miércoles, 13 de abril de 2011

Novela Niley 17 - El hombre mas atractivo


—¿Sí?
—Creo que tu presencia en la redacción rebajaría mi autoridad.
—No tienes nada de que preocuparte. No estaré allí. Tengo algunas cosas que hacer por esta zona durante el próximo par de semanas.
—Necesito libertad para tomar decisiones.
—Por supuesto. Libertad dentro de unos límites.
—Eso no es libertad.
—Así es como yo trabajo. Consulto a mi gente, la es­cucho, cambio de opinión si me convencen de que estoy equivocado, pero yo soy el jefe. ¿Puedes aceptar esos términos?
Ella asintió.
—Los puedo aceptar, pero necesito más dinero para anunciar la nueva campaña.
—Envíame un presupuesto con lo que necesitas y por qué y lo tendrás.
—Y más personal.
—Estás negociando muy duramente.
Él se estaba riendo de ella. Y Miley lo sabía, pero se negó a darle la satisfacción de verla reaccionar.
—Lo digo en serio.
—¿Algo más?
—No.
Nick asintió.
—En ese caso...
El corazón se le detuvo a Miley. ¿Iba él a intentar besarla otra vez a pesar de lo que habían hablado? A in­tentarlo, porque ella no se lo iba a permitir. En absoluto. Nunca dejaría que...
Nick se metió la mano en el bolsillo, sacó el telé­fono móvil y apretó un botón.
Oyó suspirar a Miley. Parecía como si estuviera aburrida.
¿Aburrida?
Entonces, oyó la voz de Joe y empezó a hablar con él, explicándole brevemente que había decidido quedarse una temporada en Nueva York.
Y le resultó complicado hacerlo, ya que Joe no paró de reír.


