viernes, 1 de abril de 2011

Novela Niley 02 - El hombre mas atractivo


La vista desde la suite de Nick Jonas en el nuevo y elegante Hotel Manhattan Towers era espectacu­lar, como ya le había asegurado el conserje.
—Espectacular, monsieur Jonas —le había dicho con un acento francés que él sospechaba que era tan auténti­co como los Rolex que vendían abajo en la calle.
Pero Nick asintió educadamente y le dijo que es­taba encantado.
La verdad era que la vista no le importaba mucho. Un hombre que había construido un imperio en menos de diez años, era un hombre que pasaba mucho tiempo en hoteles. Las habitaciones habían mejorado al mismo tiempo que sus beneficios, pero un hotel seguía siendo un hotel.
Miró por la ventana y pensó que, en su hogar, en San Francisco, todo el mundo seguiría durmiendo. Salvo los que se ganaban la vida en la mar.
Había veces en que todavía se sorprendía de no ser una de esas personas. Era una forma honrada de ganar dinero, pero ya de niño había sospechado siempre que había más en la vida. No había querido empezar su jor­nada mientras el resto de San Francisco dormía, ni po­niéndose una ropa que olía a cangrejos, pescado y sudor por mucho que se lavara. Y estaba completamente seguro de que no quería matarse a trabajar para ganar apenas el dinero suficiente como para sobrevivir.
Eso era lo que habían hecho su padre y su abuelo y, lo que se había esperado que él hiciera también.
Se pasó una mano por la cabeza y le dio la espalda a la ventana y a esos recuerdos.
Todo aquello estaba a años tras él. Había trabajado mucho, sí, pero había disfrutado de cada minuto con lo que hacía. Tal vez algún día querría más. Una esposa. Una familia...
Pero todavía no.
Cuando estuviera preparado, buscaría una esposa. Sa­bía exactamente la clase de mujer que sería. Hermosa, por supuesto, y serena. Ansiosa por agradar. Podía verse a sí mismo volviendo a casa, a ella, por la noche, besán­dola, dejando atrás el duro día de trabajo y sentándose en un cómodo sillón.
Su esposa sería un paraíso de calma en medio de los mares tormentosos por los que él navegaba.
Eso se lo había dicho una vez a su abuela. La abuela había hecho girar los ojos en sus órbitas y le había recor­dado que, aunque fuera mucho más alto que ella, no po­dría evitar que le diera unos azotes en el trasero si eran necesarios. ¿Un paraíso de calma? Mama mia, una mujer como ésa acabaría aburriéndolo mortalmente en menos de un mes.
—Lo que tú necesitas es una mujer que se pueda en­frentar a tu temperamento siciliano —le había dicho su abuela.
Nick sonrió al recordarla. Su abuela tenía razón en muchas cosas, pero en ésa se equivocaba. ¿Quién po­día saber mejor que él la clase de mujer que necesitaba?
—Y nunca vas a conocer a la mujer adecuada si no la buscas —había añadido su abuela golpeando con el bastón en el suelo para más énfasis.
Bueno, pues la estaba buscando. Lentamente, tal vez, pero la estaba buscando.
Nick se dirigió al cuarto de baño y abrió los gri­fos de la ducha.
Se quitó los calzoncillos con los que había dormido y se metió bajo la ducha.
Aquello lo relajó como siempre, así tendría tiempo de pensar en lo que tenía que hacer esa mañana.
Y tenía mucho que hacer.
Realmente estaba ansioso por tener esa reunión con la probablemente incompetente Martha... ¿qué? ¿Cyrus? ¿Washington? ¿Coolidge? Era un nombre de presi­dente. Bueno, no importaba. Dentro de nada, esa tal Martha Lo Que Fuera y su gente serían historia.
¿Qué clase de mujer podría escribir cosas así de un hombre al que ni siquiera conocía? ¿Qué clase de mujer se dedicaba a jugar con un hombre mientras le mandaba su amor y besos a otro?
Una mujer que piensa que la revolución sexual signi­fica que puede tener lo mejor de los dos mundos. Martha Hoover se imaginaba seguramente que podía hacer la misma clase de cosas con los hombres como las que con­denaba en ellos.
Cerró los grifos, salió de la ducha y se secó.
Mientras se vestía, siguió pensando en que la mujer que había hecho esos comentarios sexistas sobre él y se­guramente daba por hecho que ella no había ascendido más rápidamente por ser mujer se equivocaba. Se equi­vocaba con mucho. Nick había investigado un poco sobre la revista en cuestión y sabía todo lo que la empre­sa sabía de ella. Por lo que podía ver, Martha Como Se Llamara, estaba tan cualificada para llevar una revista como para escribir guiones de cómic.
Y era por eso por lo que tenía que marcharse.
Su decisión no tenía nada que ver con lo que ella ha­bía dicho de él, que las mujeres con las que salía eran idiotas o por llamarlo chulo o descerebrado. Ni por decir que él se imaginaba que era el hombre más sexy sobre la tierra.
No era un hombre rencoroso. No le importaba nada que la mitad de su personal hubiera leído los comenta­rios de esa mujer, ni haber oído las risitas a su espalda.
—Eso no me molesta nada —le dijo a su reflejo en el espejo.
Terminó de vestirse, tomó su maletín de cuero negro, se dirigió a la puerta, la abrió y salió al pasillo del hotel.
—No me molesta nada —murmuró y cerró dando un portazo.

uy de veras me siento mal... me bajo la moral.... bueno en serio espero que la lean....

4 comentarios:

  1. jejejeje
    creo que si le molesto
    jejeje
    me encanto
    XD

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  2. aaahh!!
    tee quedooo supeer el capii
    mega liiindoo

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  3. LINDA, LINDA, LINDA, LINDA!!!!!!!!...0 )

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..