jueves, 17 de marzo de 2011

Novela Taylena 11 - A las Ordenes del Jeque


—¡No lo creo! —respondió ella, sintiéndose fuerte a salvo en el cuarto de baño—. Eres tú quien parece saber lo que está sucediendo, quien ha llamado mentiroso a mi padre, y ahora a mí...
Selena terminó en un hilo de voz al oír su furioso gruñido y ver que se giraba el picaporte del baño violentamente.
Ella dio un paso atrás, pero al parecer el cerrojo aguantó lo suficiente como para que él se lo pensara de nuevo.
—¡Vístete! —exclamó con el picaporte aún en la mano—. ¡Vístete! ¡O entraré yo a hacerlo!
—¡Primero tendrás que romper la puerta!
—¿Y crees que me importa?
Selena notó en el tono de voz de Taylor que le importaba muy poco, y ella pensó que ya lo había provocado suficientemente, y tuvo miedo.
—¡De acuerdo! ¡Me vestiré! ¡Pero déjame en paz para que lo haga!
Cuando ella vio que el picaporte volvía a su sitio, por fin pudo relajarse levemente.
De momento la había dejado tranquila. Pero ¿cuánto le duraría? ¿Y qué haría Taylor entonces?
Selena suspiró y recogió la ropa del suelo, tratando de controlarse. Tenía que haber alguna explicación para aquello. Tenía que haberla. Y ella tenía que descubrirla.
Tenía ganas de ducharse. Se sentía sucia y usada... Y necesitaba borrar el recuerdo del placer que le habían proporcionado las caricias de Taylor, sus besos...
Pero no existía una atmósfera propicia para que se diera una ducha. Taylor estaba muy impaciente.
Lo oía caminando de un lado a otro de la habitación, como un tigre enjaulado. Ella no se atrevía a provocarlo más. Tendría que conformarse con lavarse la cara con agua fría y refrescarse.
Fue entonces cuando se dio cuenta de algo: ¡Se había olvidado de David!
En medio de aquella escena se había olvidado tal vez de la cosa más importante. No se había acordado de la razón por la cual Taylor estaba en Inglaterra. Ella había borrado de su mente las negociaciones que lo habían llevado a hablar con su padre.
Pero en aquel momento se había acordado. Debía tenerlo presente todo el tiempo.
Levantó la cara y vio su reflejo en el espejo. Tenía ojeras y estaba muy pálida. Taylor había sacudido su vida. Sin embargo, él seguía teniendo el control de la situación. Taylor tenía en sus manos el futuro de David. Podía salvarlo o destruirlo. Ella no podía arriesgarse a enfadarlo más, porque su hermano sufriría las consecuencias.
Se vistió con manos temblorosas. No podía olvidarse de las sensaciones que había experimentado con Taylor, la forma en que su cuerpo se había estremecido al sentirlo...
«¡Basta!», se dijo, mientras intentaba peinarse con los dedos.
Era mejor no recordar todo aquello, porque si no, se destruiría.
—Selena Marie... —la voz de Taylor interrumpió sus pensamientos.
Al parecer, ahora ella era Selena Marie para él. Ya no era Selena. No se merecía un trato cariñoso y cercano de parte de Taylor
—¡Ya voy! —gritó ella.
Sentía ganas de seguir oculta allí, en la seguridad del cuarto de baño. Pero era mayor el temor a enfurecerlo más si lo hacía.
Además, no podía hacer mucho más para parecer respetable. Estaba pálida, y no podía peinarse porque el cepillo del pelo estaba en su bolso, que estaba en el salón.
—¡Selena Marie! —exclamó Taylor con tono de advertencia.
Selena se secó las manos, sudorosas de nervios, respiró profundamente, se irguió y abrió la puerta.
Esperaba que Taylor estuviera esperándola en el dormitorio, y fue una sorpresa que la habitación estuviera vacía. Y no sólo eso. La cama estaba hecha, como si él hubiera querido borrar todo rastro de lo que había sucedido entre ellos.
Casi parecía que aquello había sido un sueño.
¡Ojalá lo hubiera sido!, pensó Selena.
Pero no lo había sido. Había sido real.
Y en la oscuridad del salón estaba la prueba de que lo había sido, porque él estaba allí.
Taylor estaba sentado en un sofá de piel, con las piernas extendidas y cruzadas a la altura de los tobillos. Se había abrochado los vaqueros y se había puesto la camiseta negra que momentos antes se había quitado.
Tenía los codos apoyados en los reposabrazos y las manos entrelazadas sujetando su firme barbilla. Miraba a la distancia, como si su mente estuviera a kilómetros de allí, concentrada en sus pensamientos.
Selena se estremeció al imaginarse lo que podría estar pensando, y caminó descalza por la habitación hacia el salón, donde estaba él.
