viernes, 1 de abril de 2011

Novela Niley 01 - El hombre mas atractivo


MILEY salió de la ducha, se envolvió en una toalla y corrió a la cocina.
Ese día, ese importante día, no tenía un buen co­mienzo.
La ducha había sido tan fría que los dientes le casta­ñeteaban. Los radiadores se habían pasado la noche ha­ciendo ruido y, cuando fue a poner la cafetera, una cuca­racha del tamaño de un dinosaurio atravesó corriendo el suelo.
Pero cuando vio el reloj fue cuando se asustó de ver­dad.
—¿Las siete y cuarto?
No podía ser. Eran las seis y cuarto, tenían que serlo. Había puesto el despertador una hora antes de lo habitual para darse tiempo más que suficiente para vestirse y arre­glarse apropiadamente, desayunar bien, prepararle el de­sayuno a Joshua y, aun así, llegar a la oficina antes que los demás.
Era importante parecer fría,  tranquila y dueña de sí misma en la reunión, aunque tuviera el corazón en la garganta.
Era el primer día del resto de su vida.
Estaba claro que el reloj estaba roto, ella había puesto bien el despertador y, si necesitaba alguna prueba al res­pecto, lo único que tenía que hacer era echarle un vistazo a Joshua, que seguía durmiendo en la cama.
Suspiró aliviada. Lo último que necesitaba en ese momento era tener que tratar con el malhumor mañanero de Joshua. Ella lo adoraba, pero había veces en que había que andarse con cuidado con su ego. Él era típica, desa­gradable y arrogantemente masculino.
Bueno, no. El que sí era típicamente masculino era el señor Nick Jonas, el de las encantadoras sonrisas y rubias decorativas.
¿Qué demonios le estaba pasando esa mañana? ¿Por qué estaba desperdiciando su precioso tiempo pensando en un hombre al que ni siquiera conocía en persona?
—Ridículo —se dijo a sí misma.
Miley frunció el ceño y tomó su reloj. Ahora de­bían de ser como las seis y cuarto.
¡Cielos!
Desgraciadamente, al parecer eran las siete y veinte.
Se quitó la toalla, que aterrizó en la cama, sobre la cabeza de Joshua.
—No —susurró, pero ya era demasiado tarde.
Joshua se despertó y la miró lleno de ira.
Se puso en pie y la miró con sus fríos ojos verdes.
—Joshua. Oh, Joshua, no he querido...
Pero Joshua no creía en las disculpas. Nunca lo había hecho. Lo miró mientras le daba la espalda y salía de la habitación.
—Haz lo que quieras, Joshua —murmuró ella—. No me puede importar menos. Tengo cosas más importantes que hacer esta mañana que preocuparme por tu actitud.
Y era cierto, iba a llegar más que tarde, y eso, el pri­mer día del resto de su vida.
La buena noticia era que iba a asistir a su primera reunión como redactora jefe de la revista. La mala era que esa podía ser también su última reunión, a no ser que la reunión terminara con alguna idea maravillosa que hi­ciera que los de Update Publications decidieran que su última adquisición merecía seguir viva. De otra manera, Chic y la mejor oportunidad que ella había tenido en su vida laboral, junto con todo el personal de la revista, iban a ser arrojados por la borda.
Miley miró de nuevo su reloj mientras se ponía unos vaqueros.
Las siete y veinticuatro. Si salía de casa antes de diez minutos... mejor ocho, tenía una posibilidad. Lo único que tenía que hacer era ponerse una camisa, unas zapati­llas, encontrar sus notas, meterlas en el bolso...
Joshua gritó.
Lo único que tenía que hacer era terminar de vestirse, reunir sus cosas, darle el desayuno a Joshua y salir de allí.
Se puso una camiseta. Todavía tenía mojado el corto cabello, así que se pasó los dedos por él. Tenía que olvi­darse de secárselo y de desayunar. Tenía que olvidarse de todo menos de la reunión. Dando por hecho que el metro pasara puntual y que la obra que había en la Tercera Ave­nida hubiera terminado, dando por hecho que todo fuera bien, tal vez, sólo tal vez, pudiera llegar a tiempo.