Era sorprendente lo que podía hacer una pequeña in­yección de dinero.
Bueno, no, pensó Miley mientras terminaba de comer.
No había sido una pequeña inyección, sino una bas­tante grande. Nick había cumplido todas sus prome­sas. Había puesto dinero a disposición de la revista, había añadido a otra persona en la redacción y había llegado a un trato con una agencia de publicidad para promover la revista.
Y todo lo había hecho manteniendo su palabra.
Ella no lo había visto desde esa tarde en el taxi, cuan­do él la dejó en el edificio de Chic.
Se habían mantenido en contacto por teléfono, fax y correo electrónico, pero habían pasado dos semanas en­teras sin que le viera la cara, lo que significaba que él le había dicho en serio eso de que los negocios eran nego­cios para él.
Y así era como ella quería que fuera.
Por supuesto que lo era.
La camarera le puso la cuenta delante, le dejó un dó­lar de propina y se levantó para ir a pagar a la caja.
La cajera le sonrió amigablemente.
—No la hemos visto mucho por aquí últimamente.
Miley le devolvió la sonrisa y recogió el cambio.
—He estado ocupada.
Muy ocupada.
La acera de fuera del restaurante estaba abarrotada de gente, como siempre. Miley miró a un lado y otro de la calle y echó a andar apresuradamente.
Una vez en el edificio, llamó al ascensor.
Sumida en sus pensamientos sobre la revista, subió los catorce pisos y allí se bajó. Tal vez ya fuera hora de volver a llamar a Nick para ponerlo al corriente de cómo iban las cosas. La última vez que habían hablado, había sido muy brevemente...
Judy no estaba en su mesa de la recepción. Aquello no era demasiado raro en sí mismo, pero un silencio nada natural llenaba el ambiente. Miley se quitó la chaqueta y se preguntó dónde estaba todo el mundo. Se­gún recorría el pasillo, no vio a nadie en los despachos.
Aquello sólo había sucedido una vez anteriormente, el día en que apareció Nick.
Unas risas se oyeron en la sala de juntas. Se asomó por la puerta abierta y vio que la sala estaba llena de gen­te.
Fue Selena la que la vio primero.
—Hola, Miles —le dijo.
Era como la primera vez. Todo el mundo estaba allí, alrededor de la mesa de conferencias. No, no era igual, en absoluto, ya que esta vez todos estaban sonriendo.
Y, esa vez, cuando vio al hombre que estaba sentado a la cabecera de la mesa, el corazón le dio un salto.
—Hola —dijo Nick y se levantó.
—Hola —respondió ella porque era lo lógico y educado y porque era más seguro ser lógica y educada que pensar en lo maravilloso que era volverlo a ver.
Extendió la mano y él la aceptó. Su agarre era firme, sus dedos fuertes y duros. Ella se preguntó cómo era que nunca hasta entonces se le había ocurrido que un apretón de manos pudiera ser una experiencia sensual. Se dijo a sí misma frenéticamente que tenía que decir algo. ¿Pero qué le podía decir salvo lo que nunca podría decirle? Que lo había echado de menos en esas semanas pasadas.
—Miles —dijo su secretaria—. Espero que no te importe, pero cuando el señor Jonas...
—Nick —dijo él.
—Lo siento —respondió Pam sonriendo felizmente—. Cuando Nick se pasó por aquí y le dije que no estabas, y él me dijo que... bueno, que saludaría a todo el mundo de todas formas, bueno... me imaginé que lo más fácil sería llamar a todo el mundo a la sala de juntas y...
¿Pam?, pensó Nick. Sí, ese era el nombre de la secretaria de Miley. Pam no paraba de hablar. Pero se dio cuenta de que Miley, como él, no la estaban escu­chando en absoluto. Se dio cuenta de que tenía que decir algo para acudir en rescate de la pobre muchacha que, con tanto hablar, ya se estaba liando. El personal de la revista estaba allí reunido por él. Pero no podría decir ni una palabra ni aunque lo intentara.
Miley estaba preciosa.
Durante las últimas dos semanas, se había dicho a sí mismo que ella no era tan hermosa como la veía en sus sueños. Se había concentrado en la primera vez que la vio, con los vaqueros, las zapatillas, el donut...
Ahora se daba cuenta de que se había estado enga­ñando a sí mismo.
Era hermosa, y también lo había sido esa mañana, a pesar de los vaqueros, las zapatillas y el donut. Pensó por un momento decírselo. Luego pensó en cómo reacciona­ría ella si la tomaba en sus brazos y le decía:
—Señorita Cyrus, es usted una muñeca lujuriosa.
Ese pensamiento lo hizo sonreír y, cuando lo hizo, ella se ruborizó. ¿Sería porque seguía sujetándole la mano? Eso esperó.
Había estado demasiado ocupado como para pasarse por allí para ver lo que estaba haciendo. Muy bien, admi­tió para sí mismo, se había asegurado de estar demasiado ocupado. Había sido una decisión de negocios. Había metido dinero en la revista y quería resultados. El instin­to le decía que lo mejor para lograrlos era dejar sitio a Miley. Y ella le había dejado muy claro que necesita­ba espacio para hacer su trabajo.
¿A quién estaba engañando?
Se había mantenido lejos porque sabía que, si estaba cerca de ella, su discurso sobre eso de que el sexo era sexo y los negocios, negocios, se volvería una broma. No se abalanzaría sobre ella como lo había hecho en el taxi. Esa vez sería una seducción lenta y dulce, hasta que ella le rogara ansiosamente que la tomara...
—Mi mano —susurró Miley.
Nick parpadeó.
—¿Qué?
—Me estás haciendo daño.
Miró las manos unidas. Los dedos de ella habían de­saparecido entre los suyos. También los miembros del personal parecieron desaparecer, esfumarse, dejándolos solos en una habitación llena de miradas suspicaces.
—Oh, lo siento —dijo él soltándola—. ¿Sorprendida de verme?
—Mucho.
¿Sorprendida? Anonadada era mejor. El corazón le latía a toda velocidad, lo que era ridículo. Su reacción al verlo era ridícula. La forma en que él la estaba mirando era ridí­cula, y sólo había una forma de manejar la situación y a él.
—En el futuro, por favor, llámame y hazme saber que vienes.
Nick enarcó las cejas.
—¿Perdón?
—He dicho que preferiría que no aparecieras de repen­te. Por favor, llama antes y organizaremos una cita.
—Una cita.
Aquello sí que estaba bien. Él no había dejado de pensar en lo bueno que sería volverla a ver, y ella lo ha­bía mirado de arriba abajo y pareciendo tan contenta como ante la presencia de un perro sarnoso.
—¿Una cita? Cualquiera podría pensar que no quieres que esté por aquí tu jefe.
Alguien se rió nerviosamente. Miley echó un vis­tazo a su alrededor y todo el mundo guardó silencio.
—Por supuesto, tú tienes todo el derecho a alterar la rutina de esta redacción —dijo.
—¿Alterar la rutina?
¿De verdad que ella había dicho eso? Miley se cruzó de brazos.
—Ah, tal vez esa haya sido una palabra demasiado fuerte...
—En absoluto. No si es la palabra que querías usar.
Nick se cruzó también de brazos y apretó la man­díbula. La atmósfera se llenó de hostilidad, pero ya era demasiado tarde para retroceder a no ser que ella quisiera que Nick pensara que le tenía miedo.
—Muy bien. Ésa es exactamente la palabra que quiero usar.
—¿Miles? —dijo Selena dudosamente—. El señor Jonas... Nick, Nick, ha dicho que estaba interesado en oír cómo ha ido lo de la elección del restaurante más sexy, así que se lo estábamos contando y...
—Si el señor Jonas tiene preguntas que hacer, debe­ría hacérmelas directamente a mí.
—Lo hice, señorita Cyrus. El otro día, ¿recuerda? Le mandé un fax y le pregunté cómo iba lo del restauran­te. Su réplica indicó que todo iba espléndidamente. Eso fue lo que me dijo, ¿no? Espléndidamente.
—Sí. Eso fue.
—Me dijo que tenía muchas sugerencias excelentes y que las había reducido a...
—Seis.
—Seis. De entre los que seleccionaría al ganador.
—Sí. Señor Jonas, usted ya sabe todo eso. Y, real­mente, estamos demasiado ocupados como para...



NILEY FOREVER!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

8 comentarios:

  1. aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa no no lo dejes asi aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa pon otro pornto 0 ) 0 ) 0 )

    ResponderEliminar
  2. jejejeje
    me encantooooo
    jejejeje
    sube prontooo

    ResponderEliminar
  3. hay por fevor te quedo super los cap... jeje y espero q las sigas prontooo xq la mejaste muyy buenaa jeje bue un besoo muuy grandee bye bye ;)

    ResponderEliminar
  4. aahh!!
    espero el siguiente capiii
    con ansias
    aaww se volvieron a veer aahh!!

    ResponderEliminar
  5. que pasara espero el siguienteeeeee!! :D
    me encanta Niley
    y erA OBVIO que nick quisiera ver a miley
    xd

    ResponderEliminar
  6. qdo padre el cap, una observacion en la imagen de abajo del cap veo a miley como pansocita como si estubiera embarazada o estoy alucinando alomejor son xlas letras no? jiiji

    ResponderEliminar
  7. Jajaja..me encanta como actuan lo dos son re simpaticos jeje!!! bueno espero el siguiente cap si subelooo!!! besos

    ResponderEliminar

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..