viernes, 1 de abril de 2011

Novela Niley 04 - El hombre mas atractivo


—¿Y bien, señorita Clinton? Estoy esperando oír sus excusas por su tardanza. Todos estamos esperando, seño­rita Clinton. ¿Nos lo va a aclarar? Díganos por qué ha convocado a su personal a una reunión a las ocho en pun­to cuando usted misma no cree que sea lo suficientemente importante y lo demuestra llegando a las... ocho y media.
Miley miró desesperada a Selena.
—¿Mfff? —dijo con el maldito donut todavía entre los dientes.
Selena le dedicó una leve sonrisa, levantó una mano y se la llevó al cuello, haciendo como si se lo cortara.
Entonces, todo el mundo se apartó a ambos lados de la mesa de conferencias y todo quedó a la vista.
Incluso el hombre que estaba sentado a la cabecera.
No, pensó ella mareada. Parecía un halcón, con la fe­roz mirada del depredador en los ojos. Esos ojos... El es­tómago se le hizo un nudo.
Esos ojos muy azules estaban fijos en ella.
Sintió como le fallaban las rodillas. Ése no era el hombre de Update, era...
—Buenos días, señorita Clinton —dijo Nick Jonas.
Miley se quedó boquiabierta y el donut se le cayó sobre la zapatilla sin cordones.
Jonas la miró y sonrió.
—Muy bonito. ¿Es ése un nuevo estilo o qué? —dijo, recorriéndola con la mirada.
Un ruido apagado, mitad risa, mitad gemido rompió el silencio. Miley miró a Selena, que se llevó una mano a la boca y agitó la cabeza como disculpándose.
—¿No tiene nada que decir? —dijo el hombre sin dejar de sonreír, pero con una voz helada—. Es una lástima, se­ñorita Clinton. No me imaginaba que alguna vez le falta­ran las palabras, sobre todo en lo que se refiere a mí.
Miley lo siguió con la mirada mientras él se le­vantaba.
Parecía como si acabara de salir de las páginas de una revista de moda. El cabello oscuro perfectamente cortado y peinado. El rostro, atractivo y de facciones du­ras. El traje perfectamente cortado, la camisa azul pálido y la corbata elegantemente anudada. No le podía ver los zapatos, pero estaba segura de que estaban tan limpios como espejos.
Trató de ocultar la zapatilla sin cordones.
Jonas se cruzó de brazos y se rió.
Miley se ruborizó. ¿Qué estaba haciendo él allí? ¿Por qué estaba tratando de humillarla? Bueno, pues no lo iba a lograr. Actuaría como una dama a pesar de que era evidente que él no era ningún caballero.
—Encantada de conocerlo, señor Jonas. Tal vez sea tan amable de explicarme su presencia aquí.
Nick arqueó una ceja. Para ser una mujer que pa­recía haber sacado la ropa de un cubo de basura, una mu­jer que seguramente no se había esperado verlo allí, Martha Lo Que Fuera estaba logrando ciertamente parecer fría y compuesta.
Pero no lo estaba, por supuesto. Lo podía ver en el rubor de sus mejillas y en el casi imperceptible temblor que había recorrido su cuerpo nada más verlo a él.
—Usted es Nick Jonas, ¿no?
La mirada de Nick se cruzó con la de ella. Pudo ver entonces que se había recompuesto del todo. El rubor ha­bía abandonado su rostro. De hecho, estaba pálida, salvo los ojos. Eran tan brillantes que parecían casi febriles. ¿Eran color turquesa? ¿Verdes? La verdad era que nunca había visto unos ojos como aquellos, casi dorados, pero con manchas verdes.
—¿Selena?
Miley habló sin apartar la mirada de él. El cora­zón le latía fuertemente en el pecho, pero la voz le salió tranquila. La de Selena, al contrario, fue como un susu­rro.
—¿Sí?
—Llama a seguridad.
—¿Qué?
—Ya me has oído. Llama a seguridad. Diles que tene­mos un intruso.
—Miley... Miles, escucha...
