miércoles, 6 de abril de 2011

Novela Jemi 10 - Asuntos pendientes


Rápidamente tomó sus labios con un beso apasionado, dejándose llevar por una ola de pasión de la que no se podía escapar. La hizo entreabrir los labios y probó la calidez de su lengua, mientras que ella le sujetaba la cabeza con ambas manos y le Devolvía las caricias con ardor.
De pronto, suspiró, y entonces Joe sintió una punzada inefable, inexplicable; algo que no quería identificar, algo que decidió ignorar.
La agarró con fuerza y la arrastró hasta colocarla a horcajadas encima de él. Su largo cabello le caía a ambos lados del rostro como una suave cortina de color marrón que olía a primavera.
Ella le sonrió al tiempo que él deslizaba las manos a lo largo de su espalda.
Algo pugnaba por salir de su interior, pero él había cerrado con llave todos los rincones de su ser. Nada escapaba a su férreo y autoimpuesto control.
—Me sorprendes —le dijo.
Ella sonrió nuevamente y se apoyó sobre su pecho, mirándole como si acabara de descubrir un glorioso secreto que no quería compartir con él.
—Me alegro, Joe —susurró justo antes de inclinarse hacia delante para darle otro beso en los labios—. Me alegro mucho.
Entonces se apoyó sobre las rodillas y, lenta, muy lentamente, se sentó sobre su miembro rígido.
Joe se preguntó quién era aquella mujer provocativa y sensual que nada tenía que ver con la joven tímida y sumisa con la que se había casado.
La agarró de las caderas, exhaló una bocanada de aire y la miró fijamente, concentrándose en lo que le estaba haciendo.
Frente a sus ojos había una mujer que podía robarle el sueño al más cínico de los hombres.
Y ya nada importaba, excepto el suave contoneo de su silueta y el sutil roce de su piel.
Ella se inclinó hacia atrás y susurró su nombre, meneándose bajo el resplandor de las velas, que le acariciaba la piel en un juego de Luces y sombras.
Las perlas que llevaba al cuello brillaban como si tuvieran luz propia y su cuerpo lo absorbía más y más, hasta anular cualquier otro pensamiento que no fuera… ella.
Joe la sintió estremecerse sobre él y entonces se dejó llevar, soltando las riendas de su ser durante una ínfima fracción de segundo.


A la mañana siguiente, sin embargo, la sangre se le había enfriado y la cabeza se le había despejado.
¿Qué había motivado semejante cambio de personalidad en su esposa? ¿Quién era esa nueva mujer que lo atormentaba? ¿Era ése su verdadero carácter, o se trataba de una trampa diseñada para hacerle caer en la sumisión sexual?
En cuanto ese último pensamiento se cruzó por su mente, Joe soltó el aliento, sorprendido ante sus propios desvaríos.
Demi no podía ser tan maquiavélica. No podía serlo. No había ni la más mínima duda. Sin embargo… Las campanas de advertencia seguían sonando en su cabeza.
Miró hacia la cama y la observó mientras dormía, resistiendo la tentación de tumbarse a su lado.
Nunca antes en su vida había pasado una noche como aquélla y una parte de él no quería que terminara.
Demi le había mostrado una parte de ella que jamás había conocido y, después de haberlo probado, después de haber experimentado algo que nunca había tenido con ninguna otra persona, no sabía muy bien qué hacer.
Pero la única opción era seguir adelante como siempre; mantenerse impasible y no perder el control, nunca más.
No había razón por la que no pudiera disfrutar de las noches en brazos de su esposa y guardar las distancias durante el día.
Ella suspiró y se dio la vuelta, tapándose hasta el hombro con la sábana. El contraste de aquel material suave y sedoso sobre su tersa y cremosa piel encendía una chispa que le consumía por dentro; una chispa que tenía que apagar a toda costa.
Frunciendo el ceño, Joe se dijo que era suficiente con tenerla de vuelta. Ese era su lugar, a su lado.
En poco tiempo caerían en la rutina de siempre y todo volvería a estar en calma; un arreglo matrimonial sensato y organizado, con respeto mutuo y placeres secretos.
Así debía ser.
—No hay problema —susurró él, sonriendo y anticipando la noche que estaba por llegar.
Se dirigió hacia la puerta y al salir la cerró tras de sí con cuidado de no hacer ruido.
Al otro lado del pasillo estaba el balcón en el que habían cenado la noche anterior. Los restos de la cena que habían compartido aún estaban sobre la mesa.
Joe trató de no recordar, pero era difícil. Los recuerdos del postre lo asaltaban sin compasión, despertando su libido. La mousse de chocolate sobre el vientre de ella… Qué bien sabía…
Respirando profundamente, sacudió la cabeza y bajó las escalinatas dobles. Quería hablar con su padre antes de irse al trabajo y sólo podía hacerlo durante el desayuno.
Los tacones de sus zapatos de firma repiqueteaban sobre el pulido suelo de mármol y el eco de sus pasos rebotaba contra el alto puntal de la mansión.
—Buenos días, señor Jonas —dijo una de las empleadas del servicio al verlo cruzar el recibidor.
—Buenos días, Ellen —siguió andando, avanzando a través del largo pasillo del vestíbulo.
El ya nunca se fijaba en el papel pintado a mano que decoraba las paredes de la casa, ni tampoco en las antigüedades que sus padres habían coleccionado durante sus viajes al extranjero.
La mansión Jonas era antigua, mayestática y elegante, y contaba con un sobrio comedor para cenas formales y también con una enorme sala de fiestas por la que habían desfilado miles de invitados célebres a lo largo de varias décadas.
Sin embargo, esos lugares también albergaban otro tipo de recuerdos para Joe. En esos gigantescos salones solían jugar sus hermanos y él.
Además, el palacio Jonas tenía un cine privado donde visionaban tanto las películas de Jonas Pictures como largometrajes de la competencia, que siempre era feroz, y una confortable sala de estar dotada con numerosas estanterías llenas de libros, una mesa de billar, y un bar donde podían tomar unas copas. La cocina, enorme y ventilada, comunicaba con una sala de desayunos, donde la familia solía reunirse los domingos para tomar el brunch. Una buena oportunidad para ponerse al día y enterarse de todas las novedades.
Sin embargo, las últimas noticias de la familia Jonas no merecían ni el más mínimo comentario, según pensaba Joe.
Varios escándalos consecutivos habían puesto a prueba la unidad del clan cinematográfico más poderoso de Hollywood, y todos los miembros de la familia estaban a la defensiva; aguantando el tipo.
Y ésa era precisamente una de las razones por las que Joe había querido que Demi volviera a su lado. Sólo faltaban unas semanas para la entrega de los Oscar y la familia tenía la obligación de mostrarse unida ante los medios.
Pero eso resultaba de lo más difícil, sobre todo porque su madre se había marchado de la mansión familiar para atrincherarse en su ático de Château Marmont.
Joe huyó de esos pensamientos envenenados. Si se ponía a pensar en todo lo que su madre había hecho para hundir a la familia, entonces sin duda iba a necesitar una copa, y era demasiado pronto para eso.

5 comentarios:

  1. EEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE QUE HERMOSO ME ENCANTO!!!!!!!!!!!!!!!!! ESTA SUPER LINDA...0 )
    0 )

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  2. hermoso
    me encantooo
    jejejeje
    te adordo sis

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  3. wwwooooo
    lo amee supeer liindisimo cap

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  4. Amo esta NOvela!!! me gusta la trama (6)

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..