miércoles, 23 de marzo de 2011

Novela Niley 27 - Cerca del Paraiso


Nick había estado muy triste desde la visita de Miley. Aquellos sentimientos eran incomprensibles para él y también inexplicables. ¿Por qué sentía esa tormenta interior cada vez que la veía? ¿Por qué lo miraba ella como si significara algo en su vida? ¿Por qué lo miraba como si le estuviera haciendo daño?
No podía encontrar las respuestas y nadie quería hablar con él de Miley, ni siquiera Karen.
Cloe Deluca seguía pegada a él. Estaba in­tentando convencerlo de que fueran a una de las is­las desiertas de las Bahamas, lo cual era bastante sospechoso. Incluso había alquilado un yate sin de­círselo.
—Necesitas alejarte de aquí por un día y voy a llevarte a una isla desierta mañana—le dijo ella dándole un abrazo—. Seremos como Adán y Eva, cariño—bromeó con un susurro.
Él sabía que estaba tramando algo y, probable­mente, tenía que ver con su vida.
—De acuerdo—aceptó, pensando que tendría que ir bien preparado—. Ven a buscarme y saldre­mos desde aquí. ¿Te parece bien a las nueve?
La sonrisa de ella era enorme.
—Sí, muy bien. Me alegro de que estés mejor, cariño.
—¿Cuándo íbamos a casarnos?—le preguntó él de repente.
Ella dudó.
—¡Oh! En diciembre—contestó rápidamente.
—En diciembre—asintió él, siguiéndole la co­rriente.
—Vamos a ser muy felices.


Más tarde, cuando ella volvió al hotel, él llamó a John, el taxista y le dio una nota para los federales.
—Dale esto a Billy Ray—le dijo con cal­ma—. Él se lo dará a Dunagan. No lo hagas tú, en­tendido? Y asegúrate de que la lea hoy o vendrás a mi entierro.
John hizo una mueca.
—Sí  señor Jonas, puede contar conmigo.
Desafortunadamente, John cruzó el puente a de­masiada velocidad y se chocó con unos coches que estaban parados. El golpe lo dejó inconsciente y con una costilla rota e, inmediatamente, se lo llevaron al hospital. Hasta la mañana siguiente, cuando se des­pertó, no se acordó de la nota. Le pidió a la enfer­mera su ropa y leyó la carta que tenía en el bolsillo. Cloe y Jonas iban a salir a las nueve en direc­ción a una de las islas desiertas. Ya eran las diez.
—Necesito un teléfono—pidió nervioso—; es cuestión de vida o muerte.
Billy estaba a punto de salir de la habitación cuando sonó el teléfono.
—¿Diga?
Al otro lado del teléfono escuchó una voz débil.
—Soy John, el taxista. Jonas me envió ayer con una nota, pero tuve un accidente y estoy en el hospital.
—Lo siento. ¿Qué dice la nota? John se la leyó.
—Gracias, John. No hay tiempo que perder—colgó el teléfono y llamó a Dunagan desde su móvil.
—Soy yo. Tenemos una emergencia.
Nick se había guardado una pistola por si aca­so. Si lo mataban, él se llevaría a unos cuantos por delante.
Cloe se había puesto un vestido blanco muy sexy. Llevaba su melena negra suelta y bien arregla­da. Olía a perfume caro y estaba muy hermosa; pero sus ojos eran los de una víbora.
—Te encanta ir de excursión a las islas desiertas—le informó ella—. Ya lo hemos hecho más veces.
Él no la creyó. No tenía el aspecto de ser una mujer de ese tipo. Sabía que lo quería conducir ha­cia una trampa y él le iba a seguir la comente. Billy y Dunagan ya debían de estar esperando a los gánsters, pensó con una sonrisa. Qué sorpresa se iba a llevar Cloe cuando viera a su padre entre rejas.

La tripulación del barco le resultó bastante fami­liar, pero no estaba muy seguro de qué los conocía. Estaba empezando a recordar algunas cosas de su pasado, en sueños extraños que lo despertaban en medio de la noche. Una mujer en sombras había sido la atracción principal. Una mujer con una per­sonalidad dulce y encantadora por la que estaba to­talmente colado. No se trataba de Cloe, de eso estaba seguro.
Cuando llegaron a la orilla, Nick miró a Cloe interrogante:
—¿Y ahora qué?
—Vamos a explorar—dijo ella agarrándole de la mano—. Creo que por aquí hay una cabaña. Ya he­mos estado aquí en otra ocasión.
Todos los instintos de Nick estaban alerta. Fue con ella, pero siempre vigilante, buscando el brillo de un arma o alguna sombra sospechosa.
Ella se acercó al porche de la casa.
—¿Por qué no entras mientras yo voy a buscar algo de leña para encender el fuego? Es una pena que no lo recuerdes—le dijo ella con una sonrisa encantadora—. Pero lo pasamos realmente bien la última vez que estuvimos aquí.
Ella se volvió hacia la playa.
Él se acercó a la casa, pero, en lugar de entrar, se agachó como para atarse el zapato y agarró su pisto­la.
El corazón le latía a toda velocidad. Se preguntó qué le tendrían preparado y dónde estarían los su­yos. Si dentro de la cabaña había un asesino a suel­do, tendría que arreglárselas solo.
Cloe vio que dudaba y se giró hacia él.
—¿Qué pasa?
—Nada, se me había desabrochado un zapato.
—Espérame dentro, cariño.
«Menudo demonio», pensó él apretando los dientes. Abrió la puerta y se tiró hacia un lado justo cuando un disparo cruzaba la puerta. Él disparó sin pensar, reaccionando igual que lo había hecho en los viejos tiempo. Los viejos tiempos...
Todo volvió a su mente con la claridad del agua. El hombre que tenía delante se llevó una mano al pecho y lo miró con incredulidad, después, cayó al suelo de frente y empezó a formarse un charco de sangre.
—¿Le has dado?—gritó Cloe.
—No ha habido suerte, muñeca—le contestó Nick. Le dio una patada al arma del asesino y sa­lió al porche—. Y ésta es la segunda vez que tu pa­dre y tú falláis.
Cloe lo miró con la boca abierta. Antes de que pudiera hacer nada, tres hombres armados la ro­dearon.
—Levante las manos, señorita Deluca—dijo uno de los marineros del barco—, a menos que quiera unirse al matón de su padre en el infierno.
Cloe levantó las manos inmediatamente. Apenas podía creer lo que estaba oyendo.
—¿Es... está muerto?
—Eso parece—contestó Nick con calma
—¿Quiénes sois vosotros?—les preguntó a los tres hombres.
—Amigos de Big Rob—le contestó uno de ellos
—. Eso es todo lo que necesitas saber. Dunagan me ha dicho que tiene a un tipo que está dispuesto a con­tarlo todo sobre Deluca a cambio de inmunidad. Su nombre es Liam Warner.
—¿Qué me decís de ése?—preguntó él mirando al hombre que estaba tirado en el suelo.
—La policía ya estaba tras su rastro en Nassau. Pero nosotros nos imaginamos que si había un ma­tón, vendría aquí a por ti.
—Gracias por cubrirme—dijo Nick.
—Ha sido un placer. Ahora, será mejor que nos vayamos.

capi dedicado a emily! 
gracias por tus comentarios....
:-)
eres genial.... 
me alegra mucho que te guste mi nove...

1 comentario:

  1. jejeje
    que rapidez la de Nick
    como se quedo cloe
    me encanto
    jejejeje

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..