lunes, 11 de abril de 2011

Novela Niley 15 - El hombre mas atractivo


CÓMO podía un hombre besar con tanta pasión a una mujer que no le gustaba?
¿Y por qué ella le estaba devolviendo el beso?
Y ella lo estaba haciendo, de eso no cabía la menor duda.
Nick le estaba devorando la boca y ella estaba muy excitada.
Pero una parte lógica de su mente luchaba por un poco de cordura.
—No —dijo contra su boca—. Nick, no podemos...
—Tú sólo bésame y deja de pensar.
Y  ella lo hizo.
Nick notó su rendición cuando el cuerpo de ella se pegó de repente contra el suyo y se le escapó un leve gemido.
Sin soltarla, se la colocó en el regazo. Ella temblaba de necesidad. Su excitación le había calentado la piel y él... estaba más cerca que nunca de perder todo lo que era en los brazos de una mujer.
Darse cuenta de eso debería haberlo hecho detenerse, pero entonces Miley se movió, se pegó más a él, le tomó el rostro entre las manos y ya fue demasiado tarde.
—Miley... Miley...
Eso fue lo único que fue capaz de decir mientras le mordisqueaba el labio inferior.
¡Estaba ardiendo!
Y ella también.
Le metió la lengua en la boca, ella gimió levemente y le rodeó el cuello con los brazos. El cuerpo de él estaba duro como una piedra bajo el de ella. Darse cuenta de que lo había puesto así la excitó más todavía.
—¿Sí?
Miley se quedó helada.
—¿Nick?
—Ya lo sé, querida. Has dicho que sí. Y para mí es lo mismo...
—Yo no he dicho nada —respondió ella apartándose—. Ha sido el taxista.
El taxista.
¿El taxista? Nick se encontró con la mirada del hombre por el retrovisor y suspiró aliviado. Estaban en Nueva York y ese tipo estaba acostumbrado a todo.
—Hemos llegado.
—Es cierto, ya estamos —respondió Nick mirando por la ventanilla.
—¿Me dice el nombre de la compañía aérea para ir a la terminal?
—Ah...
¿Qué clase de respuesta era ésa para una pregunta tan sencilla? Su cerebro, que estaba de vacaciones desde esa mañana temprano, parecía haber hecho la maleta y ha­berlo abandonado del todo. ¿De qué otra manera podía explicar sus acciones? ¿Su pérdida de control? Miley parecía tan extrañada como él mismo. Se estaba arre­glando la chaqueta, el cabello, la falda y, de vez en cuan­do, le lanzaba breves miradas furtivas.
Apretó los labios.
Cualquiera que no la conociera podría pensar que esos juegos eran nuevos para ella. Pero él no era cual­quiera. El era el hombre que había sido blanco de sus bromas. Y, aunque no lo hubiera sido, sólo con mirar esa ropa sexy y pasar un momento en sus brazos bastaría para ver que Miley Cyrus era, usando el vocabula­rio de Joe, una muñeca caliente.
Se arregló el nudo de la corbata.
—Lo siento —dijo secamente.
Miley lo miró fijamente. ¿Que lo sentía? Ese hombre parecía estar disculpándose por... por haberle dado un codazo, en vez de por...
Oh, cielos...
Tal vez se hubiera vuelto loca. Ésa era una explica­ción tan buena como cualquier otra. ¿Por qué si no se ha­bía estado revolcando con Nick Jonas en el asien­to trasero de un taxi? ¿Con Nick Jonas, un hombre que no le gustaba y al que sólo hacía cuatro ho­ras que conocía?
Todo era culpa de él. Se arregló de nuevo la falda y trató sin éxito de que le tapara las rodillas. Estaba aver­gonzada y allí estaba él, el ejemplo vivo de la frialdad.
Se moría de ganas de darle un puñetazo en la barbi­lla. Si él no se hubiera metido en su vida esa mañana, si no la hubiera puesto cabeza abajo, si no la hubiera abra­zado y besado como un señor feudal ejerciendo el dere­cho de pernada...
Se volvió hacia él. Y él hacia ella. Se miraron. Miley pudo sentir las palabras airadas, indignadas que iban formándose en su interior, pero decirle eso de que «cómo se ha atrevido» no era realmente apropiado para la oca­sión, teniendo en cuenta que ella también había puesto bastante de su parte.
Se ruborizó.
—Miley —dijo él—, este ha sido un comportamiento muy poco apropiado.
—Ciertamente, sí que lo ha sido.
