martes, 19 de abril de 2011

Novela Niley 20 - El hombre mas atractivo


El Gilded Carousel se suponía que era elegante.
Miley se había puesto un vestido azul de lentejue­las que le llegaba a media pantorrilla y que le habían de­jado de una sesión fotográfica de la revista, ya que no te­nía nada realmente elegante en su guardarropa y no estaba dispuesta a gastarse una pequeña fortuna en algo que no se iba a volver a poner.
Se miró al espejo y sonrió.
La verdad era que estaba bonita.
¿Lo notaría Nick?
No era que quisiera que él lo notara, claro...
Sonó el timbre de la puerta.
Frunció el ceño y miró el reloj. Ella se había esforza­do en estar lista pronto, pero Nick llegaba más pron­to todavía.
—Buenas noches —le dijo cuando abrió la puerta... y trató de que no se le abriera la boca a ella también.
Si él había estado impresionante la noche anterior con vaqueros y una chaqueta de cuero, ¿cómo se podría describir cómo estaba esa noche?
Llevaba un esmoquin. ¡Un esmoquin! La última vez que ella había salido con un tipo con esmoquin había sido en el instituto, la noche de su graduación y el pobre Sam no había tenido ciertamente ese aspecto con su es­moquin alquilado.
—Hola —dijo Nick sonriendo—. Ya sé que llego pronto. No lo he hecho a propósito.
Mientras hablaba, Nick se preguntó si no le cre­cería la nariz por esa mentira.
Por supuesto que lo había hecho a propósito. Había querido pillarla de nuevo con esa bata o, tal vez, saliendo de la ducha.
—Estás preciosa —añadió suavemente—. Miles, eres lo más hermoso que he visto en mi vida.
Miley se ruborizó.
—Es el vestido.
—De eso nada. Eres tú.
Nick entró en la casa, tomó la chaqueta de seda que Selena le había prestado a Miley de la silla donde la había dejado y se la puso sobre los hombros. Sus ma­nos le recorrieron la nuca lentamente.
Ella se estremeció.
—¿Tienes frío?
Miley sonrió brillantemente y tomó su bolso.
—No, no, estoy bien. Es sólo que...
—Un ganso ha andado sobre tu tumba —dijo él son­riendo—. Mi abuela suele decir cosas como ésa. ¿La tuya no?
—¿Mi abuela? Se habría desmayado si yo hubiera di­cho algo que proviniera de la cultura popular. Estaba or­gullosa de sus ancestros y de descender de los primeros colonizadores.
—Ah. Bueno, mi abuela es siciliana. Y sabe muchos dichos populares.
—¿Siciliana? ¿De verdad?
—Oh, sí. Vino a este país cuando tenía doce años. So­lía azotarme en el trasero cuando creía que lo necesitaba, pero la quiero de todas formas. Y hace una lasaña increí­ble. Cenábamos en su casa todos los domingos cuando yo era pequeño. Era el único día libre de mi padre y solía­mos ponernos nuestras mejores ropas, íbamos a la iglesia y luego a cenar a casa de la abuela. Vivía muy cerca de nosotros, en la Playa Norte.
—¿En San Francisco? —preguntó ella sin poder ocultar su sorpresa—. ¿No es eso...?
—Pequeña Italia. Supongo que lo siguen llamando así.
Nick le abrió la puerta y Miley salió de la casa.
—Lo único que sé es que, si los tipos con los que crecí me vieran con esto puesto, terminaría teniendo que de­fender mi honor a golpes —añadió él.
Ella se rió y él la acompañó. Pero la cabeza le daba vueltas. ¿Nick Jonas había nacido en un barrio de emigrantes de San Francisco?
Tal vez él no se hubiera pasado la vida sentado y con­tando su dinero después de todo.


