lunes, 11 de abril de 2011

Novela Niley 14 - El hombre mas atractivo


—Es una idea. Una idea interesante, pero para una pe­riodicidad mensual como dice, acabará perdiendo atracti­vo. No tiene un enfoque real. Un mes, dos, tres, y las lec­toras empezarán a perder interés.
Él tenía razón, por supuesto, pero ella sí que tenía un enfoque. Y estaba punto de hacérselo ver. Lo único que tenía que hacer era lograr que él viera la lógica de su plan. Tal vez la viera. Tal vez ella no le había creído ca­paz de ser creativo. La verdad, la verdad era que, la for­ma en que la estaba mirando, con toda su atención puesta en ella, pensativamente, podía ver la razón por la que al­guna gente podía pensar que Nick Jonas era un hombre inteligente y capaz. Un hombre inteligente y ca­paz que se estaba poniendo en pie con una sonrisa educa­da.
—Les he dado cuatro semanas, pero...
—Chic tendrá una periodicidad mensual —dijo ella le­vantándose también a toda prisa y siguiéndolo a la puer­ta—. Las lectoras enviaran sus elecciones para lo más sexy del mes. Vinos, ciudades, restaurantes... y quien gane recibirá un premio de lo que haya votado. Una caja de vino. Una cena para dos. Un fin de semana en París...
—Está bien —dijo él tratando de concentrarse en lo que le estaba diciendo, no en la mano que ella le había puesto en el brazo ni en el olor de su cabello—. Pero...
—¿Pero a dónde nos lleva eso? ¿Cuál es el enfoque? Nos lleva a febrero. Al número especial del Día de San Valentín, cuando elegiremos al Hombre más Sexy del Mundo y lo sacaremos en el desplegable de las páginas centrales.
¡Ya lo había dicho! Y allí estaba él, volviéndose de piedra delante de sus ojos y mirándola heladamente.
—Y así cerramos el círculo —dijo Nick por fin—. Dígame, ¿se ha inventado todo esto para recordarme cómo llamó mi atención al principio por si algún mila­groso giro del destino había hecho que aquello se me ol­vidara?
—Señor Jonas...
—Adiós, señorita Cyrus.
Nick echó a andar hacia la esquina. ¿Dónde esta­ban los taxis cuando se los necesitaba?
—¡Señor Jonas, espere un momento!
Él se volvió y la miró echando chispas por los ojos.
—Le gusta vivir peligrosamente, ¿no?
—Me gusta la sinceridad. Y es por esto por lo que le estoy diciendo que esto puede funcionar.
Nick le dio la espalda.
—¡Taxi!
Paró uno, se metió dentro y le dijo al conductor que lo llevara al aeropuerto La Guardia.
Miley se metió dentro también.
—Esta conversación ha terminado.
—Señor Jonas, por favor...
—Adelante, conductor.
Nick se cruzó de brazos y fijó la mirada adelante.
—Señor Jonas. ¿Por qué se percató de ese... ese asunto en mi nota a Selena?
Nick ni parpadeó, así que ella continuó.
—Le diré por qué. Porque era sobre el sexo. Por eso. Y porque era lo contrario a lo que estamos acostumbra­dos. Ya sabe, una mujer considerando a un hombre un...
—No vayas a perder ahora el valor —la interrumpió él mirándola duramente—. ¿Un qué?
—Un... un deseable objeto sexual.
—¿De verdad se cree que un hombre, cualquiera, po­dría querer que lo describieran de esa forma? ¿Que que­rría salir así en una revista? No. Se sentiría ofendido.
—Taylor Lautner.
—¿Perdón?
—Taylor Lautner. El actor de cine. Hace años apareció en un desplegable. Le fue muy bien a su carrera y a la re­vista que lo sacó.
—Dudo que esté interesado en posar para Chic.
—No. Por supuesto que no. Pero es lo que le quería decir. Buscaremos un actor, un modelo. Hombres que es­tén acostumbrados a estar delante del público. Y hablare­mos con ellos antes de ofrecérselos como elección a nuestras lectoras.
—Elección. Parece que estuviéramos hablando de un menú.
—Sé que puedo hacer que funcione.
La mano de ella se apoyó levemente en su brazo y Nick pudo sentir su calor. Era ridículo, se dijo a sí mismo. Pero su cuerpo ya se estaba endureciendo como si la sensación de tenerla en sus brazos estuviera grabada a fuego en su memoria.
