratada... —siguió Taylor fríamente—. Tengo el visto bueno de tu padre... Te he regalado joyas...
—Lo sé —con manos temblorosas, Selena levantó las manos para desabrocharse el collar y los pendientes.
—Te los voy a devolver. No los quiero. Y tú los necesitarás para regalárselos a otra mujer con la que te vayas a casar.
Taylor miró el puñado de diamantes en su mano.
—Quédatelos —le contestó—. Yo te los he regalado a ti. Jamás se los regalaré a otra mujer, porque si tú no te casas conmigo, no me casaré con nadie. No habrá ninguna mujer con la que me quiera casar después de ti.
—Taylor, por favor... Sé lo que sientes... Lo que sentimos, pero el deseo sexual no es suficiente para construir un matrimonio.
—¿El deseo sexual? —Taylor interrumpió su protesta con un movimiento de la mano—. El deseo no es todo. No es el único motivo por el que me quiero casar contigo. El único motivo es uno que no está en tu lista de inconvenientes. Es la razón que se te ha olvidado, o que tal vez no conozcas... La razón más importante.
—¿Y cuál es?
Ella no tenía idea qué iba a decir Taylor. Pero sus ojos brillaban con un fuego que le advertía que se trataba de algo muy importante.
—Que te amo. Que eres mi sueño, mi alma gemela, mi vida. Te amo más que a mi vida, y por eso quiero casarme contigo. Por eso no puedo cancelar esta boda, porque la verdad es que creo que me voy a morir si tengo que vivir sin ti...
—¡Oh, Taylor!
Los ojos de Selena se llenaron de lágrimas de alegría. Y ella deseó haber oído bien, deseó creer que sus sueños se habían hecho realidad.
—Taylor...
Selena intentó reprimirse las lágrimas.
—Yo también te amo, pero pensé que jamás me amarías... Por eso no podía casarme contigo.
—¿Que jamás te amaría? —Taylor se rió—. Oh, Selena, hace tiempo pensé que podía aceptar un matrimonio de conveniencia, un matrimonio que me diera los herederos que quería, y la seguridad de mi país. Pero cuando te conocí me di cuenta de que me había estado engañando pensando que podía vivir de ese modo. Cualquier mujer podría darme hijos, pero sólo una puede ser mi verdadera esposa, el centro de mi vida. Mi razón de existir.
Taylor le tomó la mano. Luego puso una rodilla en el suelo y la miró a los ojos.
—Empecemos de nuevo y hagámoslo bien esta vez. Selena, mi vida, mi amor, ¿quieres casarte conmigo y ser la reina de mi país, de mi mundo, el resto de nuestras vidas?
Selena tragó saliva. No podía creer que aquél fuese Taylor, el jeque, el gobernador del desierto.
Pero allí era sólo Taylor, el hombre.
Y estaba esperando su respuesta.
—Sí, mi querido Taylor. Sí, mi rey. Quiero casarme contigo y ser tu reina, y amarte con todo mi corazón.
Se inclinó hacia sus brazos abiertos, y selló su promesa con un largo y ardiente beso.
 FIN!!!!!!!

No se si esta nove les gusto o no... pero bueno... a mi me encanto.... y se que lu tambien....  por cierto lu que lastima que nunca pueda contestar tus adivinanzas... siempre que rviso ya tan contestadas :(

1 comentario:

  1. No me gusto
    me encanto
    jejeje
    aunque eso ya lo sabes
    siento que no adivines ningua
    jejeje XP

    ResponderEliminar

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..