El Gilded Carousel parecía que pudiera ser el restau­rante ideal.
—Lo de elegante no lo describe del todo bien —dijo Miley dándole un trago a su copa de Dom Pérignon.
—Cierto. No dejo de pensar que nos van a pedir el pedigrí.
—Mi abuela, ¿recuerdas?
—Ciertamente. La de los antepasados.
Miley se rió.
—Esa. A ella le encantaría ofrecérselo.
—Bueno, ¿por qué no lo iba a hacer? Estoy impresio­nado. Una auténtica descendiente de la gente del May­flower es algo importante.
—Hazme caso, no significa nada. Yo me crié en un ca­serón casi en ruinas en Beacon Hill.
—¿En Boston?
—Sí. Y me pasaba el día oyendo cosas sobre las Hijas de la Revolución Americana y los Padres Fundadores. Y, cuando se iba la luz, hacíamos como si hubiera sido un apagón, no porque no hubiéramos pagado.
Miley se preguntó entonces por qué le estaba con­tando eso. Nunca había hablado con nadie de su infancia. ¿Por qué lo iba a hacer? La vida era como uno mismo se la hacía y ella había trabajado como una esclava desde que podía recordar para mejorar la suya.
—Lo siento —dijo sonriendo—. No te voy a aburrir con la historia de mi familia.
—No me aburres en absoluto. La verdad es que me sorprende que la gente del Mayflower tenga los mismos problemas que la de Pequeña Italia.
—No todos los tienen. Algunos son ricos. Y otros de los que no tienen dinero no se avergüenzan de trabajar para ganarlo.
—¿Pero no tu abuela?
—No, ella no. Siempre decía que no había que hablar de dinero, que era de clases inferiores.
—En otras palabras, era mejor hacer que había un apa­gón en vez de admitir que no se podía pagar la factura de la luz —dijo Nick sonriendo.
—Exactamente. Mi padre estaba de acuerdo. O no quería pelear con ella. Lo que fuera. El caso era que no se le daba muy bien ganar dinero. Ganó un poco ven­diendo seguros a gente a la que conocía, gente que, su­pongo, sentía lástima por él, pero cuando murió, nos quedamos en la ruina. La casa se vendió para pagar los impuestos. Mi madre se puso a trabajar como vendedora en una tienda elegante donde se pasaba el tiempo aten­diendo a la gente que, en su tiempo, habían dicho ser sus amigos.
La sonrisa de Nick desapareció.
—Suena como si hubieras tenido una infancia dura.
—No. Oh, no. Sé que mucha gente la ha tenido peor. Y, de alguna manera, supongo que fue una buena lección.
Él la tomó de la mano por encima de la mesa.
—¿Para asegurarte de pagar las facturas de la electrici­dad? —le preguntó sonriendo levemente.
Miley se rió.
—Sí. Y para aprender la importancia de ser capaz de abrirme mi propio camino en el mundo. No me mires de esa forma, Nick. De verdad. Ya sé que es una tontería quejarme por haber crecido fingiendo ser rica. Quiero decir que siempre tuvimos comida en la mesa y un techo sobre la cabeza. Mucha gente tiene menos que eso.
Se soltó la mano, tomó el tenedor y pinchó una gam­ba antes de añadir:
—De todas maneras, eso es pasado. Mi abuela murió hace años y mi madre vive en un apartamento. Tiene un trabajo que le gusta, y amigos...
De repente, le pareció oír el interminable sonido de su propia voz. Se le cayó el tenedor de la mano y bajó la cabeza. Cuando la volvió a levantar, su expresión era ya serena.
—Deberíamos darle un corazón roto a este sitio en el aspecto de ambiente —dijo—. Cualquier lugar que me haga hablar de los secretos de la familia no puede tener ambiente. Mi abuela te lo diría.
Nick asintió. Ella quería cambiar de conversa­ción. Bueno, por él estaba bien. Esa conversación estaba haciendo que se sintiera incómodo. No las cosas que Miley le había contado sobre sí misma. Quería saber más acerca de ella.
La incomodidad venía por otra cosa muy distinta.
Hacía unos segundos, por ninguna razón en especial, se había encontrado pensando en lo muy bien que se cae­rían su abuela y Miley.
Por su vida había pasado un buen número de mujeres atractivas y él las había escuchado a medias mientras ellas hablaban de todo, desde fiestas a política. Sabía muy bien cómo parecer interesado y cómo decir las co­sas adecuadas, pero no podía recordar desear tomar a una mujer en sus brazos y decirle... decirle...
Se le puso la piel de gallina.
Dejó sobre la mesa con mucho cuidado su cuchillo y tenedor.
—Espero que no te importe —dijo—, pero me temo que vamos a tener que pasar del postre y los cafés.
Miley lo miró y una oleada de calor le recorrió las venas.
Lo había avergonzado. Y a ella misma. Podía verlo en su rostro. Su sonrisa era educada, su mirada fría. En­tonces, supo que él estaba contando los minutos que fal­taban para terminar la velada.
¿Por qué le había contado la estúpida historia de su vida? Nick Jonas era su jefe. Un hombre que habría tratado de seducirla. Su interés en ella empezaba en la ofi­cina y terminaba en la cama y, dado que le había dejado muy claro que no iba a terminar allí, se había acabado.
Decidió que era mejor no disculparse. En vez de eso, sonrió brillantemente, dobló su servilleta y la dejó al lado del plato.
—¿Si me importa? Nick, es perfecto. Yo te iba a sugerir lo mismo. Mañana tengo una reunión a primera hora y ya sabes lo que es eso.
—Yo también. En Los Ángeles.
La tomó del brazo mientras salían del restaurante y se dirigían al coche.
—Quería decírtelo, Miley, pero voy a tardar una temporada en volver.
—Oh —respondió ella tragándose su desilusión—. Bue­no, eso no es problema. Realmente no será tan malo si yo voy a ver los demás restaurantes...
Fue a añadir que sola, pero se contuvo y añadió:
—Si los voy a ver con alguien que no tenga que ver con la revista.
Él se volvió y la miró duramente.
—¿Joshua?
¿Joshua? Entonces ella recordó.
—Sí, Joshua —dijo sonriendo—. Realmente él... tiene muy buen gusto para la comida. Estoy segura de que él...
Las palabras murieron en su boca. Se miraron. «Dime que no quieres que salga con Joshua», pensó ella de repente.
—O con Sam.
—Bueno, no. Sam está...
—En Cape Cod. Con tu madre.
Nick la tomó de nuevo del brazo, se dirigieron al coche y entraron.
—Llévate a quien quieras. No importa.