Tenía que hacerlo.
El viernes había dado las reglas para la reunión. Y lo había hecho diciéndole a su secretaria que llamara a todo el mundo personalmente, desde el chico del correo hasta el cargo más alto.
Y había exigido una puntualidad extrema, a las ocho en punto. Ni un minuto más.
Vaya un ejemplo que les iba a dar a sus subordinados el primer día.
Se subió la cremallera de los vaqueros, se pasó una vez más la mano por el cabello, esperando que no se le pegara a la cabeza, se puso los calcetines y zapatillas...
Y rompió uno de los cordones.
Tranquila. Tenía que permanecer tranquila. Tenía otro par de cordones en alguna parte. En los cajones de la có­moda o en el armario.
No estaban. Soltó un taco que hubiera hecho rubori­zarse a su abuela. Sacó dos imperdibles de uno de los ca­jones, los pasó por los ojales de la zapatilla y los cerró.
Entonces se levantó y se miró al espejo.
Cielo Santo...
Nada de maquillaje. Un peinado que habría hecho llo­rar a su peluquero, una camiseta con una mancha en un hombro y unos vaqueros que habían visto días mejores.
Ni siquiera pensó en los imperdibles de la zapatilla.
De todas formas, ya estaba lista y era una suerte que todo el mundo en la revista fuera vestido tan informal­mente como era habitual, ya que, si se hubiera tenido que vestir bien, saldría por la puerta a eso del mediodía.
Ya eran...
Oh, cielos...
Salió corriendo de la habitación y casi chocó contra Joshua, que la estaba esperando en medio del pasillo. Abrió la boca, pero ella no le dio la oportunidad de decir nada.
—Ya lo sé, ya lo sé. Tienes hambre. Y eres incapaz de hacer nada al respecto sin mi ayuda.
Joshua se sentó con los verdes ojos fijos en ella cuando abrió el armario de encima de la cocina.
—¿Qué te parece un pastel de sardinas?
Joshua bostezó.
—¿Sorpresas de salmón? ¿Bordelesa de bacón?
Joshua se rascó las costillas.
—Ya está. Atún. A ti te encanta.
Joshua miró hacia la ventana y Miley pudo jurar que lo oía silbar.
—Muy bien —dijo ella por fin—. Tú ganas. Ragut de langosta y gambas. Y será mejor que recuerdes este mo­mento, porque me debes una.
Joshua la miró por fin.
—Miau —dijo tan dulcemente como sólo lo puede ha­cer un gato persa.
Se acercó a ella y se frotó contra su pierna.
—Sí, sí, sí —dijo ella acariciándolo y sonriendo.
Pasara lo que pasase ese día, por lo menos tendría a Joshua esperándola cuando volviera a casa.

hola para mi lectora anonima... respeto mucho tu opinion y ps la verdad sabia que no les iba a gustar el prologo pero es solo para que puedan enterder la nove pa que sepan como comienza.... te pido un favore lee los capis de ma mathon y despues me dices si te gusta o nop iap... no me gustaria perder una lectora eso me pondria muy mal la verdad pero en serio lean la marathon y depsues me dicen que tal iap...

6 comentarios:

  1. me encanto
    jejeje
    pobre Miley
    no podra desayunar
    jejejeje

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  2. me encantoo
    menecantoo
    te quedoo supeer
    mega lindo el capii

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  3. wauu estupendo el cap...y si pobre Miley.. ami m paso lo mismoo y q horror es salir a las apuradas... jejejeje :D `pero buee... :D un beshooo bye

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  4. NILEY, NILEY, NILEY LA PAREJA PERFECTA!!!!!...0 )

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  5. yo pense q joshua era su novio jiji

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..