sábado, 2 de abril de 2011

Novela Kenielle 07 - La tentacion vuelve a casa


Durante un segundo, creyó que Kevin iba a decir que sí. Podía verlo en sus ojos...
—No, gracias. He quedado con Joe. Tiene problemas con... con su...
Danielle sonrió.
—Nunca has sabido mentir.
—¿Quién está mintiendo?
—Tú. Pero no importa. No pienso tomármelo como algo personal. Aún... Vamos, Peaches, es la hora de la cena.
De inmediato, la perrita soltó los vaqueros de Kevin y salió corriendo hacia la cocina.
—¡Danielle!
Danielle se volvió, sonriendo. Estaba bien eso de que tuviera que mentir. Si no le preocupara estar a solas con ella, no habría mentido.
Y ahora parecía... confuso. También estaba bien. Si podía mantenerlo así, en estado de total confusión durante tres semanas, las cosas saldrían de maravilla.
—No pasa nada, Kevin. Voy a estar aquí tres semanas. Seguro que nos veremos más de una vez.
—Ya —él se metió las manos en los bolsillos del pantalón y echó los hombros hacia delante, como intentando soportar una carga inesperada.
Danielle estaba segura de que no le gustaría esa analogía, pero pegaba mucho.
—Que lo pases bien. Saluda a Joe de mi parte.
—Lo haré.
Danielle entró en la casa y, después de cerrar la puerta, apartó la corDanielle de batista. Kevin subía la escalera como un hombre que se dirige al cadalso.
Y cuando llegó arriba se detuvo y miró hacia la casa.
Ella dio un paso atrás. Era casi como si sus miradas se hubieran encontrado de forma instintiva...
Mucho tiempo después de que hubiera desaparecido, Danielle seguía de pie en la cocina, mirando por la ventana. Y no podía dejar de preguntarse cuál de los dos estaba más confuso.

