domingo, 3 de abril de 2011

Novela Kenielle 08 - La tentacion vuelve a casa


Danielle oyó que se acercaba un coche por el camino y dejó escapar un suspiro de alivio. Luego se acercó a la ventana de la habitación que había ocupado de niña y apartó las cortinas. Cuando vio que Kevin se paraba en medio de la escalera para insultar a las perritas, que estaban ladrando como locas, tuvo que sonreír.
Estaba convencida de que saldría corriendo. Podría haberse ido a la base durante un par de semanas para evitarla. Pero no lo había hecho. Y ella sabía por qué.
Kevin jamás admitiría que no era capaz de verla todos los días. Jamás reconocería que su presencia lo preocupaba.
Estaba subiendo los escalones de dos en dos y el ritmo de su corazón se aceleró al ver cómo se movía. Cuando entró en su apartamento, sin mirar hacia la casa ni una sola vez, Danielle estaba casi sin respiración.
—Muy bien —murmuró—. A lo mejor soy yo quien debería estar preocupada.
Cuando sonó el teléfono, se lanzó sobre la cama para contestar.
—¿Dígame?
—Así que estás ahí.
—Nicole —Danielle se tumbó de espaldas sobre la colcha hecha a mano—. Sí, aquí estoy.
—¿Lo has visto?
—Sí.
—¿Y?
Danielle empezó a jugar con el cordón del teléfono.
—Y está igual que antes.
En realidad, estaba mejor que antes. Más guapo, más irresistible, más irritante.
—Así que sigues empeñada.
Danielle suspiró.
—Nicole, ya hemos hablado de esto mil veces. No quiero ir a un banco de esperma. ¿Te puedes imaginar esa conversación con mi hijo? Sí, cariño, claro que tienes un papá. Es el número 3075. Es un número muy bonito, ¿verdad?
Nicole soltó una risita.
—Muy bien. Pero estoy preocupada.
—Y yo te lo agradezco —sonrió Danielle, mirando alrededor. Su abuela no había cambiado nada. Los pósteres de Tahití y Londres en las paredes, las estanterías llenas de libros y tesoros de su adolescencia, los muebles que llevaban en la familia Delease desde el principio de los tiempos.
Era reconfortante.
Y la sorprendía admitir cuánto necesitaba ese consuelo.
Aunque había nacido y crecido en aquella casa, en aquel pueblecito, llevaba mucho tiempo fuera de allí. Y volver al pasado, aunque fuera brevemente, era un poco aterrador.
—Pero quieres que te deje en paz —suspiró Nicole.
—Sí, más bien sí.
—Tony estaba seguro de que dirías eso —admitió Nicole—. ¡Que sí, que sí! Ya sé que te debo cinco dólares —le gritó a su marido.
Danielle rió y esa risa la relajó un poco.
—Me alegro de que hayas llamado.
—¿Sí?
—Pues claro. Necesitaba oír una voz amiga.
—Me alegro de poder ayudar. Llámame si necesitas contarme tus penas... o cualquier cosa.
—Lo haré. Nos vemos dentro de tres semanas.
Después de colgar Danielle se sentó en la cama y miró alrededor, sintiendo como si regresara al pasado. Vivía en aquella habitación cuando Kevin y ella empezaron a salir...
Le parecía como si hubiera pasado una eternidad.
Entonces trabajaba a tiempo parcial en Diego's, un elegante bar del puerto, y estudiaba en la universidad durante el día. Kevin era teniente, las alas de piloto de su chaqueta militar todavía brillantes. Una noche entró en el bar y, como en los clichés más cursis, sus ojos se encontraron y allí empezó todo.
No se separaron ni un minuto desde entonces. Y luego disgustaron a las dos familias casándose en secreto. Pero estaban locos el uno por el otro y no podían esperar.
En lugar de una boda con todos los parientes, se casaron solos ante un juez de paz. Danielle llevaba en la mano una rosa que Kevin había cortado del jardín del Ayuntamiento y sabía, en lo más profundo de su corazón, que aquel hombre era su alma gemela. El único hombre en el mundo al que podría amar.
Habían estado juntos durante un año. Y entonces Kevin soltó la bomba: quería el divorcio. Así, sin dar explicaciones.
A la mañana siguiente se marchó a una misión que duró seis meses.
—Almas gemelas —murmuró Danielle, intentando convencerse de que el dolor que le encogía el corazón era sólo el eco del pasado.

Al día siguiente, Danielle se puso a trabajar en el jardín. A su abuela le encantaban las flores, pero no era muy aficionada a la jardinería. Decía que el problema no era ponerse de rodillas sobre la tierra, sino levantarse. Pero Danielle sabía la verdad: su abuela odiaba cortar las malas hierbas, así de sencillo.
Las rosas estaban cayéndose, las margaritas gigantes casi ahogadas por los dientes de león y las nomeolvides se habían rendido. Danielle se puso de rodillas sobre la hierba y empezó a trabajar. Por la ventana abierta del salón salían las notas de un rock clásico. Los gritos de unos chicos que jugaban al baloncesto y los ladridos de Muffin y Peaches cada vez que algo interesante, una mariposa, por ejemplo, que pasaba por su campo de visión, servían de fondo.
Llevaba una hora cortando malas hierbas, y cuando se levantó, tuvo que llevarse una mano a los riñones por la falta de costumbre. En su apartamento de Manhattan Beach tenía que contentarse con unos cuantos tiestos en el balcón. Además, siempre estaba muy ocupada trabajando o pensando en trabajar o planeando trabajar...
¿Qué le había pasado?, se preguntó. ¿Cuándo había perdido el sentido del equilibrio? ¿Cuándo el trabajo empezó a ser más importante que vivir?
Pero sabía la respuesta. Era como si el centro de toda su vida fuera Kevin. Se había enterrado en el trabajo después del divorcio, como si haciendo eso pudiera olvidar la soledad. Pero no había funcionado.
Danielle dejó escapar un largo suspiro.
Le gustaba estar en aquel jardín. Le gustaba no tener que mirar el reloj o preocuparse por una reunión. Le gustaba estar allí, sencillamente. Aunque la humedad en Carolina del Sur fuera casi insoportable.
De repente, un estruendo que hizo retumbar los cristales de las ventanas la obligó a levantar la cabeza. Un F-18 estaba cruzando el cielo, dejando una estela blanca a su paso. Se le encogió el corazón, como ocurría cada vez que veía un avión militar, porque imaginaba que Kevin estaría pilotándolo...
Siempre se había sentido orgullosa de él. También tenía miedo, claro, pero cuando una se casa con un piloto, eso era parte del paquete.
Levantó una mano para protegerse los ojos del sol mientras seguía la trayectoria del avión...
—Bonito, ¿eh? —oyó una voz tras ella
 capi dedicado a lu....
sis te extraño muchop...
hace uff que no hablamos...
:-)
te quiero millon...

3 comentarios:

  1. wauu muy buenooo jeje m re gusta tus noves jeje bue un besooo :P

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  2. me encantoo
    sis
    gracias
    por dedicarme el cap
    XD
    pero ahora toda la intimidad que habia conseguido pese a tener una hermana pesada lo he perdido ahora que viene mi prima y mi abuela a vivir
    jejejeje

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  3. aaaahh!!
    mee encaantoo
    supeer
    el capii

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..