lunes, 11 de abril de 2011

Novela Jemi 15 - Asuntos pendientes



—Bueno, me alegro de que se note —Demi se recostó en el sofá—. Antes estaba tan enamorada de tu hermano que me esforzaba demasiado por que todo fuera perfecto, ¿sabes?
—Oh, sí.
—No discutía con él, no me atrevía a dar mi opinión… Era la perfecta esposa sumisa que siempre cedía ante las exigencias de su esposo, y le dejé avasallarme en demasiadas ocasiones.
—Eso se le da muy bien a él —declaró Bella, asintiendo con la cabeza.
—Exactamente —dijo Demi, mirando a su alrededor.
La habitación era completamente masculina, pero… ya había un detalle femenino en ella; el ramo de rosas que Joe le había llevado la noche anterior.
—La primera vez que entré en esta casa, estaba tan ocupada intentando ser la esposa de Joe Jonas, que se me olvidó ser Demi Lovato. Pero eso no va a volver a ocurrir.
—¡Muy bien!
Demi sonrió de oreja a oreja y disfrutó del sentimiento de solidaridad que compartía con Bella. Era bueno tener una amiga que la entendía tan bien, una amiga con la que podía contar.
—¿Sabes? Cuando nos casamos, ni siquiera sabía muy bien lo que quería. Sólo sabía que quería estar con él. Pero ahora… —volvió a mirar a Bella—. Ahora lo quiero todo.
—No hay que conformarse con menos —dijo la hermana de Joe—. Dios sabe que yo no me conformaría con menos de lo que tengo ahora. Sam es lo mejor que me ha pasado, así que estoy de acuerdo contigo.
—Gracias. Te lo agradezco.
Bella sonrió.
—Bueno, ¿qué estabas haciendo cuando llegué?
—Estaba tratando de mover estos muebles. Ya sabes, para darle la vuelta a esta horrible decoración. Pero son tan pesados, que no puedo ni moverlos un centímetro.
—Ya sabía yo que había oído unos ruidos extraños —dijo Bella, mirando a su alrededor—. Mm. Tienes razón. Esta habitación está congelada en el tiempo. Joe no debe de haber cambiado nada desde que se mudó a esta ala de la casa hace un montón de años —dijo, confirmando las sospechas de Demi.
—Con un poco de ayuda, podría mover estos muebles. ¿Me echas una mano? Sólo quiero cambiar de sitio algunas cosas.
Bella se echó a reír.
—Sabes que podemos llamar al servicio y tener toda la ayuda que queramos.
—Sí… —dijo Demi, pero ella en realidad no quería hacer eso.
—Bueno, ya veo que quieres hacerlo tú misma.
—Sí.
—Entonces será mejor que empecemos —dijo Bella, levantándose del sofá—. Oh, Muffin, cariño, ¿tenías que hacer tus cositas ahora? —dijo, mirando a Demi y encogiéndose de hombros—. De todos modos, ibas a deshacerte de esa horrorosa almohada, ¿no?
—Desde luego —dijo Demi, mirando la mancha que Muffin había dejado.
—Muy bien, entonces no hay nada que lamentar —dijo Bella, sonriendo—. ¿Por dónde empezamos?
Demi se puso de pie, miró a su alrededor y suspiró.
—De momento, vamos a reorganizar los muebles. Estas zonas vacías no me gustan nada.
Bella sonrió.
—Sí. A mí tampoco. La habitación está demasiado despoblada de esta manera, desangelada, diría yo.
—Esto va a ser divertido —dijo Demi—. Empecemos poniendo el sofá junto al hogar.
—Perfecto —dijo Bella, poniéndose en un extremo del enorme butacón—. Qué bien que los suelos son de madera dura. Así podemos deslizar estos armatostes.
Demi se dio cuenta de que podían rayar el suelo, pero entonces decidió cambiarlo también, o comprar alfombras de colores claros…
Las posibilidades eran muchas.
—Ya veo que estás imaginando muchas cosas distintas —dijo Bella.
—Se nota, ¿verdad?
—Sólo yo lo noto, y eso es porque me preocupo por ti. Y por Joe. Así que tengo los dedos cruzados —sonrió con cariño.
—Muchas gracias. Bella. Te lo agradezco mucho —dijo Demi, apreciando el apoyo de Bella—. Francamente, creo que voy a necesitar toda la ayuda posible —añadió, sabiendo que la ayuda de su cuñada no tenía precio.
—Oh, no sé —dijo Bella, incorporándose y mirando las flores con picardía—. A mí me parece que ya has llamado su atención.
—Cierto. Pero lo que más me preocupa es mantenerla.
—Eso no va a ser un problema. Creo que eres perfecta para él, así que no te rindas. Te va a dar muchos quebraderos de cabeza, pero merece la pena. Es un buen hombre, Demi. Nunca lo olvides —dijo Bella.
—No te preocupes. Nunca lo olvidaré —dijo Demi, agarrando con fuerza el sofá—. No voy a irme de nuevo. Esta vez me quedo.
—Así me gusta —dijo Bella, soltando el aliento bruscamente—. ¿Entonces estás lista para mover esta monstruosidad?
—Lista —dijo Demi, sabiendo que no se trataba sólo de mover muebles pesados.
Aún tenía por delante un gran desafío. Recomponer su vida y llevar a Joe con ella.


