viernes, 15 de abril de 2011

Novela Jemi 19 - Asuntos pendientes


Una semana después, Joe seguía sin saber cómo había perdido el control de la situación con Demi.
Por suerte, durante el día conseguía refugiarse detrás de un muro de poder, pero, por las noches, las reglas del juego cambiaban. En la casa, en la cama… Demi era una sirena cuyo canto lo atraía sin remedio. Aquella mujer tímida y anodina se había convertido en alguien exuberante y misterioso que lo estaba volviendo loco.
Tenía que haber una razón para semejante transformación. Ella debía de traerse algo entre manos y él tenía que averiguar de qué se trataba.
Por lo menos, en el trabajo tenía la satisfacción de saber que todo estaba bajo control. En las oficinas de Jonas Pictures siempre sabía lo que se esperaba de él y también lo que tenía que exigirles a aquéllos que lo rodeaban.
Pero en casa…Todo había dado un giro radical debido a su presencia, a Demi… En los últimos días se había encontrado con nuevos muebles, que incluían varios butacones, una cama y una cocina. Ella preparaba la cena todas las noches y él había terminado por ayudarla, troceando cebollas, empanando filetes… Y lo pasaba tan bien.
Estaba a su lado, la oía reír… Y sus ojos brillaban con un resplandor que jamás había visto en ella.
Sacudiendo la cabeza, dio media vuelta. Sobre la mesa del escritorio lo esperaban montones de papeles y correos, pero estaba demasiado nervioso como para ocuparse de ellos. Fue hacia el ventanal y contempló el bullicio que reinaba en los estudios de Jonas Pictures.
Muy poca gente sabía apreciar su trabajo.
Los Figurantes caminaban por el set de rodaje con toda clase de atuendos y disfraces; los que trabajaban en The Christmas Wish, alienígenas que tomaban cafés con pajitas para no estropear las toneladas de maquillaje que llevaban encima…
Era un mundo extraño, un mundo maravilloso… Un mundo que él conocía muy bien.
—¿Qué voy a hacer? —se dijo a sí mismo, pensando en lo mucho que había cambiado su vida desde la llegada de Demi.
En los últimos días, había hecho todo lo posible para irse pronto a casa, en lugar de buscar una excusa para quedarse hasta tarde, como solía hacer en el pasado. Y cada vez que entraba en el apartamento que compañía con Demi, encontraba algo nuevo esperándole.
Alfombras coloridas, jarrones de flores, música y, como siempre, su aroma.
Todo en la casa olía a ella, como ella.
Pero las cosas tenían que volver a ser como antes. Tenía que retomar las riendas de su vida para que todo volviera a la normalidad. Ya era hora de recordarle quién era él, de tomar la iniciativa. Ya era hora de llevar la voz cantante y de darle unas cuantas sorpresas.
No podía dejarse llevar por sus instintos, por mucho que disfrutara con ello.
—¿Jefe?
Joe miró por encima del hombro al tiempo que se abría la puerta de su despacho.
—¿Qué ocurre, Megan?
—Su esposa está aquí.
—¿Qué?
Megan levantó una ceja.
—Ya sabe. Su esposa, Demi.
—¿Qué demonios está haciendo aquí? —rodeó el escritorio y se dirigió a la puerta.
Ella jamás había estado allí. Nunca había ido a visitarle al estudio.
—Gracias —dijo Demi, entrando en la habitación y mirando a Megan con una sonrisa—. No le entretendré mucho. Lo prometo.
—Oh, puedes entretenerlo todo lo que quieras, cariño —dijo Megan antes de abandonar el despacho.
Cuando salió, Demi cerró la puerta por dentro y entonces se echó a reír.
—Bueno, tu asistente es tal y como me imaginaba.
Joe reparó en la comisura de sus labios, tensa con una medía sonrisa.
No hubiera querido alegrarse de verla, pero no podía evitarlo.
—¿Qué estás haciendo aquí, Demi? —le preguntó en un tono poco amistoso.
Ella parpadeó, perpleja, mientras Joe se preguntaba qué esperaba.
¿Que la recibiera con los brazos abiertos? ¿Tener un apasionado encuentro amoroso en su despacho en mitad de la mañana?
Ese último pensamiento se apoderó de él con toda la fuerza de su potencia masculina.
Sólo podía pensar en el sexo con ella y no era capaz de quitarle los ojos de encima.
Llevaba puesto un traje de color gris. La falda le llegaba justo por encima de las rodillas, pero tenía una abertura que mostraba una generosa porción de su pierna derecha. La chaqueta era también muy ceñida y por debajo llevaba una blusa blanca con cuello en V, más unos taconazos de vértigo a juego con el bolso negro.
Tenía el cabello alborotado, sus ojos violetas brillaban y sus labios parecían listos para ser besados.
—Bueno —dijo ella—. No seas tan cascarrabias.
—No soy cascarrabias. Estoy muy ocupado… ¿Qué pasa, Demi? —le preguntó en un tono frío.
Ella ladeó la cabeza.
—¿Hay algún problema?
—Ninguno —dijo él.
Volvió junto al escritorio y se sentó de nuevo, como si quisiera escudarse detrás de la mesa.
—Estoy ocupado, como te he dicho. Eso es todo. ¿Necesitas algo?
Ella puso una expresión de confusión y tristeza, pero Joe permaneció impasible.
El no la había invitado a los estudios y ya era hora de que se diera cuenta de que no todas sus sorpresas eran bienvenidas.
—Nada importante —dijo ella.
—En ese caso… —señaló los montones de papeles que tenía delante.