—Pero seguramente ninguno de los dos desea entur­biar las aguas con una... involucración personal.
¡Cielo Santo! ¿Qué le estaba pasando? Parecía un ni­ñato lleno de espinillas tratando de convencer a su novia de que aún la respetaba después de lo que había pasado en el asiento trasero del coche.
—Mira —dijo él agitando una mano—. ¿Por qué no nos olvidamos... de que...?
—Ha sido un error.
—Sí.
—¿Sí?
Nick levantó la mirada. El taxista estaba sonrien­do por el retrovisor.
—No. No me refiero a usted, conductor. Lo que quiero decir... Es que sí que ha sido un error —dijo de nuevo a Miley—. Uno muy grande. Y me disculpo por mi parte en él.
Miley lo miró fijamente. No era mucha disculpa. De hecho le parecía bastante insultante. Estaba sugirien­do que ella era tan responsable del beso como él. Bueno, tenía razón. Era igualmente responsable, aunque sólo Dios supiera por qué, pero si él quería que se olvidaran de ese beso, a ella le parecía perfecto.
—Estoy de acuerdo.
—Muy bien.
Nick sonrió, pensó darle la mano, pero pensó lo que podría suceder si la tocaba y frunció el ceño.
—Muy bien —repitió y luego se dirigió al taxista—. ¿Conductor? hemos cambiado de planes. Llévenos de vuelta a la ciudad, por favor, al Hotel Manha...
—¡De eso nada!
Miley lo estaba mirando como si él se acabara de transformar de repente en algo repugnante delante de sus ojos.
Nick suspiró. Le daba la impresión de que ella no había interpretado bien sus intenciones.
—¿Hay algún problema, Miley?
—Adiós, señor Jonas. Preferiría vender corbatas en Macy's antes que volver a su hotel con usted —dijo ella muy dignamente.
—¿Macy's?
Era de nuevo el taxista. Nick lo miró ferozmente.
—A Macy's no.
Miley fue a salir del coche, pero Nick se lo impidió.
—¿Se puede saber qué estás haciendo?
—¡Mire, con respecto a trabajar para usted, no me dijo que, además del seguro de enfermedad y la pensión para la vejez, también había que acostarse con usted!
—¿Estás loca?
—Déjeme salir...
—Miley.
—¡Y no me llame Miley!
—Lo siento —dijo él tratando de no reírse ante su tono de dignidad ofendida—. Creía que, cuando una mujer se arroja sobre un hombre, luego podían tutearse.
—Estoy segura de que esto es muy divertido para us­ted, pero a mí no me lo parece nada.
—Te lo parecerá cuando te tranquilices lo suficiente como para escucharme.
—Suélteme la mano, por favor. Tomaré el metro hasta mi oficina.
—Aquí no hay metro.
—Tomaré un taxi.
—Maldita sea, mujer, estás en un taxi. Deja de portarte como una idiota.
—¡Y usted deje de sujetarme la muñeca o va a tener que ir al dentista a que le haga una dentadura nueva!
Nick se rió.
—Me muero de miedo. Ahora vuelve a sentarte y tó­matelo con calma.
—Después de lo que acaba de... de lo que acaba de...
—Después de lo que acabamos de hacer. ¿Recuerdas ese viejo dicho, Miles? Se necesitan dos...
Miley se soltó la mano.
—Un caballero jamás sugeriría semejante cosa.
—Yo nunca he dicho que sea un caballero.
—Menos mal, si no tendría que llamarle mentiroso además de... de aprovechado.

6 comentarios:

  1. JAJAJAJAJA QUE HERMOSO CAP, ME ENCANTO ESTA BUENISIMO, SIGUELO PRONTO POR FAVOR QUIERO SABER QUE PASA 0) 0 ) 0 )

    ANIMO 0 ) 0 )

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  2. estubo padre el cap muy divertido, es amor apache jiji

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  3. hahahaha!!
    mee encaantoo el capii
    estuvoo supeer
    geneaal
    y espero que pronto mejores
    de tu deprecion :D

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  4. jajaja...estubo re divertido el cap!!! me super encantoo!!!
    Espero el siguiente xfaaaa ya subelooo!!!
    Un beso!!!

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  5. jejejejeje
    que graciosoooo
    jejejejeje
    sube pronto!!!

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  6. jejejejee muy bueno y graciosoo jejeje un besoo :P

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..