lunes, 11 de abril de 2011

Novela Jemi 16 - Asuntos pendientes


Una hermosa ciudad perteneciente al Orange County, situado a cuarenta millas de Los Angeles; el emplazamiento perfecto para rodar exteriores.
Sin embargo, Joe ya no podía seguir invirtiendo dinero en actores caprichosos, Luces, equipos y camiones de catering.
—Vosotros los de la oficina no entendéis lo que tenemos que aguantar nosotros —decía Harrow de camino.
—Y vosotros, los creativos de detrás de las cámaras, siempre decís lo mismo —dijo Joe, replicándole por diversión.
La realidad era que Harrow era un director muy bueno y la película iba a ser un gran éxito de Jonas Pictures. Estrellas jóvenes y frescas, exteriores de playa, el mejor guionista de Hollywood…
Joe ya contaba con un gran taquillazo.
Casi habían llegado al camión cuando Harrow fue asaltado por un asistente, así que Joe se hizo a un lado.
Avanzando hacia el borde del acantilado se dejó acariciar por la brisa del mar. Las olas rompían furiosas contra las rocas que yacían al pie del empinado y vertiginoso acantilado.
Estaban en febrero, pero, aun así, decenas de surfistas desafiaban a los elementos sobre sus endebles tablas en el Océano Pacífico.
Sólo había algunos paseantes por la playa y un labrador color terracota retozaba junto a la orilla, jugando con una pelota.
De repente sonó el teléfono y Joe masculló un juramento.
—No puedo tener ni un maldito momento para relajarme.
Miró la pantalla y, al ver el número, todo su cuerpo entró en tensión. Hacía más de dos meses que no veía ese número en la pantalla.
—¿Demi?
—Hola, Joe. Soy yo. Quería saber si ibas a venir a cenar.
La pregunta lo tomó por sorpresa. Ella nunca lo había llamado para saber a qué hora llegaba a casa.
Demi solía andarse con pies de plomo, temerosa de despertar su ira. Pero eso se había acabado.
—¿Qué? —le preguntó, sacudiendo la cabeza, desconcertado.
Demi guardó silencio un momento.
—Ya sabes. La cena. ¿La última comida del día?
Joe frunció el ceño y contempló a un surfista que galopaba sobre una ola hasta la orilla.
—Ya sé lo que quieres decir. Es que no estoy seguro de…
—He comprado unas vieiras exquisitas y pensé en hacer la cena, pero quería saber si ibas a venir. De lo contrario…
—¿Vas a hacer la cena? —preguntó él, interrumpiéndola y apartándose el teléfono del oído un instante para comprobar el número de nuevo.
¿Era su esposa la mujer con la que hablaba en ese momento?
Sin duda. Era ella.
Pero ésa era la primera vez que hacía la cena.
En el pasado siempre habían disfrutado de cenas familiares y formales junto al resto de los Jonas, pero él siempre había evitado pasar tiempo con ella. Era tan tímida y tranquila que siempre lo había hecho sentirse incómodo con su presencia anodina.
—Sí, voy a cocinar. No se me da mal.
—Yo no he dicho lo contrario.
—Pero lo estabas pensando.
—¿Ahora también lees el pensamiento?
—No ha sido demasiado difícil —dijo ella, suavemente.
Joe se preguntó si realmente sonaba decepcionada o si sólo se trataba de su propia imaginación.
—¿Entonces vas a venir o no? —preguntó ella en un tono exasperado que no podía ser más real.
—Sí —Joe comprobó el reloj y miró a Harrow por encima del hombro—. Luego voy. Llegaré a eso de las seis.
—Perfecto.
Joe casi pudo oír su sonrisa al otro lado de la línea telefónica y entonces no pudo evitar sentir ganas de sonreír.
Pero no. ¿Por qué estaba tan contento de repente por hacerla feliz?
Frunció el ceño y decidió cerrar la puerta que se había abierto por un efímero instante.
—Muy bien —dijo Demi—. Te veo luego. Que tengas buen día, Joe—añadió, y colgó el teléfono.
Pero Joe se quedó paralizado un momento, mirando el teléfono como si acabara de perder contacto con el planeta Marte.
¿Qué estaba ocurriendo entre Demi y él?
La respuesta a esa pregunta estaba enterrada bajo toneladas de trabajo que ocupaban su mente en todo momento.
Echó a andar hacia Harrow y volvió a pensar en las películas sin mucho esfuerzo.
Demi estaba encendiendo unas velas de color rosa pálido cuando oyó la llave de Joe en la cerradura.
En ese momento el aliento se le quedó atrapado en el pecho y una efervescencia de burbujas empezó a bullir en su vientre.
Una estupidez. No tenía por qué estar nerviosa. Pero no podía evitarlo.
Las Luces de las velas bailaban al ritmo de la suave brisa nocturna y una suave melodía de jazz brotaba del equipo de sonido. Había entremeses sobre la mesa y Demi se había puesto el vestido que Bella la había hecho comprarse.
Estaba todo lo lista que se podía estar.
Al abrirse la puerta, corrió del balcón a la habitación para recibirle, pero antes de que pudiera saludarle, oyó un golpe seco seguido de un quejido.
—¿Joe? —corrió a través de la estancia en sombras. El ruido de sus vertiginosos tacones hacía eco sobre las paredes—. ¿Te encuentras bien?
El reparó en la mesa que ella había cambiado de posición y fue hacia ella cojeando.
—En cuanto se me pase el dolor estaré bien.
—¿Qué te ha pasado?
—Casi me mato con esa maldita mesa que no estaba ahí cuando me fui al trabajo —se detuvo en seco y miró a su alrededor—. ¿Qué ha pasado aquí? ¿Quién ha movido los muebles?
—Yo.
El la miró.
—¿Por qué? —le preguntó. Sus ojos azules estaban llenos de desconfianza y recelo. Tenía el pelo alborotado, como si se lo hubiera estado tocando mucho. Su corbata estaba suelta en el cuello y el primer botón de su camisa estaba desabrochado.
Demi no pudo evitar reaccionar ante las deliciosas sensaciones que la invadían al verle así.
Se encogió de hombros con indiferencia.
Ella quería que todo estuviera perfecto cuando él llegara a casa, pero nunca hubiera deseado que se rompiera una pierna al entrar en la habitación.
Llevaba todo el día esperando su llegada y era evidente que no había encajado muy bien los cambios.
—Los dos vivimos aquí, Joe —le dijo, con un ánimo positivo—. Sólo quería mejorar un poco la habitación.
—¿Un poco? —exclamó, inclinándose para frotarse la espinilla—. Casi me mato con la mesa que dejaste junto a la puerta.
—Bueno —elijo ella en un tono risueño—. A mí me parece que estás muy saludable.
El sacudió la cabeza y volvió a mirar a su alrededor.
Demi siguió su mirada.