—Si tú no lo haces, lo haré yo misma. Dame el teléfono.
—Oh, Miles. Tienes que es...
Miley tomó el teléfono.
—Es su última oportunidad, señor Jonas. O me ex­plica su no deseada presencia en estas oficinas o haré que lo echen. ¿Me he explicado con claridad?
—Perfectamente.
—¿Y bien?
Él sonrió, salió de detrás de la mesa y se apoyó con­tra una pared.
—Son mías.
Miley parpadeó.
—¿Perdón?
—Estas oficinas. Esta habitación —dijo él abarcándola con un gesto—. Todo es mío, señorita Clinton.
—Me llamo... Un momento. El señor Linley ha ven­dido a Update Publications.
—Sí, es cierto. Y yo soy Update —respondió él son­riendo como si se estuviera divirtiendo—. ¿Qué pasa, se­ñorita Clinton? ¿No le gustan las sorpresas?
Miley se quedó sin aire en los pulmones.
Nick Jonas había comprado la revista. Él era Update Publications, no un grupo de accionistas sin rostro.
Ya estaba entonces.
Después de todo el tiempo que se había pasado preo­cupándose por cómo resucitar la revista. Después de to­das las noches sin dormir...
Se acabó. Que la revista se acabó estaba escrito en el rostro de Jonas, en su arrogante sonrisa. Había ido allí a clavarle una daga en el corazón a la revista. Pero lo que no sabía era por qué había querido hacerlo por él mismo.
«No me imaginaba que alguna vez le faltaran las pa­labras, sobre todo en lo que se refiere a mí».
Esas palabras que había dicho hacía un momento pa­recieron resonar en sus oídos. Miley lo miró. Había ido a hacer el trabajo por sí mismo como una forma de vengarse de ella. Aquello era algo personal. Una vendet­ta entre Jonas y ella. Pero él se iba a vengar también con todo el mundo que trabajaba allí.
—¿No dice nada, señorita Clinton? Mala suerte, estaba seguro de que tenía algo interesante que decir.
Tras ella, alguien tosió nerviosamente. Jonas no sonrió.
—Me alegro de que me haya reconocido. Me preocu­paba que no lo pudiera hacer sin llevar yo una rubia del brazo. Pensé alquilar una, pero parece que las rubias, in­cluso las idiotas, no están disponibles tan temprano.
Se oyó una risa contenida entre la gente. A Nick le salieron chispas por los ojos y agitó la cabeza hacia la puerta.
—Pueden marcharse —dijo—. Todos.
Aquello era una orden, no una oferta, y nadie fue lo suficientemente tonto como para ignorarla.
Él esperó a que la habitación estuviera vacía, luego se acercó a la puerta y la cerró con una delicadeza que hizo estremecer a Miley.
—Ahora, vamos a hablar de negocios —dijo.
Miley lo miró. ¿Negocios? ¿Qué clase de nego­cios? Jonas se apoyó en la puerta cerrada, con las ma­nos en los bolsillos. Pero ella sabía que, a pesar de la aparente calma, la ira emanaba por todos sus poros.
Se le secó la boca.
De cerca, Nick Jonas era intimidante. No era sólo por su altura ni su tamaño, ni el caro traje que no podía ocultar todos sus músculos. Era su actitud, su mirada, la fría sonrisa.
—¿Es que la mención de los negocios la hace ponerse pálida siempre, señorita Clinton?
Aparentemente, él había leído su correo electrónico. ¿No había alguna ley contra esas cosas?
—Lo que hace que me ponga pálida es que me espíen, señor Jonas —dijo ella fríamente.
—¿Espiarla, señorita Clinton?
—Espiar, cotillear. Hurgar en la correspondencia pri­vada de alguien. No se haga el sorprendido, señor Jonas. Es evidente que es eso lo que ha hecho usted. Ha leí­do mi correo y no tiene derecho a hacerlo.
—Lamento desilusionarla, señorita Clinton, pero lo que usted escribe en los memos de la compañía, en el co­rreo electrónico de la misma, no es suyo, es mío.