Al principio pensó que él no la había oído acercarse, pero entonces lo vio dirigir su mirada hacia ella.
—Aquí estoy —dijo ella con voz temblorosa.
Taylor la miró.
—Eso veo —le hizo señas hacia un asiento—. Siéntate...
Nuevamente él le daba órdenes, y esperaba que ella le obedeciera.
Selena se rebeló por dentro, pero hizo lo que le ordenaba, entre otras cosas, porque no sabía si sus debilitadas piernas la podrían sostener.
Se sentó en la silla que estaba frente a él, evitando sentarse en el sofá que él le había señalado, porque evocaba los recuerdos del tiempo que habían pasado juntos.
—Bebe algo —dijo Taylor, indicando la copa de vino que había encima de la mesa.
—Gracias.
No pudo evitar usar un tono hostil.
Tal vez aquella escena debería haber sido el modo en que deberían haber empezado el encuentro. Un encuentro distante, con una copa en la mano.
Quizás así habrían evitado el fiasco en el que se había transformado aquella noche. Habrían aclarado cualquier malentendido y ella no se habría sentido tan ridícula.
Selena se movió, incómoda, y por fin se sentó en la silla de piel.
Taylor estaba callado. La miró en silencio. Ella no aguantó más, y dijo:
—¡Has dicho que querías hablar! ¡Habla!
Taylor la miró con un brillo peligroso en sus ojos. Era evidente que el Jeque Taylor Daniel Lautner no estaba acostumbrado a recibir órdenes.
Pero se reprimió la explosión de indignación, y dijo:
—¿Tu nombre es Selena Marie Gómez?
—Sí —luego Selena agregó con ironía—: La Honorable Selena Marie Gómez, para ser más correctos.
Taylor no pareció impresionado.
—Tú me dijiste que te llamabas Selena, ¿pero en el pasado has usado a veces el nombre Lena?
—Sí.
¿Qué era aquello? ¿Un interrogatorio?
—Selena... Lena... Son sobrenombres del mismo nombre. ¿Cuál es el sobrenombre de Taylor? ¿Tay?
—Nadie usa un sobrenombre para mi nombre. Me llamo Taylor, y sólo Taylor —la miró fríamente.
—¿Y te teñías el cabello de rubio?
Aquello la sorprendió, mejor dicho, fue un shock saber que él sabía cosas de ella, que sabía tanto sobre su pasado.
¿Por qué se había molestado en averiguarlo?
Y... ¿quién había sido su fuente de información?
—¿Y? —insistió Taylor impacientemente.
—Sí —respondió ella.
Selena no hubiera dicho nada más, pero sabía que él no se conformaría con ello.
—Cuando estaba en el colegio, interna, pasé por una fase gótica en el último año.
Ella sabía que Taylor iba a mirarla con extrañeza, y efectivamente, lo vio fruncir el ceño. Al parecer, no le interesaban los detalles menores.
—Y en ese año tuviste un amigo, un chico, ¿verdad? Pero Selena estaba harta de que la interrogase, y finalmente explotó, y dijo:
—¿Adónde quieres llegar con esto?
—Te diré adónde.
Taylor agarró una chaqueta que había colgada en el respaldo de una silla y sacó del bolsillo una cartera de piel. La abrió y le dio una foto.
Selena la miró, turbada. Finalmente la agarró y la miró detenidamente. No podía creer lo que veía.
La foto tenía seis años, pero recordaba cuándo se la habían hecho. Había sido la última noche del año en el internado de St Richard’s. Habían terminado el curso y los exámenes, y habían celebrado una fiesta de despedida. De recuerdo, se habían hecho una foto con unos amigos.
—Sí, soy yo —dijo Selena, casi sin poder creerlo.
Si no hubiera sabido que era ella, no habría reconocido a la chica que estaba en medio del grupo. ¿Por qué no le había dicho nadie lo mal que le quedaba el cabello teñido de rubio? Estaba horrible. Parecía un fantasma... Eso, sí, muy gótica...
No se extrañaba que no la hubiera reconocido Taylor en aquella foto de cuando tenía dieciocho años.
—¿Y qué...?
Selena se quedó callada al volver a mirar la foto. Sí, no estaba equivocada. A su lado, rodeándole los hombros, estaba Justin, un joven árabe muy rico que había estado interno un año en un colegio exclusivo para mejorar su inglés. Aunque ella había perdido el contacto con él desde entonces, Justin y ella se habían hecho amigos aquel año.
Entonces, ¿era de eso de lo que estaba hablando Taylor? ¿Era Justin el amigo del que le había hablado? Ella hacía años que no se acordaba de él.
—¿Te refieres a Justin?

2 comentarios:

  1. me encantoooo
    que hace Taylor con una foto de Selena??
    jejeje
    sube pronto
    el siguiente!!!!

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  2. jajaja me rio porq no se...
    jajaja bueno seguire leyendo

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..