viernes, 1 de abril de 2011

Novela Niley 03 - El hombre mas atractivo


ESA mañana, Miley descubrió dos reglas más que añadir a su lista.
Nunca hay que confiar en un despertador en un día que puede cambiar tu vida.
Y nadie que no sea Superman puede llegar desde el Greenwich Village hasta la mitad de Manhattan en me­nos de veinte minutos en hora punta.
Empotrada entre una mujer gruesa que debía haber desayunado ajos crudos y un hombre que defendía su es­pacio personal con unos codos mortíferos, Miley re­corrió el trayecto en metro como una sardina en su lata.
Hablando de imágenes, ¿por qué no habría ella planea­do mejor la mañana? Debería haber puesto otro desperta­dor y aparecer en la reunión vestida de una manera que impresionara a todo el mundo.
Si tuviera un plan inteligente que dejar sobre la mesa tal vez se pudiera redimir de su lamentable aspecto.
El tren se detuvo entonces en su estación, Miley salió a toda prisa y, ya en la calle, empezó a correr.


El taxi que llevaba a Nick Jonas torció la es­quina del edificio donde estaban las oficinas de Chic.
Nick pagó, tomó su maletín y salió del coche. So­plaba un desagradable viento frío, así que se subió las solapas de la gabardina mientras echaba un vistazo al ex­terior del edificio.
Era viejo para estar en Nueva York. Debía de ser de los años treinta, cuando el Art Decó estaba de moda. También estaba bastante sucio, pero no dejaba de ser bo­nito.
Una vez en los ascensores, ya había decidido quedar­se con el edificio después de librarse de la revista.
Después de esa mañana, Chic dejaría de existir. Sus contables respirarían aliviados. Normalmente habría li­brado de sus sufrimientos a la revista tan rápida y huma­namente como le fuera posible, pero Martha Lincoln, o como se llamara, se lo había hecho imposible.
No es que él fuera rencoroso, se repitió a sí mismo una vez dentro del ascensor.
De eso nada.


Miley dobló la esquina jadeando.
La oficina estaba justo delante. Estaba llegando.
Una vez delante de la puerta del ascensor, golpeó el botón y se miró en el reflejo de la puerta. ¡Estaba hecha un adefesio!
El viento no sólo le había secado el cabello, sino que se lo había dejado de punta. Le faltaban tres botones a la chaqueta. Los vaqueros... ¿era una mancha de pintura lo que tenía en la rodilla? Y las zapatillas...
En algún lugar desde el metro hasta allí, los imperdi­bles habían desaparecido. Por suerte, seguía teniendo la zapatilla. Lo único que tenía que hacer era recordar que no debía hacer movimientos rápidos con el pie derecho y todo iría bien.
Se metió en el ascensor y pulsó el botón del piso ca­torce.
De acuerdo, no iba a conseguir puntos por su elegan­cia. Y tampoco iba a llegar a tiempo. ¿Y qué?
El personal la conocía y no tenía que impresionar a nadie, tenía que darles confianza e inspirarlos. Y eso era exactamente lo que iba a hacer con su fantástica nueva idea.
Se abrieron las puertas del ascensor y Miley salió de él.
Era raro. La recepción estaba vacía. Judy, la recepcionista, estaría seguramente en la sala de juntas con los demás pero...
Miley sonrió.
Una cafetera llena reposaba sobre la mesa con unos cuantos donuts. A pesar de la hora, Judy los había dejado allí como era costumbre.
Se apresuró a entrar en su despacho.
Todavía no era demasiado tarde. No eran todavía las ocho y media. Teniendo en cuenta todo lo que había pa­sado, no estaba del todo mal.
Rápidamente, tomó algunas notas en un cuaderno, agarró su ordenador portátil y su recuerdo de Cape Cod que usaba de amuleto, salió de nuevo, se llenó una taza de café, se metió un donut en la boca y, con todo eso, se dirigió a la sala de juntas.
La puerta estaba cerrada.
Aquello no era normal. La habitación no era tan grande. Cuando todos se sentaban a la mesa, parecía un poco abarrotada y era mejor dejar la puerta abierta.
No importaba. Una vez conocieran la gran idea que había tenido para relanzar la revista, se sentirían dema­siado contentos como para agobiarse.
Apretó la puerta con el codo.
—Mfff —dijo.
Pero nadie respondió.
Lo intentó otra vez.
La puerta se abrió de golpe.
Todos estaban allí, más apretados incluso de lo habi­tual, con los ojos muy abiertos y muy pálidos.
Todos la miraron, pero no dijeron nada, ni siquiera buenos días.
Por fin, Selena se adelantó.
—Miles —susurró e hizo un gesto con la cabeza.
—Lo que la señorita Gómez está tratando de decirle es que llega tarde, señorita Clinton —dijo una profunda voz masculina.
Miley se quedó muy quieta. Nunca antes había oído esa voz. Lo recordaría si así fuera. No muchos hom­bres podían dejarla helada sólo con eso.
¿Señorita Clinton? ¿Quién era la señorita Clinton? ¿Y quién era ése?
Miró a Selena pidiéndole ayuda.
Selena hizo una mueca, se mordió el labio e hizo girar los ojos. Aquello habría hecho reír a Miley en otro momento, pero ahora esos extraños gestos eran un autén­tico discurso sin palabras.
Pero el significado estaba muy claro.
Eran una advertencia. Quienquiera que fuese ese hombre era un verdadero problema. Pero Miley ya se lo había imaginado. ¿Quién más podía entrar en las ofici­nas de la revista e instalarse a la cabecera de la mesa de la sala de juntas sino un hombre que representara proble­mas?
¿Pero quién era él? ¿Quién podía ser?
Alguien de Update, no había otra posibilidad.
Tragó saliva. ¡Debía de ser el contable que estaban esperando y que, seguramente, dentro de poco les diría que iba a recomendar que se cerrara la revista!
 :-(

4 comentarios:

  1. me fasinoo
    el capi supeer increiblee

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  2. ME ENCANTO, ESTA SUPER LINDA!!!!!...0 )

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  3. Me re gustan los capitulos y eso que no voy leyendo muchos :)

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..