—¡Eso es ridículo!
—Dígaselo a los jueces. Ya lo decidieron hace años. Sus desagradables comentarios han tenido muchos lecto­res.
Oh, Cielos. ¿Tendría él razón? El cerebro se le acele­ró. ¿Qué había escrito exactamente? Ningún cumplido. ¿Pero cómo de malo había sido lo que había escrito?
Pensó que bastante malo, según empezó a recordar.
—¿No es sorprendente? —dijo él sonriendo brillante­mente—. Usted sabe mucho de mí. Y no ha dudado en co­mentar lo que sabe. Mis gustos con las mujeres, mi desa­fortunada falta de intelecto. Mi convicción de que soy sexy. Incluso el aspecto que tendría en un desplegable de páginas centrales.
Miley deseó que la tierra se abriera y la tragara.
—¿Y qué más? ¡Ah, sí! Eso de que soy un chulo.
Miley se ruborizó vivamente.
—No quería decir... nunca quise...
Él avanzó un paso y ella respondió retrocediendo otro. Entonces, el pie se le escapó de la zapatilla sin cor­dón, pero no había tiempo de pararse y recuperarla, sólo tuvo tiempo de retroceder otro paso porque él seguía avanzando.
—Oh, pero sí que lo hizo —dijo él suavemente—. Lo dijo todo muy en serio. Eso es lo raro, ya que no nos he­mos conocido hasta esta misma mañana. ¿No tengo ra­zón, señorita Clinton?
Ella agitó la cabeza. No podía hablar.
—¿Qué significa eso? ¿Una negativa de que decía en serio lo que escribió? ¿Una admisión de que no nos co­nocíamos?
—No —susurró ella—. Quiero decir que nosotros no...
—Ah. Pero usted decidió de todas formas que era un chulo, ¿no es así?
—Señor Jonas —respondió ella, humedeciéndose los labios—. Puedo haberme pasado un poco, pero...
—¿Un poco?
Él se acercó más todavía y la miró fríamente cuando ella dio con la espalda en la pared. Luego, añadió:
—Fascinante, señorita Clinton. Es fascinante lo cauto que se ha vuelto de repente su lenguaje. Le pido de nuevo que me explique qué ha querido decir con esa pala­bra.
Miley respiró profundamente y tragó saliva. Él estaba demasiado cerca. Podía oler su loción para el afei­tado, ver la sombra de la barba en su rostro. Sus pestañas eran oscuras y espesas. Su nariz era perfectamente recta salvo por una pequeña marca.
Parecía frío, duro y enfadado.
—¿Y bien? Estoy esperando, señorita Clinton.
Sus miradas se encontraron.
—Señor Jonas... —susurró ella—. Señor Jonas, por favor...
 bueno este es el ultimo capi de la marathon.. como le dije a anonimo en el primer capi de la marathon, respeto tu opinion y me gustaria que leyeras la marathon solo leela y me dices... puede que te termine gustando... a mi me gusta... awww creo que voy chillar... de remate dicen que tal ve mily y liam estan otra vez... y yo queria niley

5 comentarios:

  1. an vuelto?? :O
    noooo
    me encanto
    sube pronto
    jejeje
    pobre Miley
    y por que le llama
    srta. Clinton??

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  2. aaawww
    me encaantoo
    y es cierto ojala
    y no vuelvaa
    yo quiero que vuelva niley
    :(
    pero ojala sea mentira que volvieron
    :)

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  3. holaa estuvo muy lindo el maraton... m re gusto y espero q subas otros cap pronto un besho grande y cuidate...bye ;D

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  4. me encantoooooo esta facinante la nove ;)
    tus noves son super buenas.

    besitos te cuidas.

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  5. LINDA!!!!!!!............0 )...0 )

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..