La nueva disposición de los muebles no podía ser mejor. Sin embargo, aún mejoraría mucho más en cuanto sustituyera esos horribles muebles oscuros por piezas acolchadas de colores claros.
—Está muy bien, ¿no crees? —dijo—. ¿Ves?, he movido ese sofá y lo he puesto delante de la pantalla de televisión, pero quería poner el otro frente al hogar. Así uno se puede acurrucar frente al fuego.
—¿Acurrucar? —le preguntó él, mirándola con asombro.
—Y también le quité unas cuantas flores al jardín de tu madre —dijo ella, sonriendo—. Espero que no le importe.
—Mi madre no está aquí.
—Lo sé, pero volverá.
El suspiró.
—Demi…
—Creo que el nuevo arreglo te gustará cuando te acostumbres a él —dijo ella rápidamente, cambiando de tema.
—Si es que no me mato antes —murmuró él—. ¿Y cómo lo has hecho todo en un día?
—Bella me ayudó.
—¿Bella ha estado aquí?
—Esta mañana —dijo Demi, disfrutando de la sensación de sorprenderle. Le agarró del brazo y lo hizo avanzar unos pasos dentro de la habitación—. Nos lo pasamos muy bien.
—Ya lo veo —masculló él.
El corazón de Demi se hundió un poco, pero no demasiado.
¿Por qué tenía que cuestionarla en todo? ¿Por qué se empeñaba en ponerle las cosas tan difíciles?
—¿Entonces no te gusta nada? —le preguntó, sin darse por vencida.
Se detuvo frente a la mesa del balcón. Agarró la botella de Chardonnay, sirvió dos copas de vino y le dio una a Joe.
A la luz de la luna, sus ojos azules se oscurecían y el atisbo de emociones que Demi había creído ver en otras ocasiones era imposible de encontrar.
El bebió un sorbo, soltó el aliento y la miró una vez más.
—No es que no me guste. Es que me ha sorprendido —dijo, haciendo una mueca y mirándola.
Demi levantó la barbilla y se mantuvo firme, sin perder el contacto visual mientras la miraba de arriba abajo.
Le ardía la piel bajo las caricias de aquellos ojos penetrantes y su corazón latía a cien por hora.
Qué bien que se había ido de compras con Bella esa tarde.
El vestido negro que llevaba puesto tenía un escote tan generoso que casi mostraba los pezones, y la falda terminaba justo por debajo del trasero. Además, se ceñía a su cuerpo como una segunda piel y era tan apretado que ni siquiera se había podido poner un tanga, para que no se le vieran las marcas.
Bella había insistido tanto en que se lo comprara que al final no había podido resistirse.
El la devoraba con la mirada y, de pronto, ella se sintió poderosa.
—Estás… —dijo él, bebiendo un poco más de vino—. Ese vestido es…

6 comentarios:

  1. AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA NO NO NO LA PUEDES DEJAR ASI NO NO NO POR FAVOR SIGUELA PRONTO POR FAVOR NO ME DEJES CON ESTA INCERTIDUMBRE POR FAVOR POR FAVOR POR FAVOR 0 ) 0 ) 0 ) 0 )

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  2. aaahhh!
    estuvoo supeer
    geneaal
    aaa!!
    espero pronto el siguiente capii

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  3. pero Que HISCISTEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!! por que la dejas asi ??? por que!! por que!!!!!! :O:OO:O:O:O:O:O: quiero otro rapido!N e_e

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  4. Es lo creo que eesta preguntanto O.o xD ojala :B !ª!!!!! :O:O: siguela para saber

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  5. AAAAAAAAAAAAAH por que nos dejas así!! :P jajaja espero el próximo!! Besos :)

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  6. me encantooo
    jejejeje
    pobre Joe
    jejejejejeje
    sube pronto
    Demi al poder!!!
    jejejeje

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..