—Pero sí que quería enseñarte esto —abrió el bolso y fue hacia él.
—¿Qué? —preguntó él, intentando ignorar la suave cadencia de sus piernas al moverse.
Se echó hacia atrás, cruzó los brazos y la miró a la cara.
—Mira. Compruébalo tú mismo —dijo ella, dándole una hoja de papel.
Joe la examinó un momento y entonces volvió a mirarla.
—¿Nada importante? ¿Tu padre nos va a reservar las páginas centrales de todos sus periódicos durante tres semanas para los anuncios de Honor?
Ella sonrió, satisfecha consigo misma.
—Eso es. Papá está encantado de hacerlo.
Joe examinó la nota del padre de Demi una vez más.
Esa había sido la razón más importante por la que se había casado con ella. La dinastía Lovato era dueña de un poderoso holding mediático cuyos tentáculos se extendían por todo el país. Así, si colocaban material promocional en las publicaciones Lovato, entonces tenían garantizada la mejor publicidad.
Aquélla era, por tanto, una oportunidad de oro, un regalo del cielo, o mejor dicho, de su mujer.
«¿Qué es lo que pretende?», se preguntó Joe para sí.
—¿De quién fue la idea? ¿De repente tu padre se ha vuelto así de generoso?
Demi puso el bolso sobre el escritorio, se encogió de hombros y entonces caminó por el despacho, contemplando los pósters que decoraban las paredes, las placas y los certificados expuestos en urnas de cristal…Las revistas que estaban amontonadas en un extremo de una mesa.
Se inclinó y las organizó un poco, mostrándole una vista mejor de su trasero firme.
Joe creyó que iba a perder el juicio.
¿Acaso trataba de hacerlo caer en la tentación?
—Fue idea mía —dijo ella, mirándole por encima del hombro—. Le dije a papá que sería bueno tanto para él como para Jonas Pictures dar una imagen de unidad. Ya sabes, una gran familia feliz.
Joe se dio cuenta de que ésa había sido la misma razón que él le había dado para que volviera a la casa. ¿Coincidencia?
«¿Y qué más da?», se dijo.
Lo importante era que acababa de conseguir publicidad gratis sin el menor esfuerzo.
—Ha sido muy buena idea —le dijo con reticencia.
Ella se incorporó, caminó lentamente hasta el escritorio, puso ambas manos sobre la mesa y se inclinó hacia él.
—Gracias —le dijo, esbozando una sonrisa preciosa—. ¿Qué te parece si me invitas a comer para darme las gracias como es debido?
Joe reparó en la piel cremosa de su escote.
¿Y si hacían el amor allí mismo, en ese momento?
Por mucho que quisiera sofocar las sensaciones que ella despertaba, su cuerpo estaba duro y caliente.
Ella se humedeció los labios y entonces Joe tuvo que reprimir un gruñido.
Una vez más lo estaba envolviendo en su telaraña y él no podía hacer nada.
—No es posible —le dijo, antes de que pudiera cambiar de idea—. Tengo una reunión dentro de una hora, y tengo mucho papeleo que hacer antes de irme.
—Oh —ella parecía tan decepcionada…
—Vamos. Te acompañaré al coche —se puso en pie. Rodeó el escritorio y la tomó de la mano.
—¿Por qué no me enseñas los estudios un momento antes de irme? —le sugirió, agarrándole la mano con fuerza y mirándolo fijamente—. Nunca he estado aquí antes y me gustaría saber más sobre tu trabajo.
Joe guardó silencio un instante. La deseaba tanto que apenas podía pensar.
De pronto ella le acarició la palma de la mano con las yemas de los dedos; un mero roce que lanzó descargas eléctricas por todo su cuerpo.
—¿Demi, qué estás haciendo? ¿Por qué has venido en realidad? —le preguntó, apretándole la mano hasta aplastársela—. Podrías haberme dado esa nota de tu padre en casa. ¿Por qué te has molestado en venir?
—Sólo quería verte —le dijo ella en un susurro—. ¿Resulta tan difícil de creer? —se acercó un poco más. Le puso una mano sobre el corazón y enseguida sintió su atolondrado palpitar—. Quería saber si me echabas de menos tanto como yo a ti durante el día.
El soltó un quejido, dejó caer la cabeza hacia atrás y entonces volvió a mirarla.
—Este no es el momento —le dijo, como si le costara un tremendo esfuerzo pronunciar cada palabra—. Ni el lugar.
—¿Y por qué no? —sonrío ella—. La puerta está cerrada. Estamos aquí. Solos. Y yo te deseo, Joe. Te deseo tanto…
 jejejeje
agradecimiento a las chicas que hacen estas fotos
awwww
capi dedicado a lu y a elbita!!!

6 comentarios:

  1. aaaaaaa
    me encantoo
    jejejeje
    Joe sera mejor te rindas
    jejejejejejee
    sube prontoooooo

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  2. Que mala!!!! jajaja quiero leer el proximo!!

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  3. aaahhh!!
    me encaantoo
    el capi
    y estoy de acuerdon con
    lu joe rindete ya
    jejeje
    espero pronto el siguiente
    capiii

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  4. wauu jejeje VAMOS DEMIII jejejeje
    y yo va perdiendooo jjeje
    un beso cuidate
    tkiero muuchoo jeje :P

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  5. ajjajajaj
    quiero el siguiente capi xd!!
    demi siempre ggaana xd

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  6. AAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH LINDO!!!!!!!! 0 )

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..