Dos horas después, Kevin estaba terminando de cenar y oyendo a Joe soltar grandes risotadas. Aunque era culpa suya por contarle todo. No había esperado simpatía por parte de su hermano, pero tampoco que le diera un ataque de risa.
—Así que Danielle está de vuelta en Baywater. Estupendo, ya casi siento cómo entran esos diez mil dólares en mi cartera.
—De eso nada —replicó Kevin—. No vas a ganar la apuesta. Estamos divorciados, no sé si te acuerdas.
—Ya, ya... —Joe le hizo un gesto al camarero para que llevara dos cervezas más—. Y la verdad es que nunca entendí por qué os habíais divorciado.
Nadie de su familia lo había entendido, pensó Kevin, dejándose llevar por los recuerdos. Ni siquiera él. Pero era lo único que podía hacer.
No había sido fácil, pero era lo mejor.
Seguía creyéndolo.
Si no lo creyese, los remordimientos no lo dejarían vivir.
El recuerdo de Danielle Delease lo perseguía. En los momentos más extraños, su imagen aparecía de repente: cocinando, riendo, desafinando mientras cantaba durante en uno de sus viajes en coche por todo el país. Recordaba que discutían mucho, que gritaban hasta que uno de los dos soltaba una carcajada y luego caían en la cama...
 El sexo había sido asombroso. Era más que sexo. En los momentos más poéticos, Kevin pensaba que no eran dos personas, sino una sola.
Y cuando se separaron supo que era verdad porque se sentía vacío. Con el corazón roto, a pesar de que fue él quien quiso separarse. Pero lo había hecho por Danielle.
Eso no había cambiado.          
Kevin apartó lo que quedaba de su hamburguesa con patatas fritas y se echó hacia atrás en la silla.
El restaurante Lighthouse estaba abarrotado, como siempre. Había familias enteras y parejas en las mesas más escondidas... parejas que Kevin no quería mirar.
—Bueno, ¿y a ti qué tal te va con la apuesta?
Joe se atragantó con la cerveza y cuando terminó de toser sacudió la cabeza.
—Es más difícil de lo que yo pensaba.
Kevin soltó una risita.
—Ya te digo.
—No, en serio. Ahora tengo que esconderme de las mujeres.
—Te entiendo —suspiró él.
Esconderse de las mujeres en el trabajo era fácil. No había muchas mujeres piloto en el escuadrón de F-18 y las pocas que había no se relacionaban mucho con los compañeros. Lógico, porque habían tenido que trabajárselo dos veces más que cualquier hombre para ser aceptadas y no querían que hubiera murmuraciones.
Así que en el trabajo estaban seguros. Por eso Kevin había planeado esconderse en casa, alejarse de los bares, de los clubs, evitar a las mujeres como fuera. Pero ahora su casa ya no era un refugio. Ahora que Danielle estaba en Baywater, su casa era el sitio más peligroso de todos.
—Sólo han pasado dos semanas —admitió Joe— y ahora tengo mucho más respeto por Frankie.
—Lo mismo digo.
—Anoche hablé con Nick y dice que está pensando en ingresar en un monasterio durante estos tres meses.
Kevin soltó una carcajada.
—Por lo menos, sabemos que él también sufre.
—Ya te digo —Joe apretó los labios—. Al menos yo puedo pagar mi frustración con los pardillos del campamento.
Kevin sonrió, aunque le daban pena los pobres reclutas que tuvieran que soportar a su hermano en aquel momento.
—¿Te has dado cuenta de que el único que no está sufriendo es Frankie? Se está riendo de nosotros... ¿cómo nos convenció para que aceptáramos la apuesta, digo yo?
—Porque no podemos decir que no a un reto. Y él lo sabe.
—¿Tan predecibles somos?
—Me temo que sí. Además, por muy sacerdote que sea, Frankie es el más taimado de los cuatro.
—Desde luego que sí —Joe sacó la cartera y dejó un par de billetes sobre la mesa—. Bueno, ¿y qué vas a hacer con Danielle?
—Voy a alejarme de ella todo lo que sea posible.
—Eso no será fácil. Nunca lo ha sido para ti.
Kevin puso sus dos correspondientes billetes sobre la mesa.
—¿He dicho yo que fuera a ser fácil?
Joe se levantó, sonriente.
—Podríamos hacer el truquito del cambiazo. Como lo pasas tan mal con ella, yo podría hacerme pasar por ti... y pedirle que se fuera.
Kevin hizo una mueca. No habían dado el cambiazo desde que eran unos críos. Los trillizos eran tan idénticos que incluso su madre tenía problemas para distinguirlos. De modo que habían usado esa confusión para salirse con la suya muchas veces. Habían engañado a profesores, entrenadores e incluso, en una ocasión, a sus propios padres.
Danielle, sin embargo, siempre había podido distinguirlos. No la habían engañado ni una sola vez... Pero hacía años que no veía a los tres hermanos Jonas juntos. Años desde que Danielle pudo distinguirlo entre los tres por puro instinto.
—Si quieres, podríamos intentarlo —sonrió Joe.
¿Qué podía perder?, se preguntó Kevin. Si Danielle no se daba cuenta y decidía irse de Baywater, su vida sería mucho más fácil. Y si se daba cuenta... en fin, hacía mucho tiempo que no la veía enfadada.
Y si no le fallaba la memoria, Danielle Delease enfadada se ponía guapísima.
 ey chicas.....
como tan??????
por fis no se olviden de comentar......
ahhh queria agradecer a la ro, vale, elbi, juntos x siempre, pris, sarita y lu, gracias chicas gracias por su apoyo... las quiero muchop....
ahhhhh
feliz porque miley gano un kca, lastima por taylor, los jobros que no pudieron ganar....
ya les sigo con un capi de cada nove...

2 comentarios:

  1. jejejeje
    espero que no funcione
    el cambiazo
    jejejeje
    me encanto
    jejeje

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  2. wauuu hermosooo jejejej y te quedo super.. jeje tkiero y cuidatee..:D bye

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..