—Está fuera de lugar —dijo bruscamente—. Aunque hu­biera una oportunidad en un millón de que su plan pudie­ra funcionar, tendría que meter dinero en una revista que está agonizando. No sería lógico.
—No mucho dinero —respondió Miley rápidamen­te—. Ya tenemos a la gente.
—¿Y el dinero para mandar a los ganadores a París?
—Ya lo sacaré de alguna parte.
—Ja.
—¡Puedo hacerlo! No haría nada sin su aprobación. Le mandaría un fax todos los días.
—Hay una diferencia de tres horas entre la costa Oeste y Nueva York. Para cuando me enviaras algo por fax, ya lo habrías hecho.
—Deje a alguien a cargo entonces. Update Publica­tions es suya, ¿no? Ponga a alguien de esa empresa.
—Publica revistas técnicas. Y su director tiene ochenta años.
—Oh...
—Eso, oh.
«¿Por qué tenía ella que mirarlo como si fuera el úni­co hombre que pudiera salvar al mundo de un desastre inminente?»
—Su hermano —dijo Miley.
—¿Joe? ¿Qué pasa con él?
—Dijo que estaba infrautilizado. ¿No podría dejarlo a cargo de todo esto?
—No.
—Seis meses. Sólo denos seis meses.
—De eso nada. Es una locura.
—Tres meses entonces. Bueno, tres números. Diciem­bre, enero y febrero.
—¿Estás sorda? He dicho...
—De camino a su hotel leí un artículo sobre usted en una revista de economía —dijo Miley sentándose en el borde de su asiento y mirándolo—. Decía que es un hom­bre que acepta riesgos, que puede ver las oportunidades allá donde los demás no las ven.
—¿Está cambiando de opinión sobre mí? —le preguntó él fríamente—. Ya es mala suerte que no lo leyera antes de escribir esos mensajes a su amiga.
—Ya es mala suerte que usted deje que los roces per­sonales se interpongan entre usted y una buena decisión de negocios.
—Yo nunca tomo decisiones de negocios que no sean racionales.
—Que ésta sea una de ellas entonces —dijo ella llena de decisión.
De repente, chirriaron unos frenos. El taxi se detuvo, y Miley terminó en brazos de Nick mientras el taxista gritaba de todo por la ventanilla.
—Muy bien —dijo él.
Miley parpadeó.
—¿Muy bien? ¿Quiere decir...?
—Que le daré tres números a la revista, pero si no da dinero en febrero, la cerraré el día después de que el nú­mero de San Valentín llegue a los quioscos.
—¡Eso es maravilloso! Gracias, señor Jonas.
—Nick. Teniendo en cuenta todo, ya deberíamos estar tuteándonos, ¿no te parece?
Miley se rió.
—Sí. Muy bien. Gracias, Nick. Dale las gracias también a tu hermano —dijo volviendo a reírse y Nick no pudo evitar sonreír—. Ahora tendrá algo más que hacer y estará contento con su nuevo trabajo...
—No es su nuevo trabajo.
La sonrisa se esfumó del rostro de ella.
—Pero... acabas de decir...

—Será más sencillo si yo tomo las riendas.
Nick no había pretendido decir esas palabras, pero ya que lo había hecho, le pareció que la idea tenía sentido. Tenía negocios en Nueva York que, de todas for­mas, lo iban a tener yendo y viniendo durante los dos meses siguientes.
Era una excelente idea que no tenía absolutamente nada que ver con Miley ni con la forma en que la ha­bía mirado Joe, ni con nadie llamado Sam, Joshua o como fuera.
—¿Tienes algún problema con ello? —le preguntó tran­quilamente.
Miley lo miró y el corazón le dio un vuelco.
¿Nick Jonas por allí hasta febrero?
—No —dijo—. Ninguno.
Nick asintió.
—En ese caso, sólo queda una cosa...
La tomó en sus brazos y la besó.

5 comentarios:

  1. AAAAAAAAAAAAAAAAAAAWWWWWWWWWWWWW QUE LINDO 0 ) 0 ) MUY BIEN ME ENCANTO 0 )

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  2. aaaaaaaa
    que lindo
    jejejejeje
    me encantooo
    jejeje

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  3. wauu q lindoooo esta super megga buenisimooo jejeje un beso katty bye... :)

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..