Veinte minutos más tarde, después de que se despi­dieran educadamente, Miley estaba en el interior de su oscuro apartamento.
—A mí tampoco me importa —se dijo a sí misma.
Algo suave y sedoso se frotó contra sus piernas.
—Miau —dijo Joshua.
Miley sonrió y tomó en brazos al gato.
—¿Por qué me iba a importar?
Y entonces, por ninguna razón en particular, enterró el rostro en la piel peluda de Joshua y lloró.



 chicas.... opiniones.... 
creen que nick deberia de haber dicho que no le importaba con quien fuese a los restaurantes???


capi dedicado a ,mis lectores.... a quienes comentan con frecuencia, a quienes solo tienen chance de leer, a mis anomimos, en fin a todas todas todas... y si hay algun chico que las lea tambien jejeje (cosa que me parece imposible) jijijiji
saludos y mucha muchas suerte en esta semana!!!!

11 comentarios:

  1. SUPER PRIMERA EN COMENTAR!
    Tu sabes que no estoy muy feliz hoy, pero bueno!
    No dejare que eso me bloquee para no leer tu nove y menos no comentar!
    Aca estoy una ves mas despues de algunos dias!
    Que bueno que ahora si das señales de vida
    Gracias por tu apoyo y por entender!
    Te amo hermana
    y cuando menos te lo esperes estaré allá en ecuador haciéndote el aguante y llenándote de mis problemas..eso espero. Y cuando empieces a ver cuanto hablo no querrás ni acercarte ami jajaj
    Cuidate y besos

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  2. me encantooooooooo
    pobre Miley
    pufff
    sube prontooooo
    jejejejeje

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  3. wauuu!!! te quedo muuy buena jeje m gustaria q le importe je es tan lindoo y mas ver q se pone celoso encima d un gatooo jejeje bue Katty como dije en los otros cap tambien quiero maraton AMO NILEY jejeje te quiero muuuchoo bye cuidateee

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  4. jajaja nick celoso de un gato jijii aunq el no lo sabe bueno bay

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  5. jajajajajajajaja joshua era un gato jajajajaja jajajajaja me encanto!!!! 0 ) 0 ) 0 )

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  6. aaahh!!
    ame el capi jajajaja
    super geneall
    me encaantooo

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  7. Ahh deberia de aberle dixo!!
    qe le imxtaba qe vaiia qon otra perzona!!
    Pero loz aombrez on tan tan tan beeps hahahha!!
    Weno ezpero el proximo!!
    Qreo qe deje un qomentario de qe zoii nueva leqtora ii zi no ez ezte pero qreo qe zi lo deje ^^
    Bye cdtt!!
    xoxoxoxoxxo

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  8. Aaaaaahh!!! me gusto el cap!!! Pero que onda joshua es un gato?? No me lo creooo jaja!!!
    Espero el siguiente sip?
    Besos!!!

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  9. Kasandra sigue u novela esta hermosa :DDDD muchas gracias por comentarme la mía rees sper :)

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..