—No puedes hacerme esto —gritó Dave Harrow, tirándose de su pelo canoso y escaso—. Necesito tres días más, por lo menos, en el emplazamiento de rodaje. No esperarás que ruede toda la película en el estudio.
Joe se mantuvo impasible ante la dramatización.
El ya estaba acostumbrado a los espectáculos de los directores.
—Mira, Harrow… —le dijo, llevándoselo lejos de la multitud curiosa—. Ya te has pasado del presupuesto, y lo sabes. He estirado el presupuesto todo lo que he podido, pero ya no puedo hacer más excepciones, así que si quieres terminar la película, tienes que volver.
Harrow empezó a mirar a un lado y a otro, como si buscara a alguien que acudiera en su ayuda.
Pero allí no había nadie.
Además, él ya sabía que Joe Jonas siempre iba en serio.
—Muy bien —dijo finalmente—. Terminaremos el rodaje mañana y haremos el resto en el estudio.
—Hoy.
Harrow se puso rojo como un tomate.
—Mañana. Esa es mi última oferta.
Joe se lo pensó mejor, ocultó una sonrisa y le dejó pensar que había ganado la batalla. De camino al lugar ya había decidido darle un día más para terminarlo todo.
—De acuerdo —le dijo, como si hubiera considerado varias opciones—. Mañana. Y regresas enseguida.
—Muy bien, maldito bastardo agarrado y usurero.
Joe no pudo ocultar la sonrisa al oír sus palabras.
—Viniendo de un manirroto egocéntrico y arrogante, no puedo sino tomármelo como un cumplido.
—Y deberías—admitió Harrow con reticencia—. Eres un upo difícil de tratar, pero no metes las narices demasiado.
—Harrow… —dijo Joe, sin dejar de sonreír—. ¿Eso quiere decir que me quieres un poquito?
El hombre soltó un bufido de indiferencia.
—Ese chiste es casi tan viejo como tú. Además, a mí no me gusta nadie y tú lo sabes mejor que nadie —miró hacia los camiones del catering—. ¿Te apetece un café antes de dejarme en paz de una vez?
—No sigas tirándote así del pelo. Dentro de poco no te quedará nada —Joe miró su reloj de pulsera—. ¿Por qué no? Puedes seguir quejándote un rato.
Harrow lo llevó hacia allí. Los tráileres estaban aparcados bajo una arboleda cercana al acantilado bajo el que se extendía Laguna Beach.

4 comentarios:

  1. hayyyyyyyyyyyyy que lindo, me encanto 0 ) 0 ) 0 ) 0 ) 0 )

    ResponderEliminar
  2. jajaskjaks Me gustoo!! Pobre demi Corriendo Muebles XD !! me encantaª!

    ResponderEliminar
  3. me encantooo
    jejeje
    haber como queda la casa de Joe
    jejejejeje

    ResponderEliminar

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..